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Full text of "Poetas españoles y americanos"

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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



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POETAS -^^^ 



ESPAÑOLES Y AMERICANOS 



COIPOSICIONGS COIECCIONAMS 



MMÜEL FOMBOiA PALACIO. 



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CARACAS. 
1876. 



A LA MEMORIA 

DEL INSIGNE Y DESVENTUEADO POETA ESPASOL 

nON FEMANDO YELARDE. 



ixaaoí) kot mv : cu ttt aen/io m/aioataao, ci/iie 



AL PICO DE TEíDE. 

(Islas Canarias.).- 

I Quién es aquel coloso, de cónica estructura, 
Que arranca de las ondas del Sur al Septentrión ? 
¿Quién es aquel coloso que cierra el horizonte. 
Que choca con la curva del alto firmamento. 
Que espléndido traspasa la esférica extensión ? 

i Quién es aquel gigante 
Que en medio de los mares 
Encierra en sus entrañas 
Las furias de un volcan : 
Que arroja por cien bocas 
Rugidos tremebundos, 
Que férvido respira 
Columnas de humo y fuego. 
Rival del Océano, 
Rival del huracán ? 

Artífices humanos, ridículos pigmeos, 
¿ Qué valen los fantasmas de vuestra vanidad ? 
Venid ante este monstruo del insondable abismo, 
Venid á contemplarle pasmados de entusiasmo, 
Y al genio de los genios atónitos mirad. 

¿ Qué valen vuestras obras. 
Si son las mas sublimes 
Del cieno deleznable 
Pueril transformación ? 
i Geógrafos, decidme, 
Decidme dónde fueron 
Los áureos monumentos 
Del genio del Oriente', 
Radiantes epopeyas, 
Gloriosa encarnación ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



¿ Decidme, historiadores, decidme qué se hicieron 
Heliópolis y Tébas, Pentápolis, Sttlen ? 
¿ Decidme qué se hicieron los mágicos pensiles 
Que en la ciudad de Belo, colgados de las nubes, 
Alhombre recordaban el misterioso Edén? 

Las nieblas del olvido 
Eeposan en silencio 
Cubriendo de otras razas 
El negi'o panteón. 
Millones á millones 
Pasaron otros pueblos. 
Millones á millones 
Pasaron sus historias, 
Cual pasan los nublados 
Que arrastra el aquilón. 

Al soplo de los siglos que avanzan silenciosos 
Eodaron desplomadas las torres de Babel, 
Cayeron los gigantes del Eufrates y el Tigris, 
Volai'on en cenizas pirámides de cráneos, 
Cual polvo que levantan las huellas de un corcel. 
Pasai'on los portentos 

Fantásticos de Ménfis 

¿ Qué fué de tu gran templo, 

Profundo Salomón ? 

— Temblaron y cayeron 

Sus bóvedas inmensas 

También el gran coloso 

De Kodas en escombros 

Saltó de sus cimientos 

Al choque del turbión. 

También esas ciudades de fábrica moderna ' 
Que pueblan hoi la Europa, tendrán el mismo fin. 
También, Albion soberbia, caerán tus monumentos, 
También el dombo inmenso del templo de San Pedro, 
Del Sena los palacios, las torres de Ki'enlin. 

Mas ved ese gigante 
Que nunca se envejece, 
Audaz antagonista 
Del tiempo asolador. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Miradle entre las nubes 
Eternamente inmóvil. 
En vano mil centurias 
Se estrellan en su frente 
Con ímpetu iracundo, 
Con hórrido fragor. 

Se acerca velozmente ! mirad su inmensa mole 
Que espléndida traspasa la cóncava región. 
Se acerca velozmente ! las ondas turbulentas 
Se rompen á sus plantas y saltan y blanquean 
En estruendosos tumbos y ruda confusión. 

Salud! Salud mil veces, gigante del abismo, 
Magnífico fragmento del Atlas colosal ! 
En medio de las nubes altísimas pareces 
Pirámide estupenda, gigántico fanal. 

De opuestos hemisferios los límites señalas, * 
Y ves el Gran Desierto de Sahara abrasador, 
En tanto que en tus flancos se estrellan las corrientes 
Que vienen de los polos y van al Ecuador. 

Tú has visto los portentos del mundo primitivo. 
Quizá contemporáneo de Adán y de Noé, 
Tú has visto los fantasmas de la existencia humana 
Pasar como esas olas que mueren á tus pies ! 

Oh Teide ! qué decías allá en el siglo quince 
Al ver al hombre débil del globo vencedor, 
Al ver el genio inmenso del inmortal Colombo, 
Al ver de Gama ardiente la audaz inspiración ! 

Sin duda enmudeciste en medio de tu asombro, 
Al ver aquellos héroes del piélago al través, 
Al ver los portugueses del fin del siglo quince, 
Al ver los castellanos del siglo diez y seis. 

Los héroes ya pasaron el hombre siempre ingrato 

Imbécil los olvida también los ultrajó 

Empero tú á despecho del hombre y de los siglos 
Dominas como entonces del piélago el furor. 

[*] En efecto, casi todos los geógrafos consideran las Islas Ca- 
narias, y algunos especialmente el Pico de Teide, como límite 
entre los dos hemisferios, el oriental y el occidental. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



TÚ te levantas, Teide, del Profundo 
A contemplar la inmensidad radiante, 

Y á bendecir al Hacedor del mundo 
Con el estruendo de tu voz tronante. 

Tú te levantas grande y solitario 
Del Atlántico mar en los desiertos, 
Cual se levanta el genio extraordinario 
Del mar del negro olvido entre los muertos. 

Tú los abismos insondables huellas 

Y del austro los ímpetus quebrantas, 

Y en la región azul de las estrellas 
Tu frente altiva y colosal levantas. 

Cuando el sol reverbera incandescente 
De Sahara en los profundos horizontes 
E inunda en olas de oro refulgente 
Los desiertos, los mares y los montes ; 

Oh ! cuan grandioso entonces resplandeces 
Entre nubes de nácar y topacio, 
Un colosal vapor tal vez pareces, 
Que va surcando el luminoso espacio. 

Cuando el sol melancólico desciende, 

Y allá en la curva horizontal oscila, 

Y el firmamento al parecer se enciende, 

Y entre las sombras y la luz vacila ; 

Entonces tú pareces misterioso. 
Envuelto en sombra y en terror profundo. 
El genio del abismo silencioso, 
O el grande espectro del antiguo mundo. 

Si en la cumbre del negro tormentorio 
La tempestad antartica rebrama, 
Alzas entonces cual hachón mortuorio 
Rojas columnas de sulfúrea llama. 

Y entre el confuso torbellino denso 
Que tu severa majestad rodea, 
Pareces, Teide, cenotaño inmenso 
Donde vacila moribunda tea. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Y ea tu espiral vertiginosa brotan 
Sublimes monstruos, hórridos vestiglos, 
Quéf en remolinos gigantescos flotan 
Como recuerdos de remotos siglos. 



En fervorosa admiración suspenso 
Tus colosales proporciones mido, 

Y al contemplarte tan sublime, pienso 
Que en otros siglos que absorbió el olvido, 
Allá en los senos del espacio inmenso, 

De fulgurante majestad ceñido, 

Eran cien astros tu feliz diadema, 

Siendo tií el centro de algún gran sistema. 

Y al ímpetu después de un cataclismo, 
Total revolución del Universo, 
De tu centro saltastes al abismo. 
Tu gran sistema en confusión disperso ; 

Y quedaste en perpetuo antagonismo 
Del Sol ardiente en el sistema adverso ; 
Mas siempre hirviendo en tu gigante cumbre 
Vivas centellas de tu antigua lumbre. 

Aunque irritado el Hacedor divino 
Te arrojó del Empíreo refulgente. 
Aun cantas tu magnífico destino 
Con la garganta del volcan tremente ; 

Y al estruendo del ronco torbellino 

Que en vano insulta tu indomable frente. 
Pues los colosos que forjó el Eterno, 
Serán colosos en el mismo infierno. 

• 
Tu vasta mole al marinero asombra. 
Que te contempla de terror perplejo. 
Te presta el mar reverberante alfombra, 

Y trasparente y cristalino espejo : 

La noche, inmenso pabellón y sombra. 
El sol, hermoso y temblador reflejo, 

Y tu volcan terrífica armonía 

Que allá retumba en la región vacía. 
2 



10 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Sublime Teide ! tu grandeza admiro ; 
Mas no por eso la cerviz prosterno, 
Que yo también, aunque pequeño, aspiro 
A conquistar un porvenir eterno. 
Yo también, Teide, yo también deliro 
Con los furores de un volcan interno, 
Que mi existencia borrascosa absorbe, 

Y me arrebata mas allá del orbe. 

Mas allá ! mas allá ! que el alma mía . 
Del horizonte al horizonte avanza : 
Mas allá ! Mas allá ! fortuna impia, 
Al ímpetu veloz de la esperanza, 
Hasta perderme en la región vacía, 
Eaudo cometa que del caos se lanza, 
Eayo que salta de la eterna pira 

Y en los desiertos del espacio gira. 

Fernando Velarde 



CANTO ÉPICO. 

" ¡ Haya luz! " dijo Dios. — Aun turba el viento 
Con terrible rumor sn voz divina, 

Y ya luce en el vasto firmamento 
La primera alborada matutina : 

Mil mundos con pausado movimiento 
Marchan á do su amor los encamina, 

Y en un instante el universo adulto 
Einde al Sumo Hacedor devoto culto. 

De árido pedregal manan las fuentes 

Y á confundirse van al manso rio, 

Y el rio con sus diáfanas coi-rientes, 
Se arroja en medio al piélago bravio : 
Surgen los montes, brotan los torrentes, 

Y á la voz del supremo poderío. 
De seres mil, millares de millares 

Van á poblar el viento y tierra y mares. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 11 

¡ Hai un Dios ! — Le tributan homenaje 
La encina secular, allá en la altura, 
El zumbador insecto entre el follaje, 
El cristalino arroyo que murmura ; 
En su tierno, dulcísimo lenguaje 
Le canta el ruiseñor en la espesura, 
En su gruta el león con su rugido, 
Con su arrullo la tórtola en su nido. 

¡ Hai un Dios ! tierra y mar y fuego y viento 
Cantando van á un tiempo en su alabanza : 
Revela su hermosura el firmamento, 
La tempestad su túrbida pujanza ; 
Su infinito saber el pensamiento. 
Su bondad infinita la esperanza, 
El almo sol su brillo soberano, 
Su vasta inmensidad el Océano ! 

Solo el hombre infeliz erró el camino, 
i Ceguera incomprensible y lastimosa ! 
^E1 mas perfecto ser que al mundo vino. 
De Dios la criatura mas preciosa ; 
El Soberano del Edén divino. 
Aquel á quien su mano generosa 
Dio un fulgente destello de su ciencia, 
¡ Ese solo dudó de su existencia ! 

Dudó — fué mas allá — ¡ negó el menguado 
Que hubiera un Dios, en su febril locura í 
i Negó al Señor, el Rei de lo creado ; 
Renegó del Criador la criatura ! 
El, miserable siervo del pecado. 
Ardiendo en saña y en soberbia impura, 
¡ No^hai mas Dios, exclamó en su desatino. 
Ni mas lei, ni mas freno que el destino ! 

¡ El destino ! — Dios ciego que un demente 
A su antojo formó, como él pequeño ; 
Monstruosa creación de insana mente, 
Mentida sombra que abortó un ensueño : 
Al bien como á los males impotente, 
Mirando sin favor ni torvo ceño 
Al vicio y la virtud, y así al verdugo 
Como al que espira só el infame yugo. 



12 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

O bien, astro fatal cuya carrera 
Es do tiene la muerte su dominio ; 
Divinidad terrífica que impera 
Sobre campos de sangre y exterminio ; 
Monstruo devorador, cuya hambre fiera 
*■ No saciada en el lúgubre triclinio, 

Le impele á devastar con ciego encono 

Y asienta entre cadáveres su ti-ono. 
Si á todo pone fin la cruda muerte, 

¿ Á qué el renombre que el mortal ansia ? 
Si todo ha de parar en polvo inerte, 
¿ A qué tanto anhelar, tanta agonía ? 
¿ Para qué la virtud del varón fuerte ? 
¿ Para qué la inspirada poesía ? 
El numen de ios cantos inmortales, 
¿ Qué busca ea tan desiertos arenales ? 
¿ Dejó su asiento en el sublime coro. 
Abandonó las salas diamantinas. 
Para cernerse acá con triste lloro 
Sobre desolación, luto y ruinas ? 

Y el eterno laúd de cuerdas de oro, 
Las armonías del Edén divinas, 

¿Qué entonces fueran, sino.duelo y llanto, 
Digno cantar en infortunio tanto ? 

El himno funeral que el cisne entona 
Al cerrar á la luz sus tristes ojos ; 
De fúnebre ciprés mustia corona 
Que anuncia de la muerte los despojos ; 
Viento que gime en solitaria zona 
Entre zarzas estériles y abrojos, 
¡ Sin hallar jina planta, un eco amigo 
Que repita su voz y le dé abrigo ! 

¿Qué es el hombre lanzado en esta tierra, 
Sin la luz de la antorcha soberana, 
Sin el raudal de júbilo que encierra 
Xiñ. fuente pura de la Fe cristíana ? 
Muóvenle sus pasiones cruda guerra, 

Y si la débil fortaleza humana 
Opone solo á su tremendo embate, 

¿ Cómo vencer en el mortal combate ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Cual la ñor que en fructífero terreno 
Con la savia del sol vivificante, 
Gala y orgullo del pensil ameno, 
Crece olorosa y bella y rozagante ; 
Trasplantada después á suelo ajeno, 
Pierde su esplendidez, su olor fragante, 

Y á darle uueva vida, extraño fuego 
íTunca es bastante, ni amoroso riego ; 

Así el débil mortal á 1?, flaqueza 
Del propio corazón abandonado. 
Camina de este mundo en la aspereza 
De negras sombras y de horror cercado; 
Víctima del temor y la tristeza. 
Con la ominosa carga del pecado 
Pesando siempre en los cansados hombros, 
Se arrastra entre zarzales y entre escombros. 

Que es su fe vacilante, su amor frió, 
Su caridad mezquina y limitada. 
Su pensamiento el caos ó el vacío, 
Tinieblas el fulgor de su mirada : 
Su ardimiento temor, flaqueza el brio. 
Miseria su ambición, su ciencia nada ! 
¡ Júzgase un Dios en su delirio insano, 

Y ante el trono de Dios es un gusano ! 

Todo lo que su escasa inteligencia 
Crea, pasa veloz — De cien naciones, 
¿ Dónde ahora la fama y prepotencia ? 
¿ Qué fué de los temidos Faraones ? 
¿ Qué del griego poder, la clara ciencia ? 
Imperios y ciudades, religiones, 

Y leyes y costumbres ¿ dónde fueron ? 

¡ Ai ! — ; en polvo fugaz se convii'tieron .' 

Del Eufrates undoso en la ribera, 
Acaso busca el docto peregrino 
Donde fué la Metrópoli altanera 
Del vasto imperio del famoso Niño : 
Eestos, cenizas fúnebres do quiera 
Embarazan el lóbrego camino, 

Y el eco de su voz solo retumba 

Só el techo de la inmensa catacumba ! 



14 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Todo era miedo y llanto y desventura 
En las tinieblas de la noche humana — 
El mundo era una vasta sepultura 
Do reinaba la muerte soberana , 
Cuando tú, Sumo Dios, tú, fuente pura, 
f Do la eterna verdad copiosa mana, 

Del Sinai celestial bajaste al suelo 
Á darnos en tu lei vida y consuelo. 

Lucha en vano el error. — Hombres oscuros 
Se lanzan á la lid con faz serena : 
" ¡ Morir para vencer ! " gritan seguros, 

Y en sangre bañan la ominosa arena : 
Ya tiemblan los satélites impuros 

Al ver el entusiasmo que enajena 
A las sagradas víctimas, y el fiero 
Dejan caer, ensangrentado acero. 

Y no solo los fuertes campeones 
Arrostran el poder de los tiranos ; 
Las vírgenes de tiernos corazones, 
Las esposas, los débiles ancianos. 
Inermes al furor de los sayones 
Se entregan, y álos tigres africanos, 

Y la madre, tal vez, en santa ofrenda 
Presenta de su amor la iiuica prenda ! 

Brotó la luz : — Llegó á su complemento 
La humanidad maldita y degradada ; 
La tierra, el mar, los ámbitos del viento 
Eepitieron la nueva deseada: 

Y del báratro al fondo turbulento 
La falange de espíritus malvada, 
Huyendo se lanzó del numen fuerte, 

¡ Único triunfador contra la muerte ! 

¡Bella, inmortal, benéfica, divina, 
Omnipotente fe, siempre triunfante : 
, Del alma fortaleza diamantina 

Que miedo infunde al infernal gigante ; 
Fuente de amor serena y cristalina 
Que ofrece grata sombra al caminante, 

Y con sus puras ondas le convida 
En medio del desierto de la vida ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 35 

¡ Faro amigo que surge en lo lejano 
Al náufrago infeliz en noche oscura, 
Cuando rugiendo airado el Océano 
'Y llena el alma de mortal pavura, 
En vano esfuerza la cansada mano 
Al luchar con su indómita bravura, 
Y al ver la luz en la ribera ansiada, 
Cobra vigor y con aliento nada ! 

¡ Sublime fe, del hombre compañera, 
A sus trémulos pasos docto guía, 
Única luz de claridad sincera, 
Única inspiración que no extravía ; 
Único amigo cuya voz severa 
Nos consuela y ampara en la agonía, 
Mostrándonos risueño en lontananza 
El puerto que soñó nuestra esperanza ! 

¡ Salve, pura centella desprendida 
Del foco inmenso de la eterna lumbre ! 
¡ Salve, perenne manantial de vida 
Que brotaste del Gólgota en la cumbre ! 
¡ Tú eres el ígneo rayo que intimida, 
El iris de la paz y mansedumbre; 
De todo bien generador fecundo, 
Ciencia, virtud, poder, alma del mundo ! 

J Heriberto García de Qüevedo 



PARÉNESIS 

A MI QUERIDO AMIGO 

DON JOSÉ HERIBERTO GARCÍA DE QUEVEDO- 

Est deus in nohis, agitante calescimus illo. 
Tú me enciendes, mi Dios, tú me iluminas. 
Para cantar verdades peregrinas, 
No mas, remonta el arrogante vuelo, 
Sube á beber las aguas cristalinas 
En las regiones límpidas del cielo. 
Solo de la verdad al numen santo 
Alza tu canto. 



16 POETAS BSPAÑOLKS t AMERiCANOS, 

Nada de pequenez cáete tu labio, 
Al encumbrarse airoso el pensamiento : 
Admire el mundo su concepto sabio, 
Su generoso y liberal aliento ; 
Y áutes de dar incienso á la mentira, 
Rompe tu lira. 



Muestre tu voz su natural grandeza, 

Y temas singulares 
Pesarrollando con viril alteza, 
Haznos sentir su plácida belleza 
Al compás de tus líricos cantares. 

Salga á la acción el estro vigoroso, 
Pregonando su brio 
En melifico verso numeroso ; 
Y reconozca el corazón gozoso 
La magia de tu excelso poderío. 

Prorumpa fácil con gentil denuedo. 
Con rara gallardía, 
En torrentes de altiva poesía, 
Prorumpa fácil, tan entraña al miedo, 
La musa de García de Quevedo. 

Prorumpa en tono que sorprenda al mundo, 

Que bien puede el poeta 
En milagrosa concepción fecundo, 
Leer del porvenir lo mas profundo, 
Con la mirada altiva del profeta. 

No es gloria discurrir en lo pasado, 

Ni en lo presente es gloria : 
Gloria, correr sendero no trillado. 
Donde jamas ni un rayo ha penetrado 
Del luminoso faro de la historia. 

Nada mas que vulgar será la lira 

Que cante " Babilonia 

Pasó, como pasó Tébas, Palmira 

Como al favor del Dios de la mentira 
Pasaron Tiro y Persia y Macedonia " 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 17 



Hienda 1 os aires vibración sentida 
De inspirado poeta, 
Y cante — "¡ Ved la senda maldecida 
Por donde va la humanidad perdida! . 
I Ved el infierno del dolor, su meta !" 



En el profundo piélago anchuroso 

Que va surcando impía, 
Océano de sirtes proceloso, 
Para arribar á puerto venturoso, 
Eterno Dios ! ¿ qué brújula la guia ? 

¿ Escapará nuestra grandeza espuria 

A-1 naufragio tremendo ? . 
Desencadena el huracán su furia, 
Y como es grande su rencor horrendo. 
Grande será el estrago de su injuria. 

¿ Resistirá al rigor de sus embates 

Nuestra cantada gloria ? . 
Al sufrir el crisol de los combates, 
La aterrarán sus débiles quilates, 
La abrumará su ponderosa escoria. 



Vendrá otra vez de tu región sombría 
Raza bravia, 
Raza avasalladora, 
A desgarrarte con brutal fiereza 
A tí, del mundo la imperial señora. 
Pagada de tu fttlsa gentileza, 

Europa esclarecida ; 
Y al sentir su indomable fortaleza. 
Llorarás otra vez embrutecida. 



Su disco luminoso 
Va trasponiendo el sol de tu ventura : 
Ya de tus glorias se cerró el santuario. 

En extremo angustioso. 
Luego principiará funesto horario 
A contarte tus horas de amargura. 
3 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 



¿ Te enseüaron tus sabios consumados 

Que nuestra desventura 
Principiar suele en la desdicha ajena ? 
Nunca el dolor les mei-eció cuidados : 
Rebeldes para oir trágica escena, 
Que desangrado el corazón apura. 
Consagran sus talentos luminosos 
A redoblar las glorias del mas fuerte : 
Son los pesares temas enojosos, 
Indignos de ocupar á los dichosos : , 
Quien no puede vivir sufra la muerte. 
¡ Mal haya tanta ciencia 
De frutos tan amargos ! 
Sarcasmo es tu opulencia 
Para desvanecer tan fuertes cargos. 

Y de tan rica herencia, 
Con profundo saber administrada. 
Para eterno blasón de tu memoria 

Darás cuenta cerrada 
Al tribunal augusto de la historia. 

Y de/c y de csperaiiza 
Sintiendo un pueblo el corazón vacio, 
Hará sentir su criminal pujanza 
Todo el horror de su brutal desvío. 

La impiedad, la soherhia el egoísmo, 
Ahí tus enemigos capitales. 
Origen del mas fiero cataclismo. 
Que puede referirse en tus anales. 

Duermes sobre los bordes de un abismo : 
Claras son de tu ruina las señales : 
Arriba ! brama el aquilón furente. 
Dobla, Europa infeliz, dobla la frente. 

Que no vendrá tu prodigiosa ciencia 
A coíijurar tus numerosas plagas : 
Ni en su virtud encontrarás potencia 
Para curar tus cancerosas llagas. 

Creyendo en tu infinita omnipotencia, 
Hora tras hora, sin pudor te estragas, 
Guardando sin piedad para las Furias 
Tantas de noble afán, tantas centurias. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 19 

Cuando empuñas ¡ ai Dios ! con fuerte mano 
El lábaro inmortal de Constantino, 
Enardecido el corazón, ufano 
Trazarte sabe tu triunfal camino. 

Marchas por él con paso soberano. 
Conjurando espantable torbellino, 
Dando á la humanidad en feliz hora, 
Eica de gracias, inefable aurora. 

Tropiezos mil embargan tu carrera, 
Mas nunca afloja tu incansable brío, 
Marchas en alas de la fe sincera 
A tomar el supremo poderío. 

Quien así marcha, nunca desespera, 
Nunca le aterra nubarrón sombrío : 
Cuando la tempestad esparce el duelo, 
El iris busca en la mitad del cielo. 

Nadie cuenta mas hechos prodigiosos. 
Nadie con mas ardor trepa á la cumbre. 
Nadie merece anales mas gloriosos. 
Nadie mostró mas verdadera lumbre. 

Nadie fueros lució mas poderosos. 
Nadie ostentó mas docta mansedumbre, 
Ni pudo como tú, ni en mejor hora 
Ser de ambos mundos la imperial señora. 

Mas al mirarte , ai Dios ! tan encumbrada. 
Tan llena de esplendor y de grandeza, 
En hora para tí desventurada 
Te embriagan tanta gracia y gentileza. 

Aplica la impiedad mas renegada 
Su aguijón, y trastorna tu cabeza, 
Y á fuerza de creer en tu hermosura, 
Maldices de la fe la luz mas pura. 

Has llegado hasta aquí : marcha adelante. 
Mira si puedes remontar el vuelo 
Contra el furor del euro rebramante, 
Que vela ya la claridad del cielo. 

Eedobla tus empeños arrogante. 
Tú, valerosa Emperatriz del suelo, 
Tú, que de gran poder haces alarde. 
La furia del turbión no te acobarde. 



20 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Marcha ! sus ! á la lid ! ¿ qué te amedrenta ? 
¿ Dónde está tu vigor ? ¿ poi qué vacilas? 
¿Qué torcedor extraíío te atormenta, 

Y así empaña, la luz de tus pupilas ? 

¿ Por qué tu corazón se desalienta ? 
¿Por qué, dormida ayer, tal hoi vigilas? 
La voz del huracán ¿ te infunde miedo? 

Y ¿dónde está tu varonil denuedo? 

El mar del porvenir horror te infunde, 
Te llenan de terror sus negras olas, 
Su cielo encapotado te confunde, 
Sin fe en el corazón, marchas á solas. 

Tu soberbia en tu daño se refunde. 
Tú que arrogante ayer, todo lo violas, 
Hoi contemplas con ojos espantados 
La presencia de tétricos nublados. [1] 

Mezclaste la mas fuerte levadura 
Con los mas escogidos elementos 
De gracia y de esplendor y de ventura, 

Y agriaste los mas nobles sentimientos. 

Perdieron su excelencia y su hermosura 
Tus gallardos y altivos pensamientos, 

Y á tanto error y tanta bastardía 
'SAfiel se trastornó de tu armonía. 

¿Por qué tan desastrados des^minos 
Sufre la humanidad en su carrera ? 
Brillan hora sus prósperos destinos, 
Oprímela después fortuna fiera. 

No escarmienta en sus crueles desatinos. 
Huye de la verdad la voz sincera, 

Y en la elección de sus inicuos planes 
Eterniza el rigor de sus afanes. 

Levantó ayer su liberal coraje 
Altivos y encumbrados monumentos : 
Ciega, mañana, en su rencor salvaje 
El polvo barrerá de sus cimientos. 



[1] Alude á la torpe y funesta, indecisión de las potencias occi- 
dentales para declarar la guerra á la Rusia. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 21 

El numen, á quieu hoi rinde homenaje, 
Sufre mañana sus ataques cruentos. 
Calma unas veces y otras alborota, 

Y dos pasos no avanza en su derrota. 

Deja el saber el trono á la ignorancia, 
Su lugar el pudor deja al descoco, 
Es viveza la infame petulancia, 
Virtud social el desenfreno loco. 

Alzase la traición en su arrogancia, 
La fina lealtad teniendo en poco, 

Y estando tan revuelto el mar bravio. 
Es natural el bárbaro extravío. 



Hoi que los pueblos son los soberanos, 
Altos Emperadores, 
En cuyas fuertes manos 
Colocó la fortuna sus favores ; 
Que así muestran arranques de nobleza, 
Como de mansedumbre y fortaleza ; 
¿ Qué extraño que los pueblos á su modo, 
Fuertes en su querer, grandes en todo, 
Sondando su poder y su pujanza. 
Tan alto quieran remontar su vuelo. 
Que pongan en balanza 
Su poder y el del cielo ? 

Hoi que los pueblos son los soberanos 

Instrumentos de horror y de exterminio. 
Fundamento de cálculos villanos, 
Pedestal del mas bárbaro dominio. 



Arriba ! brama el aquilón furente, 
Dobla, Europa infeliz, dobla la frente, 
Y mal hayan tus sabios fementidos, 
En su ciencia profunda adormecidos. 
Que no calculan tu dolor tan fuerte, 
Ni te miran cercana de la muerte. 



22 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Generosos guardianes de tu gloria. 

Y de tu porvenir claras lumbreras, 
Harán esclarecida tu memoria 

En las generaciones venideras ; 
Pero en tanto el oido 
Aplica al aquilón enfurecido, 

Y tiembla de su furia asoladora : 

i Es bumo tu poder ! ¡ tiembla, señora ! .. 



En tan grande y terrífico abandono, 
En situación tan áspera y tan cruda, 
El "pauperismo en alas de su encono 
Vuela desenfrenado á darte ayuda. 

Le señaló las gradas de tu trono 
Eesplandeciente la ambición sañuda. 
Para dar mas arranques á su anhelo. 
Lo divorció primero con el cielo. 

Le despertó apetitos ignorados, 
Le removió resortes escondidos, 
Le borró los deberes mas sagrados, 
Le predicó derechos nunca oidos. 

Por medios tan sutiles y endiablados, 
Le despertó á tal punto los sentidos. 
Que respira carnales sentimientos, 
Y vive de brutales pensamientos. 

Trémula de terror, débil matrona, 
¿Dó te condujo el criminal desbarro ? 
Ayer Emperatriz, hoi sin corona, 
¿ Qué cuenta das de tu ademan bizarro ? 

En tu beldad la corrupción se encona, 
Marchas uncida al infamante carro. 
Para mas irritante pesadumbre, 
Sufres hoi su mas negra servidumbre. 

Nadie cuenta mas hechos afrentosos, 
Nadie con mas afán desciende al vicio, 
Nadie pierde caudales mas preciosos, 
Ni se lanza mas ciega al precirjicio. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 23 



Nadie infama blasones mas hermosos, 
Nadie tendrá mas hórrido suplicio, 
Ni dará en su saber y en su opulencia 
Mas pruebas de idiotez y de indigencia. 



¿ Oyes el rencoroso torbellino 
Que enciende las soberbias tempestades. 
Cuál marcha arrebatado en su camino, 
Arrasando tus pueblos y ciudades ? 

¿ Oyes al enconado remolino 
Que surge de tu mar de iniquidades ? 
¿ A quién^corres en tan hondos duelos. 
Si están cerrados para tí los cielos ? 



Mientras cual tigre que rebrama en furia. 
Tales acciones su prosapia ultrajen, 
No puede el hombre, sin nefanda injuria, 
De un Dios benigno predicarse imájen. 

Ai ! no me oprima el infernal despecho. 
No me abrume el cansancio en mi camino. 
Tu milagrosa luz arda en mi pecho, 
Eadiante sol del Gólgota divino. 



Al ver el mar de errores 
En que la frágil existencia gira 
Y hasta donde remonta los rencores 

De su tremenda ira, 
Tantas veces feroz, el ser humano, 
Me parece su timbre soberano 
ün timbre de irrisión, una mentira. 



¿ A dónde van, mi Dios', esos titanes. 
Azote de tu cólera divina ? 
El tema cardinal de sus afanes, 
¿ Tras qué verdad incógnita camina ? 



24 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

¡ Amarga es nuestra suerte ! 
¡ Sea, mi Dios, tu voluntad cumplida ! 
, Quizás del seno mismo de la muerte 

Saldrá, saldrá mas rozagante vida. 
Vanos del hombre los esfuerzos, vanos, 

Perdidos sus desvelos, 
Para calar, Señor, de tus arcanos 
Los condensados velos. 



Allí guardas el fondo de tu ciencia. 
Abismo á nuestrar flaca inteli^ncia. 

Al presenciar tan trágicas escenas. 
Tanta sangre, Señor, tanto exterminio. 
Un despecho mortal entra en mis venas, 

Y el cuello doblo á su falaz dominio. 

En tan duro y amargo sufrimiento 
Sé Tú, Señor, mi luz, sé Tú mi aliento. 

Señor, en tus bondades infinito, • 
Tú que imprimes tus huellas inmortales 
En el bello esplendor del sol bendito, 

Y en la voz de los roncos vendavales ; 
Tú que me das tu santo nombre escrito 

En la flor y en los frescos manantiales. 
Para adorarte infundes al poeta 
La inspiración sentida del profeta. 

Tú, lozano verjel, arca de alianza. 
Tálamo de mi Dios, luz de los cielos, 
Rosa de Jericó, nuestra esperanza, 
Iris de salvación en nuestros duelos ; 

Tú, sol de gracia, en el turbión que avanza 
Con tal rencor y enfui'ecidos vuelos, 
Madre de amor y estrella matutina, 
Mis trémulas pisadas encamina. 

Angoi Custodio de mi frágil vida. 
No me abandones en tan crudo empeño, 
Otórgame leal tu luz querida. 
No me mires, mi amor, airado el ceño. 



POETAS ESPANOLKS Y AMERICANOS. 25 

Ya sóplala tormenta embravecida, 
Dócil soi átu voz : tú eres mi dueño, 
Y siendo tú mi valeroso guía, 
Podré arrosti'ar la tempestad bravia. 



Tienda sus garras el rencor eterno, 
Con sangre escriba su poder gigante, 
Vomite sus demonios el infierno. 
Tiemble el mundo en sus pjes de diamante. 

Triunfarán del tremendo cataclismo 
Nuestra fe, nuestra raza, ^1 cristianismo. 



Te abandono el pincel, mi noble amigo, 
El asunto va largo, 

Y todo me enfurezco y me fatigo, 
Al ver cuadro de tintas tan amai'go. 

Yo que aplaudo tus fuerzas varoniles, 
Espero que retoques sus colores, 

Y que pulas sus ásperos perfiles, 

Y todo lo mejores. 

Porque á mi corazón le falta brío, 

Y arranque varonil al pensamiento. 
De mis pequeñas fuerzas desconfío 
Para alzar tan sublime monumento. 

Cantar de nuestra edad el extravío, 
Cantar de nuestra gloria el hundimiento, 
Fácil tema á tu rica fantasía. 
Tarea superior para la mia. 

Caracas, Diciembre de 1853. 

Evaristo Fombona. 



26 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



EXPLIOAOICm. 

Cuando leí estos versos en la Legación de España, presentes varias 
personas, entre ellas el señor Don J. H. García de Quevedo, no hablan 
disparado el primer tiro contra la Eusia las potencias occidentales. 
Muchos, si no todos, creian entÓLces que la diplomacia arreglarla la 
cuestión, sin necesidad de llegar al caso extremo de una guerra desola- 
dora ; y caso de guerra, muchos, si no todos, creian también que la Eusia 
caerla quebrantada á los pies de la Inglaterra y de la Francia. 

En cierta reunión de gente doctísima, tímido yo naturalmente en la 
manifestación de mis humildes opiniones, como diria un demócrata, dejé 
escurrirse vergonzante e sotto voce, esta opinión clara y sencilla : " La 
Eusia es la primera potencia del mundo : está en sus manos el estan- 
darte del porvenir de Europa : es una nación que cree y espera y avanza. 
Si la luglaterra y la Francia le declaran la guerra, perderán mas que 
la Ruda la Inglaterra y la Francia." Mi parecer fué condenado sin 
apelación. La democracia es absoluta en sus fallos é intolerante en sus 
opiniones. La Eusia era eníówces una nación 6ár6rt?-« que jp odian y de- 
¿(¿a« conquistar para la civilización las potencias occidentiiles. Para 
que fuese aceptado entre nosotros su titulo de gran pueblo, ha sido 
necesario que ese título viniera refrendado por la Cancillería norte- 
americana. Cuando la prensa de los Estados Unidos manifestó sus 
simpatías por la Eusia, y probó por A mas B., prueba contundente y 
decisiva, que la Eusia habia hechi' en beneficio de la civilización mas que 
ningún pueblo de la tierra, entonces principió á c)finb¡ar la opiniob de 
nuestros doctos : entonces principió á creerse aquí que la Eusia era 
algo, y que merecía algo. 

i Quantum mutatus ab illo ! 

Cuando escribí estos versos, aguardaba, como todavía aguardo, para 
Europa trastornos profundísimos. La perturbación política que la 
amenaza, no es mas que la derivación legítima de la perturbación moral 
que penetra sus entrañas. El lujo de ciencia que la enloquece y los 
portentos que la engríen, en vez de abrirle los ojos á la fe, la arrastran 
ala impiedad, como si dijéramos al abismo. El cisma en religión engen- 
dra el cisma en política. Uno y otro conducen á la incredulidad. Los 
mas desesperados combatientes, tras hondas tribulaciones y estériles 
fatigas, buscan en el nihilismo, que es la muerte del blma, un reposo que 
afrenta. No puede vivir sin creencias la humanidad. Tiembla toda 
acongojada cuando se atraviesa en su camino el espíritu superficial de 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 27 

los sofistas, la insensata predicación de los tribunos y el frenesí tumul- 
tuario de los demagogos; tiembla toda acongojada, porque la hacen 
sudar sangre y retroceder espantosamente en su carrera. El mas alto 
atributo de Dios es la Providencia. Y como hai individuos, bai también 
pueblos reservados para cumplir designios providenciales. La Rusia 
salvará la Europa, atropellada por el demonio de la fu Isa sabiduría. La 
Europa pasará, es verdad, bajo las horcas caudinas de los Cosacos del 
Don, instrumentos de la Providencia, destinados para cow/?íKrf¿r al so- 
fista, para convencer al tribuno, para hacer entrar en razón al demagogo, 
desgarrando la mas hipócrita, la mas pérfida, la mas impía de las ban- 
deras, la bandera de la soberanía popular. 

Al escribir estos versos, yo contt-mplo al águila de Jos Czares, afi- 
lando sus garras poderosas en las rocas graníticas de la Finlandia, y 
pronta á desplegar sus alas, fija la mirada en la ciipula de Santa Sofía. 
Poco se cura el águila altanera del sordo y mesurado ruido con que 
avanza la tempestad por occidente. Acostumbrada á remontarse, me- 
cida por el concierto de los huracanes, y á cernerse majestuosa y serena 
sobre la región del rayo, continúa tranquilu afilando aquellas garras que, 
si no hoi, mañana, han de arrojar á los cuatro vientos del cielo, desga- 
rrada la bandera del islamismo. Es para mí un artículo de fe que 
Pegará á Constantinopla, y en brevísimo pl«zo, el águila de los Czares; 
como es para mí un articulóle fe que el imperio indiano, con la toma 
de Delhi y sin la toma de Delhi, está perdido irrevocablemevte para la 
Iglaterra ; corno es para mí un artículo de fe que la soberanía popular 
será crucificada, primero por sus propias locuras, y por sus propios 
escándalos, y segundo por los Cosacos del Don. 

Adhuc majoravidebimus. 
Una crisis espantosa atraviesa Europa, y Europa es el alma del 
mundo. Está produciendo sus naturales maravillas la levadura de la 
impiedad, inoculada con perseverante ahinco en el corazón de los pueblos 
por el apostolado mas farisaico que vieron los siglos. Bajo estas impre- 
siones escribí mi canto. La guerra de O'iente, lejos de debilitarme, me 
afirma en mis creencias. Si ha de haber galvacion para Europa, la 
salvación vendrá de Rusia. Cuando se anunció al mundo esta fausta 
nueva " La Paz ha sido firmada hoi á la una de la tarde en el Hotel de 
los Negocios Extranjeros" 30 de Marzo de 1855, y se anadia qne el 
reposo de Europa descansaba ya sobre bases sólidas y duraderas, tuve la 
audacia de no ver mas que una ilusión consoladora en esa paz tan codi- 
ciada que no hacia mas que suspender los estragos de una guerra de 
titanes que sufrirá de nuevo la Europa, antes que el principio de auto- 



28 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

rirfad, desacreditado por la demagogia moderna, penetre por la ense- 
ñanza y se arraigue por los beneficios en el corazón de los pueblos : la 
Eusia desempeñará elprimer papel j entrará la Turquía en la corriente 
cristiana. Mas racionales me parecen estos cómputos que los cómputos 
de Lord Napier. Este buen señor, sin rodeos, sin escrúpulos, calcula de 
esta manera : " Los sucesos de estos últimos años, dijo Lord Napier 
en la sociedad de San Jorge de New York : los sucesos de estos últimos 
años nos han enseñado cuan poco tenemos de común con las demás 
naciones, y han estrechado los lazos que nos unen con un pueblo hermano 
con el cual deberíamos estar solos en el mundo." Modesta pretensión de 
Loi-d Napier. 

" Por mas que los ingleses estemos ligados e,\\ política con una ú 
otra nación continental, por mas simpatía ó admiración y confianza que 
nos merezcan las distintas razas con las que nuestra posición geográ- 
fica nos pone en relación, conocemos que entre ellas y nosotros existe un 
abismo" (verdad evangélica). " No hai exageración en afirmar que en 
maneras, pensamientos, tendencias-, ideas y aspiraciones, hai menos 
diferencia entre Lisboa y Viena, que entre los habitantes de Kent y 
Picai'día, cada una de cuyas poblaciones puede ver de noche las luces 
encendidas en el puerto de la otra." Optimé quidem. 

" Sabemos que ni los españoles, ni ningún otro pueblo continental, 
son capaces de resistir la energía ni el espíritu emprendedor de la raza 
anglo-sajona, (tan desairada en la guerra de Oriente). Suponer que un 
puñado de españoles, de mestizos, pueda detener á los americanos, es 
creer que las leyes déla naturaleza pueden plegarse ó, los mandatos de la 
política.''^ 

" Hai espacio bastante para ambos (el inglés y el americano del 
norte), cuando cada uno de nosotros tiene por esfera de .acción un he- 
misferio " 

Para mí llegará el dia en que la Inglaterra con toda su arrogancia 
anglo-sajona, rendirá cuenta estrecha á todos los pueblos del mundo, por- 
que todos los pueblos del mundo tienen algo ó mucho qué haber de la 
Inglaterra. Entretanto dejemos que el porvenir autorice ó desautorice 
mis cómputos ó los cóm^Míos de Lord Napier. Yo tengo naturalmente 
mas confianza en los mios, por mas proverbial que sea el buen cálculo 
inglés. 

Caracas, Diciembre 8 de 1857. 

Evaristo Fombona. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 29 

A LOS EXCELEi^TISlMOS SEÑORES 
MARQUESES BE SANTA CRUZ 

EN LA BODA DE Sü HIJA TERCERA, 

DOÍÍA FERNANDA DE SILVA Y GIRÓN. 

V 

No sonará mi acento 
En el nupcial festín. Ai ! . . . . no me es dado 
Del insigne Mirispo (*) al dulce lado 
Su cítara pulsar encantadora, 

Y enriquecer el viento 

Con altos versos y con voz sonora. 

Oh ! si el poder del Niimen que me inspira, 

Y de amistad el fuego sacrosanto, 

Que arde en mi pecho, á mi olvidada lira, 
Dieran tal vuelo y á mi rudo canto, % 

Que sus ecos llegaran 

A la orilla del regio Manzanares 

¡Cuál mis fervientes votos resonaran, 
Unidos de Mirisco á los cantares ! 

En el risueño dia 
En que Fernanda tímida, inocente. 
En las aras del Dios omnipotente 
Jura constante amor á un tierno esposo, 
Ilustre y venturoso ; 
Yo su beldad y gracias cantaría. 
Yo, que la vi de la apacible cuna 
Salir del mar de Cádiz en la orilla ; 

Y como al lado de lá blanca luna 
, La estrella esplendorosa 

De amor adorna el cielo y pura brilla. 

Brillar al lado de su madre hermosa. 

Yo, que en la margen del soberbio Sena 

La vi crecer, cual crece 

Tallo gentil de candida azucena. 

Que el blando aliento de las auras mece. 

[*] El .Exorno, señor Duque de Frías. 



30 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS, 

Yo en fin, que cuando el áspero Destino 

Me arrancó fiero á mis paternos lares, 

Arrastrándome al hórrido camino 

De amargura y dolor, del Manzanares 

La vi niüfa gentil ; y reclinada 

De su madre adorada 

En el candido seno, parecía 

Cabe rosa esplendente 

Medio abierto pimpollo, que lozano, 

Al rojo amanecer de hermoso dia, 

Muestra el matiz de pudorosa frente, 

De perlas lleno y de beldad riente. 

En el eco lejano 
De mi voz sonaría 
La dicha excelsa del esposo ufano, 

Y de la ^buela y p idres la alegría, 

Y la esperanza altísima que nace 
Con tan ilustre enlace 

ipe nuevos héroes á la patria mia. 
Mas ai ! mi voz ahogada 
Del infortunio por la mano helada, 
No puede allá volar, ni aspira á tanto ; 

Y acostumbrada al llanto, 
No ficierta á dar al viento 
Dulces himnos de júbiki y contento. 

, Tranquilos vates que las cuerdas de oro, 

De la patria en las selvas y jardines. 
Os es dado pulsar, y en alto coro 
Cantar la pompa y celebrar festines; 
Alzad la voz, mientras airada suerte 
Me condena al silencio da la muerte. 

Al silencio ! ! ! y por qué ? Cuando gozosos 

Arder la sacra antorcha de Himeneo, 

Y su tercer trofeo 

Alzar Amor en lazos venturosos 
Ven por tercera vez en sus salones 
De Santa Cruz los ínclitos m»rqueses; 
Cuando barras, castillos y leones 
Esperan nuevos héroes, cuyas glorias 
Reproduzcan altísimas memonas, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 31 

Yo olvido de Fortuna les reveses, 
Arde mi mente en estro sacrosanto, 
Brota mi rudo labio son divino, 

Y es á mi pecho necesario el canto, 
Como el agua al sediento peregrino. 

Sí, cantaré : ¿qué importa que no suene 
Allá en Madridi.mi dolorido acento? 
¿Qué importa que no llene, 
Entre los brindis y el clamor sonoro 
De himnos de gozo y voces de contento. 
Un soberbio artesón de cedro y oro ? 
Sonar la voz del infortunio debe 
Con mas solemnidüd, y en otra escena. 
Cuando amistad lo arroba y enajena, 

Y á entonar cantos de placer se atreve. 

Sí, cantaré sobre estas, que combate 
Ronco el púnico mar, peñas desnudas, 

Y 60 la inmensa bóveda del cielo. 

El santo fuego que en mi pecho late, 
Engrandece mi voz, entre Iks mud.is 
Terribles sombras del nocturno velo. 

Y las estrellas, contra mi sañudas, 

Y la luna menguante. 
Iluminan mi pálido semblante, 

Y brillan en las ligrimas que lloro, 

Y de mi lira en el mil rfil y el oro. 

Las gracias, los amores, 
La virtud, la alegría. 
Vengan tíin fausto dia, 
Fernanda, á celebrar; 

Y de virgíneas flores 
Coronen tu alma frente, 
Que como poI naciente 
No halla en el orbe par. 

El fuego honesto y puro V 

Que arde en tu pecho hermoso, 
Mereciendo dichoso 
Paterna bendición ; 



32 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Sea manantial seguro 
De placeres sin cuento, 
Y siempre con aumento 
Arda en tu corazón. 

Bendiga el santo cielo 
Tu enlace y lo fecunde, 
Para que en bien redunde 
Del imperio español. 

Que espera con anhelo 
Bazanes y Girones, 
Que lleven sus pendones 
Por cuánto alumbra el sol. 

Girones y Bazanes, 
Que cual Hércules nuevos. 
Puedan, cuando mancebos. 
La sierpe sofocar ; 

Y entre sabios afanes 
Crezcan, y á las Españas 
Con virtudes y hazañas 
Consigan restaurar. 

Vence el rugir del mar mi altivo acento, 

Y se dilata por su espacio undoso : 
Sobre las alas rápidas del viento 
ííi canto numeroso 

Llega á las playas donde fuéCartago, 

Y entre el estruendo vago 

De las olas que rómpense en la arena, 
O entre ásperos bajíos 
Suenan los versos mios, 

Y el dulce nombre de Fernanda suena. 

Sopla claustro fogoso, 

Y su nombre y mis versos arrebata, 
Entre celajes de luciente plata, 

, A la cumbre del blanco Lilibeo, 
Cárcel ardiente ó bramadora tumba 
De los furores del audaz Tifeo ; 

Y al nombre de Girón esclarecido 

Que entre sus riscos cóncavos retumba, 
Callan su ronco hervor y su ladrido 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 33 

Scila y Caríbdis de respeto llenas, 
Conmuévese Trinacria, y mis cantares, 
Ledas, cruzando los desiertos mares, 

Repiten seductoras las Sirenas 

Mas ¿ qué rumor vecino. 
Llenando al mudo viento. 
Viene á turbar el éxtasis divino, 

Y á sorprender mi entusiasmado aliento? 
¿ Es el bretón soldado 

Que en los adarves usurpados grita, 

De orgullo, astucia y de opulencia armado ? 

¿ Es el rudo piloto moscovita, 
Que á zarpar se apresura 
Entre ks sombras de la noche oscura. 
No para dar el rumbo al mar helado 
y saludar á su aterida tierra. 
Sino á llevar el exterminio y guerra, 

Y el devorante fuego. 

Mintiendo amparo al oprimido griego, 
En sus toscos bajeles, 
Preñados de ambición y orgullo insano, 
Al caduco otomano, 

Y del torpe serrallo á los verjeles ? 
No ; que es mas noble estruendo 

El que en torno rimbomba y sordo cunde, 

Pues iiuevo ardor difunde 

En mímente, mi canto engrandeciendo. 

De los sepulcros venerandos nace. 

Que del grau Precursor el templo santo, 

Que Malta alzara en su pasada gloria. 

Ornan el pavimento y rico muro 

De terso mármol y de bronce oscuro, 

Entre lauros eternos de victoria 

Y nobles timbres del infiel espanto, 
Que en respetar el tiempo se complace. 

De los sepulcros nace, que entre tanto 
Sepulcro de famosos campeones 
De todas las católicas naciones. 
Héroes hispanos guardan en su seno ; 

Y en cuyas letras, que la edad no empaña, 
Nombres de horror al torvo sarraceno, 

5 



34 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Nombres de gloria á la guerrera España 
Se ven, Silvas, y Caros y Bazanes, 

Y Borjas y Girones, 
Pimenteles, Quiñones, 

Y Osorios y Pachecos y Guzmanes. 

De estos, de estos las sombras conmovidas 
Al eco de mi voz, se alzan gloriosas, 
De Feruanda las dichas celebrando, 

Y ledas presagiando 

Héroes, que con sus hechos rivalicen 

Y los insignes nombres eternicen. 

i Oh gloria de Aragón y de Castilla ! 
i Qué lampo de celeste reverbero 
Perdurable en su rostro centellea ! 
i Qué fuertes armMS de templbdo acero, 
Do la cruz blanca refulgente brilla ! 
¡Qué ricos mantos que el ambiente ondea !., . . 
Tales por conquistar la tumba santa 
Los vio lidiar Jerusalen, y tales 
Hazañas inmortales 
En Rodas, Chipre y Candia ejecutaron, 

Y tales rechazaron, 

Al ínclito Valeta obedeciendo, 

De estas peñas al turco furibundo, , 

Cuyo poder tremendo 

Era entonces terror del ancho mundo, 

Cércanme en torn»» por el aire vano 

Así los semididses revolaban 
En derredor del gran cantor troyano 

Y su acento inmortal solemnizaban : 
Así hendiendo la niebla, circundaban 
Al bardo caledon las sombras leves 
Df los guerreros de Morven y Tura, 
Cuando en la noche oscura, 
Despreciando los vientos y las nieves. 
Sobre los riscos de Loclin sentado, 
Pulsaba el arpa al lado de Mdlvina, 

Y It voz ronca del torrente hinchado 
Sobrepujaba cou su voz divina. 

Anjel de Saavedra. 

( Duque de Rivas.) 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 35 



EL BAUTISMO. 



. A MI SEGUNDO HIJO RECIENNACIDO. 
I. 

Ven, y en las vivas fuentes del bautismo 
Recibe, oh niño, de criatiHno el nombre; 
Nombre de amor, de ciencia, de heroisrao, 
Que hace en la tierra un semidiós del hombre. 

Los hombres que esas aguas recibieron 
Con su espíritu y brazo subyugaron 
La inmensa mar que audaces recorrieron, 
Los mundos que tras ella adivinaron. 

Potentes mas que el genitor de Palas, 
Al rayo señalaron su camino; 

Y á los vientos alzándose sin alas, 
Siguieron sin temblar su torbellino. 

Ellos al LeviatfiD entre cadenas 
Sacan de los abismos con su mano, 

Y pisan con sus plantas las arenas 
Del fondo de coral del Oct-ano, 

Cristianos son los que esas formas bellas 
Con que el Criador engalanó á Natura, 
Obligan á vaciar sus blandas huellas 
En instantánea, nítida pintura. 

De un hilo con la curva retorcida 
Los cabos juntan de un inerte leño 

Y el secreto perturban de la vida, 

Y agitan el cadáver en su sueño! 

Y tú también, también eras cristiano. 
Tú que dijiste contemplando el cielo : 

" Ya mis ojos no alcanzan, pobre anciano; 
Yo rasgaré del firmamento el velo." 

Y en el aire elevando dos cristales, 
Vuelta á Venus la faz, puesto de hinojos, 
Los ojos que te hiciste fueron tales 

Que envidiaron las águilas tus ojos. 



36 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y era cristiano aquel que meditando 
En el retiro de modesta estanza, 
Sin afán, sin error, pesó, jugando. 
Los planetas y el sol en su balanza. 



II. 



¡ Oh prenda de mi amor, dulce hijo mío ! 
Cuando en edad y para el bien crecieres, 

Y en el gran Padre Universal confio 
Vivirás para el bien lo que vivieres; 

Serio entonces, quizá, meditabundo, 
De ardor de ciencia y juventud llevado. 
Quieras curioso visitando el mundo 
Juzgar lo que los hombres han fundado ; 

Conocerás entonces por tí mismo, 
Verán tus ojos, palparán tus manos, 
Lo que puede el milagro del bautismo 
En los que el nombre llevan de cristianos. 

Sí ! do naciones prósperas hallares 
Sujetas solo á moderadas leyes 
Que formaron senados populares 

Y que obligan á subditos y reyes ; 

Do al hombre vieres respetar al hombre 

Y á la mujer como su igual tratada, 
Modesta y libre, sin que al pueblo asombre, 
Viva fiel sin vivir esclavizada ; 

Do vieres generosos misioneros. 
Sin temor de peligros ni de ulti'ajes, ' 
Abandonar la patria placenteros 
Para llevar la luz á los salvajes ; 

Do vislumbrares púdicas doncellas 
De oscuro hospicio entre las sombras vagas. 
Curando activas con sus manos bellas 
De los leprosos las hediondas llagas; 

Do puedas admirar instituciones 
Que abrigan al inválido, al desnudo. 
Que amansan al demente sin prisiones. 
Que hacen al ciego ver, y hablar al mudo ¡ 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 37 

Do vieres protegido al inocente, 
Castigado al peryerso con cariño, 
Respetado el anciano inteligente. 
Asegurado el porvenir del niño ; 

Allí do hallares libertad y ciencia, 
Misericordia, caridad, justicia. 
Dominando del pueblo la conciencia. 
De la industria calmando la codicia ; 

Allí do respetándose á sí mismo 
Vieres al hombre amar á sus hermanos, 
Podrás clamar: ¡"Honor al Cristianismo, 
Que estos no pueden ser sino cristianos! " 

J. EüSEBio Caro. 



CANTO DE ALABANZA. 

GRANDEZA DE DIOS 

EN SI MISMO Y EN SUS OBRAS. 



Imitación del salmo 103. 

i Bendice, oh wlma mia. 
Bendice de tu Dios la omnipotencia, 
Y difunde con ecos de alegría 

Su sabia providencia ! 
Es ¡ oh Señor ! la inmensidad tu asiento, 

La luz tu vestidura; 
Tarima de tus pies el firmamento ; 
De tu querer el universo hechura. 

Las brillantes estrellas 
Son de tus pasos luminosas huellas ; 
Tus ministros los fúlgidos querubes ; 
Tus agentes los puros elementos ; 

Tus carrozas las nubes ; 

Tus corceles los vientos. 



38 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Tu mano abrió las puertas de la aurora ; 
Tu dedo al sol le se5..1ó carrera, 
Haciendo que su luz germinadora 
La vida difundiera ; 

Y al eco de tu acento sacrosanto, 

La noche triste y grave 
Acudió envuelta en majestuoso manto. 
Brindando al mundo su solaz suave. 

Manijaste al marque/Mera, 

Y el mar se alzó rugiente 
Cual si á los astros apagnr quisiera; 
Mas allí do tu diestra omnipotente 
De humilde arena le trazó barrera, 
Allí rompe los ímpetus pujantes, 

Y con ronc.j gemir rinde obediente 

Sus olas espumantes. 

Por la ecuórea llanura 
Nadan seres sin cuento, 
Que hallfin albergues en su sima oscura 

Y en sus Síilobres ondas alimento; 

Mientras la surca lento, 
Alzando al resollar chorros de espumas, 

El íjran monstruo marino 
Que reina entre las olas y las brumas ; 

Y naves arrogantes 
Tendiendo al aire su turgente lino, 

Hacia playas distantes 
Se abren entre ellas líquido camino. 

Tú alzaste las montañas ; 

Tú extendiste los llanos : 
Tú henchiste de la tierrra las entrañas 

Con preciosos metales ; 
Tú la Cubriste de árboles lozanos ; 

Plantas medicinales ; 
Salutífen^s yerbas que sustentan 

A brutos numerosos, 
Flores fragantes, que á la par que ostentan 

Matices primorosos, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 39 

Con que á los campos esmaltar te plugo, 
Le brindan en sus senos virginales 
A la industriosa abeja el grato jugo 
Que convierte en dulcísimos panales. 

Tú haces, en fin, que la fecunda tierra, 

Que tesoros encierra, 
Cumpliendo tus designios soberanos, 

Brote, cual madre amante, 
El pan del hombre en suculentos granos ; 

Y aun mas próvida y rica, 

El vino — que restaura y fortifica — 
En los racimos de la vid notante. 

Tú haces correr las fuentes 

Por los valles umbríos; 
Tú señiilas el curso de los rios 
Eegando las campiñas ; Tú despeñas 
En sonoras cascadas los torrentes, 

Y hasta del centro de las rudas peñas 
. Desatas manantinles 

En que apagan su sea los animales; 

Y á cuyo placidísimo murmullo 

Df sde su nido, que en la roca esconde, 
La enumerada tórtola responde 
Con quereiloeo arrullo. 

» 

En lóbregas honduras 
El topo sabe procurarse asilo ; 
Trepa ligero el corzo á las alturas; 

Busca albergue tranquilo 
La liebre temerosa entre las breñas; 
En los ásperos montes el venado ; 
El cuervo en agujeros de las peñas ; 

Y al ejército alado 

Le anuncian la estación de los amores 

Bandadas de cigüeñas. 
Que antes que broten las primeras flores 

Van á dejar sus nidos 
De las ramas del cedro suspendidos. 



40 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Cuando la noche espesa 
Envuelve. al mundo en lúgubres crespones, 

Demandando su presa 
Se lanzan de sus grutas los leones : 

Mas cuando el alba pura 
Se asoma por las puertas del Oriente, 

La caterva rugiente 
Torna en tropel á su guarida oscura ; 

y sin recelo el hombre 

Que al trabajo condenas, 
Sale á emprender sus útiles faenas, 

Bendiciendo tu nombre. 
¡ Cómo brilla tu sabia providencia 

En tus obras sublimes, 

Y cómo el sello de tu gran clemencia 
En todas ellas poderoso imprimes ! 

¡Tú eres, mi Dios, Tú eres 
El padre universal ! Todos los seres 
Claman á Tí por su alimento, y vano 
Nunca fué su clamor. Tú abres la mano 

Y se sacian de bienes. 
Que para todos preparados tienes; 
Mas si de ellos se aleja tu mirada, 
Túrbause al punto con pavor profundo ; 

Y si retiras tu hálito fecundo 

Se vuelven á la nada. 
Que es tu soplo la vida ; 
Tu voluntad la lei del universo ; 

Y tu bondad — que del insecto cuida — 

Ni aun del hombre perverso 
Que tu poder desconoció, se olvida. 

¡ Mas huyan los ingratos ! 
¡Disípense cual humo los impíos ! 

Y tú ¡ Fe santa ! con mayores brios, 
De la esperanza á los acentos gratos, 
Por cuánto alumbra el sol y el mar abarca 
Tiende las alas, con que al cielo subes. 
Clamando : — " Gloria al inmortal Monarca 
Cuyos agentes son los elementos ; 

Sus ministros los fúlgidos querubes, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS- 41 

Sus carrozas las nubes, 

Sus corceles los vientos ! " 
" ¡ Gloria al Reí de la altura, 
Cuyas sagradas huellas 
Son lucientes estrellas ; 
La luz su vestidura ; 
La inmensidad su asiento ; 
Tarima de sus pies el firmamento ; 
De sn querer el universo hechura ! " 

Gertrudis Gómez de Avellaneda. 



EL GENIO DE LA GÜEERA. 

Guerra. . i báf baro nombre ! 
Quintana. 

I Veis en la cumbre del enhiesto monte 
Levantarse, una sombra gigantea 
Sobre el opaco azul del horizonte ; 
En cuya diestra, descargada mano, 
La flamígera espada centellea 
Cuando la blando con furor insano; 
Cuya siniestra agita 
La antorcha del incendio aterradora, 
Que desparce en la tierra luz maldita ; 
Cuya torva mirada, precursora 
De toi'mentos mortales. 
Do quier que el fuego de sus rayos lanza, 
Solo predice lágrimas y males, 
Solo difunde cólera y venganza? 

¡ Es la guerra ! Precédela furioso 
El rápido huracán vertiginoso : 
Eonco en su torno suena 
Retronando el fusil, que el aire asorda, 
Y al triste corazón de espanto llena. 
La muerte la acompaña. 
Que su manto fdtalde sangre borda, 
Que la tierra feraz de sangre baña ; 
6 



42 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y en cortejo fatídico, tras ella, 
Marchan dolientes enlutadas viudas. 
Huérfanos cuya frente el duelo sella, 
Que entre congojas, cual puñal agudas. 
Confunden su gemido 

Del canon con el fúnebre estampido. 

Los valles que ayer fueron 
Asilos de quietud y de ventura, 
Cuyos ecos los cantos repitieron 
Del labrador honrado 
Que la granada mies, cual oro pura, 
Segaba con la rústica cuchilla, 
O que trazaba con el corvo arado 
Profundo surco á próvida semilla ; 
Esos valles retumban pavorosos 
Del atambor con el marcial redoble, ^ 
Del clarín con los toques belicosos ; 

Y cubiertos de luto, 

Del pobre agricultor al ansia noble. 
Solo rinden cadáveres por fruto. 

Los ruidosos talleres, 
Mansión ayer del laborante obrero. 
Que entregado al afán de sus quehaceres 
Colmaba de riqueza un pueblo entero ; 
Los talleres do hervía 
Preso el vaptír, cual hada misteriosa 
Que la potente máquina movía 

Y las volantes ruedas impulsaba, 

Y al alzarse en los aires vagarosa 
Las glorias del trabajo pregonaba ; 
Son hoide soledad mansiones yertas, 
A cuyas mudas, solitarias puertas, 
No ya con firme mano 

Llama en su priesa el ávido mercante. 
Para cruzar después, de oro anhelante. 
La ancha región del férvido Océano. 

Y la alegre ciudad, que un tiempo fuera 
Centro de vida y risas y alborozo. 
De bienhechora paz leda morada, 
Perdido hasta el recuerdo de su gozo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 43 

Con falange guerrera, 

Coa duro cerco siéntese apretada. 

Que acrece mas el hambre desmayada : 

Y entre el clamor de esposas y de madres, 

De su valor seguros, 

Los hijos y los padres, 

Mostrando al infortunio pecho fuerte, 

Se agolpan á las torres y á los muros 

Para lanzar, ó recibir la muerte. , 
i Guerra ! ¡ Genio nefando ! 

i Siempre, siempre el derecho y la justicia, 

Sublime leide caridad hollando, 

Cederán á las leyes de tu imperio 

Para tener tu espada al mal propicia, 

Para cubrir de luto este hemisferio ? 

i Cómo en siglo orgulloso, que se ufana 

De ser antorcha, cuya luz brillante 

Es de ciencia y razón luz soberana, 

La esfera rutilante 

Que paz risueña ofrece, 

Con sus nubes la pólvora oscurece? 

i Cómo cubren la Europa tus soldados ? 

¿ Cómo zumban do quiera tus cañones ? 

¿Cómo conquistadores coronados, 
Acaudillando innúmeras legiones, 
Usurpan tronos, hunden las naciones? 

¡ Ay ! Es que el hombre olvida. 
Cual en tiempos de bárbara rudeza. 
De que se mofa osado en su fiereza, 
Mientras do quier fraternidad proclama 
La dulce lei de caridad y vida 
Que á un ara y un hogar al mundo llama. 
Aquella lei que en leño solitario 
Dictó al mundo Jesús desde el Calvario, 
i Guerra ! No más tal Genio abominable 
Con su rencor ardiente 
Cual sumo juez á los humanos hable. 
Extiende ¡ oh Dios '. tu brazo omnipotente 
De justicia y salud, rico venero, 
Y á los que solo deben ser hermanos. 



44 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

Arranca de sus manos 

El arma odiosa, el homicida acero. 

Pero á la vez, Señor, que así lo hicieres, 

Pues nuestra dicha quieres; 

A la vez que al estruendo de la guerra 

La paz sucede y su sabrosa palma, 

Con tu poder aterra 

La torpe iniquidad, reina del mundo, 

Y al bueno da la apetecida calma. 

Y para eterna gloria de tu nombre, 
Haz que siempre que hierro furibundo 
Levante audaz el hombre contra el hombre, 
Como fin de tan bárbara pelea. 

Que así cegarle puede, 

El que defienda el mal, vencido sea. 

El que defienda el bien, triunfante quede. 

Antonio Arnao. 



MIMADEE. 



i Ah ! ¡ qué dolor iguala al que sentimos 
Cuando vemos cadáver macilento 
El cuerpo de la madre que quisimos, 
Árido el seno que nos dio alimento. 
Adonde tantas veces nos dormimos, 
Al blando arrullo de su suave acento ; 
Muda la boca, inmóviles los brazos, 
Pródigos en cariños y en abrazos .' 

Una madre ! una madre ! es la primera 
Blanca estrella de amor que pura brilla 
Junto á la cuna y en la incierta esfera 
Do vaga incierta la niñez sencilla. 
La voz que en el dolor nos dice : Espera ! 
Puerto de salvación, última orilla, 
' Adonde llega el náufrago del mundo, 
Para aguardar la paz del moribundo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 45 

Una madre es la luz, es la existencia ! 
Es el único amor que uo concluye, 
Que dentro el corazoH como una esencia. 
Que purifica, esparramando fluye. 
Cuando abate el pesar toda creencia, 
Jamas esta creencia se destruye; 

Y queda en nuestras almas tan asida, 
Que parece la yedra de la vida ! 

Do quiera siempre igual, conmigo viene 
Como celeste incógita armonía. 
Tu nombre el corazón grabado tiene, 

Y lo tiene también mi fantasía. 

El será el eco postrimer que suene 
En mis murientes labios, madre mia ! 

Y será en mi sepulcro, relicario 
Que guardarán mi losa y mi sudario ! 

Guillermo Matta. 



LA SOLEDAD. 



El perezoso vuelo mi pensamiento en calma 
Tiende creyendo ufano medir la inmensidad, 
Que encuentra naas espacio para volar el alma 
Aquí donde respira silencio y soledad. 

Mi oscuridad me aflige, mi pequenez me aterra ; 
Eayo de excelso origen siento en mi frente arder ; 
Mis pies de frágil barro se arrastran por la tierra, 

Y el alma aspira el soplo de su divino ser. 

La bóvei^a del cielo sus términos dilata 
En impalpai)les ráfagas de esplendorosa luz ; 
Los vínculos mortales mi espíritu desata, 

Y vuela sin fatiga por el espacio azul. 

Lejos del mundo ciego que su ruindad no advierte 
Ven mis ojos, heridos con viva claridad, 
Bajo mis pies la tierra, la corrupción, la muerte ; 
Sobre mi frente el cielo, la luz, la eternidad. 



46 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Aquí el silencio en ecos de voces nunca oídas 
Dice cómo el principio del universo fué; 
Aquí de las estrellas sin número encendidas 
Nuestra mirada atónita los límites no vé. 

Eternos caracteres de espléndida escritura, 
Lenguaje sin palabra, y cánticos sin voz, 
Proclaman en la tierra, proclaman en la altura, 
La pequenez del hombre, la majestad de Dios. 

De este silencio augusto en la solemne calma 
Mi pensamiento intenta medir la inmensidad, 
Que encuentra mas espacio para volar el alma 
Aquí donde respira silencio y soledad. 

José Selgas. 



.A ESPAÑA. 

DESPUÉS DE LA EEVOLUCION DE MARZO. 

¿ Qué era, decidme, la nación, que uu dia 
Eeina del mundo proclamó el destino, 
La que á todas las zonas estendia 
Su cetro de oro y su blasón divino ? 
Volábase á Occidente, 

Y el vasto mar Atlántico sembrado 
Se hallaba de su gloria y su fortuna : 
Do quiera España : en el preciado seno 
De América, en el Asia, en los confines 
Del África, allí España : el soberano 
Vuelo de la atrevida fantasía 

Para abarcarla se cansaba en vano : 
La tierra sus mineros le rendía, 
Sus perlas y coral el Océano, 

Y donde quier que revolver sus olas 
El intentase, á quebrantar su furia 
Siempre encontraba costas españolas. 

Hora en el cieno del oprobio hundida. 
Abandonada á la insolencia ajena, 
Como esclava en mercado ya aguardaba 
La ruda argolla y la servil cadena. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 47 

¡ Qué de plagas, oh Dioa ! Sa aliento imparo 

La pestilente fiebre respirando 

Infestó el aire, emponzoñó la vida : 

El hambre enflaquecida 

Tendió sus brazos lívidos, ahogando 

Cuánto el contagio perdonó : tres veces 

De Jano el templo abrimos, 

y á la trompa de Marte aliento dimos : 

Tres veces , ai ! los Dioses tutelares 

Su escudo nos negaron, y nos vimos 

Rotos en tierra, y. rotos en los mares. 

i Qué en tanto tiempo viste 

Por tus inmensos términos, ó Iberia ? 

¿ Qué viste ya sino funesto luto, 

Honda tristeza, sin igual miseria. 

De tu vil servidumbre acerbo fruto ? 

Así, rota la vela, abierto el lado, 
Pobre bajel á naufragar camina. 
De tormenta en tormenta despeñado 
Por los yermos del mar : ya ni en su popa 
Las guirnaldas se ven que áutes lo ornaban, 
Ni en señal de esperanza y de contento 
La flámula riendo al aire ondea. 
Cesó en su dulce canto el pasajero. 
Ahogó su vocería 
El ronco marinero, 
Terror de muerte en torno lercdea, 
Terror de muerte silencioso y frío ; 

Y él va á estrellarse al áspero bajío. 

Llega el momento en fin ; tiende su mano 
El tirano del mundo al Occidente, 

Y fiero exclama : "el Occidente es mió." 
Bárbaro gozo en su ceñuda frente 
Eesplandeció, como en el seno oscuro 
De nube tormentosa en el estío 
Eelámpago fugaz brilla un momento, 

Que añade horror con su fulgor sombrío. , 

Sus guerreros feroces 
Con gritos de soberbia el viento llenan : 
Gimen los yunques, log martillos suenan, 



48 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Arden las forjas. ; Oh vergüenza ! ¿ Acaso 
Pensáis que espadas son para el combate 
Las que mueveo sus manos codiciosas ? 
No en tanto os estiméis : grillos, esposas, 
Cadenas son, que en vergonzosos lazos 
Por siempre amarren tan inertes brazos . 

Estremecióse España 
Del indigno rumor que cerca oia, 

Y al grande impulso desajusta saña 
Rompió el volcan que en su interior hel'via. 
Sus déspotas antiguos 

Consternados y pálidos se esconden : 
Resuena el eco de venganza en torno, 

Y del Tajo las márgenes responden 

" i Venganza ¡ " ¿ Dónde están, sagrado rio, 
Los colosos de oprobio y de vergüenza 
Que nuestro bien en su insolencia ahogaban 1 
Su gloria fué, nuestro esplendor comienza : 

Y tú orgulloso y fiero, 

Viendo que aun hai Castilla y Castellanos, 
Precipitas al mar tus rubias ondas 
Diciendo: "ya acabaron los tiranos." 

i Oh triunfo ! ¡ oh gloria ! ¡ oh celestial momento ! 
¿Con qué puede ya dar el labio mió 
El nombre augusto de la patria al viento ? 
Yo lo daré : mas no en el arpa de oro, 
Que mi cantar sonoi'o 
Acompañó hasta aquí ; no aprisionado 
En estrecho recinto, en que se apoca 
El numen en el pecho, 

Y el aliento fatídico en la boca. 
Desenterradla lira de Tirtéo, 

Y al aire abierto, ala radiante lumbre 
Del sol, en la alta cumbre 

Del riscoso y pinífero Fuenfria, 

AHÍ volaré yo, y allí cantando 

Con voz que atruene en rededor la sierra, 

Lanzaré por los campos castellanos 

Los ecos de la gloria y de la guerra. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 49 

¡ Guerra, nombre tremendo, ahora sublime, 
Único asilo y sacrosanto escudo 
Al ímpetu sañudo 

Del fiero Atila que á Occidente oprime ! 
¡Guerra, guerra, Españoles ! EoelBétis 
Ved del tercer Fernando alzarse airada 
La augusta sombra ; su divina frente 
Mostrar Gonzalo en la imperial Granada ; 
Blandir el Cid su centellante espada; 

Y allá sobre ios altos Pirineos 
Del hijo de Jimena 

Animarse los miembros giganteos. 

En torvo ceño y desdeñosü pena, 

Ved cómo cruznn por los aires Vanos : 

Yel vhlor exhalaudo que se encierra 

Dentro del hueco de su» tumbas frias, 

En fiera y roi.ca voz pronuncian : " ¡ Guerra !" 

" ¡ Pues qué ! ¿ con faz serena 
Vierais los campos desvistan opimos, 
Etemo objeto de ambición ajena. 
Herencia iumensí que sfanando os dimos? 
Despertad, raza de héroes : el momento 
Llegó ya de arrojarse ala victoria ; 
Que vuestro nombre eclipse nuestro nombre, 
Que vuestra gloria humille nuestra gloria, 
lío ha sido en el gran dia 
El altar de la patria alzado en vano 
Por vuestra mano fuerte : 

Juradlo, ella os lo manfla : ¡ antes la MUERTE, 
Que consentir jamas ningún tirano ! " 

Sí, yo lo juro, venerables sombras. 
Yo lo juro también, y en este instante 
Ya me siento mayor. Dadme una lanza. 
Ceñidme el casco fiero y refulgente, 
Volemos al combate, á la venganza, 

Y el que niegue su pecho á la esperanza. 
Hunda en el polvo la cobarde frente. 
Tal vez el gran torrente 

De la devastación en su carrera 
Me llevará : ¿ qué importa ? ¿ Por ventura 
7 



50 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

No se muere una vez ? ¿ No iré, espirando, 
A encontrar nuestros ínclitos mayores ? — 
"Salud, oh padres de la patria mia, 
Yo les diré, salud ! La heroica España 
De entre el estrago universal y horrores. 
Levanta la cabeza ensangrentada, 
Y vencedora de su mal destino. 
Vuelve á dar á la tierra amedrentada 
Su cetro de oro y su blasón divino." 

Manuel José Quintana. 



UN CANTO Y UNA LAGRIMA. 

Al desgraciado joven autor de " 1 Harpa del Proscripto." 

" Hijo del hombre, vivir 
Es lo mismo que llorar ; 
Dar tregua al llanto, es dormir, 
Ser dichoso, eso es soñar." 

Akolas. 
Oye, flébil cantor, pues que una lira 
No basta á consolar tu desventura ; 

Y SIN FE, SIN AMOR, miras la altura 
Sin ver tras ella oculto el porvenir ; 

Y SIN FE, SIN AMOR, bajas la frente 
A la del hombre lúgubre mazmorra, 
Sin encentar en ella quien acorra 
La negra soledad de tu vivir ; 

Oye, y no llores : lágrimas, sepulcros. 
Infierno, proscripción, eso es la vida. 
i Quieres gozar ? La tumba te convida. 
Con su solemne y solitaria paz. 

Yo arrancaré de tu panteón la yerba 
Que de la tarde ondule al manso viento ; 

Y si oyen los que fueron nuestro acento, 
Tú mi plegaria funeral oirás 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 51 



Cantastes y llore ; porque tu canto 
Un alarido fué del hondo pecho, 
Un satánico grito de despecho 
A cuyo bronco son me estremecí. 

Así es fuerza cantar ¡ sentencia horrible ! 
Mas es fuerza creer. Sin esperanza, 
¿ Quieres, vate, saber lo que se alcanza? — 
El lodo que la planta huella aquí. 

El árbol deshojado espera un dia 
La verde y olorosa primavera : 
La seca margen de la fuente espera 
Las aguas que el verano le robó : 

La fiel paloma que encontró sin vida 
Su tierna prole en el silvestre nido. 
Espera con su arrullo dolorido 
Darle el calor que el cielo le quitó. 

¿ Y tú no esperarás . . . . ? Tú á quien el ángel 
Teje coronas de celeste lirio. 
Para borrar la sangre del martirio. 
Que sorberá tu lágrima final ? 

El árbol de la fe tiene sus flores, 

Y si una vez la duda las marchita. 
Una lágrima fiel las resucita 

Y exhalan ua olor mas virginal. 

Si duerme el sol, deportará la noche, 
Toldo benigno del ardiente dia. 
Virgen que aplaca el llanto y la agonía, 

Y nos tiende en el lecho á suspirar. 
La noche es el espejo misterioso 

Donde Dios y los ángeles se miran. 
Cuando sus formas confundidas giran, 
Deja el lecho, cantor, póstrate á orar. 

Y será tu oración sublime y santa. 
Cual la fe predicada en el desierto. 
Cual la que el Hombre Dios alzó en el Huerto, 
Pura como la sangre que vertió. 

Que es la oración al hombre maldecido 
Lo que fué en su abandono á los querubes, 
Cuando entre llamas y sulfúreas nubes, 
Dios á Luzbel de su mansión lanzó. 



52 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Sube en las alas de la fe cristiana 
A bañarte en la luz del firmamento, 
A respirar el perfumado aliento 
Qua se escapa del trono de Jehová. . 

Verás allí la Reina de los orbes 
De cuyes ojos nacen las estrellas, 
Cómo apaga en el éter las centellas 
Con solo una mirada que les da. 

Verás allí los místicos patriarcas, 
Bajo sus palmas inmortales de oro, 
Y oirás el puro y religioso coro 
Del alcázar beatífico de Dios. 

Verás allí las púdicas vestales, 
Multiplicadas sombras de María, 
Que al escuchar la terrenal orgía 
Dieron á los placeres un adiós. 

Y en tanto que las vírgenes te aguardan 
Con mil coroüas de azulados lirios, 
Cauta, vate infeliz, y en tus martirios, 
Haya esperanza y religión y fe. 

Y ¡ oh ! si pudiei'a y«i cuando en tu losa 
El céfiro columpie una palmera. 
Seguir, cantor, en la infinita esfera 

Las esplendentes huellas de tu pié ! ^ 

A. Lozano. 



GRATITUD Y AMÍSTAD. 

AL AUTOR DE " UN CANTO Y UNA LAGRIMA. 



Lloro acerbo vertí, crudo y amargo 
Al escuchar, poeta, tu canción. 
Pues sacudiste el alma del letargo 
Que ocasiónala fuerza del dolor. 

Memorias melancólicas y aciagas 
Despertaron al eco de tu voz, 
Y lastimaste, sin querer, las llagas 
Del lánguido y opreso corazón. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 53 

De olvidadas quimeras é ilusiones 
El recuerdo cruel dormia en paz, 
Para siempre tal vez: mas á tus sones 
Eebelóse de nuevo pertinaz. » 

Y fué entonces, cantor, de angustia lleno 

Y al impulso tenaz de la emoción. 
Que iba á mostrarte el ulceraflo seno 
Eebosando amargura y aflicción. 

Y entusiasmado y ciego y conmovido, 

Descolgué el instrumento iba á cantar.... 

Mas iguai! quién sabe el labio dolorido 

Lo que osara en su angustia pronunciar! 

Que recordando mi cuitada historia, 
Sin un goce siquiera que contar, 

Y viniendo en tropel á la memoria 
Tantos crueles recuerdos de pesar ; 

Quizas lanzara el agitado pecho 
Invectivas en vez de una canción, 
Eebosando hasta el labio en sii despecho 
Toda la hiél que encierra el corazón. 

Que olvidado de todo y de mí mismo 
En mi atroz y sañuda agitación. 
Fuera el eco que sale de un abiemo 
Maldiciendo furioso la creación 

Temí entonces, cantor, que los que cuentan 
Por sus dichas las horas de su ser, 
Proteeidos de un Dios, que se alimentan 
De ilusiones, de amor y de placer; 

Temí que en su embriaguez no concibieran 
Toda la angustia de mi suerte atroz, 

Y mis penas tal vez no comprendieran. 
Irónicos burlando mi dolor. 

Y acallando mi queja ya importuna 
No quise mis congojas publicar, 

Y i'ompí del laúd una por nna 

Las cuerdas qne la mano iba á pulsar. 

Hoi que de nuevo ha recobrado el alma 
Su perennal insomnio, su sopor, 
Aprovechando su penosa calma 
Dirijo á tí mi fatigada voz. 



54 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y aunque adormido y torpe en su desmayo 
Pugna el labio tenace por callar, 
Yo me esfuerzo á mi vez, y al fin ensayo 
El idioma apacible de amistad. 

Mas ¿ qué contacto, oh vate, ni qué lazo 

Puede al tuyo ligar mi corazón ? 

¡ Yo, que nunca profcé ni un goce escaso, 
Ni un mezquino favor de esa pasión ! 

Tú recuerdas gozoso mil memorias, 
Mil ensueños de rosas y alelí ; 
La esperanza sus dichas ilusorias 
Bondadosa reserva para tí. 

Te ha halagado, cantor, desde la cuna 
Un porvenir de goces, de placer, 

Y te brindan la gloria y la fortuna 
Con coronas de mirto y de laurel. 

Mientras yo llevo, por mi mal ¡ cuitado ! 
Una vida de angustia y de pesar, 

Y un corazón marchito y lacerado 
Con dolores y quejas que acallar. 

Mas no importa, en verdad : basta que acorra 
Tu benéfico acento mi aflicción. 
Voz amiga que llega á la mazmorra 
Dqnde gime el proscripto en un rincón. 
• Tú concibes acaso de mi llanto 
Cuan corrosiva es la dañosa hiél, 

Y consagras benigno á mi quebranto 
Una muestra de amor sincera y fiel. 

Gracias mil, oh cantor, gracias: que el viento. 
Traspasando veloz la inmensidad, 
Haga llegar á donde tí mi acento 

Y la ingenua expresión de mi amistad. 
Presa el alma de ideas aflictivas, 

Broncos suenan los ecos del laúd ; 
Mas yo espero, cantor, que los recibas 
Como prenda de amor, de gratitud. 

Porque es grato al mortal que en triste duelo 
Por la senda se arrastra del vivir. 
Escuchar un acento de consuelo 
Que mitigue su pena y su gemir. ' 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 55 

Y es mui grato también, cuando en la brisa 
Busca en vano el proscripto amiga voz, 
Hallar un corazón que simpatiza 

Con su negra existencia y su dolor. 

Mas yo debo callar : tal vez te llama 
Del templo de la gloria en el dintel, 
Bella., ideal la prestigiosa fama 
Con lauros mil para adornar tu sien. 

Marcha pues, olí cantor, henchida el alma 
De estro divino, de fogoso ardor, 
A alcanzar de la gloria honrosa palma 
Con tu inspirada y cadenciosa voz. 

Y si la magia de tu acorde acento 
A mi oscuro rincón logra llegar. 
Las quejas ahogaré de mi tormento 
Para escuchar, oh bardo, tu cantar. 

M, Manrique Jerez. 



AL DOS DE MAYO. 



Noche, lóbrega noche, eterno asilo 
Del miserable que esquivando el sueño 
Profundas penas en silencio gime. 
No desdeñes mi voz : letal beleño 
Presta á mis sienes, y en tu horror sublime 
Empapada la ardiente fantasía, 
Da á mi pincel fatídicos colores 
Con que el tremendo dia 
Trace al fulgor de vengadora tea, 

Y el odio irrite de la patria mia, 

Y escándalo y terror al orbe sea. 

¡ Dia de execración ! La destructora 
Mano del tiempo lo arrojó al Averno ; 
Mas ¿ quién el sempiterno 
Clamor con que los ecos importuna 
La madre España en enlutado arreo 
Podrá atajar ? Junto al sepulcro frió, 



66 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Al pálido lucir de opaca luna, 
Entre cipreses fúnebres la veo : 
Trémula, yerta y desceñido el manto, 
Los ojos moribundos 
Al cielo vuelve que le oculta el llanto ; 
Roto y sin brillo el cetro de dos mundos 
Yace entre el polvo, y el león guerrero 
Lanza á sus pies rugido lastimero. 
¡ Ai ! que cual débil pía nta 
Que agosta en su furor hórrido viento, 
De víctimas sin cuento 
Lloró la dastruccion Mantua afligida ! 
Yo vi, yo vi su juventud florida 
Correr inerme al huésped ominoso. 
Mas qué su generoso 
Esfuerzo pudo ? El pérfido caudillo 
En quien su honor y tU defensa fía, 
La condenó al cuchillo. 
¿Quién, ai! la alevosía, 
La horrible asolación habrá que cuente, 
Que hollando de amistad los santos fueros, 
■^ Hizo furioso en la indefensa gente 

Ese tropel de tigres carniceros ? 
Por las henchidas calles 
Gritando se despeña 
La infame turba que abrigó en su seno. 
Kueda allá rechinando la cureña. 
Acá retumba el espantoso trueno ; 
Allí el joven lozano, 
El mendigo infeliz, el venerable 
Sacerdote pacífico, el anciano 
Que con su arada faz respeto imprime, 
Juntos amarra su dogal tirano. 
En balde, en balde gime 
De los duros satélites en torno 
La triste madre, la afligida esposa 
Con doliente clamor : su pavorosa 
Fatal descarga suena 
Que á luto y llanto eterno las condena. 
¡ Cuánta escena de muerte ! cuánto estrago ! 
Cuántos ayes doquier ! Despavorido 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 57 

Mirad ese infelice 

Quejarse al adalid empedernido 

De esa cuadrilla atroz. ¡ Ah ! qué te hice ? 

Exclama el triste en lágrimas deshecho : 

Mi pan y mi mansión partí contigo, 

Te abrí mis brazos, te cedí mi lecho, 

Templé tu sed y me llamé tu amigo. 

¿ Y hora pagar podrás nuestro hospedaje 

Sincero, franco, sin doblez ni engaño, 

Con dura muerte y con indigno ultraje ? 

i Perdido suplicar ! ¡ inútil ruego ! 

El monstruo infame á sus ministros mira, 

Y con tremenda voz gritando ¡ fuego ! 
Tinto en su sangre el desgraciado espira. 

Y en tanto? dó se esconden, 

Dó están, ó cara patria, tus soldados 

Que á tu clamor de muerte no responden ? 

Presos, encarcelados 

Por jefes sin honor, que haciendo alarde 

De su perfidia y dolo, 

A merced de los bárbaros te dejan, 

Como entre hierros el león, forcejan 

Con inútil afán. Vosotros solo 

Fuerte Daoiz, intrépido Velarde, 

Que osando resistir el gran torrente 

Dar supisteis en flor la dulce vida 

Con firme pecho y con serena frente. 

Si de mi libre Musa 

Jamas el eco adormeció á tiranos. 

Ni vil lisonja emponzoñó su aliento, 

Allá del alto asiento 

A que la acción magnánima os eleva, 

El himno oid que á vuestro nombre entona, 

Mientras la fama alíjera lo lleva 

Del mar de hielo á la abrasada zona. 

Mas ¡ ai ! que en tanto sus funestas alas 

Por la opresa metrópoli tendiendo, 

La yerma asolación sus plazas cubre ; 

Y al áspero silbar de ardientes balas, 

Y al ronco son de los preñados bronces 
Nuevo fragor y estrépito sucede. 

8 



58 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

i Oís cómo rompiendo 
De moradores tímidos las puertas 
Caen estallando de los fuertes gonces ? 
¡ Con qué espantoso estruendo 
Los dueños buscan que medrosos huyen ! 
Cuánto encuentran destruyen 
Bramando los atroces forajidos 
Que el robo infame y la matanza ciegan. 
¿Noves cuál se despliegan 
Penetrando en los hondos aposentos 
De sangre y oro y lágrimas sedientos ? 
Eompen, talan, destrozan 
Cuánto se ofrece á su sangrienta espada. 
Aquí matando al dueño se alborozan, 
Hieren allí su esposa acongojada : 
La familia asolada 
Yace espirando, y con feroz sonrisa 
Sorben voraces el fatal tesoro. 
Suelta á otro lado la madeja de oro. 
Mustio el dulce carmín de su mejilla 

Y en su frente marchita la azucena, 
Con voz turbada y anhelante lloro 

De su verdugo ante los pies se humilla 

Tímida virgen de amargura llena ; 

Mas con furor de hiena. 

Alzando el corvo alfanje damasquino, 

Hiende su cuello el bárbaro asesino. 

i Horrible atrocidad ! treguas, ó Musa, 

Que ya la voz rehusa 

Embargada en suspiros mi garganta ! 

Y en ignominia tanta 

i Será que rinda el español bizarro 
La indómita cerviz á la cadena ? 
No, que ya en torno suena 
De Palas fiera el sanguinoso carro, 

Y el látigo estallante 

Los caballos flamígeros hostiga. 
Ya el duro peto y el arnés brillante 
Visten los fuertes hijos dePelayo. 
Fuego arrojó su ruginoso acero : 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 59 

i Venganza y guerra ! resonó en su tumba, 
¡ Venganza y guerra ! repitió Moncayo, 

Y al grito heroico que en los aires zumba, 

i Venganza y guerra ! claman Turia y Duero. 

Guadalquivir guerrero 

Alza al bélico son la regia frente, 

Y del patrón valiente 
Blandiendo altivo la nudosa lanza 

Corre gritando al mar : ¡ guerra y venganza ! 

Vosotras, ó infelices 

Sombras de aquellos que la infiel cuchilla 

Eobó á sus lares, y en fugaz gemido 

Cruzáis los anchos campos de Castilla: 

La heroica España, en tanto que al bandido. 

Que á fuego y sangre, de insolencia ciego 

Brindó felicidad, á sangre y fuego 

Se retribuya el don, sabrá piadosa 

Daros solemne y noble monumento ; 

Allí en padrón cruento 

De oprobio y mengua que perpetuo dure, 

La vil traición del déspota se vea : 

Y altar eterno sea 

Donde todo español al monstruo jure 
Rencor de muerte que en sus venas cunda, 

Y á cien generaciones se difunda. 

J. N. Gallego. 



m LA ISLA DE PINOS. 



Lánguida, triste, trasparente y pura. 
Cual bardo adolescente está la tarde. 
El sol cual grave inspiración fulgura, 

Y en los espacios cristalinos arde. 
Verdes cotorras, matizados loros 

El aire rasgan con chirridos secos, 

Y los valles salvajes y sonoros 
Ásperos tornan los errantes ecos. 



60 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Guacamayos azules, purpurinos, 
Cual nube carmesí los aires hienden, 

Y del sol los reflejos vespertinos 

Como un volcan el ñrmamento encienden. 

La estrella de la tarde cristalina 
Del fondo de los cielos se levanta, 

Y pura y amorosa y peregrina 
El universo enamorado encanta. 

Resplandece su disco diamantino 
De Occidente en la clara trasparencia. 
Cual blanca imagen del amor divino 
En la mañana azul de la inocencia. 

Envuelto en brumas descendió al ocaso 
El sol, cual globo de candente Merro, 
Apenas brUla su reflejo escaso 
En los perñles del gigante cerro. 

Su resplandor de púrpura y de fuego 
En trasparentes horizontes brilla, 
E infunde al orbe fúnebre sosiego- 
La lumbre del crepúsculo amarilla. 

La noche de los trópicos hermosa 
Tiende su velo azul y trasparente, 

Y suave y soñolienta y voluptuosa 
Acaricia mi espíritu doliente. 

El mar profundo en la extensión remota 
Como un recuerdo tristemente gime, 

Y el cielo estrellas á millares brota 
En annoniosa majestad sublime. 

Las sombras crecen y la luz se apaga 
Del occidente en el confín lejano. 
Mi pensamiento en lo infinito vaga, 

Y al fin descansa del afán mundano. 
En paz la tierra de placer suspira. 

El aura leve y vagarosa ondula. 
Todo al profundo sentimiento inspira, 
Todo al doliente corazón adula. 

Se adormecen las olas en la playa, 
Las aves en los árboles sombríos. 
Trovas de amor el peregrino ensaya. 
Se reflejan los astros en los rios. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS- '61 

Fosfóricas lucernas á millones 
En refulgentes ráfagas se mecen, 
Se levantan cual blancas ilusiones, 
Cual lluvia de diamantes resplandecen. 

Se ven brillar en la nocturna sombra. 
Se ven bullir en las llanuras bellas, 
Cual fabulosa celestial alfombra 
De rutilantes, vividas estrellas. 

La brisa de la noche y de los mares 
Se desata en las costas solitarias, 

Y en la gran soledad de los palmares 
Suspira melancólicas plegarias. 

Inmortal, inmortal naturaleza, 
Siempre estás refulgente, siempre joven, 
Apasionada y triste es tu belleza. 
Cual la voz moribunda de Beethoven. 

Do quiera flotan impalpables vahos, 
Do quiera gimen misteriosos ruidos, 
Cual negras sombras del antiguo caos. 
Cual confusos recuerdos doloridos. 

Yo sin embargo siento al contemplarte 
El alma triste, el corazón vacio : 
Solo tengo razón para admirarte, 
Mi sentimiento permanece frío. 

Enamorados, lánguidos cantares, 
Músicas melodiosas de mi vida! 
Venid sobre las olas de loa mares. 
Cual ave melancólica y perdida. 

Venid, venid en férvido tumulto 
A consolar mi corazón vacio. 
Tierno , sensible y perdurable culto, 
Siempre os consagra el pensamiento mió. 

Siente mi corazón- nostalgia eterna. 
Siente mi corazón melancolía, 
Triste, lejana, melodiosa y tierna ■ 
Siempre escucha una voz el alma mia. 

Una voz ! una voz que se levanta 
Con el rumor profundo de los mares, 

Y en la región de lo infinito canta 
Misteriosos, proféticos cantares. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Ávido estoi de júbilo y ventura, 
Sediento estoi de amor y de belleza, 
Mi corazón solloza de ternura ! 
Mi corazón se muere de tristeza ! 

En vano, en vano contemplé entusiasta 
Esta feliz americana tierra : 
Su externa pompa al corazón no basta, 
Otro hemisferio mi fortuna encierra. 

En otras tierras por mi mal remotas 
Vaga perdida la esperanza mia, 
Y exhala tristes y entrañables notas, 
Cual amoroso cisne en su agonía. 

Esta fecunda atmósfera de fuego, 
Esta brisa, estos campos, estas ñores, 
Este blando y dulcísimo sosiego 
Al hombre inspiran ilusión y amores. 

Mas yo la magia del amor no encuentro, 
Yo que á sus glorias ambicioso aspiro, 
Mi pensamiento retrocede al centro 
De sus recuerdos en perpetuo giro. 

Más á mi genio apasionado y triste 
Le placen cuadros de terror profundo. 
Que este ropaje virginal que viste 
Tan rico en galas el moderno mundo. 

Ya no me inspiran las llanuras bellas, 
Engalanadas de verdor eterno. 
Do nunca heladas estampó sus huellas, 
Ceñido de tinieblas el invierno. 

Ni la fragancia deleitosa y pura 
De estos verjeles de esmeralda y oro, 
Donde la brisa lánguida murmura, 
Donde vuela el pintado tocoloro. 

Maravillosas, fértiles campiñas. 
Selvas fragantes, deliciosas granjas,. 
Siempre abundantes en doradas pinas. 
Siempre bordadas de floridas franjas ; 

Recóndito santuario de alegría. 
Ilusión de los cielos y la tierra ! 
Nunca en tus playas la discordia impía. 
Con sangre humana enrojeció la tierra. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 63 

Hija feliz del seao mejicano, 
Sus ondas mansas te acarician ledas, 
La hermosa luz del Sol americano, 
Te envuelve en gasas y en flotantes sedas. 

Nunca tu pompa espléndida se pierde. 
Virgen conservas tu cendal primero, 
Tu cabellera trasparente y verde 
Flota entre brisas en el mes de Enero. 

Si el eco ronco de mi voz doliente, 
Si mi ruda franqueza castellana 
Interrumpe tu júbilo inocente 
De tu vida feUz en la mañana ; 

Dulce pex'dona al trovador errante, 
Que los halagos de tu amor desdeña, 
Porque de España en la región distante 
Con sus afectos inmortales sueña. 

Si yo tuviera la armoniosa lira 
De tu cantor ardiente y peregrino. 
Yo te dijera cuánto al alma inspira 
De tu beldad el resplandor divino. 

No soi cobarde y mentiroso bardo 
Que siempre halaga la beldad presente, 
Mi sentimiento nunca fué bastardo, 
Digo en oris trovas lo que mi alma siente. 

Más á mi genio turbulento agrada 
Vagar perdido eu absorción profunda, 

Y en las reliquias de la edad pasada 
Buscar terrible inspiración fecunda. 

Más me complace al moribundo brillo 
Del triste ocaso divagar en torno 
De algún antiguo y colosal castillo 
Que yace en ruina sin blasón ni adorno. 

O en las medrosas, solitarias naves 
De alguna inmensa catedral cristiana 
Alzar la mente en distracciones graves, 
Cuando resuena la fatal campana. 

Cuando su lenta vibración doliente, 
En las riberas cántabras retumba, 

Y desfallece el sol en occidente. 
Cual blandón melancólico en la tumba. 



64 j POETAS ESPAÑOLAS Y AMERICANOS. 

Cuando agitado el pensamiento ondea, 
Cual del éter el piélago profundo, 

Y en él se inflama la infinita idea. 

De eterno amor incomprensible mundo. 

Cuando la mente fascinada piensa 
Entre lai^orlas de crespón nocturnas, 
Ver en medrosa confusión iamensa, 
Surgir los muertos de las negras urnas. 

Cuando en la sombra que el espacio puebla, 
Formas de fuego imaginarias brotan, 
Los senos rasgan de la turbia niebla, 
Ruedan, circulan y en los aires flqtan. 

Cuando tenaz, meditabundo y solo. 
Coa mis ardientes ilusiones locas, 
Al refulgir el aquilón del polo , 
Contemplo el mar desde gigantes rocas; 

Y pasan espantosos nubarrones 
Al fulgor del relámpago sombrío. 
Cual gigantescas, hórridas visiones 
Que abortan los abismos del vacio. 

Cuando en tristes y antiguos monasterios 
Que en las costas desiertas solevantan, 
Al solemne compás de los salterios, 
En alta noche tristemente cantan ; 

Y repiten las rocas seculares 

El cantar de los monjes soñolientos. 
Con el profundo estruendo de los mares, 

Y el rugir pavoroso de los vientos 

¡ Oh ! cuando es joven y ambiciosa el alma, 

Y en amorosa convulsión se agita, 
Desdeña el ocio y la indolente calma, 

Y en la insondable eternidad medita. 
Arrebatada, intrépida, profunda, 

De la razón la inmensidad sondea, 

Y audaz intenta sorprender fecunda. 
La misteriosa, universal idea. 

Porque es entonces tempestuosa y bella 
En su ferviente exaltación lo mismo. 
Que una radiosa, vivida centella. 
Que ardiendo rasga el insondable abismo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 65 

Aun recuerdo tristemente 
El entusiasmo doliente, 
La augusta melancolía 
Que siendo niño sentía, 
Cuando en alta noche oía 
Las vibraciones lejanas 
De las fúnebres campanas 
Del convento de Corban. 

Aquellos sones punzantes, 
Que se prolongan vibrantes, 
Aquellos roncos acentos, 
Profundos, pausados, lentos, 
Que en majestuoso crescendo, 
Con el magnífico estruendo 
De los mares y los vientos 
Unos vienen y otros van. 

En insomnios borrascosos, 
Pensamientos misteriosos. 
Melancólicos, profundos. 
De otra vida y de otros mundos, 
Incógnitos me inspiraban, 

Y en vértigo subitáneo 
Hirsutos sobre mi cráneo 
Mis cabellos se agitaban ; 

Y en los bronces que vibraban 
*^ Trementes me parecía 

Que tronaba la armonía 
De la trompeta final. 

Y quizá después soñaba 
Que atónito contemplaba 
Las escenas mas grandiosas 
Del Antiguo Testamento, 
Las visiones mas gloriosas 
Del sublime Apocalipsis, 
Las mas bellas fantasías 
Del Diablo-Mundo inmortal. 

Sublime inmensidad del Nuevo Mundo, 
En vano he visitado tus desiertos. 
En vano invoco con afán profundo 
Los manes misteriosos de tus muertos. 
9 



66 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

TÚ no tienes recuerdos colosales, 
Tú no tienes magníficas historias, 
Todas tus galas son providenciales, 
Providenciales son todas tus glorias. 

Todo es en tí resplandeciente y bello. 
No tienes nada que en verdad no asombre, 
Pero no tienes el gigante sello 
Que en otros climas ha estampado el hombre. 

En tus fragantes, tórridas alfombras. 
Ni siglos ni hombres han dejado rastro. 
Aquí no vagan las antiguas sombras 
De Brahama, de Moisés y Zoroastro. 

Jamas ennoblecieron tus afanes 
Hesiodo, Homeio, Sócrates, Menandro, 
Ni has evocado los terribles manes 
De Sesostris, de Ciro y de Alejandro. 

Pero el ángel audaz de la esperanza 
Ciñe tu frente de coronas verdes, 

Y ves tu porvenir en lontananza 

Y en su grandiosa inmensidad te pierdes. 

Fernando Velarde . 



SOBEE LA COLIM. 

Desde esta seca y áspera colina 
Ven mis lánguidos ojos á lo lejos 
Del sol de mi existencia que declina 
Los dudosos y pálidos r-eflejos. 

Miro el lento crepúsculo asomando 
Y en la montaña opuesta, allá perdida. 
Otra sombra mas negra se va alzando, 
¡ La sombra de la noche de la vida ! 

Del árbol de mi otoño ; cuan aprisa 
Las hojas amarillas van cayendo ! 
i Con qué fatal tenacidad la brisa 
Las va del tiempo en el abismo hundiendo ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 67 

En vano de mis años fugitivos 
Intento retardar el raudo vuelo : 
Del sol de juventud los rayos vivos 
Apagándose van en mar de hielo. 

A contemplar mi prófugo pasado 
Vuelvo hacia atrás con ansiedad los ojos, 
¡ Qué yermo tan oscuro y desolado ! 
i Cuánta marchita flor ! cuántos abrojos ! 

Empero al recorrer con firme paso 
Mi senda de malezas y de escarcha, 
Próximo á los confines de mi ocaso, 
El mismo soi que al emprender la marcha. 

Hoi arrostro con noble fortaleza 
Los rudos golpes de la suerte impía, 
Y en el duro jergón de la pobreza 
Duerme tranquila la conciencia mia. 

Leopoldo Turla. ^ > 



EL BARDO CAUTIVO. 

ROMANCE MORISCO. 

I. 

Desde que hicieron á Tarfe 
Gobernador de Almería, 
Cubrió de miseria el pueblo, 

Y de luto las familias. 
Era el alarbe soberbio, 
De faz adusta y sombría. 
Alma negra y sanguinaria, 

Y de complexión maligna. 
Fingiendo amar á Mahoma 
Los cristianos perseguía ; 
Mas del Coran los sectarios 
También feroz extermina, 
Cual aquilón arrasante 
Qup lanza de Dios la jpg,, 



68 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y al rápido paso yerma 
Las florecientes campiñas. 
Así con sus férreas garras 
Aquel sarraceno Atila, 
Dado á la crápula, al hurto 

Y á las lúbricas orgias, 
Todo lo tala y destruye 
Con pérfida hipocresía. 
Sin perdonarla inocencia, 
Ni el oro de las mezquitas. 
Al ruido de las cadenas 
Sus ojos de tigre brillan, 

Y por su pálido rostro 
Discurre infernal sonrisa. 

- Entre los míseros seres 
Que en las prisiones yacían, 
Sufriendo el bárbaro enojo 
De aquel moderno Calígula, 
Hallábase un bardo joven, 
Que al lamentar la injusticia 
DeLtirano, recordaba 
A su Granada querida. 
Solo un compañero tiene 
Único bien que no quitan 
Los déspotas de la tierra. 
Mientras el hombre respira. 
Era su laúd, que á veces 
Tocar el triste solía, 

Y así con lúgubre acento 
Lamentaba su desdicha : 

II. 

¡ Cuan caro me cuesta. Granada querida, 
Eterna morada del plácido Abril, 
Haber ¡ ai ! dejado tu vega florida 

Y el diáfano cielo del claro Genil. 

¡ Cuan caro me cuesta por ver una zambra 
Haber ! ai ! dejado tu bello Albaicín, 
Tus muros, tus palmas, tus templos, tu Alhambra, 

Y el verde paisaje que cerca á Coin ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 69 

Cual cisne creyente viajé á Andalucía 
En místicos himnos cantando el Coran ; 
Jamas presumiendo que en mí cebaría 
Sus uñas de hierro voraz gavilán. 

En honda mazmorra, cercado de horrores, 
Padezco sin culpa ¡tremenda maldad! 
i Así me arrebatan mis dulces amores ! 
i Así mi adorada, feliz libertad ! 

El moro, Almería, que se halla á tu frente, 
Injusto, malvado, sangriento y cruel. 
Ni Dios ni leí tiene ¡ mentido creyente ! 
Su leí es la fuerza, no hai Dios para él. 

Mas ¡ guai del profeta ! Yo he visto soñando 
Marchar por la vega los hijos del Cid, 

Y al mágico acento de Isbela y Fernando 
Los fuertes guerreros volar á la lid. 

He visto á ese Tarfe retar con fiereza 
Los héroes que estaban de Isbela en redor, 

Y eti sangre empapada rodar su cabeza 
Al golpe de un bravo doncel trovador. 

He visto en tus muros, preciosa Granada, 
De los Nazarenos ondear el pendón, 

Y sobre la Lwwa menguante, apagada, 
Triunfante y altivo rugir el León. 

He visto cautivas tus lindas huríes, 
La planta al cristiano tus reyes besar, 

Y al Libio desierto partir los Zegríes, 
Do nunca tus torres podrán divisar. 

Allí tendrán solo su sol fulgurante. 
Su potro, su alfanje, su mar mugidor. 
Inmensos espacios de arena abrasante, 
Sin árbol, ni arroyo, ni planta, ni flor. 

¡ Granada ! ¡ Granada ! tus baños y fuentes 
Llorando abandonan los nietos de Agar, 

Y en Generalife sobre astas lucientes 
Las cruces de Cristo se ven tremolar. 

Mas cómo ! ¿ me engaña falaz la memoria 
Creando en mi mente fantasmas de luz ? 
¿ No cantan mil ecos ? " ¡ A Isbela Victoria ! 
"i Victoria á Fernando ! ¡ Victoria á la Cruz ! " 



70 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



III. 

Dijo el bardo algo dudoso, 
Mas no le engañó el oido ; 
Pues derribando las puertas 
Con alabardas y picos, 
Por libertar sus hermanos, 
Al fulgor de rojos cirios, 
Entraron en la mazmorra 
Los defensores de Cristo. 
De los católicos luego 
Rompieron los duros grillos, 
y ya vueltas las espaldas 
Abandonaban el sitio 
Cuando con doliente voz 
El joven árabe dijo: 
— " Libertadme, caballeros, 

Y dadme el santo bautismo." 

— " Loado sea Dios " (clamaron 
Dos valerosos caudillos 
Que eran Aguiar y Ponce) 
"Libre estás, él sea contigo." — 
"No, repuso el prisionero. 
Quiero al combate seguiros : 
Dadme armadura y espada. 
Justicia y venganza os pido." 
" Ai de tí, Tarfe ! " exclamó 
Blandiendo el acero fino. 

Y ligero como el rayo 
Partió al palacio morisco. 
Mas no le halló, que el tirano 
De los combates al ruido. 
Antes que salvar la patria 
Toma cobarde el camino. 

IV. 

Poco tiempo después, creyendo Tarfe 
Que aparecer en bélica palestra 
Fuese lo mismo que oprimir al débil 
Y encerray en mazmorra la inocencia, • 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 71 

Arrogante llegó pidiendo campo 
De Isabel y Fernando á la real tienda, 

Y blasfemó del nombre de María 
Con negro corazón y torpe lengua. 

Ante los reyes un doncel postróse, 
Aunque nuevo adalid, de cuna tersa, 

Y por don especial la gracia obtuvo 

De entrar con Tarfe en la marcial contienda. 

Tornó en breves instantes victorioso, 
Del bárbaro trayendo la cabeza, 

Y su garzota de mecientes plumas 
Fija en la punta de su lanza enhiesta. 

El campo al verle entrar clamó : " ; Victoria 
Por el ilustre Lasso de la Vega ! " 

Y el árabe cantor entusiasmado 
Los pies besó del español poeta. 

Algún tiempo pasado, al cielo plugo 
Que la sin par Granada se rindiera, 

Y sucedió cuánto el cautivo moro 
Profetizó cargado de cadenas. 



; Ai del mortal que sin razón oprima 

Al que ilumina inspiración suprema ! 

Si lanza en él la maldición, se cumple ; 

Porque bajan del cielo sus sentencias. 

Placido. 



LA MAÑANA. 



Etzados copos de nevada espuma 
Forma el arroyo que jugando salta, 
Eicos paises de vistosa pluma 
En campos de aire el pajarillo esmalta ; 
Alzase lejos nebulosa bruma, 
De sombras rica, si de luces falta, 
Y el verde prado y el lejano monte 
Muro y término son del horizonte. 



72 POETAS ESPAÑOLAS Y AMERICANOS 

Allá en la enhiesta vaporosa cumbre 
Su manto por oriente el alba tiende, 

Y blanca, y pura, y regalada lumbre 
De su frente de nácares desprende : 
Cándida silfa á su fugaz vislumbre 

El aire en torno sonrosado enciende, 

Y en su fuente la ondina voluptuosa 
Se mece al son del agua armoniosa. 

Y tras la densa y fúnebre cortina 
Del hondo mar sobre la rubia espalda, 

. Káfagas dando de su luz divina, 
Mécese el sol en lechos de esmeralda : 
La niebla á trozos quiebra y la ilumina. 
Del terso azul por la tendida falda, 

Y de naranja y oro y fuego pinta 
Sobre plata y zafir mágica cinta. 

Y en monte y valle y en la selva amena, 

Y en la de flores mil, fértil llanura, 

Y en el seno del agua que serena 
Se desliza entre franjas de verdura, 
El ruido alegre y bullicioso suena 
De seres mil que cantan su ventura. 
Prestando su algazara y movimiento 
Voz á las flores y palabra al viento. 

Las rosas sobre el tallo se levantan 
Coronadas de gotas de rocío, 
Las avecillas revolando cantan 
Al blando son del murmurar del rio ; 
Chispas de luz los aires abrillantan. 
Salpicando de oro el bosque umbrío: 

Y si el aura á la flor murmura amores, 
La flor le brinda aromas y colores. 

ESPRONCEDA. 



A TI. 

No te nombro jamas ; no es necesario 
Que yo tu nombre en mi canción escriba. 
Ni me es preciso al terminar mis versos 
Decir "soiyo" con estampar mi firma. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 73 

Tu lo conocerás , ángel del alma, 
En el primer sonido de mi lira ; 

Y i cómo nó ? si con mi triste acento 
Te llené de ansiedad en otros dias. 

Podrá el proscripto en extranjero albergue 
Su fortuna formar y una familia 
Que hable un idioma bárbaro y extraño, 
Darle su amor y amenizar su vida ; 
Mas nunca, nunca borrará del alma. 
Por muchos años que expatriado viva, 
Ni el lindo valle dojugó inocente, 
Ni aquel dialecto que en su infancia oia. 

Tú, quizás, ahora mismo rodeada 
En tu opulento hogar, de la familia 
Nueva, que el cielo quiso concederte. 
Por acaso verás mis poesías. 

Sé que el temblor agitará tus manos, 
Que cubrirá una sombra tu pupUa, 
Que dejarás caer desalentada 
Este papel en que mi acento vibra ; 
Mas pronto pasará; yo te conozco 

Y sé que al borde de la tumba misma, 
En tu indomable corazón de acero 
Fuerza hallarás para fingir la risa. 

Y -. acostúmbrate á hacerlo .. porque mientras 
Tenga un sonido mi doliente lira. 
Tu nombre -.nunca ! mas tuimágen.. ¡siempre! 
Sentiráse vagar en su armonía. 
Aun al principio estás; pronto, mui pronto 
La inmensa llama que en tu pecho ardia, 
Al soplo de dulcísimo recuerdo 
Otra vez brotará de la ceniza. 

Y del pasado entre la oscura noche 
Volverá á iluminar con su luz viva, 
Si nó el recuerdo de tu pobre amante 
La historia del amor que te absorbía ; 
Empezarás á comparar, y entonces 
Cuando llegue ese instante ; j pobre niña ! 
¡Ai! si no tienes como yo templada 
Para el dolor el alma, vida mia. 

10 



74 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Las noches hallarás interminables, 
Interminables hallarás los dias, 

Y tu existencia la enojosa carga 
Que en el herido corazón gravita. 

Para gozar no basta que nos amen^ 
Amar necesitamos ; siempre fija 
A los ojos del alma se presenta 
La dulce imagen que nos fué querida. 

Y aunque agotemos del placer la copa 
En comedias de amor mal sostenidas, 
En la conciencia un grito se levanta 
Contra esa vil profanación impía, 
Con que el errado sentimiento trueca 
Otra del alma adoración divina. 

Y tú no puedes olvidar : la tuya 
Es tan solo un pedazo de la mia : 
Te la infundí yo mismo con mi aliento 
Cuando empezabas á gozar la vida: 
Cuando en tus ojos la ilusión buscaba, 
Cuando ¡en tus labios la pasión bebía. 

Llegarás á gozar, pero gozando 
Verás mi imagen pálida y marchita 
En el espacio oscuro que se forma 
Cuando el párpado cubre la pupila. 

Y en ella encontrarás ¡ ángel del alma ! 
Para aumentar tu pena y tu desdicha. 
Como un mudo y dulcísimo reproche 
Por otras horas y por otros dias. 
Grave, seria, profunda mi mirada. 
Melancólica y triste mi sonrisa. 

4 Oh! tú no sabes, no, cuánto es amargo 
Un sentimienro que jamas se extinga, 
Que no podamos arrancarlo nunca 
Ni contentar su aspiración divina ! 

¡ Yo te conozco ! la orgullosa frente 
No abatirás en mi presencia, altiva, 

Y cuánto mas en tu retiro llores 
Dirás que gozas envidiable dichai 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 75 

Tú lo dirás, y mentirá tu labio, 

Y en la comedia de placer que finjas, 
Un tormento hallarás, aun mas ardiente 
Que el vivo llanto que el dolor mitiga. 

Y esto siempre será : siempre el recuerdo 
De aquellas horas y de aquellos dias, 
Doquier que lleves el incierto paso, 
Do quier que vuelvas la cansada vista. 
En tu apacible y solitaria estancia, 
En tu hogar, en la iglesia, en tu familia, 
Y. -hasta en el hijo que amorosa arrulles 
Hallar querrás la semejanza mia. 

Tú me conoces, me conoces mucho. 
Me conoces tan bien como á tí misma. 
¡ Sabes que no hai delicia que me embriague, 
Ni hai un dolor que mi conciencia rinda ! 

Tú seguirás en la escabrosa senda 
Que has elegido. ..como yo en la mia. 
¡ Sangre del corazón irá marcando 
Nuestro paso en el curso de la vida. 

Yo cantaré.. porque callar no puedo, 

Y mi acento, en las alas de la brisa. 
Vagará en el palacio, en la cabana, 
La murada ciudad y la campiña. 

Tu nombre. .nunca ! mas tu imagen \ siempre ! 
Vibrará en los acordes de mi lira; 

Y en tí el recuerdo avivarán eterno 
De aquellas horas y de aquellos dias. 
Todas las voces que mis versos canten, 
Todos los ecos de la patria mia. 

Así. -hasta elfin de la existencia nuestra, 
Sin un instante de fatal desidia, 
Sin un recuerdo que avergüence nunca, 
Sin una sombra en la conciencia limpia ; 
Para poder, al terminar la senda. 
Llegar tranquilos á la eterna vida, 
Donde son consolados los que lloran 

Y hartos de amor los que de amor morían; 
Ambos decir al Dios que recompensa 
Todo grande dolor, toda desdicha : 



76 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

" Toma, Señor, el cáliz que me enviaste 
" Para probar mi fortaleza un dia ; 
"Aunque rebosa lágrimas amargas 
" Que recogió en el curso de la vida, 
" ¡No hai ni una gota del ajeno llanto, 
" ¡ Esas lágrimas ¡ ai !..¡ todas son mias !!" 

José Gautier Benitez. 



¡SI TU MURIERAS! 

Deslumbradora estabas : cien anteojos 
A tu palco giraban sus cristales, 
El resplandor buscando de tus ojos 
Bellos como las noches tropicales. 

Al lado de sus fúlgidos destellos 
Tus brillantes, vencidos, se humillaban ; 
Las flores que adornaban tus cabellos 
Menos aroma que tu aliento daban. 

Envuelta entre las redes del encaje 
Ostentabas tu noble gallardía, 
Como un cisne de candido plumaje 
Que refleja la luz del claro dia. 

Mientras gozabas, llena de hermosura, 
Los dones de la vida y de la suerte. 
Hablamos, ¡oh contraste !..^- de la oscura 
Kegion aterradora de la muerte. 

Dijiste que si acaso en negro dia 
La muerte arrebatase tu persona, 
A meditar á tu sepulcro iria 

Y á ofrecerte, quizás, una corona. 

i Ah ! ¿por qué lo dijiste ? Al escucharte 
Sentí helarse mi pecho con espanto ; 
Sólo con tal idea fui á mirarte, 

Y me borró tu faz mi propio llanto. 

. Tá mis lágrimas viste ; viste en ellas 
L» esencia del dolor y mi ternura ; 
Piensa cuántas, con lúgubres querellas, 
Vertiera al contemplar tu sepultura .' 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 77 

¡ Ah, si murieses tú ! con fria calma 

ÍTo iría á meditar, como dijiste : 
Fuera á dejar sobre tu cuerpo el alma 
En pago del cariño que me diste. 

m 

Fuera á verter, llorando, gota á gota, 
La hiél de mi pesar, ya sin segundo. 
Fuera á depositar mi lira rota, » 

Fuera á dar un adiós al vano mundo. 

No á meditar, á sollozar iria, 
A posar en el má?mol mi cabeza, 

Y allí palidecer con la agonía, 

Y allí petrificarme de tristeza. 
Allí mi llanto, sin cesar vertido, 

Sobre la misma piedra baria un cauce, 

Y quedaría mi cuerpo dolorido, 
Inmóvil y doblado como el sauce. 

Como estatua de mármol, animada 
Por un dolor que le encendiese el pecho. 
Lanzaría mi voz desesperada. 
Así gritando el corazón deshecho : 

" Naturaleza vil, ¿ por qué arrancaste 
Aquella viva imagen de hermosura ? 
¿ Por qué el tipo divino que formaste 
Hundes en la espantosa sepultura ? 

" Si no puedes volver vital aliento 
A su pecho, que helado no respira. 
El hálito también le niegue el viento 
A mi pecho, que ya solo suspira. 

" Si no puedes volver á su mirada 
Su divino esplendor, su viva lumbre. 
La luz en mis pupilas anonada. 
Cubre de oscuridad mi pesadumbre. 

" Si aquel cuerpo de estatua, si gentiles 
Sus miembros ya no deben animarse, 
Rompe mi cuerpo en átomos sutiles 
Que vayan con los suyos á mezclarse. 

" Si ya no he de escuchar el placentero, 
El adorado son de su palabra, ;» 

Haz que para acoger mi adiós postrero 
La tumba donde está, sus puertas abra. 



78 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

'" Si el calor dé sus inaiios tan queridas 
No han de sentir, cogiéndolas, mis manos, 
Que mis manos, sin ellas, ateridas. 
Devoren insaciables los gusanos. 

" Si ya se h» de borrar sobre la tierra. 
Fugaz exhalación, su breve historia, 
De mi pobre existir el libro cierra, 

Y absorbe entre su olvido mi memoria. 
''Si nunca mas de su cariño tierno 

He de hallar las dulzuras inefables. 
Hallen la paz de su dormir eterno 
Mis pupilas, sin ella inconsolables." 

Si tú murieses ¡ ah ! ¿ por qué pensarlo ? 

¿A qué forjar tan espantosa idea. 
Si maldigo, no mas de imaginarlo, 
La leí fatal de que posible sea ? 

Muerte, que con tu garra formidable 
Llevarás á mi amiga hacia la tumba, 
Pues todo cuánto vive es deleznable, 

Y al choque de tu mano se derrumba ; 
Oye mi voz : concédeme piadosa 

Que yo no mire tan funesto dia : 
Antes que llorar yo sobre su losa. 
Que ella vaya á llorar sobre la mia. 

Antes que por su pérdida terrible 
Vista mi cuei'po funerario luto, 
Que ella, que guarda un corazón sensible, 
Me ofrezca de una lágrima el tributo. 

Antes que pongas tu implacable mano 
Sobre su juventud y su belleza, 
Eompe mi pensamiento soberano, 

Y hunde en el polvo mi mortal cabeza. 

Ya ves, ¡ oh dulce amiga ! lo que pido 
Si llego á imaginar que he de perderte. 
Porque para tu muerte no hai olvido, 
Ni mas consuelo que la misma muerte. 

¡ Ya ves que á meditar solo no iria 
Junto al sepulcro donde tú durmieras ; 
Ya ves como el poeta Horaria 
Si le faltases tú, si tú murieras! 

José Alcalá Galiano. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 79 



LA PALMA Y LA MALVA. 



De penacho gentil la sien ceñida, 
Tipo de majestad y de elegancia, 
A pocos pasos de mi humilde choza 
Alzaba su cabeza hermosa Palma ; 

Y á sus pies confundida entre cadeles, 
Hediondas, cardos, índigos y zarzas, 
De la humildad emblema, discurría 
La ignorada existencia de una Malva. 
Una tarde, en que á solas, de Natura 
Gozaba ia beldad, desde mi hamaca 
Parecióme escuchar la Palma altiva 
Dirigir á la Malva estas palabras : 

" ¡ Triste de tí, cuya tediosa vida 
En vergonzosa oscuridad se arrastra, 
En medio de selváticas malezas 
A vegetar por siempre condenada ! 

¡Triste de tí, infeliz ! Cuando te miro 

Se me desgarra el corazón de lástima ! 
Las brisas juguetonas no te besan. 
Las aves lisonjeras no te cantan. 
¡ Cuan dura y solitaria y fastidiosa 
Debe ser tu existencia, pobre Malva ! 
¿ Y no te causa envidia mi ventura ? 
De esta extensa pradera soi la gala. 
Yergo la altiva frente hasta las nubes, 

Y cuánto miro aquí, yace á mis plantas. 
Las aves en bandada alegres vienen 

A ensayar sus acentos en mis ramas ; 
Los céfiros mil besos me prodigan 
J,ugando con mis plumas de esmeralda; 

Y el trovador que aquesa choza habita, 
Al son de su melódica guitarra. 

Con la esbeltez de mi garboso talle 
Compara la cintura de su amada, 
i Oh ! ¿ no soi yo feliz ? al contemplarme 
i No quisieras también ser una palma ? 



80 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

; Cuánta pena me inspira de tu suerte 
La ruda crueldad, desventurada !" 
Así dijo la Palma, envanecida. 
Vibrando de placer sus verdes ramas, 
Mientras que con humilde acatamiento 
La Malva silenciosa la escuchaba. 
Pero de pronto electrizada nube 
Surcando el éter de Aquilón en alas, 

Con su cresta chocó Súbito estruendo 

Los setos sacudió de mi cabana, 

Y en breve instante ¡ quién pensado hubiera ! 

Su corona de plumas destrozada, 

La vi tendida sobre el mustio suelo 

Al mismo pié de la modesta Malva ! 

¡ Así pasan las glorias de este mundo ! 

Vosotros, que la mano sacrosanta 

De Aquel que rige el universo todo 

En humildosa esfera colocara ; 

Cuando a\ grande miréis de la fortuna 

Los favores probar, la frente alzada, 

Su suerte no envidiéis : tened presente 

El triste fin de la orgullosa Palma. 

F. J. Amy. 



LA CONCIENCIA 



PROBLEMA. 



Juana, pobre mujer envilecida, 
Que arrastrando su espíritu en el cieno, 
Pasó la triste vida 
Vendiendo por amor letal veneno ; 
Cabeza hermosa, donde de seguro 
No brotó nunca pensamiento puro, 
Y que ignorando el bien que poseía. 
Vendía por un poco de dinero, 
En público mercado, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 81 

El placer mas inmundo si es vendido, 

El mayor y mas dulce si es ganado ; 

Próxima al duro instante 

De la triste agonía, 

A un padre confesor agonizante, 

Con anhelosa voz, así decia: 

— " Padre : yo de mis culpas me arrepiento, 

Y pido á Dios perdón de mi impureza ; 
Miradme bien al rostro, que no miento ; " 
T levantando la cabeza en tanto, 

Fijaba sobre el fraile macilento 
Una mirada de ansiedad y espanto ; 

Y al ver que nada el fraile le decia. 
Con ansiedad creciente proseguia : 

— " El sabe bien, y me lo tendrá en cuenta, 
Que del vicio en la senda siempre impura. 
Aun cuando de placeres avarienta. 
Tan solo me ha tocado la amargura. 
¿ Qué es el mayor tormento, comparado 
Al pesaroso hastío del pecado ?" 

Y vertiendo de lágrimas un rio. 
Seguía con acento sofocado : 

— " ¡ Ai ! ! He sufrido tanto, padre mió ¡" 
Alzándose convulsa, en vano abría 
Sus ojos, ya sin brillo, 

Y olvidándolo todo, descubría 
El pecho descarnado y amarillo, 
Que hinchaba el estertor de la agonía. 
— " Acaso Dios me señaló en la cuna 
(Siguió con voz oscura y misteriosa) 
La senda de mi vida vergonzosa ; 

Me negó la virtud y la fortuna, 

Y en cambio me hizo hermosa. 
Tal vez de mi impureza el desvarío 

Habrá sido castigo de otros seres 

Mas de una vez, detras de su desvío. 
Noté ¿ podréis creerlo, padre mío ? 

¡ Notó que me envidiaban las mujeres !...- 
Quizá mis muchos yerros han servido 
A Dios para mostrarles de otra suerte 
Lo espantoso del vicio en que he caído ; 
11 



82 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y mis faltas quizas ha permitido 
Para dar el ejemplo de mi muerte." 

Y así diciendo, la infeliz gemia 
Entre la duda y la esperanza ansiosa, 
Al ver que nada el fraile le decia ; 

Y en aquella mujer, un tiempo hermosa, 
Con su horrible piedad desvanecía 

De la muerte la calma silenciosa, 
La horrible agitación de la agonía. 

II. 

En tanto que así Juana se acababa. 
Cerca de allí, sobre otro pobre lecho 
De aquel santo hospital, que cobijaba 
La pobreza y el mal bajo su techo, 
También un hombre viejo agonizaba, 

Y en una cruz mui tosca, de madera. 
Como si algún secreto le dijera. 
Los turbios ojos con afán fijaba. 
Aquel santo varón, de alma tan pura 
Como la blanca nieve de sus canas, 
Que al cabo de una vida de amargura. 
Consumida en virtudes sobrehumanas, 
Iba á llevar de Dios á la presencia. 
Cual la de un niño, pura su conciencia, 
Piensa profundamente 

Que es esta dicha demasiado grande 
Para poder lograrla fácilmente ; 

Y aun cuando su alma candida le abona, 

Y aunque la llama de la fe le escuda. 
Siente que la esperanza le abandona. 
Nublada por las sombrastde la duda. 

Y por eso, fijando su mirada 
En aquella cruz tosca de madera, 
Enfrente de él en la pared colgada. 
Mientras la muerte su semblante altera, 
Así piensa en su mente casi helada : 
— " Yo no hice á nadie mal : nunca en mi vida 
En mí venció al deber pasión alguna, 

Y al bien y á la virtud con ansia ardiente 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 83 

Mis fuerzas consagró desde lacuna 

La oración y el ayuno rudamente 
A la carne rebelde han amansado, 

Y ha sido de mi vida en el pasado 

Mi orgullo la humildad, mi lecho el suelo, 
Mi amor el bien y mi ambición el cielo. 
Mas por cuidar del alma he descuidado 
El cuerpo á mi custodia confiado, 

Y devuelvo ala tierra sus despojos. 
Por rudas penitencias macerado, 
Blandas las carnes y los nervios flojos. 
Yo del caudal de fuerzas en mí unidas 
Para crecer al riego del trabajo. 

Sin pensar que mi vida era cien vidas. 
Que nada crió Dios que inútil sea, 
Enamorado loco de unft idea, 
He dejado los gérmenes secarse 
Sin cumplir su misión, común á todo, 

Decrecer, dar el fruto, y trasformarse 

Justo será el castigo, aunque severo 

¡ Tu mandato. Señor, olvidé impío ! 
i En vano de mi afán el logro espero ! 
Culpable soi.. ¡Perdón ! ¡ Perdón, Dios mió !" 

Y al elevar sus ojos á la altura, 
Una lágrima, mundo de amargura. 
Cae de sus ojos ásus labios yertos: 
Suspira, un nombre y un adiós murmura, 

Y queda con los ojos entreabiertos. 



; Qué cosa tan extraña es la conciencia ! 
Juana, la mujer Joca 
Que con dura y tenaz impenitencia 
Vivió de la impureza en los horrores, 
Sus inmundos errores 

Como descargos de su culpa invoca 

¡Y al mismo tiempo, el justo 
Que consagró á su Dios el pensamiento, 
Con alma temerosa y juicio adusto 
Hace de la virtud remordimiento ! 

J, CAMPO-^RANA. 



84 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

A Mí BUENA AMIGA 

LA SENOKA DUQUESA DE FERNÁN NUNEZ, 
en la temprana muerte de su hija Isabel, ocurrida en Má- 
laga el 8 de Mayo de 1875. 

i Cómo la he de olvidar ? Llevo en el pecho 

Grabada su memoria 

¡Pobre Isabel ! al pronunciar su nombre 

A mis ojos las lágrimas se agolpan 

¡Qué breve fué su vida ! y ¡cuan acerba, 

Oh madre, tu congoja, 
Cuando al verla espirar entre tus brazos. 
Su mustia, helada faz selló tu boca ! 

i Pobre Isabel ! la luz de su mirada 
La muerte veló en sombra , 

Y en dolorosos lirios se tornaron 

De sus mejillas las nacientes rosas ! 

Mas ¡ ai ! ¿ por qué, mientras con alma herida, 
Madre infelice, lloras, 

Y de negros crespones te revistes, 

Y los suspiros y el dolor te ahogan, 

Hado, cruel en contrastar tu pena 

Parece que se goza ? 

¡ Mira cuál brilla el sol ! ¡ cuan tibia el aura 
Halaga y mece las volubles hojas ! 

Ni el mas leve vapor del firmamento 

El claro azul entolda ; 
De oro y zafir se cubren la«6 montañas, 
Las aves cantan mientras tú sollozas ; 
El arroyuelo murmurando juega 

Con las menudas conchas : 
Hasta la mar en himnos de ventura 
Mover parece las ligeras ondas. 
¿Cómo dudar? El orbe engalanado 

De júbilo rebosa, 

Y la rica y alegre primavera 

De esplendores y hechizos se corona 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 85 

Y no ya el mundo.. .. del empíreo cielo 

En las etéreas zonas, 
Do los ojos no llegan, pero el alma 
Con alas invisibles se remonta ; 

Inefables acentos de alegría 

Los ángeles entonan, 
¿Y cómo no? si aguardan amorosos 
La dulce hermana que á los cielos torna. 

Y asida al pecho la virgínea palma, 

En ráfaga de aroma, 
Venia subir á la superna altura. 

La sien orlada de inmortales rosas. 

No la perdiste, no : cuando te humillas 

Sobre la yerta losa, 

Y te elevas á Dios, y en la plegaria, 

De la hija de tu amor el nombre invocas ; 

Ella hasta tí desciende, ella te escucha, 

Y dulce y cariñosa 
Ofrece á Dios la mirra de tus penas, 

Y con fervor que las mitigue implora. 

Y cuando el sueño en la callada noche 

Tus párpados agobia; 
A tí se inclina y suspendiendo el vuelo, 
Sus puros labios en tu frente posa. 

Te despiertas tal vez, la buscas, sientes 

Su celestial aroma ; 
Mas ¡ai! no pueden ver ojos mortales 
De los querubes las etéreas formas 

Alivia tu dolor : fe y esperanza 

Son alas poderosas : 
Breve es la vida. ... sus amantes brazos 
Con tierno afán te esperan en la gloria. 

Henrique R. de SaAVEDRAí 

» {Duque de Rivas.) 



86 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



A POLONIA. 



No hai piedad para tí : no la mereces : 
Tres Tiranos tus miembros se reparten: 
¡ Maldita la Nación que dócil sufre, 
Tan infiel á su historia, injurias tales ! 

Sientes errar por tus agrestes bosques 
De Juan Sobieski los ilustres manes. 
Lamentando dispersos, insepultos. 
Los huesos de tus héroes y tus mártires. 

Y en su dolor, el Héroe de otros dias 
Maldice, sí, tu esclavitud cobarde, 
Que no te deja, por mayor injuria. 
Ni rezar en la lengua de tus padres. 

¡ Siguieras el ejemplo de Sagunto ! 
Y antes que esclava vil, Polonia, y antes 
Fiera sabrías incendiar tus pueblos, 
Matar tus hijos y beber su sangre. 

Evaristo Fombona, 



LA BUENA lADEE. 

Numen consolador, centro de vida, 
Ángel de bendición, luz del hogar. 
En buen hora por Cristo redimida 
Para sernos estrella bendecida »• 
Del mundo aleve en el revuelto mar ; 

¡ Ante tu abnegación todo se humilla ! 
¡ Mellas el filo agudo del dolor ! 
¡ Eres por tu ternura maravilla ! 
Hai muchas, como Blanca de Castilla, 
Modelo maternal de santo amor. 

Tú velas del infante junto al lecho : 
Tú de su planta débil vas en pos : 
Tú l^ives por su bien siempre en acecho ; 

Y tú le nutres á tu casto pecho, 

Y tú le enseñas adorar á Dios. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 87 

Cuando inexperto joven, aturdido, 
De sus pasiones cede al huracán, 
Tu maternal amor dando al olvido ; 
Le llevas ¡ai! al corazón prendido, 
Y puede mas la fuerza de tu imán. 

¡ Cuál crecen tu bondad y tu dulzura. 
Cuando miras crecer nuestro dolor ! 
¡ Cómo sabes llorar nuestra amargura ! 
Nunca, jamas se agota esa ternura, 
Imagen viva del eterno amor. 

Evaristo Fombona. 



JEHÜVAH. 



Eterno Ser que el Universo animas 
Con tu aliento fecundo y soberano. 
Que con un leve signo de tu mano 
A cada mundo asignas un lugar ; 
Yo me postro ante tí : los resplandores 
Que esparces por do quier, sumiso adoro, 

Y de tu inmenso y estrellado coro, 
El concierto sublime y singular. 

No es en los libros santos del profeta 
Donde tu nombre entero se contiene 
¡Pobre idioma del hombre que no tiene 
Para nombrarte acento ni expresión ! 
Escritos ellos en la lengua escasa 
Que imaginó para entenderse el hombre. 
Busca en vano su voz un signo, un nombre. 
Digno del Ser que llena la extensión. 

No es bajo de la cúpula sonora. 
Pobremente orguUosa, de algún templo, 
Que yo tu gloria y tu poder contemplo 

Y te descubro en tu esplendor brillar ; 
Ni en el estrecho altar que te levanta 
El mísero mortal, es que te admiro ; 
Sino en los soles fúlgidos que miro 
En la celeste bóveda girar. 



88 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS 

Solo en el hondo abismo del espacio, 
En ese eterno libro de los cielos^ 
Entre el misterio de sus densos velos 
Tu nombre augusto dejas entrever. 
Te dejas entrever, porque Tú sabes 
Que si el pobre mortal tu nombre oyera, 
A su estruendo gigante se rompiera 
El hilo frágil de su débil ser. 

Tú levantas tu sol y tus planetas 
Entre la tierra ytu inmortal morada, 

Y le ocultas al hombre tu mirada 
Que ilumina y fecunda la extensión ; 
Porque si tu mirífica presencia, 

Si uu rayo de tus ojos le alcanzara, 
Ciego con tu esplendor, la muerte hallara 
En la súbita luz de tu visión. 

Por eso adoro resignado y mudo 
De tu poder los signos esplendentes, 
Tus soles mU que arrojan á torrentes 
Fuerza, vida, calor y claridad. 

Y me anonado mas, cuando comparo 
La duración del hombre miserable, 
El sueño falso de su vida instable 
Con tu imperecedera eternidad. 

¿ De qué me sirve ámí, ser de un instante. 
La antorcha celestial del pensamiento. 
Si al impulso fugaz del manso viento. 
Débil px'ecaria, extingue su fulgor ? 
¿De qué sirven las vividas pasiones. 
Los raptos delirantes del poeta. 
El blando amor que el corazón inquieta. 
De un pecho joven adorable error ? 

Todo cuánto es del hombre, en los abismos 
Del tiempo se consume y aniquila : 
Solo la vasta esfera que rutila. 
Eterna durará como su Dios ; 
Porque esos vastos globos inflamados. 
Esos mundos que surcan el espacio. 
Faros son de su espléndido palacio 
Que salieron del caos á su voz. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 89 

Por eso me confunde y anonada 
El débil sueño de mi frágil vida, 
Por eso adoro esa visión lucida 
Con que ciñes, Jehovah, tu augusta sien. 
Por eso es que mi amor á tus portentos 
El terrenal disgusto no acibara, 

Y si mi vida instable no acabara, 
Eterno fuera como yo también. 

Mas yo debo morir. Mi polvo entonces 
No podrá contemplar tus maravillas. 
Ni el mar de luz con que en el éter brillas 
Ni el trueno tempestuoso que es tu voz. 
Yo debo perecer. ; Ai del que viva 
Sin admirar tus bellas creaciones ! 

Y lanzado en el mar de las pasiones 
No levanta los ojos á su Dios. 

Yo me postro ante Tí, porque tu vista 
Sobre este mundo de tinieblas, vela : 
Nos das una creencia que consuela, 
Llena toda de amor y caridad. 
Nos das la fe contra la duda impía, 
Al que sufre por tí, das la confianza , 
Junto al dolor colocas la esperanza. 
Junto á un penoso fin, la eternidad. 

Viste al hombre disperso, infortunado. 
Las heces apurar de la agonía , 
Lloró infeliz, le distes á María 
Que enjugara su llanto y su aflicción. 
Perdió tu gracia, y torpe y delincuente, 
Fué condenado á un padecer prolijo : 
Tuviste compasión, le diste al Hijo, 
Prenda de paz, de olvido y de perdón. 

Sí : yo pienso que el soplo de la vida 
Al desprenderse de la tierra madre, 
Volverá al seno celestial del Padre, 
Fuente de acción, de movimiento y luz. 

Y el alma desde allí, pura, radiante, 
Al brillo de la luna fugitiva. 

Una mirada lanzará furtiva 

Sobre su tumba humilde, y tosca cruz. 

J. A. Maitin. 
12 



90 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

LA HERMOSA HALEWA. 

El prudente Almanzor, Emir glorioso, 
El Cordobés imperio dirigia, 
Hixcen su rei en el harem dichoso 
Los blandos sueños del placer dormia. 

Cisnes de oro purísimo labrados, 
Sobre conchas de pórfido en las fuentes, 
En medio de jardines regalados. 
Derramaban las linfas trasparentes. 

Los limpios baños de marmóreas pilas. 
Do el agua pura mil esencias toma. 
Cercaban lirios y agrupadas lilas 
De tintas bellas y profuso aroma. 

Damascos y alcatifas tunecinas 
Del palacio adornaban los salones. 
Perlas en colgaduras purpurinas, 
Perlas en recamados almohadones. 

Olores del Arabia respiraban 
Lechos de blanda pluma en los retretes, 
Y las fuentes de plata reflejaban 
Del alcázar los altos minaretes. 

Del regio templo celebrada diosa, 
Halewa fué en su plácida fortuna 
ídolo del moaarca por hermosa, 
Tierna como una lágrima en la cuna. 

Feliz si de un esclavo que sabia 
Enamorar con trova cariñosa. 
Mas amor no aprendiera que armonía 
Al son del arpa dulce y sonorosa. 

Iba el docto mancebo modulando 
Los ayes del amor en vario tono, 
La bella favorita suspirando 
Hizo el primer desprecio al regio trono. 

Un dia nunca el sol su rayo activo 

Lanzó con mas ardor, ni mas hermoso 
Fué el pensil y la sombi'a del olivo. 
Para gozar del celestial reposo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 91 

Sediento del halago y del cariño, 
Buscaba Hixcen los suspirados lazos, 

Y cual sus juegos inocente niño. 
Apetecía el rei tiernos abrazos. 

¡ Infeliz ¡ ¡ ah ! repara aquella rosa 
Que el roedor insecto ha deshojado. 
No muevas, no, la planta vagarosa ; 
La tumba del dolor está á tu lado. 

Vio en la gruta que al fin de los andenes 
Se cubre con la hiedra trepadora , 
Dormir con frescas rosas en las sienes 
La inconstante beldad que el pecho adora. 

Vio dormido al esclavo frescas flores 

Coronaban su sien su labio impuro 

En sueños murmuraba sus amores, 

Y el desliz de otro labio mas perjuro. 

El harpa sobre el césped olvidada 
Con el viento sus fibras conmovía, 

Y de su docto dueño enamorada 
Parece que lloraba su agonía. 

Kuge el león y silba la serpiente, 
Por ofendido amor la mujer llora, 

Y el hombre con la sangre delincuente 
Lava el torpe baldón que le desdora. 

Suspira Hixcen ; su corazón desgarra 
Una furia infernal ; su mano lleva 
Al puño de la corva cimitarra, 

Y abre los ojos la infeliz Halewa. 
Los abre para ver el golpe airado 

Contra el siervo que amaba su belleza, 
El lívido cadáver á su lado, 

Y fuera de los hombros la cabeza. 
Sangre vio en su vestido y en su velo, 

Que en sangre so tiñó la gruta y senda 
Al rodar la cabeza por el suelo 
En temblor frió y convulsión horrenda. 
A lóbrega mazmorra es arrastrada 

Por seis esclavos negros ¡ah....! su lloro 

De aljófar puro, y tímida mirada, 
No pueden doblegar á esquivo moro. 



92 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

La nueva luz de nebuloso dia 
Vio en la punta de un palo en los jardines 
La cabeza del siervo horrenda y fria, 
Y con gotas de sangre Iqs jazmines. 

Arólas. 



EL estío. 



Mayo recoge el virginal tesoro ; 
Desciñe Flora su gentil guirnalda ; 
La sombra busca el manantial sonoro 
Del alto monte en la risueña falda ; 
Campos son ya de púrpura y de oro 
Los que fueron de rosa y esmeralda ; 

Y apenas riza su corriente el rio 
A los primeros soplos del estío. 

El soto ameno y la enramada umbrosa, 
El valle alegre y la feraz ribera 
Con voz desalentada y cariñosa 
Despiden á la dulce primavera ; 
Muere en su tallo la inocente rosa ; 
Desfallece la altiva enredadera ; 

Y en desigual y tenue movimiento 
Gime en el bosque fatigado el viento. 

Por la alta cumbre del collado asoma, 
La blanca aurora sa rosada frente, 
Reparte perlas y recoge aroma ; 
Se abre la flor que su mirada siente ; 
Eepite sus arrullos la paloma ; 
Bajo las ramas del laurel naciente ; 

Y allá por los tendidos olivares 

Se escuchan melancólicos cantares. 

Del aura dócil al impulso blando 
La rubia mies en la llanura ondea ; 
Del dulce nido alrededor volando 
La alondra gira y de placer gorjea ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 93 

Las ondas de la fuente suspirando 
Quiebran el rayo de la luz febea, 

Y en delicados mágicos colores 

El fruto asoma al espirar las flores. 

Sobre los montes que cercando toca 
La niebla tiende su bordado encaje ; 
Desde el peñón de la desierta roca 
Lánzase audaz el águila salvaje ; 
El seco vientecillo que sofoca 
Cubre de polvo el pálido follaje ; 

Y por el monte y por la vega umbría 
Crece el calor y se derrama el dia. 

Y en el árido ambiente se dilata 
La esencia de la flor de los tomillos, 

Y lento el rio su raudal desata 
Entre mimbres y juncos amarillos ; 

Y si al cubrir sus círculos de plata 
Con sus plumeros blandos y sencillos 
La cana dócil la corriente roza. 
Trémula el agua de placer solloza. 

Del valle en tanto en la pendiente orilla 
Manso cordero del calor sosiega ; 
Se oyen los cantos de la alegre trilla ; 
Suenan los ecos de la tarda siega ; 
Ardiente el sol en el espacio brilla , 
El cielo azul su majestad despliega ; 

Y duermen á la sombra los pastores, 

Y se abrasan de sed los segadores. 
Presta sombra á la rústica majada 

La noble encina que á la edad resiste ; 
En su copa de fruto coronada 
La vid de verde majestad se viste ; 
A su pié la doncella enamorada 
Canta de amor, pero su canto es triste, 
Que en el profundo afán que la devora. 
Amores canta porque celos llora. 

Y el eco de su voz, dulce al oido 

Mas que el tierno arrullar de la paloma, 
Por el monte y el valle repetido 
Tristes, confusas vibraciones toma ; 



94 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y en las ondas del aire suspendido 

Se escapa al fin por la quebrada loma, 

Y sin que el aura devolverlo pueda 
Todo en reposo y en silencio queda. 

Mudas están las fuentes y las aves; 
No circula ni un átomo de viento ; 
Cortadas por e] sol lentas y graves 
Caen las hojas del árbol macilento ; 
Tenue vapor en ráfagas suaves 
Se levanta con fácil movimiento ; 

Y mezclando en la luz su sombra extraña, 
Va formando la nube en la montaña. 

Hinchada al fin soberbia se desprende 
Del horizonte azul la nube densa, 

Y el fuego del relámpago la enciende, 

Y gira por la atmósfera suspensa ; 

Y ya sus flancos inflamados tiende , 
Ya el vapor de su seno se condensa, 

Y soltando el granizo en lluvia escasa 
La rompe el trueno y se divide y pasa. 

Y el sol que se reclina en Occidente 
De su encendido manto se despoja, 

Y en los blancos celajes del Oriente 
Se pierde el rayo de su lumbre roja. 
Brilla la gota de agua trasparente 
Detenida en el polvo de la hoja, 

Y tendiendo el crepiísculo su planta 
Del fondo de los valles se levanta. 

Como el ensueño dulce y regalado 
Que en la fiebre de amor templa el desvelo, 
Vertiendo en nuestro espíritu agitado 
La misteriosa esencia del consuelo ; 
Así por el ambiente reposado 
De estrellas y vapor bordando el cielo. 
Breves y llenas de feraz rocío 
Cruzan las noches del ardiente estío. 

Y en tristes ecos el silencio crece, 

Y en tibio resplandor la sombra vaga ; 
La luz de las estrellas se estremece 

Y en el limpio raudal brilla y se apaga ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 95 

Naturaleza entera se adormece 
En el hondo placer que la embriaga, 
Y lleva el aura en vacilantes giros 
Besos, sombras, perfumes y suspiros. 

Mas puro que la tímida esperanza 
Que sueña el alma en el amor primero, 
Su rayo débil desde Oriente lanza, 
Sol de la nocbe, virginal lucero ; 
Triste y sereno por el cielo avanza 
De la candida luna mensajero, 
Por ella viene y suspirando ella 
Sigúele en pos enamorada y bella. 

Cuantos guardáis la tímida inocencia 
Que á la esperanza y al amor convida ; 
Los que en el alma la impalpable esencia 
De su primer amor lloráis perdida ; 
Cuantos con dolorosa indiferencia 
Vais apurando el cáliz de la vida ; 
Todos llegad y bajo el bosque umbrío 
Sentid las noches del ardiente estío . 

Las del tirano amor desengañadas, 
Pálidas y dulcísimas doncellas, 
Vosotras que lloráis desconsoladas 
Solo el delito de nacer tan bellas ; 
Mirad entre las nubes sosegadas 
Cómo cruzan el cielo las estrellas ; 
Que no hai duda, ni afán, ni desconsuelo, 
Que no se calme contemplando el cielo. 

Y tú, tierna á mi voz, blanca hermosura. 
Fuente de vii'ginal melancolía. 
Mas hermosa á mis ojos y mas pura 
Que el rayo azul con que despunta el dia ; 
Corazón abrasado de ternura, 
Espíritu de amor y de armonía, 
Ven y derrama en el tranquilo viento 
El ámbar delicado de tu aliento. 

La dulce vaguedad que me enajena 
Aumenta la inquietud de mi deseo ; 
Tu voz perdida en el ambiente suena ; 
Donde mis ojos van tu sombra veo ; 



96 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS'. 

De amor y afán mi corazón se llena, 
Porque en tu amor y en mi esperanza creo ; 
Y así suspende el sentimiento mió 
La tibia noche del ardiente estío. 

Noche serena y misteriosa, en donde 
Dormido vaga el pensamiento humano. 
Todo á los ecos de tu voz responde, 
La mar, el monte, la espesura, el llano ; 
Acaso Dios entre tu sombra esconde 
La impenetrable luz de algún arcano ; 
Tal vez cubierta de tu inmenso velo 
Se confunde la tierra con el cielo. 

José Selgas. 



CREO, 



Era yo adolescente ; 
Estudiaba la ciencia de la vida ; 

Y á mi deber prestándome obediente, 
Una mañana espléndida, florida, 

En que brillante el sol al cénit sube, 
Rompiendo el agua su prisión de hielo, 

Y en que todo sonríe, tierra y cielo, 
Autopsia de un cadáver que hacer tuve. 

La fecha es ya remota ; 
Pero recuerdo bien, cual sihoi lo viera, 
La impresión que él en mí causó primera ; 
La de una lira fué postrada y rota, 
La de un árbol caído 
En cuyo tronco hueco 

Y de la copa en el ramaje seco 
Ningún pájaro canta ni hace nido. 

En torno de la mesa donde estaba 
El cadáver tendido. 
Ávido de saber lo examinaba 
Un grupo juvenil de compañeros. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 97 

Que, como yo, pedían á la muerte 
— Libro mudo al mirar de los profanos — 
Revelación de hondísimos arcanos 
Que nunca sola descubrió la suerte. 

¿ Es la materia inerte, , 

Por impulsos fatales 
De fuerzas y elementos naturales. 
Con orden siempre el mismo, nunca en guerra. 
La artista soberana 
De la persona humana, • 

Coronación y cima de la tierra ? 

¿Pudo el átomo ciego. 

Que á otros unió la mano del destino. 

La estatua bella concebir, y luego 

Con esplendor iluminar divino 

El; sagrario del alma, en que la idea. 

Lámpara de aquel templo, centellea ? 

Mucho la ciencia en el abismo labra, 
Inmensamente hondo, 
Buscando la verdad, que está en el fondo ; 
Mas su última palabra 
Aun es, pese á su celo y al carino 
Con que extiende los viejos horizontes 

Y allana del error los arduos montes, 
Balbuceo de niño. 

Preludio vago de ave. 

Que siendo nueva, gorjear no sabe. 

La ciencia en tal momento 
Mostrábase, pues, muda; 
Tampoco la piedad, que es sentimiento, 
Desvanecía entonces nuestra duda. 
Solo allí contemplábamos despojos. 
Ruina lastimosa 

De una pobre muchacha que fué hermosa : 
Sin fulgor los luceros de sus ojos, 

Y en la mejilla, como el mármol yerta, 
Una lágrima inmóvil y desierta ; 

Que forman los dos polos déla vida. 
Llanto al nacer y llanto á la partida. 

13 í 



98 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Larga toca de luto 
Parecía el cabello derramado 
Sobre su pecho enjuto, 
Por la fiebre con ansia devorado. 
Bajo la dulce curva de su frente, 
Que la pasión un dia 
De virginal pudor teñir soíia 

Y de matiz mas vivo y refulgente. 
Estaba al soplo de enemigo viento 
Apagado el hogar del pensamiento. 
¿En dónde la palabra luminosa, 
Irresistible imán de corazones ? 

¿ En dónde el labio de encendida rosa, 
Fresco nido de besos y canciones ? 

La voluntad, que en la materia manda 

Y á su antojo la mueve y esclaviza. 
No podia decir á la ceniza. 

Como á Lázaro Cristo : — ¡ Surge y anda !- 

Porque siendo potencia 

Del alma, con el alma tendió el vuelo 

Cuando ésta vio en el suelo 

Volcado y roto el cáliz de su esencia. 

Vencido el cuerpo y sin vital resorte. 
En vano era esperar que despertase 

Y al hombre cautivase 

Con su gracia infinita y gentil porte. 

Ni un ¡ ai ! ni un movimiento interrumpía 

De la muerta la calma ; 

El ritmo cadencioso no se oia 

Del corazón, el péndulo del alma. 

Permanecía en pié la duda grave 

Enfrente de la esfinge misteriosa. 

Que sin tregua y tenaz la ciencia acosa 

Porque del negro enigma dé la clave. 

En cumplimiento yo del deber mió. 
Que era buscar en el cadáver huellas 
Del mal postrero y aprender en ellas, 
Tomé, por fin, el escalpelo frió, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 99 

Cuya punta acerada 

Facilitóme, súbito, la entrada 

Del organismo, donde, aun yerto, vibra 

La presencia de Dios en cada fibra. 

Como el que sale de prisión oscura 
En que jamas de luz un rayo asoma, 
Dirigiendo los ojos á la altura 
— Si su impaciencia natural no doma — 
De mirarlo perdida la costumbre, 
Oféndele del sol la roja lumbre, 
Tal á mí deslumbróme aquel portento ; 
Mas pasado un momento, 
De la profunda mundanal miseria 
Ya no vi el espectáculo aflictivo, 
Sino de Dios alzado el templa vivo 
Sobre el escombro ruin de la materia. 

De cada fibra allí, de cada poro. 
Garganta y boca de órgano sonoro 
A mi grave atención, bi'otaba entonces. 
Mas robusto que el himno de los bronces 
Que en el aire de sí no deja rastro. 
El formidable hossanna repetido 
Por las cosas que son y las que han sido ; 
Desde el átomo al mar, del polvo al astro. 

El corazón allí ; de allí partía 
Cruzando inestricables laberintos 
Por innúmeros vasos y distintos, 
Como el agua que va por las montanas. 
De sangre y de calor vivo torrente 
Que de púrpura viste las entrañas, 

Y de reflejo ardiente, 

Y de apacible claridad de aurora 
— Kevelaciones del sentir — colora 
Del rostro humano el velo trasparente. 

¡ Sí ! yo vi á Dios al levantar el velo, 
La túnica inconsútil que cubría 
La interior armonía. 
Sublime cual la fábrica del cielo. 

Y vi la red de nervios prodigiosa 



100 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Por cuya tenue urdimbre el alma envia 
A otras almas su tierna simpatía, 
Su amargura ó la paz en que reposa. 
Por ella va la cólera que estalla 
Con el ronco rugir de los leones ; 
Por ella las risueñas ilusiones, 
Brisas en el ardor de la batalla. 
Ella sabe arrancar, mágico plectro, 
Al corazón sonrisas y gemidos ; 
Por ella, atravesando los sentidos, 
De la vida exterior pasa el espectro, 
Imagen de atractivos tentadores, 
Con todas sus grandezas y dolores. 

Y vi el cerebro, incandescente foco, 
Montaña de sublimes tempestades. 
Desde la cual el genio, audaz y loco, 
Lanza al mundo puñados de verdades ; 
Faros que persiguiendo su destino. 
La humanidad encuentra en el camino. 
Libre, serena, inviolable, augusta, 
Su trono la conciencia en él levanta : 
¿ Qué iniquidad la asusta ? 
I Qué tirano la espanta, 
Si su recinto, por desgracia de ellos. 
Lo selló el mismo Dios con siete sellos ? 

Allí el timbre indeleble, 
El blasón peregrino 

Que en su obra estampa el Hacedor Divino: 
¿Cómo temer que la razón despueble 
De su nativa fe los corazones, 
Siendo las dos de lo invisible escalas, 

Y al par las grandes alas 

Que los pueden subir á sus regiones ? 

Si el hombre, ser activo, inteligente. 
Que ve la antigua terrenal morada 
Por virtud de su genio trasformada 

Y el sudor generoso de su frente ; 
Que desafia y aprisiona al rayo ; 
Que á la aridez horrible del desierto, 
Por las ruinas del simoun cubiertq, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 101 

Pone la verde túnica de Mayo 

Haciéndolo mirarse á un tiempo mismo 

En el espejo diáfano de un Istmo ; 

Si el hombre, que con polvo del planeta, 

Aluvión de uno y otro cataclismo, 

Reconstruyendo va con ansia inquieta 

El pasado que duerme en el abismo ; 

Si todo el genio humano, 

Cuyo progreso encanta y maravilla, 

Solo por sí se agitaría en vano 

Para crear un mísero gusano, 

Un insecto, una humilde yerbecUla ; 

¿ Cómo esperar de la materia bruta, 

Sin voluntad, sin arte, sin conciencia, 

Que ni piensa ni siente, en absoluta 

Invencible impotencia, 

El milagro inefable 

Del hombre, criatura incomparable ? 

Mas el divino^aí pronunciado, 
La materia palpita, 

Y de luz bautizado 

El hombre au alto origen acredita. 

¡ Pobre muerta]! de allí — cuando en el frió 

Del barro elemental, aun no formada, 

Ei'as sombra gemela de la nada, — 

De la vida el rocío 

Cayendo, al punto fué tu forma bella ; 

Y el espíritu — estrella — 
Sobre tu frente levantóse luego 
Como lengua de fuego, 

Para decir al mundo tú con ella 

En tu veloz y doloroso paso : 

— ¡ Hija del cielo soi, no del acaso ! — 

Hoi, que evoco recuerdos de otros días, 
Cantado por la muerta de mi historia, 
Oigo un himno de gloria 
Que robustece las creencias mias. 

Pero no es la razón, no es un delito ; 
Antorcha, sí, que inextinguible creo ; 
Con ella Prometeo 



102 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Eu cada triunfo, que será bendito, 

Leyendo va gozoso 

Una página mas del infinito, 

Sin que el Dios que es mi Dios, Dios no celoso 

Como el antiguo Jove, 

Tema que el cetro y el poder le robe. 

Ventura Ruiz Aguilera. 



AL CUMPLE AÑOS 

DE S. M. , 

LA REINA GOBERNADORA DE ESPAÑA, 

DOÑA MARÍA CRISTINA DE BORBON. 



Alba esplendente del Abril lucido. 
Que á Iberia colmas de contentos mil, 
Yo te saludo de placer henchido, 
Alba serena del floroso Abril. 

Yo te saludo, estrella matutina, 
Porque tu faz la cuna iluminó, 
En que risueña, candida y divina. 
La regia Madre de Isabel nació. 

Yo te saludo, refulgente aurora, 
Pues por tu luz el despotismo, ya 
En antro oscuro para siempre mora. 
De donde nunca á destruir saldrá. 

Salves á tí también mi lira canta, 
Eeliz mil veces y radiante sol, 
Al ver que libre como tú levanta 
Su erguida frente el ínclito español. 

II. 

El español, sí, que un dia 
Cuando libre respiraba. 
El mundo le obedecía, 
Europa á su voz temblaba 
Y hasta Dios le protegía. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 103 

Pero su frente humilló 
Al despotismo cruel, 

Y el mundo no le acató : 
Burlóse Europa de él ; 

Y Dios le desamparó. 

Dios le dejó de sus manos, 

Y tiempos lloró azarosos. 
Siendo del Cid los hermanos, 
Presa de horribles facciosos 

Y de sangrientos tiranos. 
Hasta que el Sumo Hacedor 

Alzando la voz divina, 
Dijo : — "el astro salvador 
Luzca lleno de fulgor " — 

Y entonces nació Cristina. 

Y era flor de inspiración 
Como las rosas de Mayo , 
Querubín de bendición, 
Que vino á la redención 
De los nietos de Pelayo. 

Brotan sus ojos fulgores. 
Ámbar sus mejillas bellas. 
Su seno es nido de amores, 
Su rostro campo de estrellas, 
Su cuna un cielo de flores. 

Y el ibero le adoró 
Porque en su triste orfandad 
Habla, mié otras durmió. 
Perdido la libertad, 

Pero el heroísmo, no. 

Seguros de la victoria 
Vuelan por ella á la lid, ^ 

Fijan su nombre en la historia, 

Y la dan himnos de gloria 
Los descendientes del Cid. 

Y un cisne del Yumurí 

Que también del Cid desciende, 
Abre el pico de rubí, 
Sus alas al aire tiende 

Y canta su oriente así: 



104 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS 

III. 

Estaba el cielo de azul vestido, 
El alba apenas al despuntar, 
El campo alegre, verde y florido, 
Céfiro dulce rizaba el mar. 

La primavera mil atractivos 
Daba á los seres en su estación ; 
Pero los hombres eran cautivos 

Y érase un siglo de maldición. 

Cuando en su trono de Dios el Hijo 
Alzó la diestra con majestad, 
Miró á la tierra, dolióse, y dijo : — 
" Luzca la estrella de libertad.^' 

Al eco santo brilló la estrella 

Y el éter claro de la región 
Quedó encendido como la huella 
Que tras sí deja la exhalación. 

Oculta, pura brilló en su infancia, 
Después luciente se vio girar, 
Dejó elVesuvio, cruzó la Francia, 

Y Francia en Julio supo triunfar. 

Brilló en España Deten el vuelo. 

Cisne de Cuba, no cantes, no. 
Toda la Europa, y el sol, y el cielo, 

Y el mundo, digan lo que pasó. 

i Callaré España de tu tormento 
Los negros diás ? — Debo callar ; 
Pero que calle su nacimiento 
¿ Quién atrevido puede mandar ? 

Nadie en la tierra, ni el cielo mismo 
Querrá en olvido se pierda, nó. 
De aquella el lauro, que al despotismo. 
En el averno por siempre hundió. 

Y aunque álos malos el himno asombre. 
Que al gozo entono de tu natal, 
Cristina regia, tu sacro nombre 
Para los buenos será inmortal. 

Placido. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 105 

FRAGMENTO 

DE UN POEMA TITULADO 

"CUENTO DE AMORES." 



Pasaron los ardientes 
Calores del verano : 
Del álamo las hojas 
Amarillean ya. 
Las eras están limpias 
Y recogido el grano : 
La fruta sazonada 
Para cogerse está. 

De la fecunda viña 
Entre las anchas hojas 
Crecidos los racimos 
Empiezan á pintar : 
Las uvas de los negros 
Empiezan á ser rojas;. 
Los blancos trasparencia 
Comienzan á tomar. 

Se acerca la vendimia : 
De todos los lugares 
Anuncian los peritos 
Que llegan á sazón. 
Los cuébanos se aprestan, 
Se limpian los lagares, 
Se ajustan los obreros 
Que llegan en montón. 

Que al suelo castellano 
Para vendimia y siega 
En bandas numerosas 
Buscándose jornal, 
De Asturias y Galicia 
La muchedumbre lle^a, 
Dejando de sus riscos 
El áspero erial. 

14 



106 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

El ruido y movimiento 
Su turba forastera 
Con danzas y cantares 
Aumenta por do quier ; 

Y en tanto que los dias 
De su trabajo espera, 

Se apresta á las de afanes 
Con horas de placer. 

i Oh cuan alegre tiempo ! 
No hai época mas grata 
Al corazón sencillo 
Del franco labrador ; 
Ni oyeron cortesanos 
Tan dulce serenata 
Como el lejano acento 
Del buen vendimiador. 

¡Qué hermoso el campo entonces ! 
Cuál brilla en armonía 
El verde de los campos 
Con el celeste azul ! 
Las noches son serenas, 

Y el resplandor del dia 
Parece que se templa 
Con transparente tul. 

El aire atravesando 
Por la feraz campiña. 
Cubierta de verdura, 
A los sentidos trae, 
El fresco y deleitoso 
Perfume de la viña, 

Y la hoja que temprana 
Del álamo se cae. 

No tiene aura mas grata, 
Vivífica y salubre, 
De las primeras flores 
La mágica estación, 
Que la que trae Setiembre 

Y espií'a con Octubre 
De sus airados vientos 
Entre el rugiente son. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 107 

Estd es e] tiempo bello 
Fecundo en poesía 

Y pródigo en deleites 
Del genio inspirador. 
Sus auras son, cargadas 
De aromas y armonía, 

El soplo con que al mundo 
Anima el Criador. 

Sí, sí : la brisa fresca. 
Fugaz, murmuradora. 
Que arranca en el Setiembre 
La postrimera flor ; 
La ráfaga es que anima 
La llama creadora, 
Que en nuestras almas puso 
La mano del Señor. 

Sí, siempre fué el Otoño 
Mi dulce primavera, 
De poesía y flores 
Mi pródiga estación : 

Y aspiro yo con ansia • 
Su ráfaga postrera, 

Y en ella es donde bebo 
Mi nueva inspiración. 

Sí, ven, brisa de Otoño, 

Y aunque tus roncas alas 
El arboleda yermen 
Que cobijó un edén ; 
Aunque en zarzales tornes 
De mi verjel las galas, 

i Oh brisa de Setiembre 
Consoladora, ven ! 

Ven á templar el fuego 
Del abrasado estío, 
Ven á mi lira muda 
Cantares á inspirar ; 
Ven á rasgar las nieblas 
Do al pensamiento mió 
El perezoso Agosto 
Sepulta á mi pesar. 



108 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Ven, ven : pues si tu soplo 
Los árboles despoja 
De su opulento y verde 

Y ameno pabellón ; 
También es cierto, ; oh brisa ! 
Que en pos de cada hoja, 
Arrancas un instante 

De j»ena al corazón. 

Yo siempre te he querido ; 
' Constante y confiado 
Hete aguardado siempre 
Con invariable fe : 
Mil veces por tu vuelta 
Con ansia he suspirado, 
¡ Oh brisa de Setiembre ! 
Jamás te olvidaré. 

Ven ; ya para gozarte 
Se esplayan mis sentidos ; 
Mis labios entreabiertos 
Para aspirarte están : 
Atentos se preparan 
A oirte mis oidos, 

Y aguarda que le orees 

Mi rostro con afán. ¡ 

¡ Oh cuánto me embelesa 
Tu desigual murmullo, 

Y cuánto me enamora 
Tu vagabunda voz ! 
Cuan dulces pensamientos 
Halagan con tu arrullo 
Mi mente, cual tú vaga 

Y como tú veloz ! 

Mis ojos te imaginan 
En medio al remolino 
Que de agostadas hojas 

Y polvo desigual, 
Elevas revoltosa 

En medio del camino 
En tosca y momentánea 

Y rápida espiral. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 109 

Ya juzgo que te veo 
Entre la blanca tropa 
De fadas y de silfos 
Que van en tu redor; 
Las orlas arrastrando 
De tu flotante ropa, 
Y aún percibir sospecho 
Tu cuerpo sin color. 

Ya pienso que graciosa, 
Versátil, hechicera, 
Vestida de una nube 
Como tu ser sutil ; 
Cabalgas en el viento, 
Emanación ligera. 
De la frescura antigua 
Del bosque y del pensil. 

¡ Oh cuánto me embelesa 
De los torcidos troncos 
Mirar de una alameda 
Que á desnudarse va ; 
Huir una tras otra 
Entre suspiros roncos 
Las resonantes hojas 
Descoloridas ya ! 

El rio que susurra 
Bajo las verdes cañas ; 
El aura que se aduerme 
Entre una y otra flor ; 
El sonoroso arroyo * 

Que corre entre espadañas. 
No igualan tus rumores 
Con su gentil rumor. 

En ese incomparable, 
Monótono lamento 
Con que despide el árbol 
Sus hojas que se van ; 
Con que llorando implora 
La compasión del viento 
Que al paso le deshoja 
Sin comprender su afán ; 



lio POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Acaso no halla el vulgo 
Mas que el rumor penoso 
Del aire y de las hojas 
Que arrastra en pos de sí : 
Mas sus compases vanos, 
Lenguaje misterioso, 
Palabras escondidas 
Contienen para mí. 

Sí, brisa, en tus murmullos 
Y en tus errantes giros 
Entre las secas ramas. 
Alcanzo á comprender ; 
De espíritus ocultos 
La voz y los suspiros 
Con que á mi ser responde 
Su misterioso ser. 

No son las mentirosas 
Efímeras visiones 
Que en tí la fantasía 
Poética fingió : 
No son las ilusorias 
Sublimes creaciones 
En que inspií-ada aborta 
La poesía, no. 

Espíritus son esos 
Con pensamiento y vida, 
¡ Olí brisa ! porque siento 
Sobre tus alas ir. 
Los plácidos recuerdos 
De la niñez perdida, 
Las bellas esperanzas 
Del tardo porvenir. 

Tú tie\|des á mis ojos 
Cual vasto panorama 
Cuánto mi ser espera, 
Cuánto en mi ser pasó : 
Delante de mis ojos 
Tu aliento desparrama 
Los íntimos deleites 
En que me embriago yo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 111 

Las auras olorosas 
Del lujurioso Mayo, 
Mi espíritu adormecen, 
Enervan mi valor. 
Mi pensamiento embarga 
Letárgico desmayo, 

Y ¡ ai necio del que entonces 
Recuerde al trovador ! 

Del sol de Julio el fuego 
Inspira solamente 
Al moro que dormita 
Tendido en el liaren : 

Y acaso allá de América 
La perezosa gente, 
Tranquila en sus hamacas 
Le gozará también. 

Mas yo no cuento nunca 
Por horas de mi vida 
Las horas del estéril 
Estío asolador : 
A mí comienza el año 
Con mi estación querida ; 
Yo vivo cuándo mueren 
El árbol y la flor. 

Yo cuento solamente 
Por horas de mi vida 
Las en que siento ; oh brisa ! 
Sobre tus alas ir. 
Los plácidos recuerdos 
De la niñez perdida, 
Las bellas esperanzas 
Del tardo porvenir. 

Tú solo eres, otoño, 
Mi tiempo verdadero, 
Mi edad, mi primavera. 
Mi inspiración, mi Edén : 
Envidia tengo entonces 

De Píndaro y de Homero 

¡ Ven, brisa de Setiembre, 
Para mi gloria, ven ?.... 

JosE Zorrilla. 



112 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



FRAGMENTO, 



Va subiendo Jesús la cuesta ardiente 
Cargado con su cruz, rota la planta, 

Y sangre mana la divina frente', 

Y el pecho estertoroso se levanta. 

Miradle ya en la cruz ; su faz hermosa 
La muerte empaña con su denso velo, 

Y la mirada turbia y congojosa 
Trata con pena de elevar al cielo. 

Al pié del leño con mortal quebranto 
Transida de dolor, está María, 
Con la lívida faz bañada en llanto 
De angustia, de zozobra, de agonía. 

Jesús se estremeció : su boca helada 
Paso dejaba á su estertor profundo ; 
Apagóse en sus ojos la mirada, 

Y dobló la cabeza moribundo. 

A cubrir con su manto aquella escena 
La noche descendió de las alturas. 
Noche espantosa de fantasmas llena 
Que brotaron las rotas sepulturas. 

Y la tierra ondulaba palpitante 
Como el agua del viento sacudida, 
E invocó, de terror agonizante. 
El nombre de su Dios la deicida. 

Jerusalen ! Jerusalen ! tu frente 
Con sangre de tu Dios está marcada ; 
Tus hijos vagarán de gente en gente 
Como turba de buitres desbandada. 

El te enseñaba á amar, le maldijiste ; 
Te enseñaba á creer, y le negaste ; 
En tus manos se puso, y le vendiste ; 
Te enseEió á perdonar, y le mataste. 

Si desechas el bien, infame y loca, 

Y si en tu propio daño te recreas. 
En vano tu terror á Dios invoca : 
Jerusalen, exterminada seas ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 113 

TÚ, dulce, y pura y celestial María, 
La perfumada y candida azucena, 
Por tus horas de lúgubre agonía, ^ 
Por tu letal y dolorosa pena ; 

Cuando al sonido de la aguda trompa 
Venga el Señora demandarnos cuenta ; 
Cuando con mano justiciera rompa 
La misma creación que ahora sustenta; 

Y como masa de metal fundida 
Que va cercada de mortales vahos. 
Sin forma, sin color y sin medida 
Vuelva la tierra al primitivo caos; 

Recuerda por piedad, madre amorosa, 
Que, ya enclavado en el madero santo, 
Al escuchar tu súplicü llorosa. 
Su perdón se mezclaba con tu llanto. 

ESTELLER. 

EL PRONUNCIAMIENTO 

DE ASTURIAS 

oonsTTii^ :dt-a.I50IjE0IT, 

AL BIZARRO GENERAL 

DON EVARISTO SAN MIGUEL. 



Cuando el canon del Corso alucinado 
Retumbó en el hispánico horizonte, 

Y su horrísono estruendo propagado, 
Convulso repitió de Auseva el monte ; 
Llorando el patrio hogar tan profanado 
Miranda, Marcenado y Llano Ponte, 

¡ " A las armis !" gritaron, asturianos, 

Y destrucción y muerte álos tiranost 

15 



114 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

" Que se atreven hollar con planta indigna 
Del ínclito español el hogar santo, 
Pretendiendo aplacar la sed maligna 
En el puro raudal de nuestro llanto. 
Al recordar la paternal consigna, 
No debemos sufrir oprobio tanto : 
Para lavar tan degradantes hechos 
Rudo estalle el rencor en nuestros pechos. 

" A las armas ! astures valerosos, 
Levantad con ardor la heroica frente, 

Y ese pecho á los galos orgullosos 
En sangre goda presentad hirviente. 
Huyan amedrentados, presurosos 

Al sentir vuestro brazo armipotente 

i No mas degradación pava la España ! 
' . i Astures invencibles á campaña ! 

" ¡ A las armas ! patriotas ; nunca en vano 
Circule sangre ilnsti»e por las venas 
Del animoso, intrépido asturiano, 
Terror de las falanjes sarracenas. 
Mostrad vuestro ardimiento soberano 
En medio de esas trágicas escenas, 

Y al sentir el horror del dos de. mayo 
Partid, partid, furiosos como el rayo. 

" A nuestros padres cupo alto destino. 
Sus obras fueron obras de titanes : 
Ellos cerrar pudieron tu camino 
Del romano poder á los afanes. 
Ellos fueron el muro diamantino 
En qiie estrelló el muslim todos sus planes 
¡ Tierra de heroicidad ! ¡ tierra de gloria ! 
Portentos nada mas guarda tu historia. 

" Esas rocas altivas que los vientos 
En su saña implacable han respetado, 
Perdurables y dignos monumentos, 
Gloria excelsa del ásturo esforzado ; 
Cantan de nuestra raza los alientos 
En fiera situación, trance apurado : 
Sepan, una vez mas, tan grandes hechos 
Acreditar los asturianos pechos. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 115 

" Ahí está Covadonga la sagrada 
Pregonando tus épicas acciones : 
Allí aterró la redentora espada 
De Pelayo las áfricas legiones : 
Allí está nuestra gloria vinculada, 
Manantial de tan altas emociones : 
Los hijos de esa raza esclarecida 
Deben lidiar hasta rendir su vida. 

" Y lidiar os verán estas montañas, 
Templo de nuestras glorias mas querido, 

Y cavar y cavar en sus entrañas 
Tumba de oprobio al galo fementido. 
Mostrad al invasor de las Españas 
El pecho eu santa cólera encendido ; 

Y el corazón saltando de coraje 
Volad á vindicar el hondo ultraje, 

" Volemos todos, hijos de la gloria, 
A purgar nuestra patria de extranjeros, 
A borrar la señal infamatoria 
Que grabó su perfidia en nuestros fueros, 
A enaltecer la luz de nuestra historia 
Volemos, compatriotas, los primeros. 
Salve otra vez nuestra inmortal hazaña, 
Salve otra vez la dignidad de España " 

Y mientras duerme Europa envilecida 
Adorando las águilas del Sena, 
De terror miserable poseída 
Al cañón de Austerlitz, Frieland y Jena ; 
Al mimen de la patria conmovida 
Asturias se levanta, faz serena : 
( I ) Pásmase Albion cuando la vé arrogante, 
Desafiar á Júpiter Tenante. 

[1] Mr. Wellesley Pool, Hecretario del almirantazgo ingles, 
apenas daba crédito alo que oía, procurando con bosíü descubrir en 
el mapa el punto casi imperceptible qae osaba declararse contra Na- 
poleón. 

" Jamás, prorumpió admirado an el Parlamento inglés Mr. 
Sheridan, jamás hubo cosa tan valiente, tan generosa, tan noble 
como la conducta" de los astnrianos,"— Toreno, 



116 PORTAS KSPAÑOLBS Y AMERICANOS. 

Que fuaridt» del honor It llnma viva 
Inflama el corazón de los valientes, 
Lástima dan vuestra mirada esquiva, 
Vuestro poder, tiranos insolentes. 
Que 8Íel poder ea el amor no estriba, 
♦ No es poder; y bus furias impotentes. 

Miserable i error á un pueblo esclavo, 
Solo arrancan desden á un pueblo bravo. 

Y siempre fué mi patria la primera ^ 

En derrocar la torpe servidumbre, 
En presetitarla mas tenaz barrera 
, A la irrupción de extraña muchedumbre, 

Muestra en la lid la condición mas fiera. 
En U paz la más noble mansedumbre : ' 

Es Asturias un pueblo de Leones, 
Bienio muestran sus dignos infanzones. 

Arrastrados de un mismo sentimiento 
Parten todos tus hijos á campaña : 
En cada corazón late viülento 
Creciente horror ala invasión de España. 
Redobla, patria mia, tu ardimiento : 
Vuela á satisfacer tu digna saña : 
Vuela á medir tu genio valeroso 
Con el genio del bélico Coloso 

En el profundo piélago de horrores. 
Donde te arrastra la ambición impía, 
Grandes, como sus ínclitos mayores. 
Se presentan tus hijos, patria mia. 
Asombran á sus crueles agresores 
Tanto tesón y fiera bizarría ; 
Los desconcierta y lea infunde miedo 
De tus alcides el viril denuedo. 

Acciones dignas de inmortal memoria, 
Soberbio don de tus valientes hijos, 
Orgullosa registra nuestra historia 
De esa guerra de afanes tan prolijos: 
En lo que deben á la patria gloria 
Sus mas gallardos pensamientos fijos, 
Eeproducen tus clásicos portentos 
Y te legan insiguea monumentos. 

Evaristo Fombona. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS- 117 



AL MAR. 



Calma un momento tus soberbias ondas, 
Océano inmortal, y no á mi acento 
Con eco turbulento 
Desde tu seno líquido respondas. 
Cálmate y sufre que la vista mia 
Por tu inquieta llanura 
Se tienda á su placer. Sonó en mi mente 
Tu inmenso poderío, 

Y á las playas remotas de Occidente 
Corrí desde el humilde Manzanares, 
Por contemplar tu gloria, 

Y adorarte también, dios de los mares. 
Que ardió mi fantasía 

En ansia de admirar, y desdeñando 
El cerco oscuro y vil que la cenia, 
Tal vez allá volaba. 
Do la eterna pirámide se eleva, 

Y su alta cima hasta el Olimpo lleva. 
Tal vez trepar osaba 

Al Etna mugidor, y allí veia 
Bullir dentro el gran horno, 

Y por la nieve que le ciñe en torno, 
Los torrentes correr de ardiente lava. 
Los peñascos volar, y en hondo espanto 
Temblar Trinacria al pavoroso trueno : 
Mas, nada, ¡ oh sacr^ó mar ! nada ansió tanto 
Como espaciarme en tu anchuroso seno. 

Heme en fin junto á tí : tu hirviente espuma 
El alto escollo sin cesar blanquea, 
Do entre temor y admiración te miro. 
Inquieto centellea 

En tu cristal el sol, que al Occidente 
De majestad vestido huye y se esconde. 
¿ Dónde es tu fin ? ¿ en dónde 
Mis ojos lo hallarán ? Con pié ligero 
Tú te tiendes y corres, y llevado 
Cual en las alas de aquilón sonante 



118 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Mi espíritu anhelante 

Te sigue al Ecuador, te halla en el polo, 

Y endeble desfallece 

A tanta inmensidad. ¿ Te hizo el destino 

Para ceñir y asegurar la tierra, 

O en brazo aterrador hacerle guerra? 

Ai ! que ese resonante movimiento 
Me abate el corazón. Yo vi las mieses 
Agitadas del viento 
En los estivos meses, 

Y dóciles y trémulas llevarse, 

Y en seco son de su furor quejarse. 

Vi el vértigo del polvo, y vi en las selvas 

Contrastados también los altos pinos 

Sacudirse y bramar : mas no este ciego. 

Este hervir vividor, estas oleadas 

Que llegan, huyen, vuelven. 

Sin cansarse jamas : tiembla la arena 

Al golpe azotador, y tú rugiendo 

Eevuélveste y sacudes 

Una vez y otra vez: al ronco estruendo 

Los ecos ensordecen, 

Los escollos mas altos se estremecen. 

Cesa ¡ oh mar ! cesa ¡ oh mar ! ten compasivo 
Piedad del flaco asiento 
Que me sostiene exánime y pasmado. 
¿ No me oyes, no ? ¿y violento 
Te ensoberbeces mas ? Ya desatado 
El horrendo huracán silba contigo : 
¿ Qué muralla, qué abrigo 
Bastarán contra tí ? Negras las olas 
Amanera de sierras se levantan, 

Y en hondos tumbos y rabiosa espuma 
Su furia ostentan y mi pecho espantan. 
¿ Llegó tal vez el dia 

En que tras tanta guerra 

El paso vencedor des en la tierra, 

Y bramando allá dentro envuelvas ciego 
Playas, imperios y hombres infelices, 

Y al hondo abismo los sepultes luego 1 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 119 

Como cuando en tu vértigo espantoso 
La Atlántica se hundió. Con fuerte mano 
Las zonas todas de la tierra asidas 
Burlar pensaban tu furor, y en vano. 
Que al golpe redoblado, impetuoso, 
El eje poderoso 

Se sintió vacilante, y estallando 
Perdió su alto nivel : luchando entonces 
Las ondas con las ondas se encontraron, 

Y horrísonas cayeron. 

Y el orbe estremecido desgarraron. 
¿ Dó la región vastísima que un dia 
Desde Atlas á la América corría ? 
Destrozada, anegada, hoi solo dura 
En la fragosa altura 

Que de tanto furor salvó la frente : 

Dura ya solo en la memoria obscura, 

Que lleva, ¡ oh insano mar ! de gente en gente 

Los ecos voladores 

De tu antigua violencia y tus horrores, 

i Y tanta fué del hombre la Osadía 
Que los quiso arrostrar ! sube á los montes, 
Y^ tenaz porña 

De su mordaz segur humilla al suelo 
Al cedro que resiste á las edades, 
Al pino que se esconde allá en el cielo. 
Gimieron ambos cuando al mar lanzados 
En nadantes alcázares miraron 
Trocar su antiguo ser y su destino, 

Y al aire dando el vagaroso lino, 
Los leves campos de cristal surcaron. 

A Dios, amada playa ; á Dios, hogares : 

El hombre audaz en la orguUosa popa 

Os mira, os huye, y por los anchos mares, 

Al volver de las ondas se confia. 

En vano el rumbo le negaban ellas, 

El lo arrancó en el cielo 

Al polo refulgente y las estrellas. 

I Qué pudo desde entonces 
Negarse á su anhelar? Fiero y sañoso 
El alto Tormentorio amenazaba 



120 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERlCÁNÓé 

Con un mar de terror, y proceloso 
Las puertas del Oriente defendia : 
Mas vuela, rompe, y le sorprende Gama, 

Y los hijos de Luso al punto hollaron 

El golfo indiano y la mansión de Brama. 
Colon, arrebatado 

De un numen celestial, busca atrevido 
El nuevo mundo revelado á él solo. 

Y tres veces el polo 

Ve al impávido Cook romper los hielos 
Que áfuer de montes su rigor despide, 
Descubriendo el secreto vergonzoso 
Del yermo inmenso á que sin fin preside. 

¡Gloria eterna á sus nombres ! ¡ dadme rosas, 
Dadme lauro inmortal que adorne y ciña 
Sus frentes generosas ! 
Mirad la tierra á su divino esfuerzo 
Enriquecerse toda, y mil tesoros 
De 6U fecundo seno 
Benéfica brotar: mirad la aurora 
Unida al Occidente, 

Y al Septentrión el Sur. A este portento 
Furioso el Océano ♦ 
Es fama que gritó : " ¡Con que es en vano 
Haber yo roto el oi'be, y que tendiendo 

El valladar profundo 

De mis terribles ondas 

Un mundo haya negado al otro mundo .'" 

¿ Cómo después tan abundosa fuente 
De amistad y de unión tornarse pudo 
De estragos y violencias 
Perenne manantial '! Se alzó insolente 
La vil codicia y navegar con ella 
Se vio el odio fatal en los navios. 'y' 

¿No era bastante, impíos, 
Los vientos escuchar que en torno braman. 
Los escollos temblar, mirar el cielo. 
Cubrirse todo de espantosas nubes, 

Y arderse en rayos, álos pies hirviendo. 
Sentir el mar sañudo, 

Y una tabla sutil ser vuestro escudo ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 121 

Sin que á tan tristes plagas 
Añadieseis también la plaga horrenda 
De la guerra cruel? Ardiendo en ira 
Ella cruza, ella agita, y atronado 
El Ponto en sangre enrojecer se mira. 

Guerra : ; bárbaro nombre ! á mis oidos 
Mas triste y espantoso 
Que este mar borrascoso 
Tan terrible y atroz en sus rugidos ; 
¡ Que no fuese yo un Dios ¡ ¡ ob cómo entonces 
El horror que te tengo, el universo 
Te jurara también ! Ondas feroces. 
Sed justas una vez : ya que la tierra 
Muda consiente que la hueste impía 
De Marte asolad or brame en su seno ; 
Vosotras algún dia 
Vengadla sin piedad ; esas crueles. 
Esas soberbias naos, 
Que preñadas de escándalo y rencores 
Turban vuestro cristal con sus furores, 
Del cielo y vientos contrastar se vean, 
Y en ciego torbellino 
Todas á un tiempo devoradas sean. 
Tal vez así de la discordia el fuego 
No osará profanar el Océano, ' 

Tal vez el orbe dormirá en sosiego. 

Manuel José Quintana. 



16 



122 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



CONTEMPLANDO IL RETRATO DE...... 



Mas i ay ! entre tanto te vas á oti'os climas, 

Allá donde acaso jamas te veré ! 

Fernando Velarde. 

Imagen fiel y preciosa 
De la mujer que en mi mente 
Encendió la esplendorosa 
Llama del amor ardiente ; 

De la mujer que la calma 
Eobó al infelice pecho 

Y ha sumergido mi alma 
En un vendaval deshecho ; 

En tí contemplo los ojos 
De aquel ser idolatrado 
Cuyo brillo diera enojos 
Al lucero mas preciado : 

Su tez fina y trasparente, 
Su encantadora mirada, 
Lo puro de su alba frente 

Y su boca sonrosada. 

La sonrisa encantadora 
De sus labios purpurinos. 
Mas hermosa que la aurora 
Con sus lampos diamantinos: 

De su seno levantado, 
De su cuello alabastrino 
El brillo, que no ha manchado 
Del tiempo el rudo camino. 

Pero ¡ ai ! al querer ansioso 
Aspirar su dulce aliento ; 
De su pecho voluptuoso 
El divino sentimiento ; 

Y contemplar de su mano 
La delicada blancura, 
Su continente lozano 

Y su admirable cintura ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 123 

Hallo tan solo perdida 
Mi mas hermosa esperanza 
De verte, mujer, unida 
A mi eterna venturanza ! 



Y en tal amargura agitan mi pecho 
Las turbias borrascas del férvido amor ; 
Paréceme entonces la vida un estrecho 
Do tiene cabida tan solo el dolor. 

Y al ver la horrorosa, terrible distancia 
Que aleja y esconde tu ebúrneo perfil; 
Que á mi alma le priva tu excelsd fragancia, 
Eival de las flores de Mayo y Abril ; 

Que vela á mis ojos tu grande hermosura, 
Que impide á mi pecho tu aroma beber. 
Que arranea á mis labios tu intensa dulzura. 
Que roba á mi anhelo tus gracias, mujer ; 

Que impide á mis ansias febriles, ardientes, 
De amor encendido tus sienes besar ; 
Tejer de tus bucles los rizos lucientes, 
Sentir tus caricias, tu frente tocar ; 

Al ver esa horrible distancia que aumenta 
Tan fiera amargura, tan ígnea pasión. 
Desata sus furias la ruda tormenta 
Que ha tiempo amenaza perder mi razón. 



Y mágicos- delirios se forjan en mi mente 
Creyendo ver ansioso tu imagen relucir; 
La célica esperanza brillar sobre tu frente 
En tanto que tu labio comienza á sonreír. 

Y en torno á mí derramas tus gracias y embelesos 
Lanzándome miradas dulcísimas de amor ; 

Y mi aflicción consuelas con voluptuosos besos 
Dejando en tus mejillas las huellas del rubor. 

Y luego de tu imagen la luz se desvanece 
Dejándome sumido en honda oscuridad ; 

Y de tu voz sonora el eco me parece 
Oir, que me aconseja la fe y la caridad. 



124 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Oh, sí, mujer sublime ! la fe que mis mayores 
Legaron á mi alma tan pura y virginal, 
Amengua de mi mente los negros sinsabores 
Que oprimen cada instante las sienes del mortal. 

Por esa fe invencible yo tengo una esperanza 
Tan dulce, tan hermosa, tan rica de ilusión, 
Que en ella se cimienta la eterna venturanza 
Que anhela en este mundo mi pobre corazón. 

Mujer !..esa esperanza que aclara de mi mente 
Los túrbidos celajes, que alienta mi valor, 
Que aleja en un instante las nubes de mi frente. 
Es alcanzar tu inmenso, tu ambicionado amor. 

Si acaso el soplo horrendo del lúgubre destino 
Constante antagonista de dicha y de quietud. 
Nos lanza aquí en la tierra por desigual camino 
E impide así tirano mi eterna beatitud ; 

Yo espero que en las altas, purísimas regiones 
Do mora el Dios inmenso de gloria y majestad, 
Encuentre realizadas mis bellas ilusiones, 
Tu espíritu adorando por una eternidad. 

Pero ; ai ! mujer, en tanto, si yo llego á perderte 
¿ Qué hará en tan negro trance mi pobre corazón ? 
Tan «olo al meditarlo las sombras de la muerte 
Anublan mi semblante y ofuscan mi i-azon . 



Y mi pecho se encuentra encerrado 
En oscura y maldita prisión, 

De que nunca se ve libertado, 
Con su inmensa, terrible pasión. 

Y del lago maldito las Furias 
Se columpian en torno de mí, 

Y me ofrecen con viles injurias 
Un recuerdo incesante de tí. 

Y contempla mi vista anhelante 
Hondos cuadros de luto y horror, 

Y del mal el punzón penetrante 
Me traspasa con crudo rigor. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 125 

Pero elevo los ojos al cielo 
Invocando la excelsa mansión, 

Y se aparta á mis ojos el velo 
De tan fiera y letal confusión. 

Que ante el Dios de bondad y justicia 
Huye todo principio fatal, 

Y se aleja la torpe malicia 
Al mirar su reflejo inmortal. 

Esta es, mujer, la vida de tormento 
Que paso sin mirarte noche y dia, 
Sin oir de tu ser el movimiento, 
Ni de tu voz la ingénita armonía. 

Yo necesito tu amorosa esencia 
Como los campos la risueña aurora, 
Como el sol la zafírica eminencia. 
Como la miel el ave libadora. 

Tú tienes para mí lo que la palma 
Para el viajero, que de sed rendido, 
Eecobra con su jugo dulce calma 

Y á su sombra descansa dolorido. 

Lo que las flores para el claro rio, 
Lo que las brisas para el pecho ardiente, 

Y lo que el fresco, matinal roció. 
Para el estivo, abrasador ambiente. 

De tus pasos la huella primorosa 
Con ferviente ansiedad yo besaría. 
De tus ojos la perla mas hermosa 
Con avidez mi labio bebería. 

Sí, mi primer amor, ciego te adoro. 
Como al sueño el cansado caminante ; 
En vanoá Dios en mi ansiedad imploro, 
Que no se calma mi pasión constante. 

Y si acaso llegare á tu retiro, 
Salvando tan inmensas extensiones, 
El eco del dolor que yo respiro, 
Estampado en mis férvidas canciones ; 



126 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Dedícale, mujer idolatrada, 
De tus dulces luceros desprendida. 
Una perla de amor, que á mi morada 
Traiga el mar en sus ondas confundida. 

Manuel Fombona Palacio. 



A MI MADRE. 



Mírame, i no me conoces ? 
i Tan mudado, madre, estoi ? 

Zorrilla. 

cknsado de luchar, madre querida. 
Con la cínica y torpe indiferencia 
De ese mundo que acaba con su vida 
Sin mirarse á la luz de la conciencia : 
Muerto ya el corazón, y destruida ^ 

Mi virginal y candida inocencia. 
Solo veo en redor tristes despojos 

Y se vuelven á tí mis yertos ojos. 

Aprisionado entre los dulces lazos 
Que tu pasión forjó para mi infancia. 
Yo dormitaba en tus amantes brazos 
Con el sueño feliz de la ignorancia : 
De pronto desperté, rompí en pedazos 
Tus cadenas de amor y mi constancia, 

Y me lancé, sediento de emociones, 
Al proceloso mar de las pasiones. 

Soñaba en un amor que no concluye 
Cuando el hombre es vencido por la muerte, 
Paraíso eternal que no destruye 
El crudo cierzo con sii empuje fuerte ; 
Angélico vapor que restituye 
Dulce savia vital al cuerpo inerte ; 
Emblema del Señor uno y eterno, 
Ventura celestial, gloria é infierno. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 127 

Y soñando vi ninfas seductoras ; 

Y siguiendo frenético su huella 

Se emponzoñaron ¡ai! mis gratas horas, 
i Por qué no supe que la flor mas bella 
Guarda en su tallo espinas punzadoras 
Que dejan en los dedos honda mella ? 
¿ Por qué no vi que en el placer impío 
Se ocultaba el veneno del hastío ? 

El mundo me ofreció gloria y ventura, 

Y embriagado de amor, corrí sediento 
A beber el placer y la locura 

En la copa letal del sentimiento ; 
No vi que se ocultaba la amargura 
Tras el fúlgido y loco pensamiento 
Que me hizo ver con célicos colores 
Un mundo de deleites y de amores. 

Busqué y volví á buscar arrebatado 
La ventura y la dicha presentida ; 
Mas al llegar al puerto suspirado, 

Y cuando mas hermosa vi la vida 
Desperté de mi sueño sonrosado : 

i Qué triste es despertar, madre querida, 
Cuando le queda, en aparente calma. 
Vergüenza al corazón, pavura al alma ! 

Desvanecido el torpe devaneo 
Que sujetaba ayer mi inteligencia 
En los pliegues de impúdico deseo, 
Aspirado el placer hasta la esencia, 
Un bálsamo á mis penas entreveo : 
Implorar tu piedad y tu clemencia, j 

Y demandarte, madre, aquí de hinojos, 
Que tornes á mi faz tus bellos ojos. 

¡ Mírame, y haz que olvide los dolores 
Que tu purpúreo labio me predijo ; 
Mírame y templa, madre, tus rigores : 
Una mirada sola de tí exijo ! 
Torna la faz risueña, no más llores, , 

Aquí me tienes ya ; yo soi tu hijo ; 
El hijo que deplora tu quebranto, 

Y que aspira á beber tu dulce llanto. 



Í28 1»0BTAS ESI'AÑOLÍiS Y AMERICANOS. 

El amor por que ansioso suspiraba 
No era locura, no, no era locura ; 
Mi suspiro doliente no vagaba 
Perdido en un desierto de amargura ; 
Tu amor le recogía y le guardaba 
, , En el fondo infeliz de tu alma pura, 

Y en tu infecunda soledad, bien mió, 
Llorabas mi pasión y mi extravío. 

Y te olvidé ; y deshice aquellos lazos, 

Y á otros amante fui ; madre, perdona 
Mi locura y estréchame en tus bi'azos. 
Que mi inocencia el extravío abona : 
Hoi, ya mi corazón hecho pedazos, 
Tu vida con mi vida se eslabona : 
Tórname, cariñosa, tu mirada 

Y muera yo á tus pies, madre adorada. 



EUSEBIO SiERKA. 



LA MAÑANA. 

Aquí, sobre la loma 
Que viste de verdor la primavera. 
Mi enamorado corazón espera 
La luz del sol que en el oriente asoma. 
Brilla el pálido cielo todavía 
Con la luz de la luna, 
Que al despedirse su esplendor le envía, 

Y las blancas estrellas una á una 

Se van hundiendo en la región vacía. 

La antorcha luminosa 
Que alumbra el uoiverso y lo fecunda. 
El sol que enjendra la mañana hermosa 

Y el brtjo suelo en claridad inunda 
Ya brilla, ya se enciende, 

Y de gloria inmortal la sien ceñida, 
Por los espacios hiende, 
Derramando el calor, la luz, la vida. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 129 

Ved ! llegóse el instante, 
Bóveda de zafiro son los cielos, 
Riquísima y brillante. 
Cual vaporosos velos 
Las nubes por rendirle vasallaje 
Se apiñan, se amontonan, 
Copiando el oleaje 
Con que su faz los piélagos coronan. 

El sol en cambio explendoroso y bello, 
Al desprenderse de la sombra oscura 
Conque la tierralo enlutó, les manda 
Su mas puro destello, 

Y entre sus senos límpido fulgura. 
Aquí forma una randa 

De oro y de viva grana, allí perfila 
Otra nube de armiño blanca y sola 
Que en el azul sin límites vacila, 

Y al fin su seno enciende y arrebola. 
Aquí doseles y guirnaldas pinta. 
Aquí bosques, palacios y figuras 
Donde la luz desciende, gira y sube. 
Ora cual leve cinta. 

Ora cual rojo y encendido rayo, 

O cual copo que en vez de aérea nube 

Semeja un ave de plumaje gayo. 

Y es un lago el oriente 

De vivísima luz rota en colores, 

Donde finge la mente 

Olas y olas de espléndidos primores. 

En medio de ese piélago de lumbre. 
Cual roja bomba el astro se estremece, 

Y ya del monte la afilada cumbre 
Al verlo se esclarece. 

¡ Salud, oh sol ! la tierra envanecida 

Te abre su fresco seno, 

Que por tí agradecida 

Mañana ostentará de frutos lleno. 

El bosque solitario himnos exhala 
En su lenguaje místico, el torrente 
Que entre coposos céspedes resbala 
Con inquieta corriente, 
17 



130 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Mezcla su voz al ele canoras aves 

Que en armónico acento 

Pueblan la tierra y la región del viento. 

Despliegan entre tanto 
Sus aromosos cálices las flores, 

Y desgarrado de la noche el manto 
^ Al rayo virginal de la mañana, 

Muestra natura ufana 
Sus tesoros, sus pompas, sus colores. 
El triste sauce y el granado muelle 
Doblan sobre las aguas sus plumeros ; 
De sombra y luz matízanse los prados 
Do brillan esparcidos los ganados, 
Coíi BU tranquila independencia fieros. 

Y allá lejos, del hombre la morada 
Se entreabre á tus rayos matinales, 
Al plácido rumor de cien raudales 

Y por brumas levísimas velada ; 
Como se ve la luz del pensamiento 
De la mente en el fondo 

Nacer, brillar, crecer y dilatarse. 
La oiiebla del error despedazando 

Y el corazón, cual sol, iluminando. 

¡ Sol, imagen de gloria y de ventura. 
Sal y recorre el anchuroso espacio 
Con pompa y majestad ! La noche oscura 
Sus velos torna en púrpura y topacio. 
Sus perfumes te brinda el verde suelo, 
Nacidos en el cáliz de sus rosas, 
Por las alas del aura acariciadas, 
Con perlas y diamantes salpicadas 
De fuentes rumorosas. 

Todo respira encanto y alegría ; 
Todo un himno de amor ¡ oh sol! te envía. 
Ah ! si también tu resplandor de gloria 
Brillara para mí, rei de natura ! 
Si finara la noche de mi vida 

Y al fin rayara el alba de ventura ! 

Y no que solo acentos de agonía 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 131 

Cuando todo de amores se estremece, 
Me arranca del dolor la mano impía, 
A par que el sol refleja su luz pura 
En la lágrima fria 
Que mi semblante pálido humedece ! 

Borda. 



DIOS T LA MUJER CULPABLE. 



Sentado en una peña, 
Inclinado á la tierra el rostro augusto, 

Y los largos cabellos extendidos ; 
En las arenas dibujaba el Justo 
Signos desconocidos. 

Ante él, el pueblo airado, 
Castigo, con furor, le demandaba 
Contra una mísera mujer impía, 
Que su terrible lei apedreaba 
Con bárbara alegría. 

La multitud inquieta. 
Las voces con mas fuerza repetía : 
Gime de horror la víctima, y de espanto ; 

Y él, inclinando la cabeza, en tanto, 
A nadie respondía. 

Con majestuosa pausa, 
Al fin, alzando la divina frente, 
Al pueblo turbulento y agitado, 
Kespondióle con voz omnipotente, 

Y acento sosegado : 

— " Aquel de entre vosotros 
Que no tuviere culpa ni pecado. 
Acuse con justicia inexorable, 

Y la primera piedra, denodado. 
Arroje ala culpable." 

Avergonzado el pueblo. 
Se alejó, al escucharle, con presteza ; 
La víctima besó sus pies gimiendo, 

Y otra vez, inclinando la cabeza. 
Siguió Dios escribiendo. 



132 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



A ROMA. 



The Niobe of nations 1 — There she stands 
Childless and crownless m her voiceless woe., 

BYRON. 

¡ Salve, Eoma imperial — ¡ Alza la freüte 
Que en otro tiempo ornó fúlgida gloria ! 
No temas que mi lira irreverente 
Se atreva á profanar tu excelsa historia : 
Otra mas alta á la futura gente 
Cantará de tus hechos la memoria ; 
La mia llorará solo contigo 
Tu infortunio cruel — tu atroz castigo. 

¡ O matrona infeliz ! — Al ver tus penas 
I Qué corazón no rompe en tierno llanto ? 
¿ Quién al ver las durísimas cadenas 
Que tus manos oprimen, tu quebranto, 
Correr no siente en las hinchadas venas 
Indignada su sangre, y sacrosanto 
Fuego de libertad dentro del pecho 
Arder de los tiranos á despecho ? 

¡ Cuan débil hoi se vé, cuan abatida 
Del orbe la orgullosa soberana ! 
La que á un acento de su voz temida 
La gente vio europea y la africana 
De pánico terror sobrecogida 
Humillarse á sus plantas !^— ¡ Oh ! cuan vana 
Del mundo es la grandeza, y del destino, 
¡ Cuan mudable el favor y cuan mezquino ! 

¿ Qué fué de las indómitas legiones 
Que con potente esfuerzo, tremebundo, 
Al mando de Camilos y Escipiones, 
Leyes dictaron al vencido mundo ? 
¿ Dó tus Brutos están, tus Cicerones, 
Tus Cocles y tus Curcios, de profundo 
Patriotismo y saber ? ¿ Dónde tus leyes. 
Emperadores, cónsules y reyes ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 133 

¿ Dónde están tus poetas inmortales, 
Tus Ovidios, Virgilios, tus Horacios, 
Que poblaban de cantos celestiales. 
De la región del viento los espacios ? 
¿Dótus arcos de triunfo, colosales, 
Tus vastísimas thermas, tus palacios ? 
¿ Dónde la Roma está de Numa el justo, 

Y la altiva ciudad del grande Augusto ? 

¡ Ai ! Todo pereció — de allá del Norte 
Las bárbaras naciones ignoradas, 
Marchando en espesísima cohorte 
Sobre tí se arrojaron desbandadas : 
Dueño y señor de la opulenta corte. 
Emporio de las artes celebradas. 
Se entregó fiero el vencedor salvaje 
A muerte y destrucción, ruina y pillaje. 

Tal suelen, en confuso torbellino 
Los turbios aquilones adunarse, 

Y el sol oscureciendo matiitino 
Sobre el frondoso bosque abalanzarse : 
Ministros ciegos del poder divino 
Arrancan por igual, al acercarse. 

Los robles corpulentos, las encinas, 
Las plantas y las flores purpurinas. 

Y convierten en árida llanura 
La fértil tierra que la selva umbría 
Con balsámico manto de verdura 
Del astro abrasador antes cubría: 
Se acoge de otra selva en la espesura 
El cervato que allí triscar solía 
En el herboso margen de la fuente, 
Mirándose en su linfa transparente » 



— Detras de tus antiguos, fuertes muros, 
Antes del universo venerados, 
Al placer entregábanse seguros 
Los hijos de tus hijos degradados ; 
Mas del Omnipotente, los oscuros 
Decretos por los hombres ignorados 
Quisieron que triunfara en aquel día 
Del bárbaro feroz la valentía. 



134 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Huyen la cruda muerte, presurosos 
Soldados y cobardes generales, 
Alaridos lanzados dolorosos ; 
Tal se hundieron los dioses infernales 
Del Erebo en los antros pavorosos 
Cuando el hora sonó en que los umbrales 
Llegó á pisar del Tártaro profundo, 
Lleno de gloria el Salvador del mundo. 

Mas del horrendo estrago tú saliste, 
Celeste religión, inmaculada, 

Y culto y homenajes recibiste 
De la bárbara gente despiadada : 

Y de en medio al informe resto, triste, 
De la ciudad altiva, profanada, 

Cual faro de salud, surgió divino 
El signo vencedor de Constantino. 

Cual suele la simiente arrebatada 
Del revuelto turbión al bosque umbrío. 
Por la región vacía transportada 
En la margen caer de undoso rio ; 

Y allí por la humedad fecundizada, 
Germinar á despecho del estío, 
Primei'o siendo arbusto, luego planta, 
Árbol después que al cielo se levanta ; 

Talla cristiana fe, pobre, sencilla. 
En un rincón nació de la Judea, 
Mas, presto, ¡ incomprensible maravilla ! 
Brilló en el orbe como inmensa tea : 
La sangre del cordero sin mancilla 
Que feroz derramó la gente hebrea, 
El fértil riego fué que en un instante 
De átomo que nació la hizo gigante. 

Tú sucumbiste, al fin, ciudad profana, 
De Caracalas sierva y de Nerones, 
De Cópiodos lasciva cortesana, 
Más tu ignominia fué que tus blasones : 
Sobre las ruinas de la fe pagana. 
Mayor del que fundaron tus legiones, 
Otro imperio se alzó mas duradero. 
Mas firme y respetado que el jprimero. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 135 

Imperio que nació do los humanos 
Imperios se anonadan. — La pobreza 
Fué su primera lei, sus soberanos 
En la humildad fundaron su grandeza : 
Los indómitos pueblos, los tiranos, 
A sus pies deponiendo la fiereza 
De los altivos pechos, homenaje 
Prestáronle de humilde vasallaje. 

Benignísimo imperio, cuya lumbre 
Extendieron sus claros adalides, 
Predicando la paz y mansedumbre, 
Sin negra usurpación ni crudas lides : 
Armados con la cruz que allá en la cumbre 
Del Gólgota brilló, nuevos Alcides, 
Contrastaron de frente al paganismo 
Hasta lanzarle en el profundo abismo. 

Tú fuiste, y entre todas, la elegida, 
i O Eoma ! como antorcha rutilante 
Que debia guiar á eterna vida 
A la extraviada humanidad. — Brillante, 
La faz, Nueva Sion, de tu caida 
Te alzaste mas hermosa y arrogante, 
i Esclava, al sucumbir, eras pagana ! 

Y al levantarte Eeina, eras cristiana ! 
Testigos de tu antigua prepotencia 

Quedan en pié obeliscos sobrehumanos, 
Libros de piedra, dó la humana ciencia 
Se pierde en oscurísimos arcanos : 
A los cielos en alta competencia. 
Se elevan de Antoninos y Trajanos 
Las eternas columnas, y trofeo 
Aún vive de tu fama el Goloseo. 

Descuella soberano monumento. 
De Agripa el Panteón esplendoroso, 

Y vive el Capitolio do el talento 
Las sienes ciñe del laurel glorioso : 

Y de las artes ínclito portento. 
Vecino ál padre Tíber majestuoso, 

Do la odiada mansión fué de un tirano, 
Inmortal se levanta el Vaticano. 



136 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS 

¡ Alza, pues, ó ciudad, la mustia frente, 
Torna á ceñirte la imperial corona. 
Viste el purpúreo manto, refulgente, 
Vuelve el cetro á empuñar, regia matrona ! 
El universo entero, reverente, 
Señora, cual un tiempo, te pregona, 
Y solo al resonar tu augusto nombre, 
Veloz palpita el corazón del hombre ! 

J. Heriberto García de Quevedo. 



LOS TRÓPICOS. 



FEAGMENTO DE UN POEMA TITULADO 
" EL PEREGRINO." 

Y en medio de las sombras 
Enmudece la voz del Peregrino, 

Y el rumor de las ondas solamente 

Y el viento resbalando por el lino 
Sobre el Fénix se oia, 

Que como el Genio de la noche huia 
-Én las alas del viento tristemente : 
Alumbrando sus huellas 
Sobre el azul y blanco las estrellas. 



i Qué bello es al que sabe sentir con la natura 
Pasar al Mediodía del circo tropical, 

Y comparar el cielo de la caliente zona 
Con el que pinta tibia la luz meridional ! 

¡ Los trópicos ¡..radiante palacio del Crucero, 
Foco de luz que vierte torrentes por do quier ! 
Entre vosotros toda la creación rebosa 
De gracia y opulencia, vigor y robustez. 

Cuando miró imperfecta la creación terrena, 

Y le arrojó el diluvio la mano de mi Dios, 
Naturaleza llena de timidez y frió, 
Huyendo de los polos al trópico subió. 



POETASr ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 137 

Y cuando dijo ¡basta ! volviéndole sus ojos, 

Y decretando al mundo su nuevo porvenir, 
El aire de su boca los trópicos sintieron 

Y reflejarse el rayo *de su mirada allí. 

Entonces, como premio del hospedaje santo. 
Naturaleza en ellos su trono levantó, 
Dorado con las luces de su primer mirada, 
Bañado con el ámbar del hálito de Dios ; 

Y derramó las rosas, las cristalinas fuentes, 
Los bosques de azucenas, de mirto y arrayan. 
Las aves que la arrullan con melodía eterna, 

Y por su linde rios mas anchos que la mar. 
Las sierras y los montes en colosales formas 

Se visten con las nubes, de la cintura al pié, 

Las tempestades ruedan, y cuando al sol se ocultan, 

Se mira de los montes la esmeraldada sien. 

Su seno, engalanado de primavera eterna. 
No habita ese bandido del Andes morador, 
Que de las duras placas de sempiterna nieve 
Se escapa entre las nubes á desafiar al sol. 

Habitan confundidos la tigre y eljilguero, 
Tucanos, guacamayos, el león y la torcaz, 

Y todos, cuando tiende su oscuridad la noche. 
Se duermen bajo el dátil en techos de azahar. 

La tierra de los polos vegetación exhala. 
Formando pabellones para burlar al sol, 
Ya que su luz desdeña, pues tiene del diamante, 
Del oro y del topacio magnífico esplendor. 

Naturaleza virgen, hermosa, rutilante, 
No mana sino vida y amor y brillantez : 
Donde cayó una gota del llanto de la Aurora, 
Sin ver pintadas flores, no muere el astro-rei ; 

Así como la niña de quince primaveras, 
De gracia rebosando, de virginal amor. 
No bien recibe el soplo de enamorado aliento, 
Cuando á su rostro brotan las rosas del rubor.. 

¡ Los ti'ópicos ! El aire, la brisa de la tarde 
Resbala como tibio suspiro de mujer, 

Y en voluptuosos giros besándonos la frente. 
Se nos desmaya el alma con dulce languidez. 

18 



138 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Mas ; ai ! otra indecible, sublime maravilla, 
Los trópicos encierran, magnífica-LA luz. 
La luz ardiente, roja, cual sangre de quince años. 
En ondas se derrama por el espacio azul. 

¿ Adonde está el acento que describir pudiera 
El alba, el mediodía, la tarde tropical, 
Un rayo solamente del sol en el ocaso, 
O del millón de estrellas un astro nada más ? 

Allí la luz que baña los cielos y los montes, 
Se toca, se resiste, se siente difundir; 
Es una catarata de fuego despeñada 
En olas perceptibles que bajan del zenit. 

Los ojos se resienten de su punzante brillo, 
Que cual si reflectase de placas de metal 
Traspasa como flecha de imperceptible punta 
La cristalina esfera de la pupila audaz. 

Semeja los destellos lumínicos, radiantes. 
Que en torbellino brota la frente de Jebová 
Suspenso en las alturas del Ecuador, mirando 
Los ejes de la tierra por sí á doblai'se van. 

Y con la misma llama que abrasa y viviñca 
La tierra que recibe los rayos de su .sien, 

E hidrópica de vida revienta por los poros. 
Vegetación manando para alfombrar su pié. 

Y cuando el horizonte le toma entre sus brazos, 
Partidas las montañas fluctuando entre vapor. 
Las luces son entonces vivientes inflamados 

Que en grupos se amontonan á despedir al sol. 

Enrojecidas sierpes entre doradas mieses 
Caracoleando giran en derredor de él, 
Y azules mariposas en bosques de rosales 
Coronan esparcidas su rubicunda sien : 

Y mas arriba, cisnes de nítido plumaje, 
Nadando sobre lagos con lindes de coral. 
Saludan el postrero suspiro de la tarde. 
Que vaga como pardo perfume del altar. 

Y muere silenciosa mirando las estrellas, 
Que muestran indecisas escuálido color ; 
Así como las hijas en torno de la madre 
Cuando recibe su alma la mano de mi Dios. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 139 

Si en peregrina vida por los etéreos Uaaos 
Las fantasías bellas de los poetas van, 
Son ellas laa que brillan en rutilantes mares 
Allá en los horizontes del cielo tropical. 

Allí las afecciones se avivan en el alma, 
Allí se poetiza la voz del corazón, 
Allí es poeta el hombre, allí los pensamientos 
Discurren solamente por la región de Dios. 

Un poco mas.. y el mustio color de las estrellas 
Al paso de la noche se aviva en el zenit, 
Hasta quedar el cielo bordado de diamantes 
Que por engaste llevan aureolas de rubí. 

Brillantes, despejadas, inspiradoras, bellas. 
Parecen las ideas del infinito Ser, 
Que vagan en el éter en glóbulos de lumbre. 
No bien que de su labio se escapan una vez. 

Y en medio de ellas rubia, cercana, trasparente, 
Con iris y aureolas magníficas de luz, 
La luna se presenta, como la Virgen-madre 
Que pasa bendiciendo los hijos de Jesús. 

José Marmol. 



INTKOÜUCCiON DE ÜN POEMA TITULADO 

"LA PASCUA PEISE^ÍJIIfilECCIOJ\ 
y EL día de los difuntos. 



El firmamento azul y el continente, 
Como las tumbas en silencio están : 
Solo resuena lánguido y doliente 
El vago estruendo del distante mar. 

La noche vierte plácido beleño. 
Confusa y soñolienta lobreguez ; 
Sus alas invisibles bate el sueño 
Y acaricia los párpados tal vez. 



140 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Quizá retumba en la mortuoria calma 
El rumor de los siglos que se van, 

Y escucha atenta y suspendida el alma 
De los astros la música inmortal. 

Yace en funesta soledad el mundo : 
Yo solitario y en vigilia estol : 
Yo solitario, en mi dolor profundo, 

Y el grande abismo ... el gran misterio ... Dios ! 

Virginal, melancólica y serena, 
Como el fantasma del primer amor, 
Sube á los cielos en bonanza plena 
La blanca solitaria del dolor. 

Su misterioso y pálido semblante 
Resplandece en la inmensa oscuridad, 
Imagen de miamor agonizante, 
Antorcha de la negra eternidad ! 

Las sombras de otros tiempos peregrinas. 
Suspiran moribundas junto á mí, 

Y levantan las músicas divinas, 

Que allá, entre sueños en mi infancia oí ! 

Misterios ! soledad ! melancolía ! 
Secretas vibraciones de otro ser, 
Venid y consolad el alma mia 
Que siento de pasión desfallecer. 

De mi existencia el insondable fondo 
Comienza tristemente á iluminar 
Una memoria, con áfan tan hondo 
Que convida á plañir y á sollozar. 

Doliente compañera de mi musa , 
Ilusión inmortal del porvenir, . 
Que me convida en oración confusa 
A postrarme en las tumbas y á morir ! 

A morir ! á morir ! para buscarla 
En la verdad consustancial del bien, * 

Y verla eternamente y adorarla 
En la santa ciudad , Jerusalen ! 

Todo me inspira doloroso tedio, 
Afán inútil y ansiedad sin fin ; 
No hai en el mundo para mí remedio. 
Señor ! Señor ! acuérdate de mí ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 141 

¡ Olí si besara mi abrasada frente, 
Frenética de amor una mujer, 
Mi vida de ternura falleciente 
Fuera un sollozo de inmortal placer. 

Beldad divina de mi amor eterno, 
Que en otros tiempos y otros mundos vi. 
Dame un abrazo cariñoso y tierno ! 
Keclina tu cabeza sobre mí ! 

¡ Oh, ven ! ven á escuchar de tu poeta 
El pobre y melancólico laúd, 
Mas triste que la triste violeta. 
Mas fúnebre que el fúnebre ataúd. 

¿ Por qué no vienes, adorada mia, 
A sentarte amorosa junto á mí ? 
¿ Has olvidado el inefable dia, 
El que temblando sollozar te vi ? 

¿ Por qué en tan triste soledad me dejas. 
Por qué me ocultas tu gloriosa faz, 
Y desoyendo mis amargas quejas. 
Te envuelves entre sombras y te vas ? 

También tú, entusiasmada poetisa. 
Has olvidado mi pasión fatal : 
También tú, mas sublime que Heloisa, 
i Misteriosa, fantástica, inmortal ! 

¿ También tú, peregrina del vacío, 
Ráfaga eterna de amorosa luz. 
Has olvidado el sentimiento mió. 
Tal vez temiendo compartir mi cruz ? 

También tú ! también tú me has olvidado 
En los hondos abismos de dolor ! 
Desventurado soi ! desventurado ! 
Desventurado eternamente soi ! 

Insondable, eternal melancolía 
Envuelve toda mi existencia ya : 
Cual la muerte está triste el alma mia, 
Como la nada solitaria está ! 

Si el grande abismo de aflicción te espanta, 
Que hemos abierto para mí los dos, 
Llora y levanta, serafín, levanta 
Una plegaria dolorosa á Dios ! 



142 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

¡ Ai ! no sabes, hermosa peregrina, 
Cuánto me aflige y atormenta el mal : 
La maldad de los hombres me asesina, 
Es un infierno mi existencia real. 

Como una roca que arrastró el torrente, 
En este pozo de impiedad caí : 
Nadie acaricia mi amorosa frente, 
Nadie levanta una oración por mí ! 

Los años mas hermosos de mi vida 
Contemplo melancólicos pasar, 
Cual turbias ondas que en fatal coi-rida 
Van á perderse al insondable mar. 

Cuando medito en mi dolor profundo, 
Si se olvidara el corazón de tí, 
Cual reprobo Luzbel me viera el mundo 
En hórridas blasfemias prorumpir. 

Yo que he sentido arrebatar mi alma 
De un gran destino el turbulento afán , 
Yo que he soñado con la eterna palma 
Del Dante, Milíon, Calderón y Ossian. 

Yo confundido en la bestial caterva, 
Yo que me abraso en generoso ardor, 
Yo que indomable en mi desgracia acerba 
Jamás mi frente doblegué al dolor. 

Yo cariñoso, entusiasmado, tierno, 
Eternamente condenado aquí ! 
Aquí ! en el fondo del abismo eterno. 
Cual bestia impura, cual soez reptil. 

Yo que en el alma turbulenta llevo 
Del bien eterno la inmortal visión, 
Yo que con alas de huracán me elevo 
A comprender la inmensidad de Dios ! 

Yo aquí en el fondo del abismo oscuroj 
Aquí enclavado en postración cruel, 
Bajo las plantas del demonio impuro. 
Tragando escoria y devorando hiél ! ! 

Levántate ! levántate ! alma mia ! 
Levántate, colérico león ! 
Levántate, terrífica y sombría. 
Levántate, cual súbito aquilón ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 143 

¡ Oh, no sabes ! no sabes que el poeta 
Es águila real del porvenir ? 
Levántate, cual rápido cometa, 
Ea órbita esplendente á refulgir ! 

Del genio osado el pensamiento ardiente 
Se inflama y triunfa en la futura edad ; 
Ai ! ,no te olvides de mi afán doliente, 
No te olvides de mí ¡ posteridad ! 

Mírame solo y de fortuna exhausto, 
Eternamente agonizar de amor. 
Mas dolorido que un amor infausto, 
Mas desgraciado que el doliente Job ! 

Todos mis huesos quebrantados crugen 

Y en espantosa contorsión están ; 

Y estas catervas que en mi torno rugen, 
Ai ! escarnecen mi amoroso afán. 

Estas amargas, plañideras notas, 
Ecos mui vagos de mis penas son ; 
Están ya todas mis entrañas rotas, 

Y aun arde en ellas generoso amor. 
Doliente, moribundo, abandonado, 

Como una sombra en la región polar 

¡ Ai, lágrimas de amor que he malogrado, 

i Ai, bendiciones y plegarias ¡ ai ! 

i Mi vida está ya seca, como el heno 
Que ardiente abrasa el africano sol, 

Y aun me carcome y me taladra el seno 
De la eterna ansiedad el escorpión ! 

¡ Oh ! si algún rayo de la gloria eterna 
Mi vida oscura iluminase aquí, 
Entusiasmada, tempestuosa y tierna 
Quizá volviera á florecer sin fin. 

¡ Oh estrella milagrosa del olvido ! 
¡ Oh siempre amorosísima ilusión ! 
Con cuánto afán al porvenir le pido 
De la gloria el divino resplandor. 

Una aureola para tí, bien mió, 

Y palmas y laureles para tí 

¡ Oh blanca peregrina del vacío '. 

i Por qué me has hecho desgraciado así ? 



144 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

i Nunca la sombra del eterno olvido, 
Cual vil mortaja cubrirá tu sien, 
Porque resuena mi inmortal gemido 
Allá en la negra eternidad mujer ! 

Espíritus de amor meditabundos. 
Que en la infinita soledad plañís, 
Desterrados quizá de aquellos mundos 
Que alllá entre sueños en mi patria vi ; 

Inteligencias generosas, hijas 
Enamoradas del eterno bien. 
Que en las supremas realidades fijas, 
Suspiráis por la mística Salen ; 

Vosotras que en seráficos arrobos 
Contempláis desde el valle del dolor, 
En cristalinos, rutilantes globos 
Reverberando el infinito amor ; 

Vosotras que volvéis hacia el olvido, 
Bañada en llanto la amorosa faz. 
Para ver si escucháis algún gemido 
De los amantes desgraciados .... ¡ ai ! 

Inteligencias santas y divinas. 
Enamoradas de la eterna )uz, 
Que traspasadas de hórridas espinas, 
De los dolores abrazáis la cruz ; 

Estupendas, terríficas visiones 
De la augusta y sublime eternidad. 
Del hondo porvenir generaciones 
Que en el divino pensamiento estáis ; 

Escuchad ! escuchad el alarido 
De un desgraciado que al morir de amor, 
Anhela redimir del negro olvido 
De sus amores la divina flor. 

Escuchad las dolientes melodías 
De un alma melancólica que va, 
Como el triste profeta Jeremías, 
A sentarse en las ruinas y á llorar ! 

Escuchad al poeta desgraciado, 
Quizá os deleite su amorosa voz. 
¡ Quién sabe los tesoros que le ha dado 
En sus bondades infinitas Dios .' 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 145 

Voi á contaros una historia triste, 
Estadme atentos, si queréis llorar : 
ÍEs una historia que en el alma existe, 
Cual blanca perla en el profundo mar. 

Fernando Velarde. 



SAF 0. 



Sus tumbos de plata las olas mecían 
Fingiendo las guerras de amor y esperanza ; 
Con varios colores las nubes hacian 
Grotescas figuras de horrenda semblanza : 

Figuras que al paso las auras fugaces 
Mudaban mil veces con juego ingenioso, 
Ya en largas serpientes, ya en lobos rapaces, 
Montañas de nieve, verjel de reposo. 

Plegaba la tarde su manto de rosa. 
Cual virgen que esconde nupcial vestidura, 

Y vierte en las galas su lágrima hermosa 
Por súbita nueva de infausta tristura ; 

Que es luto del dia la noche callada, 

Y el héspero anuncia la sombra llorosa ; 
Amor los desdenes ; vejez encorvada 
La paz de la tumba, la tétrica losa. 

Cual maga que sufre funestos pesares, 
Mas bella que Venus de Chipre y de Pafo, 
Se vio sobre un risco que baten los mares 
La musa de Lesbos, suavísima Safo. 

Cual fada de Oriente que mide el destino, 
Sus nítidos ojos clavaba en el cielo 
La sílfide griega de origen divino. 
Que sobre una roca detuvo su vuelo. 

i Qué pena la turba ? ¿ qué sombra espantosa 
La sigue, y enluta con negros colores 
Del seno abultado la gasa preciosa, 
La veste de nieve, la fimbria de flores ? ^ 
19 



146 iPOBTAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

• La bella que vierte sus lágrimas fieles, 

Si duro desprecio la aflige y ultraja, 
Por mas que en su adorno se prenda joyeles. 
Suspire y se duela, que viste mortaja. 

Confunden su vista de celos traidores 
Imágenes tx'istes y larvas que espantan, 
Que así como densos y oscuros vapores 
Al fin de la tarde del mar se levantan. 

Tropel de tristezas se nutre en su pecho, 
Formando con ellas confusa armonía 
Las olas que mueren en húmedo lecho, 
Con ¡ ai ! prolongado de eterna agonía. 

Ya mira las furias y el Erebo oscuro. 
Ya escucha rumores de un eco maldito 
Que dice tres veces : •' Faon es perjuro, 
" Te esperan las a^as del negro Cocito." 

Después entonaban diabólico coro 
De música flébil al féretro dada, 
Y súbitamente cortaban el lloro 
Fatal alarido, feroz risotada. 

La mísera Safo contempla su suerte. 
Sondea el abismo, se avanza y retira. 
Pues quiere primero cantar á su muerte, 
Que tiene eu su mano la mágica lira. 

"¡Oh, cielos ! lasólas 

• " Me ofrecen su espuma 
" Por lecho de pluma 
" Do duerma el dolor : 
" Insecto dorado 
" De un sol del estío, 
" Que no halla roció, 
" Fallece mi amor. 

" Los dioses nos dicen : 
" i Oh, seres ! amaos, 
" No amares el caos, 
" Dolor es desden : 
" Si eu ciego delirio 
" Rompéis la lazada, 
" Volved á la nada, 
" La tumba es un bien. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 147 

" i Faon insensible ! 

" Se acaban mis penas, 

" Helada en las venas 

" Mi púrpura está : 

" i Las sombras...-! ¡el Orco — '. 

" Ya muero entre horrores, 

" Sin beso de amores, 

" Sin lágrimas ! ¡ah....!" 

Al mar veleidoso lanzóse la hermosa 
Bajando á las aguas tras hondo suspiro. 
Cual caen del cáliz, marchita la rosa. 
Las pálidas hojas en lánguido giro. 

Murmuran los mares ; no hai ola serena 
Si besa su rostro, si toca el vestido, 
Que calle á las otras la súbita pena, 
Y así todas hacen funesto gemido. 

Al tímido rayo de luna callada, 
Que brilla un momento, su lumbre retira. 
Batiendo la espuma de linfa salada, 
Se ven los delfines jugar con la lira. 



Piloto de Albania, si tienes amores, 
Saluda con llanto la roca mas dura ; 
Será que en tu pena la lágrima llores 
Mas grata á los cielos, mas tierna, mas pura. 



Arola^. 



LA LUNA, 



En su argentado coche 
; Cuan bella se presenta, cuan graciosa 
La reina déla noche. 
Del monte erguido tras la cresta umbrosa 
Su imagen candorosa 
Copiada al natural, tiembla indecisa 



14S POETAS KSPAÑOLES Y AMERICANOS. 

En las ondas del limpio riachuelo, 
Que rizándose al soplo de la brisa, 
Parece alegre sonreír al cielo. 

Por ella iluminada, 
Con estruendo y fragor se precipita 
,, Ruidosa la cascada. 

Que el blanco mate de la nieve imita ; 

Dirían que recita, 

Despeñándose, un himno lastimero, 

Y sus mil y mil hilos centellantes, , 
Mirados de perfil en el reguero, 
Una lluvia semejan de diamantes. 

Serena se derrama 
Su vaga luz del bosque en la espesura, 

Y entre una y otra rama 
Abrirse paso al interior procura ; 
La espléndida verdura 

Del fino césped que el recinto alfombra, 
Con recortes fantásticos blanquea, 

Y al lado opuesto á la movible sombra 
Del alto pino el tronco se platea. 

, Cuan dulce el eco blando 
Oir allí del aura perfumada. 
Que llega saludando 
Con ósculos de amor á la enramada ! 

Y luego la miraaa 

Pasear en derredor de la alta esfera. 
Contemplando la marcha silenciosa 
De la triste y simpática viajera 
Que á su caro Endimion busca celosa. 

Flotante reverbero, 
Con sus suaves y gratos resplandores, 
Consuela al pasajero 

Y es terror de cobardes malhechores ; 
De Sirio los ardores 

Mitiga por doquier cuando aparece ; 
La negra tempestad calma y serena, 
Los errantes vapores desvanece, 
y el ancho mundo de alegría llena. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 149 

i Vén, vén, yo te saludo. 
Princesa de la noche ! Tus senderos 
Contemplo absorto y mudo 
Tapizados de estrellas y luceros ; 
Los montes altaneros 
Se ciernen, por gozarte, en el espacio; 
Todo en tu tibio resplandor se baña, 
La cúpula soberbia del palacio 

Y el umbral de la mísera cabana. 

El azulado pecho 
Levanta ya la mar antes dormida, 

Y en su arenoso lecho 

Te da, puesta de pié, la bienvenida : 
Del cielo suspendida, 
Por el alto zenit pura resbalas. 
De la vasta extensión te enseñoreas, 

Y sus leyes al piélago señalas 
Eegulando á tu arbitrio las mareas. 

•' No haíDios," dice el impío, 
i Y al blasfemar así te ve y admira í 
" No hai Dios," ; y en su extravío - 
Te vuelve á ver y pertinaz delira ! 
¿ Podrá, cuando te mira 
Con asombrados ojos, darse cuenta 
De aquel momento en que empezó tu viaje. 
De aquel próvido Ser que te sustenta. 
De la mano que guía tu carruaje ? 

" ¡ No hai Dios !" Y por doquiera 
Con elocuente voz su excelso nombre 
Proclaman la alta esfera, 
La tierra, el mar, el pez, el bruto, el hombre ! 
¿ Hai algo que no asombre. 
Algo que en ese universal concierto 
No pregone su inmenso poderío 
Desde el grano de arena del desierto 
Hasta el globo que flota en el vacío ? 

¡ Oh lámpara sublime. 
Potente imán que arrastra el Océano ! 
¿ Quién, quién al verte, dime. 
Del Supremo Hacedor no re la mano ? 



150 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Si eu su delirio insano 

La torpe lengua que le niega impía 

Prestar oido á la razón quisiera, 

" ¡ Tú existes, luego hai Dios !" exclamaria, 

Y con santo pavor enmudeciera. 

Kaimundo de Miguel. 



P O E S U . 



fantasía nocturna. 

" Para mí da la tierra tantos frutos, 
Nada el pez, pace el bruto, el ave anida ; 
Dos mundos ciñe el mar ; luce la luna, 
Alumbra el sol, y las estrellas brillan," 
Así en la humilde grama reclinado, 
Vuelta al cielo la frente envanecida, 
Soñaba el hombre, y de natura toda 
Señor, arbitro y dueño se imagina. 

En la copa de un álamo cercano 
Un águila caudal posaba altiva ; 
Tal como ardiendo el rayo entre sus garras 
Al pié de Jove se ostentara un dia : 
" Quién como yo, con su ademan clamaba : 
Las aves por su reina me apellidan : 
Si me place abatirme hasta la tierra, 
Cruzo de un vuelo la región vacía ; 

Y el rumor de mis alas al ganado 

Y al mísero pastor atemoriza : 

Si me place remontóme hasta el cielo ; 
Clavo en el sol la penetrante vista ; 

Y la nube que aterra al débil hombre 
Miro bajo mi planta suspendida." 

Al pié del árbol mismo entre la yerba, 
La luciérnaga apenas relucía ; 
Mas no meaos sus títulos de gloria 
Recordaba á la par desvanecida : 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 151 

" Los prados me dio el cielo por recreo, 

Las flores por morada y por delicia : 

Para mí sola el céfiro las abre, 

Las tiñe el sol, y el alba las rocía ; 

Me apaciento en la tierra como el bruto ; 

Las alas bato como el ave altiva ; 

Doi luz al hombre que camina á ciegas ; 

Y alguna estrella mi esplendor envidia." 

Entre tanto los astros lentamente 
Por el cielo su curso proseguían ; 
La tierra reposaba silenciosa ; 

El mar en la ribera se dormía 

Mas con un soplo el viento meció el árbol 

Y al águila ahuyentó despavorida ; 
Desgajóse una rama, y turbó el sueño 
Del que señor del orbe se creia ; 

Y al. miserable insecto hundió en el polvo 
Una hojilla del árbol desprendida. 

Martínez de la Rosa. 



LA MUERTE. 



Miradle : sobre púrpura sentado 
La copa del placer bebiendo está. 
Oíd : en su cantar regocijado 
Ai ! de dolor discorde sonará. 

" El hombre, del mundo rei. 
Siervo de la muerte vive ; 
Dicta á la tierra la leí : 
De la nada la recibe. 

Gloria y oprobio eslabona, 
Pero en desigual razón ; 
Seguros sus hierros son, 
Disputada su corona. 

No halla el hombre criatura 
Que á su cetro no resista ; 
Dios le da la investidura, 
Y él el poder se conquista. • 



162 ÍOBTAS BSPAÑOLWS Y AMERICANOS. 

Osado en su frente á herir 
Insecto mísero viene ; 
Que armas para herirle tiene 
Y alas también para huir ; 

Y ante las aras se ve 

1 De la muerte sin defensa 

El ínclito ser que piensa 
Con una cadena al pié ; 

Y la segur del destino 
Le postra al golpe fatal, 
Cual troncha cañas de lino 
Granizada colosal. 

Es resistir á la parca, 
Es huirla, insensatez : 
Con solo una mano abarca 
Del orbe la redondez. 

El hombre en tal situación, 
Para encubrir su flaqueza, 
Con visible sutileza 
Forjó la resignación. 

Y quiso hacerse creer 
Sofista consigo mismo. 
Que cabia un heroísmo 
En su falta de poder. 

¿ Por qué ese título falso 
De rei, hombre, se te da ? 
Tú eres un reo que va 
De la cárcel al cadalso ; 

Cuya muerte á proporción 
La retarda ó la acelera 
Lo largo de la carrera, 
O la prisa del sayón . 

¡ Ai ! para haber de arrastrar 
Esa precaria existencia, 
Esclavo de una sentencia 
Que no se puede evitar ; 

Yo en el caso de elegir 
Hubiera dicho : primero 
Quedarme en la nada quiero 
Que nacer para morir." 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 15c 

Así el hombre delira y se atormenta 
Luchando con idea tan cruel : 
Insecto que de flores se alimenta 

Y labra acíbar en lugar de miel. 
Tímido caminante ea noche oscura 

Se asusta del benéfico pilar 

Que próximo descanso le asegura 

Tras largo y afanoso caminar. 

Cáliz la vida por el fondo abierto 
Que al licor deja sin cesar huir, 

Y único punto al hombre descubierto 
La muerte en el nublado porvenir. 

¿Por qué dar á ese vaso y á esa meta 
Furtivas ojeadas de terror ? 
Mirarlos, sí, mas con la vista quieta, 

Y naciera del hábito el valor. 

Despavorido huyó la vez primera 
Que vio el salvaje el bélico corcel, 

Y osado luego á la temida fiera 
Clavó el harpon, y se vistió su piel. 

Si al término de todos los caminos 
Hai un despeñadero que rodar, 
¿Por qué en la hondura amontonar espinos? 
Eosas donde caer, conviene echar. 

¿ Y qué es morir ? ¿ qué es eso que desvela 
Tanto al hombre que eterno quiere ser? 
Hallar al fin la eternidad que anhela 

Y un vestido prestado devolver. 

No es el hombre la caja quebradiza. 
Forma perecedera si gentil, 
Que la mano del tiempo pulveriza 

Y restituye á su principio vil: 

Allí dentro un espíritu se encierra 
Noble, puro, de origen celestial ; 
Aquello es hombre, lo demás es tierra, 

Y aquello no perece, es inmortal. 
Sediento el hombre de ventura vive 

Y apenas en la vida la entrevé : 

i Sejca posible que la mano esquive 
Que de los cielos posesión le dé ? 
20 



15-1 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Breve es la vida. ¡ Brevedad dichosa 
Que los dias acorta de ilusión, 

Y nos lleva en carrera presurosa 
De la verdad á la feliz región ! 

¿ Qué pide la virtud en la bonanza ? 
¿ Qué anhela en la desgracia la virtud ? 
El piélago cruzar de la esperanza, 
Sirviéndole de barca el ataúd. 

El malvado que gima y se amedrente 
De rendir á la muerte la cerviz ; 
Huelgúese en la miseria de viviente 
Temeroso de ser mas infeliz ; 

Pero es al cabo por decreto eterno 
Desastroso el vivir del criminal, 

Y si en la muerte asústale el infierno 
Su vida es otro infiei'no temporal. 

Mezcla el hombre de espíritu y de lodo, 
Ya excepcionado de la lei común, 
i Por qué si su alma sobrevive á todo 
Mas pi'ivilegios pretender aun ? 

Esos orbes vivíficos de lumbre 
Que al mundo animan, y le dan color, 
Florones de la diáfana techumbre, 
O joyas del vestido del Señor; 

Esta del hombre equívoca morada. 
Cementerio con galas de jardín, 
Todo al voraz abismo de la nada 
Corre, y en él encontrará su fin. 

Y en medio del magnífico vacío 
Que llenará la eterna majestad. 
El hombre girará con señorío, 
Satélite de un sol divinidad. 

Plazo es la vida qu^ emplear debemos 
En adquirir felicidad mayor, 
Felicidad que adivinar podemos 
En los goces que dan virtud y amor ; 

Y consumir en quejas vanamente 
Los dias de este plazo de merced 
Es, en vez de limpiar escasa fuente, 
Cegar su vena y perecer de sed. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 155 

Muerte, centro de todo, lei temida, 
Mucho rigiendo, al abolirse mas, 
Porque el dia fatal de tu calda 
Contigo al Universo arrastrarás ; 

Ángel eres que al alma aprisionada 
Libertas de prolija esclavitud, 

Y ya del roce con el cuerpo ajada 
La vuelves á su hermosa juventud: 

i Muerte ! si tú me guías á los brazos 
De los seres que amé, de aquellos dos 
Que de mí se llevaron dos pedazos 
En el amargo, postrimer adiós ; 

Si al padre caro, si á la esposa amante 
Ya para siempre me uniré por tí, 
Si á la madre he de ver que tierno infante 
Primero la lloró, que conocí ; 

Ven, que tú eres la dicha, errado el nombre, 
Tú haces la vida dulce de dejar, 

Y tú puerto seguro das al hombre 
Que errante boga por inquieto mar, 

Hartzrnbüsch. 



EL IMPOSIBLE. 



FRAGMENTO DE UN POEMA DE ESTE TITDLO, DEDICADO AL 
ILUSTRE POETA RAMÓN DE CAMPOAMOR. 

INTRODUCCIOK. 

Oculto entre el follaje de la vega, 
Morisco por su traza y por su adorno, 
Hai de Granada en el sin par contorno 
Un carmen que el Genil fecunda y riega : 
Quien á su puerta llega 
Estrago y soledad y sombra mira, 
Todo allí al alma compasión inspira : 
.Por la rota pared el viento pasa, 



156 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y en el hundido patio de la casa 
La fuente melancólica suspira. 
Veinte años hizo ya que en una fiesta, 
Cansados de correr ápié y en coche 
La espléndida floresta, 
Llenándola de amor y de ventura, 
Dimos varios amigos una noche 

Con aquella mansión triste y oscura. 

¡ Noche feliz y breve, 

Cuyo recuerdo vive en la memoria ! 

La brisa fresca y leve 

Los dormidos cipreses arrullaba, 

Y á lo lejos en dulce murmurio 
Solemne se escuchaba 

Esa jamas interrumpida historia 

Que á peñascos y flores cuenta el rio. 

De un viejo cedro el colosal ramaje, 

De las estrellas el fulgor incierto, 

El graznido salvaje 

De algún ave nocturna sorprendida 

Por insólito estruendo inesperado. 

La imponente belleza del paisaje, 

Todo en aquel desierto 

A un tiempo encantador y desolado, 

Convidaba á los goces de la vida 

Por lo mismo quizá que estaba muerto : 

Y de la luna el rayo tembloroso, 

Y de la selva la quietud augusta. 
Brindaban al espíritu en reposo 

La visión que seduce y la que asusta. 

Movido por mi ardiente fantasía, 
Por misteriosa voz solicitado, 
A la puerta corrí que me atraía, 

Y del azar ó de la luz guiado 
Penetró en una vasta galería. 
Su rico alicatado 

Perdido los colores aun no había, 

Y en esbeltas columnas se apoyaba, 
Donde la hiedra el mármol encubriq, 

Y la silvestre higuera vegetaba, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 157 

Allá, en el fondo oscuro, 

Como adosado al muro, 

Un gallardo templete descollaba, 

Cuya bóveda, en parte por el suelo, 

Ver á trozos dejaba 

La bóveda magnífica del cielo. 

Miraba yo con ojos asombrados 

Aquel nido de amor roto y vacío. 

Cuando de un ajimez en los calados 

Distinguí vagamente 

Un papel, sobre el cual mi desvarío 

Adivinó impaciente 

Algunos caracteres ya borrados. 

Cogílo : entre sus pliegues escondía 

Un rizo de cabellos perfumados, 

Y el polvo al sacudir que lo cubría, 
En letra, á duras penas perceptible, 
Vi que el papel decía 

Ésto, ni más ni menos : ¡ Imposible ! 

La voz de mis amigos 
Sacándome del éxtasis profundo 
En que todo mi ser se sumergía, 
Me llamaba al descanso y á la cena ; 
Yo estaba allí sin miedo, sin testigos, 

Y preparado á disputar al mundo 
Aquella posesión, de encantos llena : 
La oprimí con placer entre mi mano, 
Cerca del corazón le abrí morada, 

Y mas dichoso que Colon y Elcano 
Al encentar la tierra suspirada, 
Con el terrible peso del arcano 
Volé á aspirar el aura embalsamada. 

La historia os contaré de esos cabellos : 
Conservados por mí como un tesoro, 
Vieron mis travesuras y amoríos. 
¿ Dónde están hoi ? lo ignoro ; 
¡ Ai, pero guardo de ellos 
Mas memorias tal vez que de los mios ! 

Manuel dei^ Palacio, 



158 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



LA ESENCIA PERDIDA. 



¡ Ai de la flor que á la mañana pierde ^ 
Como el alma su amor y su inocencia, 
Del viento ala merced su pompa verde, 

Y á la del sol su delicada esencia ! 

¿ Qué le importa que alegres en su vuelo 
La acaricien las auras sonorosas, 
Si no vendrán con fatigoso anhelo 
Su esencia á respirar las mariposas ? 

¿ Y á qué fin de sus hojas primitivas 
Guardar un resto, si fingiendo quejas, 
La esquivarán, pasando fugitivas, 
Cual yerba venenosa las abejas ? 

Serán desde hoi sus inodoras galas 
Fácil matiz de la campestre alfombra, 
Pudiendo deleitar, de las zagalas 
La blanca faz, con su amorosa sombra. 

No verá mas entre la niebla umbría 
Las tiernas magas derramando amores. 
Cuando bajen, aromas y ambrosía 
A beber en las copas de las ñores. 

¡ Ai del arbusto que se eleva erguido 
A impulsos de la blanda primavera, 

Y es el oprobio del jardín florido 
Quien para ser su galardón naciera ! 

¡ Malhadada la flor que en vano lucha 
Por aromar la brisa murmurante, 

Y un tierno adiós de gratitud no escucha 
Cuando deja su sombra el caminante ! 

Si pierden los capullos su ambrosía, 
Como el alma su amor y su inocencia, 
Plácida flor déla esperanza mía. 
No pierdas, no, tu delicada esencia. 

Pasa la vida delirando amores. 
Perdida en la ilusión de una quimera 
La esencia son de las tempranas flores 
Las ilusiones de la edad primera. 



POEMAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 159 

Tiende, bien mió, de tu mente el vuelo, 
No imites en tu curso á los que viles, 
Por no asaltar en su altivez el cielo, 
Usurpan su mansión á los reptiles. 

Aires mas puros con afán busquemos, 
Dejando el valle, en el alzado monte, 

Y embebecidos desde allí miremos 
Sin límites ni fin el horizonte. 

El rojo sol que los espacios dora 
Hollemos con el vago pensamiento. 
Porque bien sé que un paraíso mora 
Tras el turquí del azulado viento. 

Y sé también que por allí cargados 
Se columpian los céfiros de azares, 
Que son ios yermos, deliciosos prados, 

Y lagunas pacíficas los mares. 

Ni un áspid me contaron que se asoma 
Por entre el musgo de las lindas ñores ; 
Tiende allí el vuelo la gentil paloma 
Sin que tuerzan su curso los azores. 

La madre de los ángeles inflama 
El corazón de amores mas exento, 

Y hai un pastor que á los apriscos llama 
Las perdidas ovejas con su acento. - 

Traspongamos los céfiros suaves, 
Pues sigue á los osados la fortuna. 
Que el águila es la reina de las aves 
Porque vuela mas alto que ninguna. 

Y cuando el mundo sin pesar dejemos. 
Por si algunos lamentan nuestra huida, 
En pago de su amor les legaremos 
ElUauto que se vierte á la partida. 

Campoamor. 



160 Poetas españoles y ameuicanos. 



LA ERUPCIÓN DEL VESUBIO. 



Inmóvil, altanero, 
Refrenando su cólera irritada 
Bajo el cráter severo, 
Como guarda el guerrero 
El rojo rayo de su ardiente espada, 
Se lo fingió mi inquieta fantasía, 
Alzando altivo la soberbia frente 
Que en el inmenso espacio se perdia. 
Era el volcan ; mi mente abrasadora 
Su recóndito seno i 

Pretendió sorprender ; yo lo soñaba 
De eternas llamas y de furia lleno ; 
Yo adiviné las velas encendidas 
Que en su fondo redaban prisioneras 
En la cárcel del monte comprimidas. 
Su corazón de fuego 
Sentí que en sorda convulsión latía, 

Y audaz volando en mi delirio ciego 
Mi corazón como el del monte ardia. 

No era la azul magnífica montaña 
Donde murmura el aura lisonjera. 
Donde se eleva la gentil cabana 

Y duerme la tranquila primavera. 
No era la alegre y candida colina 
Donde el monje feliz levanta altares, 

Y el ruiseñor enamorado trina. 
Llenando con su música divina 
La agreste soledad de los pinares ; 
No era el galano y pintoresco monte. 
Coronado de espléndida hermosura, 
Que borda la extensión del horizonte 
Con línea inmensa de eternal verdui'a: 
Era el Vesubio ; el monte soberano ; 
El monstruo atroz ; la cárcel infinita 
Donde la misma mano 

Que destruyó á Pompeya y Herculano 
Su cólera tremenda deposita. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. l61 

El titán despertó ; la inmensa boca 
Del coloso potente 
Rompió el sudario de perpetua roca 
Al hervir de su bárbai-a corriente. 
El fuego es su puñal ; nada le arredra ; 
Lava vomita el cráter encendido, 
Como cañón de piedra 
Que estalla con horrísono estampido. 
Las peñas arden ; las umbrosas ramas 
De los vecinos árboles gigantes 
Son espectros de llamas 
Que agitan sus cabezas humeantes: 
Roja está la llanura, 
Rojo el monte y el mar; roja del cielo 
La azul y vaporosa vestidura ; 
Desiertos los hogares 
Que del volcan bordaron las orillas, 

Y alo lejos resuenan los cautares 

Del pueblo quo á los pies de sus altares 
Misericordia pide de rodillas. 

¿Dónde estará el viajero 
Que á su cumbre ascendió? ¿Dónde el camino ? 
¿ Dónde el fácil sendero 
En que durmió tal vez el peregrino .' 
¿ Dónde el pastor que alegre y confiado 
Al redil por las tardes dirigía 
El balador ganado 
. Que en el vecino prado 
De la fatal comarca se extendía ? 
¿Dónde los libres pájaros dormidos 
Que á la cumbre titánica ascendieron, 
Que allí formaron amorosos nidos 

Y que en los mismos nidos perecieron ? 
Las llamas encendidas 

Que en lo profundo del abismo brotan 
Destruyeron sus vidas ; 

Y en esas chispas que en el aire flotan 
Volarán en pavesas convertidas. 

También la humanidad desenfrenada 
Sobre un cráter camina ; 
21 



162 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

También lleva su rumbo desbordada 
Al abismo fatal y á la ruina . 
También devastadora 
Del porvenir le anubla el horizonte 
La gangrena social que la devora, 
Mas que la lava al corazón del monte. 
También ¡ ai ! como el rayo en el espacio 
Hierve secreta la siniestra lumbre 
/ Que amenaza la frente del palacio 

Como la lava del volcan la cumbre. 
Aplaca ya, Dios mió, 
De este monstruo el tremendo poderío ; 
Con un dogal anuda su garganta, 
Tú, que dijiste : e) Universo es mió, 
Y el mundo vaciló bajo tu planta. 

A. F. Grilo. 



CANTO A LA AMÉRICA DEL SUE. 



Cantemos esa zona magnífica y gigante. 
Mansión de los volcanes, América del Sur, 
De cuyas altas cimas el cráter vomitante 
Destruye las ciudades cual hórrida segur. 

Cantemos sus montañas, sus árboles, sus flores, 
Sus piélagos inmensos, su clima sin rival. 
Sus aves gigantescas, su cielo y los primores 
Qae encierra esa fecunda región meridional. 

AHÍ se ostenta el Ande, la cordillera ingente 
Que nace al mediodía y sigue al septentrión, 
En cuyas fuertes rocas su paso prepotente 
Detiene el implacable, mortífero Aquilón. 

Los ígneos Chimborazo, Pichincha y Antisana 
Se elevan en los campos del céntrico Ecuador, 
Y en la feraz y bella comarca boliviana 
Levanta el Illimani rojizo resplandor. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS 163 

Allí se mece el nido del cóndor altanero 
Que á las brillantes nubes eleva su volar, 

Y en árboles ignotos el colibrí ligero 
Variado en sus colores, sonoro en su cantar. 

Surcando los collados se ven las mariposas, 
Las tímidas perdices y el bello pavo-real : 
Palomas y turpiales de lenguas armoniosas, 

Y el ánade ligero del claro manantial. 

Saltando bulliciosos en ramas florecientes. 
El cardenal purpúreo y el ágil colorín, 

Y miles pajarillos de plumas relucientes, 
Orgullo del hermoso, meridional confín. 

De los agrestes campos alígera gaviota 
Extiéndese en su vuelo hacia el salado mar, 
Con avidez buscando el mástil de una flota 
En donde por la noche tranquila reposar. 

En frutos es América la zona mas fecunda. 
Allí se da el magnífico, el singular café, 
Que ya los hemisferios con su esplendor inunda, 
Eival siempi'e triunfante del afamado té. 

La planta que aromosa, somnífera y ardiente 
Levántase á los cielos en túrbida espiral, 

Y el grano que produce el líquido bullente. 
Delicia y atributo del suelo tropical. 

Extensos robledales y altísimas palmeras, 
La almibarada caña y el azulado añil, 

Y del precioso trigo fecundas sementeras 
Cubriendo las llanuras de tinte juvenil. 

Yvese allí la sombra de extensos platanales. 
La deslumbrante seda y el nítido algodón, 
Innúmeras praderas con árboles frutales, 
Las uvas, el dui'azno, la parcha y el limón. 

Adornan de esa zona las plácidas campiñas 
Dulcísimas naranjas de fúlgido color, 
Guayabos gigantescos y coloradas pinas 
De refrigente jugo y delicioso olor. 

El níspero frondoso y el imperial granado ; 
Entre las bellas flores el nítido clavel, 
Las diáfanas magnolias y el alelí morado, 
Do aladas mariposas aspiran dulce miel. 



164 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Las frescas azucenas y las fragantes violas, 
Los nardos ambarinos y el rojo tulipán, 
Pintados pensamientos y lindas amapolas. 
Mecidas por favonio benéfico y galán. 

Y blancas y gualdadas y purpurinas rosas 
La América transforman en célico pensil, 
Do siempre se respiran esencias aromosas, 
Mansión de eternas galas del delicioso Abril. 

Eaudales anchurosos <jue mares asemejan 
Eecorren apacibles su suelo bienhechor, 

Y las azules ondas fantásticos reflejan 
El campo, la montaña, los cielos y la flor. 

Con paso majestuoso por entre verdes tilos 
Se ven el Orinoco, el Plata yMarañon, 
Que ocultan en su fondo verdosos cocodrilos. 
Cetáceos gigantescos de anfibia condición. 

El ancho Magdalena sonoro se desliza 
Por suelo granadino hacia el Caribe mar, 

Y con sus limpias aguas el Tocantino riza 
Los brasileños campos que va á fertilizar. 

Su clima nunca encierra ni el fuego del verano 
Ni del letal invierno el frígido rigor ; 

Y lo brillante y puro del cielo americano 
Conduce el pensamiento á un mundo superior. 

Esa es la tierra víi-gen, mansión de bienandanza, 
De bellos horizontes espléndida región, 

Y suelo do se encuentran el bien y la esperanza, 

Y do recibe el numen vital inspiración. 

El Dios omnipotente que el Universo rige, 
Que presta á los espacios maravillosa luz. 
Que de astros numerosos las órbitas dirige, 

Y que arrancó á la nada su tétrico capuz ; 
Aquel que en la brillante región de las alturas 

Encierra los profundos arcanos de su Ser, . 

Y á, valles y desiertos, montañas y llanuras. 
Extiende los favores de su inmortal poder ; 

Aquel en cuya planta detiénense las furias 
De mares borrascosos y ruda tempestad. 
Que sálvalos mortales, perdona las injurias, 

Y da consuelo al triste y abrigo á la orfandad ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 165 

Coa su fecundo aliento formó esa maravilla 
Que llena de entusiasmo mi ardiente juventud ; 
Y reverente el labio y en tierra la rodilla, 
Adoro en mis cantares su gloria y su virtud. 

Manuei, Fombona Palacio. 



LA SANTA CRUZ. 

Al sabio y virtuoso Prelado lliistrísimo señor doctor Mariano 
Talavera, Obispo de Trícala. 

Et hixin tsBnebris lucet. 

Dame el arpa, oh señor, de los Profetas, 
El arpa de David y de Isaías ; 
El arpa en que anunciaron los poetas 
La encarnación y el triunfo del Mesías. 

Dame el arpa, oh Señor, á cuyos sones 
Se disipó la enfermedad del Mundo ; 
Y al sellar su ventura las naciones 
Temblaron las regiones del profundo. 

i El arpa celestial ! ! ! ya el torpe humano 
La oyó sonar en el confín remoto. 
Patente fué tu incomprensible arcano, 
Tembló el averno desquiciado y roto. 

Dame el arpa, oh Señor ; el arpa Santa 
De célicas, vibrantes armonías. 
Mi alma es soplo de tí, y á tí levanta 
Sus alas ¡ ai ! con el dolor sombrías. 

Dame el acento de la imcion Divina, 
Dame de inspiración la Sacra llama : 
Con tu soplo mi espíiútu ilumina, 
Con tu rayo de luz mi pecho inflama. 

Y cantaré con alma entusiasmada 
Los triunfos del pendón del Cristianismo, 
Los altos triunfos de la Cruz Sagrada 
Que destruyó el imperio del abismo. 



166 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

De la Cruz que del Asia en los confines 
La ])eicida Sion alzó sangrienta, 

Y al estruendo de bárbaros festines 
Selló Jerusalen su eterna afrenta. 

Sí; cantaré con corazón sincero, 
' Que tú me diste ardor y poesía 

Y eco vibrante, -varonil y entero 
Para cantar tu Gloria y la fe mia. 

Adán pecó : de su soberbia odiosa 
Expiación las iras de Dios fueron, 

Y sus hijos en guerra desastrosa 
Al divino anatema sucumbieron. 

El ángel malo se creyó triunfante. 
Ante el crimen primero sonreía, 

Y con la voz del huracán tronante 

/ " Quién cómo yo ! ! " rugiendo repetía. 

/ '• Quién cómo yo ! ! " de las flotantes nieblas 
Domino el poderoso torbellino ; 
Soi el potente Reí de las tinieblas, 
Húndete, humanidad, por mí camino." 

/ "Quién cómo yo ! ! " de la mansión fulgente 
Lanzado fui con ignominia y duelo : 
Yo descendí, mas en mi rabia ardiente 
Arrastré en mi caída medio Cielo." 

/ " Quién cómo yo ! " soberbio, poderoso, 
Con la raza de Adán que ya es mí esclava, 
Hasta el dosel del trono esplendoroso 
Con ira asaltaré potente y brava." 

" ¿Qué hará ese Dios cuando en revuelta nube 
Que hasta el cielo oscilando se levanta 
Vea el Infierno que esplendente sube, 
Mundo y espacio hollando con su planta .' " 

¿Qué hará ese Dios al verme frente á frente 
Poderoso como él. como él eterno. 
Los espacios llenando y el ambiente 
Con la sulfúrea llama del Infierno ? " 

/ " Quién cómo yo ! ! " detesto el firmamento, 

Y en la escasa laguna del diluvio 
Gocé al mojar mí paladar sediento 
Como el ardiente cráter del Vesubio." 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 1G7 

Así hablaba Satán. Mas en Oriente 
Apareció una estrella salvadora ; 

Y en Belén de Judá brilló fulgente 
De un nuevo dia la radiante aurora. 

Aurora bella, á cuyo aliento blando 
La infanda idolatría se desploma, 

Y el trono de los Césares temblando. 
Su luz vislumbra la pagana Eoma. 

Aurora cuya lumbre diamantina 
Más al través del tiempo resplandece, 
Siglo tras siglo sin cesar camina 

Y más su rayo fulgurante crece. 

Volved los ojos al confin lejano 
Do está la capital de la Judea : 
He allí la antorcba que alumbró al Cristiano 

Y apagó de Luzbel la negra tea. 

i Hela ! entre nubes de celeste lumbre 

Cual irradia su hermosa trasparencia 

Su apoteosis del Gólgota en la cumbre, 
Su reflejo en la suma omnipotencia. 

i Santa cruz 1 .' yo te adoro ¡ ! al contemplarte 
Mi mente corre una feliz historia, 
Brota mi inspiración, quiero cantarte ; 
Mas ¿ quién es digno de cantar tu gloria ? 

i Tu gloria ! que anunciando nueva era 
Convirtió mil gentílicas coronas, 

Y la fé de la Iglesia verdadera 

Por tí se infunde en apartadas zonas. 

Tú que de vil suplicio del Judío 
En emblema de un Mundo te tornaste, 

Y en pos de tu Divino poderío 
Entrambos hemisferios arrastraste. 

Tú que de la nefanda idolatría 
Abatiste los bárbaros pendones, 

Y diste excelsa en venturoso dia 
Dios, gracia y libertad á las naciones. 

Por tí el Imperio vasto del Oriente 
Halló de salvación fácil camino, 
Tu poder infundiendo ]a fe ardiente 
En el gran corazón de Constantino. 



168 POETAS ESPAÑOLAS' Y AMERICANOS. 

Y el Lábaro triunfal luz fué del Mundo 
Que disipó las nieblas del engaño, 

Y ardieron en denuedo sin segundo 
Las legiones de Pedro el Ermitaño. 

Tu divino estandarte fué el primero 
Que quebrantó del orbe las cadenas, 

Y al invocarlo el Galo y el Ibero 
Arrollaron las huestes Ágarenas. 

¡ Salve, sagrada cruz ! yo te saludo 
Ante tu inmensa faz puesto de hinojos ; 
Yo te contemplo reverente y mudo, 
Con tierno llanto en mis cansados ojos. 

A tí, que del espíritu maligno, 
Triunfante y fuerte la potencia hollaste, 

Y por la redención del hombre indigno 
En sangre del Mesías te regaste. 

En tí veo el consuelo y la esperanza 
En mi cruel dolor y mi amargura.: ♦• 
Si el mundo infausto su rigor me lanza, 
Mi alma en tí encuentra su eternal ventura. 

i Salve ! entona otra vez mi humilde verso, 
Aunque de sacra unción el alma llena : 
i Gloria ! ! cantando al Dios del Universo 

Y paz al hombre en la mansión terrena. 

Un Errante. 



A NINA. 



Si en esta noche en que infelice muero, 
Ah ! si brillara para mí un lucero ! 
Aun de la dicha correría en pos. 

Ai ! si tornara mi ilusión primera. 
Si á palpitar mi coraeon volviera, 
Como otro tiempo, cuando quiso Dios ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. l69 

Así ea el arpa que cantó otros dias 

De mi primer amor las alegrías, 

Mi amarga soledad lloró después. 
Tú llorabas también Mas el destino 

Quiso juntar tu corazón divino 

Con este corazón que tuyo es. 

Desde entonces tu mágica hermosura, 
Como un astro creciente de ventura 
Corona con su luz mi soledad : 

Y ante tí se disipa mi tormento 

Como al nacer el iris en el viento 
Se disipa la horrible tempestad. 

Por tí renace mi ilusión perdida. 

Por tí solo á la gloria de la vida 

Resucita mi muerto corazón ; 
Que tú no mas, en mi profundo duelo. 

Has abierto á mis ojos otro cielo 

De esperanza y de amor y de pasión. 

Así cuando en mitad de su carrera 
Se cansa el viajador, alta palmera 
Le brinda en el desierto sombra y paz : 

Yo así dichoso de placer respiro, 

Y alzarse un mundo de ilusiones miro, 
Cuando á mi lado, vidamia, estás. 

Algo en torno proclama mi ventura, 

Y una voz de dulcísima ternura 
Que " me amas " parece repetir; 

Me lo dicen tus labios si suspiras, 

Tus miradas de arcángel si me miras, 

Y tu mano la mia al oprimir. 

Y arrobado contemplo tu belleza 

En éxtasis de amor ; y la tristeza 
Que sublima tu faz cuando me ves. 

Y el lunar que en tu rostro me enajena, 

Y tu tímida mano de azucena, 

Y el color sonrosado de tu tez. 

22 



170 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Tus ojos como el brillo de la luna 
Que en la linfa de plácida^ laguna 
Ve complacido el pescador rielar ; 

Y tu pálido cuello blanca nieve, 

Como el cuello del cisne si se mueve 
Perlas dejando en el azul del mar. 

Toda tú me pareces, alma mia, 
El ensueño de gloria y poesía 
Que en su mente algún genio fabricó ; 

Un pedazo de cielo desprendido. 

De aquel soñado Edén el bien perdido, 
El bien que nunca el corazón halló. 

Tus mejillas los lirios de la aurora, 

Blanca tu frente do la gracia mora, 

Y tu seno de rosas y azahar : 
Tus crespos rizos ondeantes lianas ; 

Y tu boca fragancia de manzanas 
Derrama en el ambiente al respirar. 

Empero á tanto bien ¡ mísera suerte ! 

i Qué puede en su desdicha, qué,ofrecerte 
Mas que su pobre lira el trovador ? 
Palmas no tengo, ni laurel de gloria ; 

Mas te alzaré un altar en mi memoria 
Do arda eterno el incienso de mi amor. 

Felipe Tejera, 



EL SIGLO XIX. 



Sperate, et vosmet rebus sérvate secundis. 
Siglo, siglo vendrá de mas vergüenza, 

Virg. 

I Cuál móvil generoso te encamina. 

Cuál tus pisadas mueve, 
Cuál tus nobles instintos determina, 

Gran siglo diez y nueve ? 
Si es tan honda, tan honda tu doctrina, 
Y si yergues audaz la clara frente, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 171 



ínfulas de omnisciente, 
Sin pizca de pudor, manifestando ; 

¿ Cuándo conjuras, cuándo 

Las plagas que te aquejan, 
Y que tus glorias ni gozar te dejan ? 

Si del décimo octavo, 

Legítimo heredero. 
La brutal desvergüenza te aguijona, 

Bravo ! gran siglo, Bravo ! 

Dobla el rostro altanero : 

De tus sienes arranca esa corona, 

Que locos te ciñeron 
Los (\\ie grande, tan grande, te creyeron. 

Ya llevas terminada 
La mitad de tu reproba carrera : 
Hierve en tu corazón, reconcentrada 
De salvaje rencor, estuante hoguera. 

Un diluvio de males 
Lloverán tus pecados capitales. 

Brutal y descreído. 
Calculador, liviano y mentiroso, 
Para tí la ventura no ha nacido, 
Ni tendrás un instante de reposo. 

Los pueblos y los reyes 
Se aprestan ya para sangrienta lucha : 
Nadie la voz sagrada de las leyes. 
Cuando revienta el huracán, escucha. 

Los vínculos mas tiernos 
El furor de la liza los desata : 
Surgen odios fraternos, 

Y en lid descomunal nada se acata, 
i Cómo no ser universal la guerra, 
Si reina la impiedad sobre la tierra ! 

Los redomados tunos. 
Que pérfidos depravan tu destino, 

Y de vergüenza y de pudor ayunos, 

Te enseñan altaneros 
El liberal, el próvido camino 
De recobrarlas tablas de tus fueros. 

Son tus Evangelistas : 



172 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

¡ No á su cariño paternal resistas ! 

Gritan al ignorante — 
Al docto eres igual-hlzñ. la frente : — 

Gritan al indigente — 
Al rico eres igual-alza, el semblante. — 
^ Si encuentras en el docto algún desvío, 

Conozca pronto tu salvaje brío ; 

Y si el rico te extraña, 
Toda la hiél apure de tu saña. 

Y odio, odio profundo 

Hierva en el corazón de todo el mundo. — 

Tu amor á la igualdad es tan furente, 
Que despojando al genio de sus alas. 
Hundes en torpe lodazal su frente. 
Por no dejar vestigio de sus galas. 
Tienes, tienes razón : debe ofenderte 
Que la luz de sus rayos celestiales 
Te obligue á comprender tu indigna suerte, 
Escondida en tus torpes bacanales. 
En tan inicuo afán gasta la vida. 
Por lúbricos placeres arrastrada : 

¡ Avanza en tu sendero ! 
Marcha ! marcha ! del alma embrutecida 
La gloria es el placer : su fin postrero. 
Su refugio de amor, su Dios la nada ! ! ! 

Y tus nobles padrinos 

Te preparan magníficos destinos. 
Ellos consagran su saber profundo, 

Y los esfuerzos de su vida entera 
A cimentar la libertad del mundo, 
El lema primordial de su bandera. 

Libertad, libertad, 
Grap siglo diez y nueve, 
Es tu divinidad. — 

Y quieren con razón vernos iguales 
A todos, acordar igual derecho, 

Y entonces dejarán de ser rivales 

El pecho indigno y el valiente pecho. 
Igualdad, igualdad, 
Gran siglo diez y nueve, 
Es tu divinidad. — 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 173 

Para dicha mayor, somos hermanos, 
Hermanos todos, como manda Cristo, 

Patricios y villanos ; 
Aunque mas que nosotros, alguien listo 

En la sangre de Abel 

Sacie como Cain, 
Del pecho innoble la venganza cruel, 
Manjar sabroso para el alma ruin. 

Dulce fraternidad, 

Dulce fraternidad, 

Gran siglo diez y nueve. 

Es tu divinidad 

Siglo de esclavos y de vil ralea. 
Incapaz de romper la ruin coyunda, 
Arrastra, arrastra tu servil librea, 

Y duerme, duerme en tu abyección profunda. 

El casto, el noble, el varonil aliento 
Del alma libertad que vida infunde. 
Que remonta hasta Dios el pensamiento. 
Con tu vil ambición no se confunde. 

i Tienen freno los torpes apetitos 
Acaso de tus hijos ilustrados ? 
i Tiemblan ante la faz de los delitos, 
Al mirarla de cerca, conturbados ? 
Si niegan sus mas nobles atributos. 
Vivirán, morirán, como los brutos. — 

Y la lei del deber das al olvido — 

Y el derecho, no mas, reina en la tierra — 

Y el oro y el placer, tu Dios querido 

Esperemos ¡ oh siglo enaltecido ! 
Angustia y deshonor-perfidia y guerra. — 

Que te narren tus hijos vagabundos 
En pulidas asaz, en cortas voces, 
De sus fieros arranques tremebundos 

Los hechos mas atroces. 
Tu reinado es feliz : — alta tu gloria :— 
Oye de cada cual, oye la historia. — 



174 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Yo vivo de la sangre de la viuda — 
Yo gozo, cuando llora la orfandad — 
Yo al pueblo aluciné : me prestó ayuda, 

Y al tirano vendí su libertad. — 

Quiso el tirano redoblar el yugo 
Sobre el pueblo infeliz que me aclamó, 

Y el sin entrañas, el feroz verdugo, 
El de su lei ejecutor, fui yo. — 

Yo soi la lei, y la justicia vendo 
Al que mas puja, al que la paga mas : — 
Yo, si Cristo me paga, le defiendo, 
Si Barrabás, defiendo á Barrabás — 

Yo lo ajeno tomó — yo fui perjuro — 
Yo mandatario vil — yo vil traidor— 
Yo el bonor de mi casa en un apuro 
Vendí — yo fui rufián — yo salteador. — 

Yo, inicuo juez — yo mas, yo parricida— 
Yo sin entrañas, sin pudor, sin fe — 
Yo, incestuoso brutal — yo, filicida — 
Yo del dios de mis padres renegué — 

Yo estafo, sin rubor, á todo el mundo, 
Por mostrar el talante de un marques — 
Yo sostengo mi tren inverecundo 
Con perpetuo afanar al dos, al tres — 

Yo sumí en la miseria á mis hermanos. 
Sus ayes de dolor percibo aún — 
Yo, con fiera avidez entrambas manos 
En las arcas metí del bien común. — 

Yo fui depositario de un tesoro, 
En tentación caí, me lo apropié— r 
Yo, sin reparo, en el altar del oro 
Mi honor, mi propio honor sacrifiqué— 

Ya la esposa infeliz nos causa hastío. 
Marchitaron los hijos su beldad, 
Y el torpe corazón anhela impío, 
Sediento de placer, mas libertada 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 175 

No podemos sufrir la horrenda suerte, 
Es un infierno el vínculo fatal : 
¿ Y quién lo romperá ? ¿ solo la muerte 1 
Empuñemos el pérfido puñal, 
Abramos sin piedad el casto seno, 
O trueque pronto abrasador veneno 
En tumba nuestro lecho conyugal — 

¡ Siglo de los progresos ¡ 
La copa colmarás de tus excesos : 
Reventará del huracán la furia, 
Y hondo será tu afán, honda tu injuria. 

De tu funesta gloria 

No conserve memoria 

La venidera edad. 
Aunque se pierdan todos tus prodigios, 
Con tal que no le dejes ni vestigios 

De tu procacidad. — 
Avanza, avanza en tu fatal carrera, 

Y la frente altanera 

Hunde en la Eternidad. 

Evaristo Fombona. / 



EL LAUREL. 



Naciendo la mañana, alzábase pomposo 
Oon noble gentileza magnífico laurel ; 

Y dicen que la aurora al verlo tan hermoso, 
Suspiró de contento y enamoróse de él. 

Blandió el laurel sus tallos con arrogante brio, 

Y cuando al cielo altiva la frente levantó. 
Cayó sobre sus hojas tal lluvia de roció, 
Que al ímpetu doblóse y de placer gimió. 

La brisa en tal momento, meciéndose ligera 
En los espesos ramos, le dijo al resbalar : 
— " Soide la reina aurora la esclava mensajera : 
Oye lo que en su nombre te vengo á confiar. 



176 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

" Tu majestad brillante, tu juventud preciada, 
El lujo de tus hojas, tu espléndido verdor, 
La tienen por tu dicha de amor enajenada ; 
Yo traigo en mis suspiros las prendas de su amor. 

" Y porque siempre viva y eterna en tu memoria 
De su cariño tierno la gracia celestial, 
Serás entre los hombres un símbolo de gloria. 
La frente que tú ciñas también será inmortal." 

Dijo, y en vuelo fácil, inquieta y bullidora, 
Hacia el rosado Oriente sus alas dirigió : 
Cayeron nuevas perlas del manto de la aurora ; 
Se alzó el laurel de nuevo y el sol lo iluminó. 

José Selgas. 



HIMNO A LA OMNIPOTENCIA. 



Jehová ! tú fuiste solo, 
Tú solo con la nada. 
Cuando en tí concentrada 
Tu incomprensible esencia, 
Miraste en tu presencia 
Sola la Eternidad. 

Tú solo te bastabas ; 
Eterno, santo, inmenso ; 
Mas de tu amor intenso 
En la insondable fuente, 
Buscaste omnipotente 
Objeto á tu bondad. 



Espíritus, cantad 
La gloria del Señor, 
Que quiso por amor 
Poblar la inmensidad. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 177 

Surgir el Universo 
Miróse de tí mismo, 
Tu trono en el abismo 
Inmóvil asentarse, 
Y en torno levantarse 
La Creación se vio. 

Con mano poderosa 
Hiciste el firmamento. 
El éter es tu aliento : 
La luz es tu mirada . 
No existe ya la nada, 
Tu voz la fecundó. 



Cantad el Arquitecto, 
La fábrica cantad : 
Ella es de su bondad 
El símbolo perfecto. 

Alzáronse los cielos, 
Moviéronse los mundos. 
Hiciéronse fecundos 
Los gérmenes de vida ; 

Y en gozo trasmitida 
Un ser la dio á otro ser. 

Espíritus de gloria 
Se lanzan de tu seno : 
Tu imagen en el cieno 
Imprimes poderoso ; 

Y se alza misterioso 
El hombre en el Edén. 

CORO. 

De incienso en blanca nube 
Edén un canto eleva. 
La prez del hombre lleva, 
Y al trono eterno sube. 
23 



itS POETAS ESPAÑOLES V AMERICANOS. 

Los montes y collados, 
Los mares y las fuentes, 
Bulleron con vivientes : 
I A lóbregas cavernas 

^ Las sombras sempiternas 

Huyeron á tu voz. 

Los cielos himnos alzan 
De pasmo y de alegría : 
De mística armonía 
Los orbes tienen canto : 
Al Fuerte, al Justo, al Santo, 
Resuena en tu loor. 

CORO. 

Cantemos el amor 
Que dio existencia al mundo : 
El hálito es fecundo 
Del máximo Hacedor. 
El himno escucharán 
Del cielo los confines, 
Cantadle, querubines ; 
Cantadle, hijos de Adán. 

Autor del Universo ! 
Legislador del mundo ! 
Del báratro profundo 
Tú velas el arcano, 

Y tienes en tu mano 
La lei de destrucción. 

Los seres inmortales 
Llamaste á tu presencia, 

Y diste á la conciencia 
Mandatos de justicia : 
Tremenda á la malicia 
Es tu ira Sabaoth. 

CORO. 

Espíritus, temblad. 
Temblad ante el tremendo, ' 

Su carro con estruendo 
Sonó en la inmensidad. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 179 

Tu rayo, de Luzbel 
Hirió la frente altiva : 
Con mano vengativa 
Cavaste el hondo averno ; 

Y das dolor eterno 
Al reprobo querub. 

Tu imagen diste al hombre, 

Y al verla envilecida. 
Abriste con la vida 

Las puertas de la muerte, 
Tu diestra armando, fuerte, 
Humana ingratitud. . 

CORO. 

Señor ! puede, á tu voz, 
El firmamento hundirse, 

Y el tiempo consumirse 
En tu girar veloz. 



Te agravia de las gentes 
El padre revelado : 
Cual reo, del pecado 
Le entregas al imperio ; 

Y crece en cautiverio 
La raza criminal. 

Maldice el Universo 
Al pérfido linaje : 
Le niegan vasallaje 
Lit seres inferiores, 

Y un seno de dolores 
Le abrió la eternidad. 



Señor! no justiciero 
Carguéis la airada mano ; 
Mirad que á polvo vano 
Eeduce el orbe entero. 



180 POETAS ESPAÑOLES V AMERICANOS. 

Ministro de lamnerte, 
Un Dios llevé al suplicio. 
Tembló ante el sacrificio, 
Luchó con la agonía, 
Cuando en la cumbre impía 
Del Gólgota espiró. 

Voraz se abrió el sepulcro, 

Y en él se precipita. 
Cual piélago, infinita 

La gracia al orbe inunda, 

Y limpia y mas fecunda 
La humanidad salió. 



Apaga en el abismo 
Tu rayo vengador. 
La víctima, Señor, 
Venció tu brazo mismo. 
No mas de tu venganza 
El hombre mire el ceño 
Tu Cristo en duro leño 
Selló la nueva alianza. 

9 



Fermín Toro. 



LAS Í5UBES. 



FRAGMENTO DE UN POEMA TITULADO 

« EL PEREaRI^O." 

Gloria á vosotros, vaporosos velos, 
Que flotáis en la frente de los cielos, 
Como alientos perdidos 
Del que arrojó los astros encendidos. 
O cual leves encajes 
Que velan de su rostro la hermosura, 
Enseñando al través de los celajes 
De BUS azules ojos la dulzura. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 181 

El alabastro de su frente hermosa, 
Su labio de corales, 

Y en bellas espirales 

Su cabellera de oro luminosa. 

/, O sois, decidme, acaso los reflejos 

Del alma de mi Dios ? ¿ Bendice al mundo 

Cuando de oro y azul pintáis la esfera 

Y derramáis colores 

Eicos en fantasías y en amores. 
Como los años de la edad primera ? 
¿ Contempla el orbe y de placer sonrie 
Cuando á la frente candida del alba 
Asomáis con el tinte de la rosa, 
Cual el rubor al pálido semblante 
De virgen candorosa 
Al primer beso de su tierno amante ? 
¿ Al contemplar el mundo 
Se acuerda de su bello paraíso, 

Y que el hombre infeliz cambiarlo quiso 
Por el que habita lodazal inmundo : 

Y por el hombre siente 

Y se le anubla de pesar la frente 
Cuando quedáis en la tranquila tarde 
Con esa luz fantástica, sombría, 
Entre el ser y el no ser del tibio dia ? 
¿ Sois el imán entonces misterioso 
Que arrastra á meditar el pensamiento 

Y agita silencioso 

Dentro del corazón el sufrimiento ? 
¡ Quién en vosotras, húmedos los ojos 
No clavó alguna vez, cuando del dia 
Va muriendo la luz, cual va muriendo 
Del alma con los años la alegría 

Y la enlutada noche hasta el ocaso 
Llega cual la vejez, paso tras paso ! ! 

¿Decid, nubes, decid, sois los reflejos 

Del alma de mi Dios ? El rudo crimen 

De la obcecada humanidad primera 
Arrancó de sus labios soberanos 
Tremenda maldición. Cayó en la frente 



182 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

De la obra de sus manos 

El rayo de su voz omDipotente : 

Y vosotras rodando por la esfera. 
Hidrópicos los senos 
Lanzasteis cual torrente furibundo 

i Entre millón de truenos 

Las aguas del diluvio sobre el mundo. 
Cuarenta veces la inundada tierra 
En sus ejes rodó ; y en todas ellas 
No iluminara el sol ni las estrellas 
Las sombras del airado firmamento, 

Y tan solo á vosotras en continuo 

Y rápido volar negras mirara 
Lanzando en torbellino 

g A su maldita frente 

Las ondas y las ondas del torrente : 
Cumplióse el fallo irrevocable y justo 
Del poderoso juez del Universo, 

Y á su semblante adusto, 

Al castigat el crimen del perverso, 
Asomó la alegría, 

Y vosotras con ella 

Bañadas del color del claro dia, 

Al decir / hasta ! y levantar del arca 

El porvenir del mundo en el Patriarca. 

Allí está con la reproba Sodoma 
Su maldición también. Allí vosotras 
Al eco de su voz acudís luego, 

Y en encendidas fuentes se desploma 
De vuestro rojo seno un mar de fuego.. 

Y al volver el semblante 

De la hirviente ceniza el ser divino 
En pos de su camino 
Vais siguiendo su planta 
A iluminar de Abrabamla ciudad santa. 
Allí exhala Jesús el postrimero 
Dolorido suspiro en el madero : 
Allí también, ¡ oh nubes misteriosas ! 
Pálidas os contemplo,' y silenciosas 
Cubrir la luz del luminar del cielo, 

Y por el Hombre-Dios vestir de duelo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 18Í 

Decid, nubes, decid ¿ sois el reflejo 
Del alma de mi Dios ? ¿ son sus enojos 

Y el eco de su acento 

Y el fuego de sus ojos 
Terribles centellando 

Cuando en montes trepáis al firmamento 

La recia y ruda tempestad rodando ? 

¿ Ese trueno es su voz ? ¿ Esa serpiente 

De fugitiva luz, es la mirada 

Que lanza de repente 

Al volar su carroza de topacios 

Chispeando estrepitosa en los espacios ? "^ 

Salud, nubes, salud! Sí, sois las bellas 

¡ Luces de un rico y eternal espejo, 
Donde Dios que conserva las estrellas 
De su alta voluntad muestra el reflejo ¡ 

Y por eso de amor nos extasiamos 
Cuando azuláis los cielos, 

Bellas cual los primeros dulces años ; 

Y tímidos temblamos 

Cuando os tornáis encapotados velos, 
Tristes como los tristes desengaños. 

Y en la tarde tranquila 

Por eso el corazón medita y flota 
En la mar de recuerdos dilatada 

Y del cáliz del alma tibia gota 
Empaña la pupila. 

Fija en el horizonte la mirada 

Por vuestro imán fatídico arrastrada. 

Ai ! cuántas veces de la verde orilla 

Del rio cuyas ondas arrullaron 

Mis sueños al nacer, húmeda en llanto 

La pálida mejilla. 

Mis ojos en vosotras se clavaron ! 

Y no era aun infeliz ! aun no la mente 
Desplegando la momia de la vida, / 
Al corazón valiente 

Con su esqueleto lívido asustara, 

Y el corazón volviendo 
La vista entristecida 

Sus lazos con el mundo desatara ! 



184 POETAS ESPANOLKS Y AMERICANOS. 



Pero ya un no sé qué de misterioso 
En el fondo de mi alma se escondía ; 

Y os procuraba inquieto y silencioso 
Entre el ser y el no ser del tibio día ¡ 
Así la joven que inexperta siente 

La primera impresión dentro del alma, 
Sin saber el por qué de sus sonrojos, 
Teme y evita los extraños ojos, 

Y el corazón sin calma, 
Por el jardin perdida 

En las flores se fija distraída. 
Cuántas veces proscripto y peregrino, 
Sin amor, sin hogar, sin esperanza 
Desde extranjera roca 
Os contempló llorando mi destino, 

Y con esa expresión que nunca alcanza 
El labio á repetir, el alma mía 

Os contó sus pesares, 

Triste como el crepúsculo del dia 

Desde la arena de extranjeros mares ! .. . 

Hai momentos ¡ oh nubes ! 
Que misterioso eléctrico fluido 
El alma con vosotras armoniza, 

Y al hombre con el polvo confundido 
Ángel segunda vez le diviniza. 

Os he visto cubrir los horizontes 

Del cielo tropical, y erais ¡ oh nubes ! 

De oro y rubíes movedizos montes. 

Si tiene el Hacedor trono y querubes 

Ni el trono es mas espléndido de galas 

Ni las pequeñas alas 

De los querubes bellos 

Mas bordadas de fúlgidos destellos. 

Allí mi fantasía 

Ahogaba los recuerdos con deseos, 

Y en dulces devaneos 

Menos os daba mi alma que os pedia. 
Allí el amor de mi adorada hermosa 
Era un perfume, emanación de vida : 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 185 

Allí era la mujer purpúrea rosa 
De la guirnalda del Señor caída. 
Mas ¡ ai ! también del aterido polo 
Cubrís los cielos con oscuro manto ; 

Y yo desde un bajel perdido y solo 
Donde nadie cantó, nubes, os canto. 
Despeñadas cruzáis el firmamento, 
Eápidas como herido pensamiento ; 

Y atónita os contempla 

Mi alma, como el enojo soberano 
Lanzado en derredor de este Océano, 
Que encarcelado y solo 
Entre el linde de América y del mundo 
Maldice de su cárcel los confines, 

Y en' rudos parasismos 
Sacudiendo sus crines 
Salta de los abismos 

Para invadir los cielos furibundo. 

Y desde el frágil tembloroso leño 
Dios y la humanidad en mi memoria, 
La humanidad con su doliente ceño, 

Y Dios con su poder y con su gloria. 
Decid, nubes, decid ¿ quién un tributo 
No os rindió alguna vez ? En el contento 
O con el alma en luto, 

Qué mortal no os ha dado un pensamiento ? 

En las noches serenas 

Cuando flotáis en torno de la luna, 

Cual ondas de humo de encendida pasta, 

Que sostenidas en el aire apenas 

Soplo sutil á deshacerlas basta ; 

El corazón dolido, 

i Qué madre no ha llorado con vosotras 

El dulce fruto de su amor perdido ; 

O amorosa y prolija 

No imaginó entre ñores 

El porvenir de su inocente hija? 

¿ Qué virgen no os ha dicho sus amores, 
O la tardía ausencia 
Del ídolo feliz de su existencia ? 
24 



186 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

En la Doche sombría 

Cuando voláis en densa muchedumbre 

Como inquietas ideas 

De recóndita, negra incertidumbre, 

¿ A dónde el alma impía 

Que miró sin temor al cielo airado ? 

¿ Qué genio no ha volado 

En alas de su ardiente fantasía ? 

¿Qué desterrado, acaso. 

En los velos de nácar y zafiro 

Que bajáis al Ocaso 

No ha mandado á su patria algún suspiro ? 

Pasad, nubes, pasad. Pasad serenas 
Para aliviar las encondidas penas 
De mis tristes hermanos en el Plata : 

Y del proscripto Bardo 
Que vaga peregrino 

Y os canta ¡ oh nubes ! desde el frágil pino, 
Eevelad á su dulce patria bella. 

Cuánto suspira el corazón por ella : 
Que por ella en el mundo errante llora, 

Y cuánto mas padece mas la adora. 

José Marmol. 



ÍNVÍEMO, 



Pardas nubes se apiñan en el monte, 
Un vapor de humedad la tierra exhala, 
Entre la densa oscuridad resbala 
Relámpago que alumbrad horizonte. 

En las torres se agrupan bulliciosas 
Las blancas y azuladas golondrinas. 
Bandadas de palomas campesinas 
Van cruzando el espacio silenciosas. 

Empieza ya el invierno : las palomas 
Se acercan al calor de las ciudades 
Dejando las agrestes soledades 
Del fresco valle y las tendidas lomas. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 187 

Las golondrioas que hasta ayer su nido 
Tuvieron de mi casa en el tejado, 
Desque empezó el invierno, lo han dejado 
Y en busca de otros climas han partido. 

Amigos, ilusiones, golondrinas 
Que abandonan el alma á su tristeza, 
Cuando del triste la desdicha empieza 
Se marchan cual palomas campesinas. 

Pasa el invierno: las palomas toi'nan 
A habitar las agrestes soledades. 
Vuelve la golondrina á las ciudades ; 
Amigos é ilusiones, no retornan. 

Alfredo Esteller. 



.AS BANDERAS DE MI HIJO. 



Apenas brilla en el cielo 
El carmiu de la mañana 
Cuando corre á la ventana 
Mi mas dulce pequeñuelo. 

Y á los gayos resplandores 
Del alba, nuncio del dia, 
Coloca en la celosía 
Sus banderas tricolores. 

No. tiene el cielo hechiceras 
Con sus encajes de armiño 
Sonrisas, como este niño 
Abrazado á sus banderas. 

Así un ángel cuando salva 
El infinito profundo 
Sonreír debe en el mundo 
A los suspiros del alba. 

Encantado vive alerta 

Y corre y grita en la casa : 
Soñando la noche pasa 

Y encantado se despiertsi,. 



188 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Y como el sumo contento 
Es ver su gloria mui alta, 
Jamas al niño le falta 
Alguna bandera al viento. 

A veces llena felice 
Sus banderas de amapolas, 

Y habla con ellas á solas, 

Y es de oir cuánto les dice. 
Otras viendo en los confines 

Del cerro las blancas nubes 
Me grita ¿ cuándo me subes 
Allá con mis banderines ? 

Qué entusiasmo ! qué inocencia! 
Qué esplendor de fantasía ! 
Cuánta suprema alegría ! 
Qué nitidez de conciencia! 

¿■Por qué la lei del progreso 
La vida, en su lei tirana. 
Ha de convertir mañana 
En dolor tanto embeleso ? 

¿ Quién habrá que no se asombre, 
Cuando medite ó recuerde 
Que el bien de niño se pierde 
Por la gloria de ser hombre ? 

¡ Pobre ángel mió, que avanza 
De flores sobre una alfombra 
Sin pensar que es humo y sombra 
La felicidad que alcanza ! 

Pero mas pobre el prolijo 

Estéril afán paterno 

¡ Quién pudiera hacer eterno 
Este encanto de mi hijo ! 

Eterno ! Extraño delirio ! 
El deber, mañana ciego. 
Tal vez hará de este juego 
El sudario del martirio. 

Que si á infortunio sombrío 
La patria acaso volviera. 
Abrazado á su bandera 
Morir sabrá el hijo mió. 

José E. Yepes. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 189 



MAGDALENA, 



Aspecto general de Judea. — Jerusalen. — Las Judías. — Magdalena. — 
Sus encantos. —Sus vicios. — Sermón en el monte de Betsaida. — 
Arrepentimiento de Magdalena. — Amor divino. — Grandes angus- 
tias — Jesús en casa de un fariseo. — La pecadora &. los pies de 
Cristo. — Perdón de Magdalena. 



Venid á contemplar de la Judea 
Los montes escarpados, 
Los áridos desiertos abrasados, 
T del tranquilo mar de Galilea 
Los bordes esmaltados 
Con fragantes verjeles 
De azucenas, de nardos y claveles. 

Eiega el Jordán undoso, 
Eei de los rios, raudo y caudaloso, 
Extendidas y fértiles praderas 
Cuajadas de olivares, 
De cedros seculares. 
De altísimas y lánguidas palmeras. 

De Samaría subid á la colina. 
Del Tabor á la cumbre majestuosa ; 
Corona de la sien de Palestina ; 
Escuebad del Cedrón la tormentosa 
Corriente cristalina, 
Eompiéndose en arroyos y cascadas ; 
Bajad de Gethsemáni al huerto ameno. 
De jugosas granadas 
Y perfumados terebintos lleno. 

Mas el paso tened ; la amarillenta. 
La Muerta Mar por el Oriente asoma, 
Laguna macilenta, 

Que cubre el llano que manchó Sodoma. 
Nunca el céfiro agita 
De aquella mar de plomo el quieto seno. 
Ni pez alguno habita 
Su agua impregnada de infernal veneno ; 



190 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y si el ave parlera 

Incauta ó atrevida el aire hiende, 

Y sobre el muerto mar las alas tiende, 
Sin vida queda en la fatal ribera. 

El pobre albergue de Belén dichoso 
Ved, y de Jericó la flor temprana, 

Y en el desierto cálido, arenoso, 
Seguid el perezoso 

Paso de la adormida caravana. 
Ya de Jerusalen el altomurp 
Píntase en el oscuro 

Y lejano horizonte : 

La escogida ciudad, la ciudad santa 
Al pié de estéril, ceniciento monte 
La regia sien con majestad levanta, 
La ciudad del profeta. 
La que ensalzara en cántico armonioso 
David, el rei poeta ; 
La perla del Oriente, 
Donde alzó Salomón el portentoso 
Templo al Omnipotente, 
Que todo un pueblo fabricó anheloso 
De hacer á Dios magnífico presente. 
De la alma paz bajo la verde oliva 
Acrece su opulencia y su grandeza, 
La asiática riqueza 
Veréis doquier en la ciudad altiva ; 
De la Arabia los rápidos corceles, 
Del Egipto las mieses abundantes, 
De las fieras de Libia rubias pieles, 
Vinos de Chipre, de Indostan diamantes : 
De Persia los brocados. 
Los mármoles de Italia celebrados, 
Del Líbano los cedros y nogales, 

Y en confusión espléndida hacinados 
Oro de Ofir, zafiros y corales. 

Viven allí bellísimas mujeres : 
Las de morena tez y ojos rasgados 
(Que abrillantan y entornan los placeres) 
Las del erguido y elegante cuello. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 191 

De dientes nacarados, 

Aguileña nariz, negro cabello ; 

Mujeres hechiceras 

Cenia suelta esbeltez de las palmeras, 

De formas torneadas, 

Cual estatuas por Fidias modeladas. 

Y entre todas descuella. 

Como en florido edén rosa encendida, 

Magdalena la bella. 

De mirada atrevida. 

De turbulenta y desastrosa vida. 

Cuando lanzando el sol destellos rojos 
Se sepulta en el mar, de su morada 
Vedla salir ; de fuego son sus ojos, 

Y es su boca la ñor de la granada ; 
La túnica azulada 

Con áureo cinturon va recogida ; 

Con sandalia oprimida 

Sujeta su pié breve, 

Lascivo prisionero. 

Nítido como el ampo de la nieve ; 

Blanco velo ligero 

Más señala que encubre los hechizos 

De su turgente pecho levantado, 

Y ondula por la espalda el destrenzado 
Cabello en luengos, vaporosos rizos. 

Y esa hermosa tan joven y gallarda 
Es cincelado vaso de oro puro. 
Que solo ñores agostadas guarda, 
Euinas que encubre diamantino muro. 
Sin escuchar la voz de los deberes. 
Es su idea constante 
Fingir pasiones, inventar placeres, 

Y cada sol conoce nuevo amante. 
Sirena engañadora. 

Risueña y tierna ora 

Se muestra, ora doliente ; 

Ya la máscara adopta seductora 

De modestia inocente ; 

Ya el deseo adormido 

Cauta despierta con desden fingido ; 



192 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Ya voluptuosa, lánguida, indolente. 
Sobre lecho de flores recostada 
Suspira del amor dulces pesares, 
Como la enamorada 
Esposa del Cantar de los Cantares. 
V Juego, festines, vino 

Y falsas alegrías 

Llevando van sus miserables dias 
En un vertiginoso torbellino : 

Y si al salir de orgía bulliciosa 
Hondo temor de su alma se hace dueño, 
Piensa que la conciencia que le acosa 
Solo es fantasma de mentido ensueño. 
Así de aquella envilecida hermosa 
Pasan los breves años. 

No exentos dé dolor y desengaños ; 
Que ni por senda fácil, ni escabrosa. 
Ni en marcha pronta, ni con paso tardo 
Se arriba en este mundo á la ventura ; 
Ni ciñe la hermosura 
Para quebrar de la desdicha el dardo 
Damasquina armadura. 

En clarísimo dia 
Del monte de Betsaida ve, en la cumbre, 
Magdalena apiñada muchedumbre 
Que la palabra de Jesús oia ; 
Nunca hasta aquel momento, 
El solemne, tranquilo y dulce acento 
Pudo escuchar del Hijo de María, 
Ni contempló su varonil belleza, 
Ni la santa pureza 
Que en su mirada angelical ardía. 

Y con pausada voz, firme y sonora , 
Con ademan sencillo y majestuoso 
Dice Cristo á la turba pecadora 

Que le escucha en silencio respetuoso : 
— " Hijos vosotros sois del Ser divino 
" Que de la Lei las tablas dio á Judea ; 
" De la virtud seguid por el camino 
" Que El os trazó, por áspero que sea. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 193 

" No me manda mi Padre á castigaros, 
" Que me manda á enseñaros : 
" Las preces á escuchar de los que imploran, 
" Los ojos á enjugar de los que lloran, 
" Y á morir en la cruz para salvaros. 

" Mirad al Eei que os anunció el Profeta : 
" Soi el Hijo de Dios, soi el Mesía, 
" Que el rayo apaga, que la mar aquieta, 
" Del viejo amparo, de la infancia guía; 
" Si al cadáver inerte 
" Kesucitar le ordena la voz mia, 
" Eompe las ligaduras de la muerte 
" Y el sello eterno de la tumba fría. 

"No llevo manto regio, cetro de oro, 
" Ni diadema altanera ; 
" La humildad y el amor son mi tesoro ; 
" Mi lei, la lei déla virtud severa ; 
" Mis proceres serán los desgraciados, 
" Y sin lanzas, ni aceros, ni soldados 
" Vengo á regir la humanidad entera. — 
" Si de la tierra os hieren los abrojos, 
" Al alto cielo convertid la frente ; 
" Si escandalizan vuestros propios ojos, 
" Las pupilas cegad con hierro ardiente. 

" La obra, que á Dios complace, 
" No sirva de satánico trofeo : 
" Perseguid el pecado, cuando nace 
" Y en los pliegues se oculta del deseo. 
" Porque en verdad os digo : 
" Que acuda á mi presencia 
" Del niño con la candida inocencia 
" El que al cielo subir quiera conmigo ; 
" Y destierro de su alma la venganza, 
" Y vuelva bien por mal al enemigo: 
" Yo soi la caridad, soi la esperanza. 

" Haced el bien, y sin alarde vano, 
" Sin ostentosa muestra : 
" Que ignore la siniestra, . 
" El que ejecute la derecha mano. 
25 



194 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

" De la opulencia la dorada llave 
" No abre la puerta de mi sacro templo ; 
'* Desprecie la riqueza quien me alabe ; 
" Yo que el precepto doi, doi el ejemplo. 
" Vedme humillado, sin vivienda, pobre: 
" Que tiene el pez bajo la mar salobre 
"Su mansión escondida, 
" Tiene su pardo nido el ave tierna, 
" La selvática fiera su caverna, 
" Y hasta el insecto vil tiene guarida ; 
" Solo Jesús, que á predicaros viene 
" La religión de paz y de pobreza, 
" Sólo el Hijo de Dios, ni piedra tiene 
" Do recostar la celestial cabeza." 

¡ Con qué dulzura tan divino acento 
De Magdalena vibra en el oido ! 
i Qué suave sentimiento, 
Qué misterioso amor desconocido 
Su espíritu abatido vivifica ? 
¿ Qué hálito divinal la purifica ? 
¿ Quién en tan breve espacio y de tal suerte 
En diáfano cristal barro convierte ? 
¡ Cómo se vuelve á erguir la flor marchita 
Al respirar el aura, 
Que el eco lleva de la voz bendita 

Y el mustio brillo de la flor restaura ! 

¡ Cómo recobra el virginal aroma 
De naciente capullo !— 
Figúraseme ver nivea paloma 
Que el camino olvidó del casto nido, 

Y escucha de improviso tierno arrullo 
Del compañero que juzgó perdido, 

Y con atento oido, 

Los ojos negros elevando al Cielo, 
Hacia la amada voz dirige el vuelo ; 
Deja del valle las hojosas galas, 
Rápida tras su amor se precipita, 

Y mas ligero que sus raudas alas, 
Su alborozado corazón palpita. — 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 195 



Pero ¿ qué nube de mortal tristura 
De Magdalena el rostro descolora, 

Y trueca en noche oscura 

El claro albor de su rosada aurora ? 
Tiembla, la frente baja, se retira. — 
¿ Qué súbito pesar su pecho oprime ? 
Con vergüenza se mira ; 
Eecordando su vida se estremece, 

Y el aire triste, que en su torno gime, 
Murmullo de sus culpas le parece. 
Convulsa, al revolver en su memoria 
De su agitada historia 

Los recuerdos livianos. 

Rasga el bello cendal que la engalana, 

Y el rubor comprendiendo de Susana, 
El seno encubre con entrambas manos. 

De entonces por doquier Ci'isto marchaba, 
Una mujer de lejos le seguia. 
Que ansiosa sus palabras aspiraba : 
Mas llegar á sus pies no se atrevia, 

Y en raudales de llanto se anegaba. • 

¡ Cuan mísera del alma es la existencia 
Al despertar de la embriaguez del vicio, 

Y al verse en el cristal de la conciencia 
Sumida en insondable precipicio ! 
Invisible semilla 

Suele á veces dejar el aura inquieta 
De estéril roca en caprichosa grieta, 

Y brota allí modesta florecilla ; 
Próvida lluvia su corola moja ; 
Pero el muro fatal, que la sujeta, 
La seca, la deshoja, 

Y la raíz endeble 

Trunca y deshace de la planta feble. 
Tal el mal arraigado, 
Puro y sublime amor de Magdalena 
No puede florecer ; de su pasado 
La durísima cárcel lo refrena. 
Lo ahoga, lo envenena ; 



19G POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y se ve condenada 

A abrigar el amor de los querubes, 
Cuando no es digna ya de ser amada. 
Quiere volar y traspasar las nubes, 

Y su vuelo entorpece 

El cieno impuro que en sus alas pesa ; 

Y gime y se fatiga y palidece, 

Y su dorada cabellera mesa, 

Y en continuo suspiro desfallece. 

Huye del vivo resplandor del dia ; 
Para llorar sus penas sia testigos 
Busca el silencio de la noche umbría. 
Tan rápida mudanza 
De sus torpes amigos 
Desabrido desden tan solo alcanza : 
Sin alma alguna que en su apoyo acuda, 
Ve en la insolente faz del vulgo necio 
La irónica sonrisa de la duda, 
La irritante mirada del desprecio. 

Quizá en su solitario desamparo 
A sí propia se dice Magdalena, 
Que es el don de la vida don bien caro. 
Si no hai placer sin mal, ni mal sin pena. 

Infelice mujer arrepentida, 
Que quimérico juzgas el deseo 
De verte nuevamente enaltecida. 
Alza la frente, que en tu afán sumida, 
A tu lado no has visto 
Con lenta majestad pasar á Cristo. 
Marcha, marcha en pos de él. — De un fariseo 
Penetra en la morada. 
De un hijo de Satán, del vil engaño. 
¡ Eegocíjese el alma atribulada. 
Viendo que el buen pastor deja el rebaño 
En busca de la oveja descarriada ! 
i No recuerdas, mujer, cuando decia 
Que no bajaba al mundo 
A fulminar castigos iracundo, 

Y que á salvar al reprobo venia ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 197 

Sí ; ya tu pecho alienta, 
Ya ansiosa te levantas, 

Y cual va al manantial corza sedienta, 
Corres tras él, te arrojas á sus plantas, 

Y besando sus pies, viertes sobre ellos 
Balsámicas esencias orientales, 

Y en larga vena lastimero llanto ; 
Los secan tus finísimos cabellos. 
A las ansias mortales 

De tu rudo quebranto 

Dando tregua un momento, 

Al Hombre-Dios adoras 

En estático y mudo arrobamiento, 

Y con callada voz perdón imploras. 
Alza la frente mustia, 

Y contempla del sol la luz serena : 
Tras largas horas de ignorada angustia, 
Tu bienandanza labras ; 

Tiembla de gozo santo, Magdalena, 

Y oye de Jesucristo las palabras : 

— Mujer, há tiempo que tu mente sigo ; 
Mujer, ha tiempo que tu voz escucho, 
Cuando en tu pensamiento hablas conmigo : 
Yo te perdono, porque amaste mucho. 
Del mal rompiste con vigor los lazos, 
Levántate del suelo, 

Que Dios te acojeen sus paternos brazos : 
Quien su pecado llora, gana el cielo. 

Larmig. 



AL PABELLÓN ESPAÑOL. * 



Salve ! glorioso pabellón de España, 
Salve mil veces, pabellón divino ! 
Con cuánto afán en la ribera extraña 
Te saluda el cansado peregrino ! 

[*] Estas octavas fueron publicadas en Lima con motivo ■ 
haber llegado al Callao la fragata de guerra espaSola La Ferróla 
bácia el año de 1851. 



198 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Llanto dichoso mi semblante baña, 
Porque te encuentro en mi fatal camino. 
Yo de rodillas ante tí me postro 

Y á tí levanto el corazón y el rostro. 

En tu presencia mi desgracia impía 
Cual fúnebre vapor desaparece : 
La nocbe eterna se convierte en dia 

Y la infecunda soledad florece. 
Yo lloro de tristeza y de alegría 

Y mi amor en la tumba se estremece, 
Porque, temblando al contemplarte, creo 
Que otras riberas y horizontes veo. 

Con cuánta pena á recordarme vienes 
Mi infancia hermosa, mi niñez florida, 
Músicas vagas, dolorosos bienes, 
Misterios y tristezas de la vida ! 
Cuánta influencia en mis entrañas tienes, 
¡ Oh ! tú me vuelves la salud perdida ! " 
Mi frente inflamas y á soñar me llevas 
Glorias antiguas y esperanzas nuevas. 

Al contemplarte el corazón fecundo. 
De turbulenta inspiración se llena : 
De mis pasiones el volcan profundo 
En férvida erupción se desenfrena. 
La voz de los recuerdos de otro mundo 
De mi existencia en los abismos truena, 

Y el fénix inmortal de la esperanza 
En la futura inmensidad se lanza. 

De lo pasado la amorosa idea 
Del negro olvido disipó los vahos. 

Inextinguibles sentimientos ! ea ! 

Sobre las sombras de la muerte alzaos ! 
Que iluminando el porvenir os vea. 
Como los astros al salir del caos ; 
Aunque no radie cariñosa y bella 
De mis amores la divina estrella. 

[*] El autor estaba entonces gravemente enfermo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



199 



A tiempo vienes, pabellón fulgente, 
Del ruin marasmo á conjurar la calma. 
Que ya empezaba á declinar mi frente, 
Cansado el cuerpo y moribunda el alma; 
Desde que el cielo me negó inclemente 
De un amor virginal la hermosa palma, 
Desde que supe que el Señor quería 
Que aquí muriese la esperanza mia ! 

Cuan dolorosa sensación me dejas 
Al recordarme cuánto el alma adora ; 
Mas no conviene prorumpir en quejas 
A mi entusiasmo varonil ahora; 
Cuando en tu augusta majestad reflejas 
Tu antigua pompa, y la futura aurora 
De un porvenir espléndido y radiante, 
Digno del pueblo vencedor de Atlante. 

Flota en silencio, pabellón divino, 
Sobre esta imbécil vanidad presente, 
Hasta que vuelva tu feliz destino 
A circundarte de esplendor ardiente. 
Sigue entre tanto tu inmortal camino 
Con fe invencible y ambición valiente. 
Que ya las cumbres orientales dora 
De un nuevo sol la suspirada aurora. 

Sufre entre tanto con valor profundo 
El torpe insulto y la calumnia vana — 
En el sublime porvenir del mundo 
Será mas grande la grandeza humana. 
Espera ! espera ! el resplandor fecundo 
Del sol triunfante de la raza hispana, 
Y al largo estruendo notarás entonces 
De trompas áureas y tronantes bronces. 

Hoi te escarnecen con inmunda lengua 
De la fortuna los innobles hijos. 
Tus desventuras convertir en mengua 
Pretenden ellos en rencor prolijos ; 
Mas nada el lustre de tu honor amengua. 
Formas que acechen con los ojos fijos. 
Porque es la antigua y la moderna historia 
Veraz testigo de tu inmensa gloria. 



200 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

Deja que arrojen su ponzoña toda 
Con boca impura y aversión extraña, 
Que no sucumbe la arrogancia goda 
A los insultos de extranjera saña. 
Por mas que dure la salvaje moda 
De escarnecer y maldecir á España, 
¡ Deja mentir y blasfemar al hombre 
De su espantosa ingratitud en nombre ! 

*" España ! España ! si la vil mentira 

Villanamente calumniarte osa. 
Que no conturbe la terrible ira 
De tu semblante la beldad gloriosa ; 
Indignación y repugnancia inspira 
En tu presencia la calumnia odiosa: 

Oye sus gritos con desden profundo 

¡ Tú descubriste y conquistaste un mundo ! 

i Qué grandeza es mayor que tu grandeza, 
Ni qué historia es mas bella que tu historia ? 
Invencible en audacia y fortaleza. 
Melancólico mártir de la gloria : 
¡ Levanta al firmamento la cabeza 
Con la palma inmortal de la victoria ! 
Gloria ! gloria sin fin á tanta hazaña ! 
Gloria ! gloria sin fin y honor á España ! ! 

De sempiterna admiración asunto 

Y ejemplo heroico de viril constancia. 
En portentoso y singular conjunto 

Al mundo diste en tu azarosa infancia. 
El grande Aníbal te admiró en Sagunto , 
Koma la eterna se asombró en Numancia , 

Y tembló en el soberbio Capitolio 
Del pueblo Eei el gigantesco solio. 

¡ Oh, sí ! tus hijos esforzados fueron 
Los que ocho siglos sin cesar lucharon, 
Los que al triunfante Solimán vencieron, 
Los que en Italia y África triunfaron : 
Los que de muerte al Islamismo hirieron 

Y su potencia colosal postraron. 
Cuando el alfanje ensangrentado alzaba 

Y de terror la Cristiandad temblaba. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 201 

Son tus hijos de ingenio soberano, 
De corazón y espíritu gigantes — 
Teodosio el Grande, el ínclito Trajano, 
El Cid, Gonzalo, Calderón, Cervantes, 
Marcial, Pomponio, Silio, Quintiliano, 
Los Balbos y los Sénecas brillantes, 

Y el Gran Quintana y el valiente Ercilla, 

Y el mártir santo, el inmortal Padilla. 

Cuando el audaz Napoleón llevaba 
De triunfo en triunfo su invencible tropa, 

Y la Europa en silencio devoraba 
De la ignominia y del dolor la copa — 
Cuando muda y cobarde se postraba 
Ante el primer Napoleón la Eui'opa, 
Te alzaste tú, cual aquilón tonante, 

Y derribaste impávida el gigante ! * 

Tú representas, pabellón hermoso, 
De tantos triunfos la esplendente gloria : 
Tuya es la pompa del laurel frondoso. 
Tuyo el esfuerzo y tuya la victoria. 
Eternamente vivirás glorioso, 

Y eternamente vivirá tu historia. 
Pues presidiste con audacia hispana 
La mas grandiosa evolución humana. 

Con mil descubrimientos colosales 
Tus grandes héroes y tus glorias altas 
De la tierra embelleces los anales 

Y el pensamiento á la epopeya exaltas. 
Al recordar tus hechos inmortales 

¿ Quién osa imbécil recordar tus faltas ? 
¡ Ah, sí ! te falta que tremoles solo 
Sobre la cumbre circular del polo ! 

[*] Chateaubriand ha dioho — La toma de Zaragoza fué la señal 
de la libertad del universo. Y el General Foi — El levantamiento de 
España fué un universal terremoto. Y Alejandro 1.° de Eusia — 
Rusos ! si imitáis el ejemplo de los héroes Castellanos, pronto desapa- 
recerá de la Europa ese monstruo que la oprime con el peso de su «íer- 
nidad criminal, y no quedará de él mas que un recuerdo de horror y de 
compasión. No se nos acuse, pues, de exagerados. 

26 



202 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

¿ Cuándo veremos, mágica bandera, 
Eugir airado tu león rampante ? 
El porvenir ! el porvenir espera ! 
Tú surgirás magnífica- y radiante : 
Tú que en Lepanto tremolaste fiera. 
Tú que en la tierra y en el mar triunfante 
De cien tormentas, y á los vientos suelta , 
Al mundo diste la primera vuelta ! 

¡Oh generosa juventud ardiente 
Que de Castilla el estandarte arbolas, 
Ten corazón magnánimo y valiente 
En los combates é irritadas olas ! 
¡ Oh, que no asombren al Océano hirviente 
De Albion soberbia las banderas solas ! 
Si ansiáis ser grandes y queréis ejemplo 
¡ Id de la gloria al prodigioso templo ! 

Adiós ! hermoso pabellón querido, 
Que ya no puedo proseguir mi canto ! 
Mi pecho triste de entusiasmo herido 
Al despedirme se deshace en llanto ; 

Y arranca un tierno y punzador gemido 
A par del grito que en tu prez levanto, 
Porque forzoso me será dejarte 

Y acaso nunca volveré á encontrarte ! 

Sí ! que el espectro de mi amor sombrío 
Con pié de hierro mi garganta oprime, 

Y en vano lucha el pensamiento mió 
Con fe invencible y ambición sublime. 
Solo en el polvo del sepulcro frió 

El Señor á los mártires redime. 
i, Quién sabe si este cántico sentido 
Será del cisne el postrimer gemido ? 

Fernando Velarde. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 20c 



LA MUERTE DE FELIPE SEGUNDO. 



Composición premiada, en los juegos florales de 1842, ^or el 
Liceo Artístico y Literario de Madrid. 

Numen de la verdad, mi canto inspira ! 
Si en mis alegres años 
Con ardor juvenil pulsé la lira, 

Y el brillo seductor de la hermosura 
Mi estro y mi corazón inflamar pudo ; 
Si al eco noble del clarín guerrero, 
Con ademan sañudo. 

De San Quintín en la sangrienta arena 
Blandí animoso el toledano acero ; 
Si con la sangre de mis venas tinto, 
En Doi fiel arcabuz tronó la muerte 
Sobre el antiguo golfo de Corinto ; 
Lejos del mundo, y de sus pompas lejos, 
Habitador del claustro solitario. 
De Felipe el Prudente, alto renombre, 
Ofrenda de piedad, regio santuario,' 
Hoi de las musas el favor imploro ; 
Cual mi santo Doctor, que yo venero, 
En su retiro austero. 
Aunque anegado en penitente lloro, 
Del genio admirador, también solia 
De Augusto recordar el siglo de oro. 
Suene mi voz, difúndase mi acento 
Por cuánto baña el sol y el mar abarca, 
, Y ante el áureo ataúd donde la Parca 
Ya las cenizas de mi Eei encierra. 
De la envidia á despecho y la mentira. 
Numen de la verdad, mi canto inspira ! 
Aun alumbrando el sol el agria sierra, 

Y el Héspero rayando en occidente, 
Al santo monasterio se encamina. 
Con innúmero pueblo y marcha lenta. 
Regia carroza, que entre palmas de oro, 
En au imperial las águilas sustenta. 



204 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

"El Eei! el Rei !" la mucliedumbre clama, 
Con fieles vivas fatigando el viento ; 
Los címbalos repican en las torres, 

Y ensordece el cimborio agigantado, 
La inmensa lonja, el colosal convento. 

El Eei, un tiempo admiración del mundo, 
Cercano á dar el postrimer aliento, 
En brazos de sus monjes apoyado, 
Desciende y cruza con penosa planta 
El monástico pórtico sagrado. 
Negro chapeo con rizada pluma, 
Vuelta hacia un lado, su cabeza cubre ; 
Un morado gabán lleva vestido, 
De armiños blancos aforrado el cuello, 

Y de un rico cordón de roja seda 
El vellón de Borgoña suspendido, 
A par de una medalla, que sfeUada 
Del Pescador bajo el anillo santo, 
ElEomano Pontífice le diera 

Por parabién del triunfo de Lepanto. 
Póstrase ante el altar que alzara un dia , 
Cuando de San Quintín el lauro honroso 
Enlazaba glorioso 
A la rendida espada de Pavía ; 

Y un ¡ ai ! lanzando triste y lastimero. 
Entre el llanto que brota de sus ojos, 
Con acento suave 

Fervorosa plegaria al cielo eleva, 
Que repite en su bóveda sonora 
Del vasto templo la crucera nave, 

FELIPE SEGUNDO. 

Eterno Dios ! Señor Omnipotente ! 
Hoi mas que nunca en tu bondad confio, 
Pues mi vida acabar el alma siente. 

Todo brillar de humano poderío, 
Por más que su esplendor al mundo asombre, 
Es leve polvo en'el sepulcro umbrío. 

Dios de bondad ! al invocar tu nombre, 
Cuando yo el fio de mi existencia vea, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 205 



La cruz que fué martirio del Dios-Hombre, 
Que cruz de redención para mí sea ! 

Dios eterno ! Seílor !.... 

Un sudor frío 
El eco de la voz heló en sus labios, 
Un súbito temblor sus miembros mueve, 

Y cuajadas las lágrimas se agolpan 
A sus mejillas pálidas de nieve. 
Cuatro escuderos con afán ansioso 

Y celo fiel al lecho le conducen, 

Y allí el reposo su penar mitiga, 

Y allí el saber humano 

La bienhechora ciencia le prodiga. 

Mas ai ! que siempre es vano 
A la muerte atajar en su carrera! 

Y el augusto doliente 

Su aliento postrimer lanzar espera ; 

Y clavados los ojos en el cielo, 

Su alma cristiana, de esperanza llena, 

Eecibe humilde el divinal consuelo 

Del santo pan de la Sagrada Cena. 

Cual ola que, espumante. 

En su diurnal oscilación extiende 

Por la vecina playa 

El anchuroso mar, zona del orbe, 

Y en cristal dilatado convertida, 
No bien al sol refleja, 

Cuando la blanda arena se la absorbe ; 

Así también la vida 

Desde el solio eminente 

Hasta la humilde choza desvalida, 

Arrastrada del tiempo en la corriente 

Por una fuerza oculta. 

En la insondable tumba se sepulta. 

Extraña agitación, tristes clamores 
En el palacio de Felipe cunden. 
Que por el claustro y población á un tiempo 
Con angustiados ayes se difunden. 
♦' Dios inroortal ! á nwegtro Rei conserya ! 



206 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Lo ruega España, y nuestra Iglesia Santa 
Te lo ruega también. Aun orguUosa 
Se obstina en el error la gente impía, 
Que, ala impostura y crimen avezada. 
Junta la rebelión con la herejía." 
s Inútil suplicar ! El labio yerto 

De la confusa gente, 
Entre suspiros y afligido lloro, 
Solo acierta á decir : " El Eey ha muerto." 

En magnífico féretro, adornado 
De seda carmesí y argentería, 
Con auríferas puntas tachonado, 

Y el cetro y la corona. 

De i'égia potestad emblema y fuero. 
Esculpidos de bronce en el testero. 
Los restos de mi Eei guardados yacen. 
La pompa funeral suntuosa llega, 
Con tardo paso y numerosa gente, 
A la alta puerta, cuyo duro gonce 
Al Monarca, señor del pueblo ibero. 
Dos veces, y no más, entrar consiente (!) ; 

Y un escudero real con fuerte mano 
Hiere tres veces su robusto bronce. 
De lo interior del pórtico se escucha 
Responder una voz grave : ' ' Quién llama ? 
— Para el Prior, contesta al escudero, 
Traigo un pliego del Rei. — Entrad," le dice 
Con voz humilde un cenobita austero. 
Pronto la fiel comunidad desciende 

Al patio de los Reyes anchuroso, 

Y pronto son abiertas 

Del recinto monástico las puertas. 
Con armas pavonadas 

Y una bandera, en cuyo centro brilla 
El blasón de Castilla, 

Un heraldo, presente 

El mensaje del Rei, así lo anuncia : 

1 Hai en el Escorial una puerta designada para cxue los Reyes de 
España hagan su primera entrada solemne en el templo, después de 
subir al trono, la cual no se vuelve á abrir sino para que entre su 
cadáver. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 207 

" Don Felipe Tercero, 

Nuestro Kei y Señor, á vos encarga, ^ 

Eeverendo Prior, que al Eei, su padre, 

Que en santa gloria está, deis sepultura. „.. 

— El Eei lo manda ? entrad" solo repite 

El monje venerable. 

Marchas suenan los roncos atambores, 

Marchas suenan los bélicos clarines, 

Y al peso y retemblar de la armadura 
El fogoso alazán el freno tasca, 

Y enciende el pedernal con la herradura. 

La regia pompa lentamente avanza, 

Y el santo templo llena congojosa, 
En tanto que en un túmulo elevado 
El sarcófago fúnebre aparece. 

De los nobles Monteros de Espinosa 
Por el debido esfuerzo colocado. 
Las armas de Aragón y de Castilla, 
Las árabes cadenas de Navarra (2), 
Las columnas de Alcídes, 
Del sañudo león la altiva garra, 
Las quinas y las águilas se ostentan 
En negro paño recamado de oro. 
Que al eminente túmulo ennoblece ; 

Y con el regio manto coronado, 

El cetro de dos mundos resplandece . 

Un pabellón, formado 

De pendones rendidos. 

Por la cruz de Lepanto dominado. 

La gloria anuncia del marcial trofeo, 

Y en el suelo arrojado 

El Alcorán de Alí La numerosa 

Corte vestida de doliente luto. 
Los Grandes y Prelados reunidos. 

El reinante Monarca 

Todo es grande y solemne 

En tan dignos y justos funerales ; 

2 Las cadenas del escudo de Navarra representan las que cerca- 
ban y fortalecían la tienda real de los moros en la célebre batalla de 
liBS Navas, por haber sido las tropas del Rei de Navarra las primeras 
que consiguieron romperlas y apoderarse de los reales enemigos. 



208 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y para aumento de la pompa augusta, 
En dos opuestas filas divididos, 
Sirven de armados guardas 
Cuarenta mosqueteros españoles 

Y cuarenta flamencas alabardas. 
Himnos y preces sobre el alto coro 
Las elevadas bóvedas resuenan 
De la iglesia ostentosa, 

Y un docto monje con pausada planta 
A la cátedra santa 

De la verdad se eleva, 

Y al resplandor de fúnebres blandones, 
Que dan al templo pálido celaje, 
Entre el silencio do las gentes mudo, 
Con grave acento y con ternura, pudo 
Tributar á su Eei este homenaje : 

" Ved esa pompa, oh grandes de la tierra ! 
Mirad el fin de nuestra vida breve ! 
Esa urna cineraria solo encierra 
X De Felipe Segundo el polvo leve. 

Prudente en paz y respetable en guerra. 
Honrar España su memoria debe, 

Y por su salvación la Iglesia Santa 
Himnos y preces fervorosa canta. 

" Si el cielo el alta inspiración me diera 
Que hizo inmortal al orador de Aquino, 
O si en este lugar me concediera 
Su docta ciencia y su decir divino. 
Quizás entonces reanimado fuera 
En ese augusto túmulo vecino. 
Para ventura de la hispana gente, 
El despojo mortal del Rei Prudente. 

" Si en honra y bien de la nación judía 
En las Sagradas Escrituras leo 
Que al pueblo de Israel defendió un dia 
El religioso Judas Macabeo ; 
De la reciente pérfida herejía 
^^ También á España defendida veo, 
Haciendo frente al luterano bando 
Del Católico Eei el justo mando. 



POETAS ESPAÑOLES. y AMERICANOS. 209 

" Mas ai ! que débil el acento mió, 
No puede sublimarse á tanta altura, 
Para hablar del cristiano poderío 
Con que Felipe gobernar procura. 
Ni cuál resiste al heresiarca impío 
Con fe constante, vigorosa y pura, 
Sin que un rayo de luz baje del cielo 
A herir mi frente y alumbrar mi celo. 

" La Virgen celestial que á la serpiente 
Holló en Belén con poderosa planta. 
Que es de bondad inagotable fuente 

Y hermosa y pura y mediadora y santa. 
Madre inmortal de la cristiana gente 

Y madre del Dios mártir sacrosanta. 
Porque su amparo y protección logremos. 
Con el ángel Gabriel invocaremos. 



Et rcpulsi sunt inimici ejus prae 
timore ejus, et omnes operarii ini- 
quitatis conturbati Bunt : et direc- 
ta est saluB inmanu ejus. 

Machad., lib. I. cap. 3,° v. 6. 

" Cansado de reinar Carlos Primero, 
Desciñe de su frente la corona, 

Y por un claustro solitario, austero. 
Las mundanas grandezas abaftdona : 
Con renombre de célebre guerrero 
La fama militar le galardona. 

Pues con las armas imponiendo leyes, 
Fué honor de España, admiración de reyes. 

" Al trono de la vasta monarquía 
Que siempre en su carrera el sol alumbra. 
El Rei que vemos en la tumba fria, 
Por la renuncia paternal, se encumbra ; 
Mas á quien lleva la virtud por guía 
Nunca del mando el esplendor deslumhra ; 
Que la gloria del mundo es sombra vana, 

Y frágil barro la existencia humana. 

27 



210 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

" Santa doctrina ! ; Máxima sublime, 
No olvidada jamas del Eei Prudente, 
Que nunca al pueblo con su cetro oprime, 
M desoye el clamor del inocente ; 
Que el desenfreno criminal reprime 
Con el castigo que la lei consiente, 

Y vela porque el oro ó la malicia 
No perviertan la voz de la justicia ! 

" Nunca juntos tan célebres varones 
El honor español miró afamado. 
Pe ciencia y de virtud y de blasones, 
Como en su justo, paternal reinado : 
Magistrados, prelados, campeones, 

Todos gozan renombre respetado 

Mas del trono á los fúlgidos destellos, 
, Se ve mas grande el Eei que todos ellos. 

" No liai que olvidar que á la guerrera gloria 
Esta suntuosa fundación debemos, 

Y que de San Quiutin por la victoria, 
Aquí prodigios de las artes vemos ; 

Ni que hoi su nombre en la futura historia 
Con esta excelsa pompa aumentaremos. 
Como que su esplendor se ostenta y brilla 
En la áel mundo octava maravilla. 

" Del final porvenir alzando el velo 
En la techumbre del grandioso coro^ 
El pincel de Cambiazzo anima el cielo 
Con etéreo fulgor y nubes de oro : 
El canto que ei^tonó piadoso celo 
Vuelve, y retumba el artesón sonoro. 
Presagio fiel del eco tremebundo 
Que el término fatal anuncie al mundo. 

' ' Aun te miro, oh mi Eei ! en la escabrosa 
Cima sentado del vecino monte. 
Cortando esta basílica famosa 
A tu vista la luz del horizonte ; 

Y en medio de su fábrica ostentosa, 
Porque tu docta fama te remonte, 
Sobre su forma y construcción severa 
Dar gloria al arte, inspiración á Herrera. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 211 

" Sagrada Eeligion ! Tú en algún dia, 
Con el signo del Gólgota en la mano, 
Que solo un Dios santificar podia 
Muriendo en él por el linaje humano, 
Humillando la falsa idolaíría 
Y dominando al alto Vaticano, 
Tú hiciste con tu luz en todas partes 
Al Cristianismo genio de las artes. 

"Mas ¿ cómo, ante la tumba que presente 
, Tengo á mis ojos, olvidar pudiera 
El triunfo que en el piélago inclemente 
Nuestra bizarra flota consiguiera ! 
¿ Quién hai que, al recordar al Eei Prudente, 
No recuerde también la rabia fiera 
Del feroz musulmán, que con espanto 
Hundido su poder lloró en Lepanto ! 

" Con suelta vela y favorable viento. 
Ostentando la cruz en la alta popa, 

Y vivas elevando al firmamento 
Sobre cubierta la marina tropa, 

Surca atrevida el húmedo elemento j 

La ai-madá fiel de la cristiana Europa, 

Y deja de Corcira las riberas. 
Llevando al golfo naves y galeras. 

" En los palos las velas recogidas, 

Y el ancla férrea fatigando el cable, 
Las musulmanas proras reunidas 
Aguardan con valor imperturbable ; 
Pero pronto á los vientos extendidas, 

Y el áncora levada formidable, 
En ordenada línea se colocan, 

Y al combate mortífero provocan. 

" Toda la gente en la cristiana armada 
De popa á proa la cubierta encubre, 

Y por el Joven de Austria levantada. 
La redentora enseña se descubre 
Con la divina imagen enclavada 

Que el Santo Leño con su sangre cubre ; 

Y al ver la Cruz, ruidosa gritería 
Se alza al cielo con voces de alegría. 



212 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

" Era de ver aquellos campeones, 
En santa compunción puestos de hinojos, 
Eepitiendo piadosas oraciones, 
Mezcladas con el llapto de sus ojos ; 
Empero sus guerreros corazones 
Brotando sangre, respirando enojos. 
Ansian volar á la naval pelea. 
Porque triunfar la Cruz el mundo vea. 

" Viento contrario á la creyente flota 
Viene á impulsar las naves otomanas. 
Que, cambiado, las deja en su derrota, 
Para la vela hinchar de las cristianas. 
El mar ondisonante se alborota, 

Y salpica banderas y mesanas, 

Y de pólvora, en fin, un humo denso 
Cubre con su vapor el golfo inmenso. 

" Súbito aquella niebla pavorosa 
Milagroso huracán arroja al lado 
En que de Alí la escuadra poderosa 
El combate sostiene encarnizado : 
Don Alvaro Bazán, que la animosa 
Reserva manda, acude acelerado. 
Porque un error el otomano aprecia 
Para i'endir seis naves de Venecia. 

" Enarbolando negras banderolas, 

Y enhiesta en el bauprés uua cuchilla, 
Rompiendo de la mar las crespas olas. 
Siroco, el albanes, mueve su quilla. 
Fuego por las abiertas portañolas 
Lanza sobre las velas de Castilla ; 
Truena el canon, el piélago retumba, 

Y en la playa vecina el viento zumba. 

" Mas Bazán á la nave emprendedora 
La suya atraca, le barrena el casco, 

Y pegándole fuego por la eslora, 
Revienta cual durísimo peñasco .... 
Así fenece la guerrera prora 
Celebrada en Esniirna y en Damasco 
Por su estrella feliz en los combates 
Cuando guardó las bocas del Eufrates. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 213 

" El de Austria, con diez buques españoles, 
De los contrarios el costado gana, 

Y venablos y balas arrojóles 
Desde su hermosa prora castellana ; 

Y enredando á los suyos los penóles 
De la enemiga nave capitana. 
Animado de bélico coraje, 

Grita con fiero ardor : Al abordaje! 

" Entonces salta al bordo contrapuesto 
Con los suyos, armados de machetes, 
Sin que contenga su arrojado arresto 
El fuego de arcabuces y mosquetes : 
Con firme obstinación defiende el puesto 
El turco con soldados y grumetes ; 
Corre la sangre y se desborda pronto. 
En pos bajando á enrojecer el Ponto. 

" Viendo Don Juan en la tenaz refriega 
Que la palma triunfal incierta vaga. 
Corre á la popa., y con audacia ciega 
De Alí en el corazón hunde la daga ; 
Sobre el alcázar que la sangre riega. 
Con el turco Sanjac el viento halaga (3^, 

Y exclama, lleno de arrogancia y gloria : 
Viva la. Religión ! viva ! Victoria ! 

"A su voz en las naves y galeras, 
Del otomano fiero vencedoras, 
Se ostentan en los palos las banderas 
Con palmas y coronas triunfadoras ; 

Y las vencidas gentes altaneras 
Cruzan la mar con sus notantes proras. 
Llenas de asombro y de mortal cansancio, 
A llevar su terror hasta Bizancio. 

" Fué del Prudente Eei el poderío 
De moros y de herejes escarmiento, 
Firme rival del Támesis umbrío, 
Duro azote del Sena turbulento, 

3 Sanjac estandarte turco, venido de la Meca, ganado en la bata- 
lla de Lepante, y preseatado á Felipe II en el Escorial, (Cabrera, 
Historia d& Felipe 11.) 



214 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Gloria del trono, de la Iglesia brio. 
Temido en Flándes, respetado en Trente ; 

Y desde el mar de Luso á la Junquera, 
Hubo un cetro, un altar y una bandera. 

"Vosotros, los que, al túmulo cercanos. 
El féretro guardáis, abridlo luego ; 

Y ante esos restos míseros humanos 
La verdad me dará lengua de fuego : 

Y no con los acentos cortesanos 
La voz al viento vagaroso entrego, 
Pues la cátedra sauta se profana 

Con falso aserto y con lisonja humana, 

" Horrendo crímeri, que la envidia pudo 
Solo inventar con fiera alevosía. 
Mas vil é infame que puñal agudo 
Clavado en bienhechor á sangre fria, 
De apoyo cierto y de razón desnudo, 
Se atribuyó á Felipe con impía 
Calumnia, que brotó suelo extranjero .... 
Crimen horrible, que expresar no quiero ! (4j 

4 Ya nadie ignora qne la perversa índole del príncipe D. Carlos, 
sus inteligencias clandestinas con los rebeldes de Flándes, y su tenaz 
empeño en atentar contra la vida de su padre, fueron las causas que 
obligaron á Felipe II á mandarle prender y formarle causa crimiual. 
Ocupados los papeles del Príncipe en el acto de su arresto, encargó el 
Rei su examen á varios consejeros, presididos por el cardenal Espino- 
sa, favorito del Monarca é Inquisidor general, de cuya última circuns- 
tancia se originó el en-or de que Carlos había sido juzgado por el Tri- 
bunal del Santo Oficio. Examinados los papeles del Príncipe, y dada 
cuenta al Rei del resultado, nombró S. M. para que formase y sustan- 
ciase el proceso, una comisión, compuesta del cardenal Espinosa, del 
príncipe de Eboli, Rui Gómez de Silva, consejero do Estado, y del 
Licenciado D. Diego Briviesca de Muñatonesi, del de CastUla ; toman- 
do el Rei á su cargo la presidencia. Entre tanto el Principe obraba 
en su prisión como desesperado y fuera de juicio. Unos dias comia 
desmedidamente, otros no tomaba alimento alguno. Bebia con exceso 
agua de nieve, regaba sii cama con ella, y también el pavimento de 
su cuarto, paseándose después por él descalzo y desnudo ; y en 
suma, cometió tales excesos, que le acarrearon una grave enfermedad, 
y por último la nauerte. De este suceso' nacieron las calumnias in- 
ventadas por el Príncipe de Orange en el manifiesto que difundió por 
Europa, acogidas con ansia por los escritores franceses, enemigos im- 
placables de Felipe U, y exornadas con otros episodios de su fantasía 
por los novelistas y poetas. 

Verdad es que Felipe dijo al cardenal Espinosa y al Pi'íncipe de 
Eboli, tratándose de los gravísimos delitos de estado que aparecían 
contra D. Carlos, de los documentos insertos en el proceso, que si la 
lei le condenaba, "su corazón le dictaba la dispensa; pero que su 
" conciencia no se lo permitia, porque no esperaba que fuese para 
" bien alguno de la España ; y por el contrario creia que la mayor 
" calamidad del Reino seria tener un monarca sin instrucción, talento, 
" juicio ni virtud, lleno de vicios y pasiones, especialmente la cólera y 
" ferocidad sanguinaria : por lo cual, á pesar del amor paternal y de 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



215 



" El joven Carlos, en la edad fogosa, 
Las fieras fatigaba en la carrera ; 
El cierzo frió ó siesta calurosa 

Nunca esquivaba su índole ultanera 

Qoizá lisonja astuta y codiciosa 
Su loca sed de mando enardeciera ; 
Que de ambición los pérfidos engaños 
Culpan de lento el curso de los años. 

" Postra al Príncipe augusto fiebre ardiente 
En el rigor del abrasado estío, 

Y el término fatal llegar presiente, 
Que abre los senos del sepulcro frió ; 

Y á un religioso anciano y penitente. 
Esforzando su voz, aliento y brio, 
Pidió que santa absolución le diera 
Antes que su alma al Hacedor rindiera. 

" la violencia que le costaba un sacrificio tan terrible, consideraba 
" forzoso el hacerio [dejar obrar á la lei] si se proseguía el proceso 
" en regla ; pero, atento á que el estado de la salud de su hijo era tan 
'' infeliz, que se debia esperar su muerte natural por efecto de sus des- 
" arreglos, consideraba por menor mal descuidar un poco la cura- 
" cion, condescendiendo á. cviántos apetitos tuviera el enfermo." No 
bal duda en que estas palabras manifiestan un vivo deseo en el Rei 
deque su hijo falleciese de la enfermedad que le aquejaba, por consi- 
derar su muerte como el único medio de no verse en el doloroso apu- 
ro de luchar entre los sentimientos paternales y el deber de su con- 
ciencia, en caso de que la lei le condenase. Pero de este deseo al 
hecho de envenenarle hai tal distancia, que fuera temeridad sospe- 
charlo, careciendo de toda especie de datos en qae fundar el juicio. 
Sólo la ojeriza mortal de los enemigos de Felipe ptidiera arrojarse á 
dar por cierto un hecho tan atroz de parte de un padre, cuando éste 
con plena seguridad de conciencia, hubiera logrado su intento por el 
ministerio de la lei. 

A esta fábula se agregS después otra con ocasión de la muerte pre- 
matura de la Beina D?- Isabel de Borbon, acaecida de resultas de un 
mal parto, á mas de dos meses del fallecimiento del Principe. Supúso- 
se también obra del Rei la muerte de esta señora, por haber descu- 
bierto relaciones amorosas de la misma con D. Carlos ; añadiendo 
para dar mas fuerza & la calumnia, que D? Isabel habia venido á ca- 
sarse con el Principe, y que el viejo la obligó á que fuese su esposa. 
Un cuento tan oportuno pai'a dar ínteres á un drama trágico, no es de 
extrañar que lo creyesen y adoptasen con afán los poetas, los cuales se 
detienen poco en apurar la verdad de los hechos, cuando ofrecen re- 
cursos al arte para producir el efecto que se proponen. A fin de 
hacer ver lo absurdo de semejante novela, basta recordar que, por el 
el art. 27 del tratado de Cambresis, celebrado en Abril de 1559, se acor- 
dó el casamiento de la princesa Isabel con el Rei D. Felipe, y no con 
su hijo, el cual no Uegaba á los catorce años de edad, siendo ademas 
mal conformado, pálido y enfermizo : y que el Rei, su padre, nacido 
en 21 de Mayo de 1527, tenia entonces treinta y dos años. Tal era el 
vigo que se apropió la novia de su gallardo y virtuoso primogénito, 
como le pintan los poetas. 

Estos sucesos, puestos en el mas alto punto de claridad por D. Juan 
Antonio Llórente, en su Historia de la Inquisición de España, pueden 
leerse por extenso en el tomo VI de dicha obra, edición de Barcelona, 
hecha en 1836. 



216 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

" El padre Kei, con alma enternecida, 

Y su semblanteen lágrimas bañado, 
Por entrada á la gentes escondida, 

Y de solo un ujier acompañado, 
Con mano temblorosa y extendida 
Bendice al moribundo acongojado, 

"■ Y en voz quebrada y compasivo tono 

Exclama : Hijo infeliz ! Yo te perdono (5). 

" Esta es, oh mundo ! la verdad entera : 
No hai que escuchar á la impostura impía. 
La voz de la verdad es duradera 
Mas que el eco de pérfida falsía. 
Cuando del Duque de Alba la guerrera 
Espada á los rebeldes combatía, 
Hizo cundir por su marcial falange 
Esa calumnia el Príncipe de Orange. 

" ¡ Eterno Dios, que, en majestad vestido. 
Das á los orbes rumbo y movimiento, 
Que pones coto al mar embravecido, 

Y refrenas el ímpetu del viento ! 

Tú, que del hombre á la maldad vendido 
Sabes frustrar el atrevido intento ; 
Tú, que á las huestes por honor y gloria 
Concedes el laurel de la victoria; 

" Tú, que al pecho cristiano fortaleces 
En las tribulaciones de la vida, 

Y bondadoso padre, te enterneces 
Al invocarte el alma arrepentida ; 
Tú, que á tu santa Religión ofreces 
Que, por tu fuerte brazo defendida. 

No han de poder contra su dogma eterno 
Prevalecer las puei'tas del infierno ; 

5 El Príncipe D, Carlos falleció el dia 24 de Julio de 1568, á las 
cuatro de la mañana. Felipe n, Sin ser visto ftel Príncipe, le repitió 
la bendición paternal, que ya lehabia dado, á petición suya, por me- 
dio de Fr. Diego de Chaves. El Rei extendió el brazo para bendecir 
á s» hijo, entre los hombros del Principo de Eboli y del Gran Prior de 
San Juan, que se hallaban en la cámara del Príncipe, encargados del 
cuidado de la persona de S. A., por orden de su augusto podre. — 
(Llórente, en la Jíisíoria citada.) 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 217 

" Los ojos vuelve á la afligida España, » 

Que por su amado Eei lágrimas vierte, 
Hoi, que vano saber al mundo engaña, 

Y con villana astucia lo pervierte : • 

¡ Inaudita maldad ! ; infame hazaña, « 

Sembrar do quiera destrucción y muerte. 
Porque tremole la altivez impía 
La bandera procaz de la herejía ! 

" Nunca, oh mi Dios! en nuestro patrio suelo 
Germine la semilla venenosa, 
Que tanto estrago y amargura y duelo 
DelKeno esparce en la ribera umbrosa.. 
Como de Kecaredo el santo celo 
De Arrío venció la secta poderosa, 
De España aleja la falaz doctrina. 
Que ya cercanos reinos contamina. 

" Que no miren mis ojos afligidos 
Por tierra los católicos altares. 
Ni sus santos ministros perseguidos. 
Ni enmudecer sus preces tutelares, . . 

Ni por el luterano destruidos 
Estos santos monásticos hogares, 
Ni del cisma espantoso los horrores 
Aparten de su grei á los pastores. 

" Ai ! que él error su predominio extiende ! 
i No veis que ya en su cuna no se encierra, 

Y en sus tramas sofísticas comprende 

A la antigua cristiana Ingalaterra ? (6) 

Tu brazo, oh Dios ! á nuestra España tiende, 
Para hacer al infierno cruda guerra : 
Tú, sin dar á Satán tregua ni pausa. 
Levántate, Señor ! juzga tu causa. 

" i Oh Felipe, Tercero de este nombre. 
Que hoi á tu padre en el sepulcro lloras ! 
Aumenta tu clarísimo renombre 
Defendiendo la fe del Dios que adoras ; 

[6] Asi se escribia esta palabra en el tiempo en que se sapone 
predicado este sermón, 

28 



21§ POETAS ESPAÑOLES Y AMERiCANOS. 

Que tu firmeza al universo asombre 
Contra audaces doctrinas novadoras, 

Y justifiques en tu augusto mando 
^er digno sucesor de San Fernando. 

; " Alma del Eei que inanimado iniro ! 

• Rei malogrado entre el común lamento ! 
Eei que rendiste el último suspiro 
Elevando tu vista al firmamento ! 
Ese estrellado globo de zafiro, 
Del solio del Señor eterno asiento, 
La gloria celestial gozar te vea. 
Eogad, fieles, áDios porque así sea !" 

Terminó el orador : con marcha grave 
El fúnebre concurso se difunde 
Del regio templo por la inmensa nave. 
Las gradas del altar cuatro maceres 

Y guardas y monteros 

Suben, llevando el féretro ostentoso 

. " Descanse en paz," el cántico decia ; 
" Descanse en paz," el eco repetía. 

Y Felipe Segundo, ya en la tumba. 
En silencio eternal, mudo testigo 
De las pompas mundanas, 

Y sordo á la verdad y ala lisonja. 

Ni oye el triste clamor de las campanas, 
Ni el tronar del cañón en la ancha lonja. 

BeRNARDINO FERIÍA51DEZ DE VeLASCO. 
[D^ique de Frías.] 



AL MAE. 



Te vi cien veces y te amé otras ciento ; 
Tu eterno movimiento, 
Tus ondas impetuosas, 
Me pintaban con tintas vigorosas 
La sorda inmensidad del ¡jensamiento. 
T^ oí rugiendo en la espantada arena, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 219 

Y al escuchar tu bárbaro rugido, 
Me figuraba la salvaje pena 

Y el estertor hundido 

De algún gigante en tu extensión dormido. 
Quise de cerca contemplar tu ceño, 

Y con valor que en imprudencia raya, 
Crucé tus olas sobre un frágil leño 

Y tu poder me pareció pequeño, 
Cuando toqué la salvadora playa. 
Luego contigo y con mi esfuei'zo á solas 
Desafié tu rabia prepotente. 
Desnudo, audaz, te acometí valiente, 

Y al son de enamoradas barcarolas, 
Nadando en ese piélago rugiente. 
Me burlé de tu furia y de tus olas. 
Con tu furor de víctimas sediento 
Luché cien veces y vencí otras ciento. 
Sin mas armas ni fuerzas que mis brazos ; 
Tus montañas de espuma hice pedazos ; 
Floté sobre tu abismo turbulento, 
Desvanecí tu temeroso nombre. 
Porque llevo en mi cráneo el pensamiento, 
Porque tú eres el mar, yo soi el hombre. 

Y yo te adoro, ¡ oh mM ! cuando en serena 

Y apacible velada de verano, 

Como esclavo á quien rinde la cadena 

Y se duerme á los pies de su tirano, 
Vencido una vez mas en la contienda 
Que con la tierra tienes empeñada, 
Dibujas ancha estela nacarada. 
Abres al navegante amiga senda. 

Te acercas á la playa solitaria. 
Murmuras con el viento una plegaria. 
Llorando tu impotencia y tu fortuna. 
Suspiras por el brillo de la luna 
Que allá en el cielo su esplendor te envía, 
Tu faz tranquila, tu imponente calma, 
Recuerdan á mi triste fantasía 
Que ya no volverá la paz del alma. 
Cuando en las nubes se revuelca el trueBOi 



220 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 

Y el cielo es negro y la tiniebla es densa, 

Y se desata en tu rasgado seno 

Todo el furor de una borrasca inmensa : 
Cuando el rayo fugaz tu espalda azota 

Y en breves llamaradas 

t Ilumina las olas encrespadas 

De tu semblante que en los aires flota ; 

Y cual caos de monstruos ofendidos 
Prodigas el horror y la pavura, 

Y abres al navegante sepultura. 
Cantando el funeral con tus bramidos ; 

Y con salvaje cólera revientas, 

Y en brazos de los fieros aquilones 
Multiplicas la fuerza soberana 

Con que la tierra atónita amedrentas, 
Eres copia servil de las pasiones 
Que agita turbulentas 
El huracán de la soberbia humana. 

¡ Cuan magnífica, oh mar !,. En tí se mira 
La esfera, con sus órbitas de plata. 
El rio en despeñada catarata 
Corre á aumentar tus ondas y tus iras ; 
La nave sus tesorf s te abandona, 
Diadema de peñascos te corona, 
' Adornan tus entrañas de cristales 
Alcázares de perlas y corales, 
Pones un freno ala ambición del monte. 
Te envuelves á tí mismo en blanco velo, 

Y viene á confundirte con el cielo 
En prolongado abrazo el horizonte. 

Cuando en el eco de los mundos suene 
Con su reloj fatal mi última hora. 
En alta voz que vil temor no enfrene. 
Yo le diré á tu furia bramadora : 
" Para apagar la llama que en mi alienta 
Necesito tu saña y tu tormenta ; 
Mi vida, como tú, fué borrascosa, 
Inmensos, como tú, mis sentimientos ; 

Y sólo en tus abismos turbulentos 
Puede el hombre encontrar honrada fosa ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 221 

Acércate, ¡ oh coloso rozagante ! 
Recíbeme en tu seno palpitante 

Y levanta en el fondo un cenotafio. 
Quiero sobre tu líquido arrogante 
Eternizar mi fúnebre epitafio, 
Tener con tus bramidos digno duelo, 
En tu profundidad mortuoria caja. 
Tu sábana de espumas por mortaja 

Y en tu lecho dormir, mirando al cielo." 

Juan Tomas Salvany. 



EL DOS DE MAYO. 



Oigo, patria, tu aflicción 

Y escucho el triste concierto 
Que forman tocando á muerto 
La campana y el canon ; 
Sobre tu invicto pendón 
Miro notantes crespones, 

Y oigo alzarse á otras regiones 
En estrofas funerarias. 

De la Iglesia las plegarias 

Y del arte las canciones. 
Lloras porque te insultaron 

Los que su amor te ofrecieron.. . 
¡ A tí, á quien siempre temieron 
Porque tu gloria admiraron : 
A tí, por quien se inclinaron 
Los mundos de zona á zona ; 
A tí, soberbia matrona. 
Que libre de extraño yugo. 
No has tenido otro verdugo 
Que el peso de tu corona ! 
Do quiera la mente mía 
Sus alas rápidas lleva, 
Allí un sepulcro se eleva 
Cantando tu valentía : 



222 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Desde la cumbre bravia 
Que el sol indio tornasola, 
Hasta el África que inmola 
Sus hijos en torpe guerra, 
¡ No hai un puñado de tierra 
' Sin una tumba española ! 

Tembló el orbe á tus legiones, 

Y de la espantada esfera 
Sujetaron la carrera 
Las garras de tus leones ; 
Nadie humilló tus pendones, 
Ni te arrancó la victoria ; 
Pues de tu gigante gloria 
No cabe el rayo fecundo 

Ni en los ámbitos del mundo, 
Ni en el libro de la historia. 

Siempre en lucha desigual 
Cantan tu invicta arrogancia, 
Sagunto, Cádiz, Numaucia, 
Zaragoza y San Marcial. 
En tu suelo original 
No arraigan extraños fueros ; 
Porque indómitos y fieros 
Saben hacer tus vasallos 
Frenos para sus caballos 
Con los cetros extranjeros.... 

Y aun hubo en la tierra un hombre 

Que osó profanar tu manto 

Espacio falta á mi canto 
Para maldecir su nombre ! . . . . 
Sin que el recuerdo me asombre, 
Con ansia abriré la historia ; 
Presta luz á mi memoria, 

Y el mundo y la patria á coro 
Oirán el himno sonoro 

De tus recuerdos de gloria. 
Aquel genio de ambición 
Que en su delirio profundo 
Cantando guerra hizo al mundo 
Sepulcro de su nación. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 223 

Hirió al ibero león 
Ansiando á España regir ; 

Y no llegó á percibir, 
Ebrio de orgullo y poder, 
Que no puede esclavo ser 
Pueblo que sabe morir. 

" Guerra ! " clamó ante el altar 
El sacerdote con ira; 
" ¡Guerra ! " repitió la lira 
Con indómito cantar : 
" ¡ Guerra ! gritó al despertar 
El pueblo que al mundo aterra ; 

Y cuando en hispana tierra 
Pasos extraños se oyeron, 
Hasta las tumbas se abrieron, 
Gritando : " Venganza y guerra ! " 

La Virgen con patrio ardor. 
Ansiosa salta del lecho ; 
El niño bebe en el pecho 
Odio á muerte al invasor ; 
La madre mata su amor, 

Y cuando calmado está. 
Grita al hijo que se va : 

" Pues que la patria lo quiere, 
Lánzate al combate y muere ; 
Tu madre te vengará. " 

Y suenan patrias canciones 
Cantando santos deberes ; 

Y van roncas las mujeres 
Empujando los cañones ; 
Al pié de libres pendones 
El grito de patria zumba ; 

Y el rudo cañón retumba, 

Y el vil invasor se aterra, 

Y al suelo le falta tierra 
Para cubrir tanta tumba ! 

Mártires de la lealtad, 
Que del honor al arrullo 
Fuisteis de la patria orgullo 
T honra de la humanidad.-.. 



224 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

En la tumba descansad, 

Que el valiente pueblo ibero 

Jura con rostro altanero 

Que hasta que España sucumba, 

No pisará vuestra tumba 

La planta del extranjero. 

Bernardo López García. 



NOCTURNO INDIANO. 



Suelta la lona á los vientos, 
En una negra piragua, 
Surcando va por el agua 
El indio Caonabó. 

Y mientras la nivea espuma 

Bajo la prora ríela, 
Mirando la blanca estela 
De su batel, así hablo. 

" Adiós, envidiada 

Esposa del dia. 

Adiós, patria mia, 

Que mas no veré. 
En tí se quedaron 

La choza incendiada. 

La madre adorada. 

La virgen que amé." 

En tanto ligera, surcaba en el agua 

La negra piragua, 
Las ondas rompiendo con sordo rumor, 

Y el indio en la popa, tendida la vela 

Miraba la estela, 
Cantando á los vientos su negro dolor. 

" Por siempre te quedan ■ 
Mis bellos palmares, 
Los dulces cantares 
Que alzaba mi voz. « 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 225 

Y el rio que amaba, 
Mis montes, mi cuna. 
Mis cielos, mi luna, 
Mi altar y mi Dios." 
En tanto cual ave que rápida vuela, 

Eedondala vela, 
La negra piragua cortaba la mar ; 

Y el sol, en ocaso, su frente inclinaba, 

Y el indio bogaba, 
Oyendo en la prora las olas bramar. 

"i Llevad á mi patria. 

Con roncos clamores, 

Llevad, oh Condores, 

Mi triste cantar ! 
i Decid cómo elindio 

Por siempre reposa ; 

Los cielos, por losa, 

Por tumba, la mar ! " — 

Y mientras se hundíala negra piragua. 

Surgiendo del agua 
La luna en las sombras su faz levantó : 
Los ecos del indio, la voz repitieron 

Las ondas gimieron .... 
Después ya ni el indio, ni el eco se oyó . 

Felipe Tejera. 



LA ZONA FRÍA, 



Contestación á un canto titulado ^'La Zona Templada : " 
dedicado al autor. 



Al fin, querido hermano, tu cítara sonora 
Agitas con hermoso, dulcísimo cantar, 
Cual las dormidas auras que en la risueña auroi'a 
Se mecen en las ondas del sosegado mar. 
29 



226 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Al fia has roto el yugo del lóbrego marasmo 
Do un tiempo de tu musa se hundió la inspiración ; 
Al fin has despertado, llenando de entusiasmo 
Mi joven, mi sensible, mi ardiente corazón. 

De los egregios vates la reluciente palma 
Alcanza ya tu numen, tan lleno de vigor, 
A cuyo dulce acento las fibras de mi alma 
Se agitan, impulsadas del fraternal amor. 

Tu planta no detenga en senda tan gloriosa 
Del celo y de la envidia el hórrido puñal. 
Que el genio siempre marcha con huella victoriosa 
Luchando con los fieros espíritus del mal. 

Tus trovas tan hermosas, tan llenas de poesía, 
%ne cantan de la zona templada la raansion. 
De su florido seno la mágica alegría, 

Y de sus bellos frutos la ingente profusión ; 

Que cantan de su otoño la aurífera belleza. 
Su opimo y delicioso matiz primaveral, 
De su terrible invierno la fúnebre tristeza, 
De su verano ardiente el fuego equinoccial ; 

Que pintan con tan bellos, vivísimos colores 
Del labrador sencillo el suspirado hogar. 
Del campo las fatigas y rústicas labores. 
Del tímido ai-royuelo el dulce susurrar ; 

Encienden de mi musa la llama inspiradora 
Sintiendo los impulsos de mi estro varonil, 

Y canto aquella zona, do nunca lleva Flora 
Las relucientes galas del aromoso Abril. 

Aquella zona triste, sin gloria y sin ventui'a 
Que encierra las regiones del círculo polar. 
Do nunca escucha el hombre la fuente que murmura 
Ni de armoniosas aves el juguetón trinar. 

Do tiene entre sus brazos el^mplacable Eolo 
Las furias detenidas del tétrico huracán, 
Que llevan el estrago del uno al otro polo 
E inflaman las candentes cenizas del volcan. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 227 

Allí la faz del hombre jamas ha contemplado 
Benefactores rayos del refulgente sol ; 

Y nunca el horizonte se ostenta engalanado 
Con los purpúreos tintes del lúcido arrebol. 

Allí tan solo llega confusa y mortecina 
La lumbre que despide del disco tropical 
El sol que de los mundos los centros ilumina 

Y aleja sus favores de la región glacial. 

No luce allí sus galas la hermosa primavera, 
Ni hace crecer sus frutos el estival calor, 
Ni otoño le regala su rica sementera, 
Ni adorna los ramajes la colorida flor. 

De invierno los sañudos y roncos temporales 
Azotan de su seno la inculta producción ; 

Y las pequeñas grutas de fieros esquimales 
Convierten su recinto en mustio panteón. 

De tan estéril zona las anchas soledades 
Presentan los follajes marchitos del ciprés, 
De cuyo tronco arrancan las rudas tempestades 
Las hojas moribundas que gimen á sus pies. 

Inmensas extensiones de gigantescos pinos 
Eodeadas de inodoras praderas de abedul, 
Eeciben en su frente los recios, torbellinos 
Que cubren de nublados el horizonte azul. 

Allí levanta el cuervo su lúgubre graznido, 
El águila altanera su altísimo volar, 
La hiena sanguinosa su fúnebre quejido, 

Y la feroz pantera su horrísono bramar. 

Los lobos y osos blancos que marchan en bandadas 
Con el veloz rengífero se cruzan en tropel, 
Que de los mares huyen las moles encrespadas 
Cual huye de las fieras el tímido corcel. 

Montañas majestuosas de helada contextura 
Eecorren el oleaje del extendido mar, 
Cuyas plateadas filas, ya alcanzan á la altura, 
Ya caen de sus cimientos con hondo retumbar* 



228 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Esa es la zona triste, sin matizado oriente, 
Que encierra las regiones del círculo polar, 
Do nunca escucha el hombre la sonorosa fuente, 
Ni de aves coloridas el juguetón trinar. 

Sus ateridos llanos, su nebuloso cielo, 
Sus gélidas escarchas, su lobreguez sin fin, 
Las plantas inodoras que brotan de su suelo, 
La fúnebre tristeza de su glacial confín ; 

De la templada zona los frutos deliciosos. 
El clima y los perfumes del seno tropical. 
Las calmas apacibles, los mares borrascosos, 
De innúmeras esferas el orden sin rival; 

Nos muestran del Eterno la mano omnipotente. 
Su inmensa, penetrante y excelsa inspiración. 
Que infunde á la cascada su armónica corriente, 
Al aura su dulzura, su fuerza al aquilón. 

Y yo que adoro ansioso sus obras inmortales 
Con el vigor que inspira la ardiente juventud, 
Canté las relucientes mansiones tropicales 

Y las heladas zonas al son de mi laúd. 

También, querido hermano, en férvida poesía 
Cantaste de la zona templada la mansión ; 
De su florido seno I9, mágica alegría, 

Y de sus bellos frutos la ingente profusión. 

Al fin ha despertado tu cítara sonora 

Y arrancas á sus cuerdas dulcísimo cantar. 
Cual las dormidas auras que en la risueña aurora 
Se mecen en las ondas del sosegado mar. 

Manuel Fombona Palacio. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 229 

A U PROFESIÓN RELIGIOSA 

DE MI QUERIDO AMIGO EL POETA 

DON LUIS GONZAGA HERRERA. 



¿ Al lia mar el clarin á la pelea, 
Dudoso tiembla y pálido el guerrero ? 
No : que su fiera vista centellea 

Y animoso desnuda el limpio acero : 
Hijos y padres y mujer querida, 
Casa heredada, tálamo liechicero, 
Adiós, quedad : cual flecha despedida 
Vuela al combate en su corcel ligero. 

Al porvenir su espíritu lanzando, • 
E-n su denuedo su esperanza ña. 
Es el ancho pendón que va ondeand'o 
La columna de fuego que le guia : 
Ceñir aguai'da el lauro de la gloria 
Que á los voraces tiempos desafía, 

Y oye su nombre en la futura historia 
Cual lejana y magnífica armonía. 

Quizá con saña indómita la muerte. 
Que hiende el bronce y roca mas segura, 
Penetrará en las médulas del fuerte 
Cavándole ignorada sepultura : 
Sobre ella en vez de fúnebre lamento 

Y de honroso laurel que siempre dura, 
Gemirá de la tarde el triste viento 

Y pondrá el anhnal su planta impura. 

Mas si su espada ardiendo resplandece 

Y al enemigo con furor devora, 

Si es su yelmo cometa que aparece 

Sobre las aguas de la mar sonora ; 

Si el genio de los triunfos le acompaña 

Y le cubre con ala protectora, 

Y lleva el nombre y voz de cada hazaña 
Desde el ocaso á la distante aurora ; 



230 POETAS ESPAÑOLAS Y AMERICANOS. 

¡ Oh ! no temáis por su memoria nunca, 
Que vibrará en el eco repetido : 
Ni el tiempo, que las torres mina y trunca, 
Del héroe rompe el pedestal erguido : 
Altos aplausos gozará su nombre 
Vencedor de la noche del olvido, 
Porque aplausos prodiga ciego el hombre 
Al que sangre de hombres ha vertido. 

Tú eres también intrépido guerrero 

Y dejas ¡ ai ! á tu familia amada ; 
Mas no te cubre fulgurante acero. 

Ni sangre viertes con la diestra airada ; 
• Tu cólera es amor, amor fecundo, 
La palabra y la fe tu ardiente espada, 

Y tu ilustre pendón, que admira el mundo. 
La santa Cruz en el Calvario alzada. 

No te llama el clarin ; de tu conciencia 
Solo escuchas la voz : la voz sublime 
Con que te llama así la Providencia 
Que por ocultas vias nos redime : 
La palabra interior que da consuelo 
Al que en la tierra entre maldades gime, 

Y mostrando á su afán la luz del cielo 
Desata el rudo lazo que le oprime. 

Tu enemigo cruel es el pecado. 
Es el error," semilla de la muerte, 
El mal con formas de piedad velado. 
Que en ancho rio su ponzoña vierte : 
Con ellos lucha, alcanzarás la palma, ( 
Sé ministro de paz y león fuerte : 
Si Dios murió para salvar tu alma, 
Por tímido tal vez querrás perderte ?.. 

¿ Será á tus ojos diferente el vicio. 
Obtendrá la virtud vario decoro, 
Si de su estado muestra en claro indicio 
Andrajo vil, ó piírpura de oro ?' 
Cuando el incienso flota en santa nube 

Y el himno ante el altar vibra sonoro, 
¿ Olvidarás que solo al cielo sube 
Blanca inocencia ó penitente lloro ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 231 

Nunca ; tú lo juraste cual cristiano, 

Y afirmas, sacerdote, el juramento : 
Sí, por dos veces y ninguna en vano 
Templó la gracia tu animoso aliento ; 
Esa gracia, de fuerza desmedida, 

Que dio alteza al humano pensamiento, 
Al siervo libertad, al alma vida 

Y alas para volar al firmamento. 

¡ Dilatar con la voz y ejemplo santo 
De Cristo Salvador la gran bandera. 
Sembrar consuelo y enjugar el llanto, 
El alma iluminar con fiel lumbrera, 
Ir derramando el Bien en su camino, 
Vivir cual ángel de la azul esfera 
Que por la tierra cruza peregrino 
Siempre aspirando á su mansión primera ! 

¡ Eeinar por el amor ; con varios modos 
Volver la oveja basta el redil seguro. 
Adorar, bendecir, orar por todos. 
Ser contra el vicio impenetrable muro ; 
Lograr que el malo su virtud recobre 
Dejando del pecado el cieno oscuro, 

Y abrir la mano y Evangelio al pobre, 
Que es alzar otro Lázaro al sol puro ! 

¡ Dar igual bendición á cuna y fosa, 
Al desmayado pan, agua al sediento. 
Ser en tu cuerpo, humanidad llorosa, 
El dedo que señala al firmamento ! 
¿ Qué destino mayor ? ¿ Pudo forjarlo 
Mas espléndido nuaca el pensamiento ? 
i Y bastará tal vez para llenarlo 
De un arcángel purísimo el aliento ? 

Basta la fe, que las montañas toca 

Y como pluma las arrastra y lleva. 
Basta el cristiano cuando á Dios invoca 

Y la podrida sociedad renueva ; 
Porque á la voz que la verdad declara. 
Limpiase el corazón, arde y se eleva, 

Y se postran iguales ante el ara 
Temido cetro y campesina esteva. 



232 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

De polo á polo la maldad triunfante, 
Un tiempo vióse con dominio fiero, 
i Qué poder colosal venció al gigante ? 
i Quién derritió su corazón de acero ? 
¡ Áh ! ¿ recordáis ? El Salvador mnria 
Cual criminal odioso en vil madero ; 
*■ Mas los abiertos brazos extendía 

Para abrazar al universo entero. 

Y su Verbo santísimo llevado 
En alas de la fe de gente en gente. 
Fué con sangre de apóstoles sellado 
En rueda y potro y en la hoguera liirviente : 
Y esos, apellidados lodo inmundo 
Por los que visten púrpura esplendente, 
Esos mártires son dueños del mundo 
Desde el ocaso hasta el remoto oriente. 

¡ Vida eterna y salud, héroes gloriosos, 
A quienes hora y siempre absorto miro 
Como infinitos soles luminosos 
Que vais pasando con solemne giro ! 
Sacerdote, contémplalos y dime : 
" A venerar sus huellas solo aspiro, 
" Amo su nombre y su virtud sublime 
" Y por su dicha celestial suspiro." 

Narciso Campillo . 



A ILDEFONSO YAZQÜEZ. 



POR SU AFICIÓN A LA CAZA. 



¡Qué impiedad tan horrorosa ! 
Olvidar sus cantinelas 
Por irse á la selva umbrosa 
A matar ¡ bonita cosa ! 
Ruiseñores y gacelas. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 233 

Echarla de cazador 

Y olvidarse que el cantor 
Antes que vivir matando, 
Como su vida es de amor, 
Vive cantando ó llorando. 

¿Qué dirás, cuando barrunten 
Tu crimen las nueve hermanas, 

Y allá en el Pindó se junten, 

Y—" ¿ qué han hecho,— te pregunten, — 
Las corzas americanas " — ? 

Si matas por ser mas fuerte 
A las calandrias que espantas ; _, 

¿No tendrás la misma suerte, 
No tendrás la misma muerte. 
Tú que vuelas, tú que cantas ? 

La historia cuenta á su modo 
Con sus ribetes y todo. 
Es decir, de retahila. 
Aquel caso del rei godo 
Que 86 llamaba Favila. 

Pasaba el rei, según leo, 
Cazando alegre su vida ; 

Y eran su mayor recreo 
La jauría en el ojeo 

Y la sangre en la batida. 
Con el calor de la siesta 

De Pelayo el descendiente 
Monte adentro en la floresta 
Se fué un dia en son de fiesta. 
Atrás dejando su gente. 

Mas á poco, cual si el centro 
Del monte brotara furias. 
Oyó un ruido monte adentro, 

Y vio salirle al encuentro 
Un oso de las Asturias. 

Al ver como desbarata 
Olmos y encinas la fiera. 
Tocó su chiflo de plata 
Llamando á su cabalgata 
Que acosaba á una pantera. 
30 



234 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

— Sus ! y á pié de los troteros ! — 
Gritaron los caballeros 
Oyendo aquella señal, 
T al blandir de los aceros 
- Cayeron al matorral. 

Pero cuando allí llegando 
La cabalgata desfila, 
Aun convulso y palpitando 
Ibase el oso arrastrando 
El cuerpo de Don Favila. 

Cofrade, en la lei severa 
De nuestra vida ideal, 
¡ La inspiración ! ¿ Quién creyera 
Que acuchillar á una fiera 
Al fin de todo es un mal ? 

Pues eslo ¡ y mucho ! A lo menos 
Cuando el bardo en dulce calma 
De lágrimas siente llenos 
Sus ojos y van serenos 
A Dios los sueños del alma. 

Si tanto ¡ por vida mia ! 
Te gusta la cacería, 
Cofrade, ¿ te falta traza, 
Con los vei'sos por jauría, 
Para emprender otra caza ? 

Caza si quieres al vuelo. 
Mas no mates como el boa : 
Mira, caza con señuelo 
A las palomas del cielo 
Del lago Coquibacoa. 

Eso sí, cuida no quedes 
Casad.0 ; mira lo que haces ! 
Que si ellas rompen tus redes, 
¡ Ai, cofrade '. nada puedes 
Con las palomas torcaces. 

José E. Yepes. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 235 

EL HOMBRE. 

EL ÁNGEL BUENO Y EL ÁNGEL MALO. 



Es el hombre sin penas ni reveses, 
Antes de ver la luz que el mundo dora, 
Fruto amargo, que agrava nueve meses 
El seno maternal en donde mora. 

Fruto de la mujer, que poseida 
De la fiebre de amor, que abrasa tanto, 
Lo compra con placer de corta vida, 
Que redime después con largo llanto. 

Fruto, que al árbol mismo que lo cria, 
Suele siempre abrumar de extraño modo : 
Sobre pensil mui breve de alegría, 
De las dichas en flor fruto del lodo. 

Cuando nace, deslústrase su rama, 
Pues se arranca de allí con pena dura ; 

¿Para tan triste afán la mujer ama ? 

¡ O maldición que arrastra la hermosura ! (*) 

Nace, y apenas sale de su encierro. 

Da muestras de dolor con el vagido 

¿ Conoce que este mundo es su destieri'o ? 
¿ Teme cieno pisar, ángel caido ? 

I O le muerde tal vez fatiga interna. 
Que con voz de suspiro el labio nombra ? 
¿ Serán quejas del alma que es eterna, 
Contra el cuerpo que pasa como sombra? 

¿ O será que aquel aire que respira, 
Mientras corre la sangre por sus venas, 
Lo corrompe del mundo la mentira, 

Y vaga por atmósfera de penas ? 

¿ Será que desvalido, y sin fortuna 
Ya sabe su destino funerario, 

Y contempla un sepulcro tras la cuna, 

Y al lado de las fajas el sudario ? 

[*] In dolore paries fllios. — Gen. 



236 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 

Por eso de su madre en el regazo 
Parece esconder quiera el alma toda, 

Y estrecha el blanco cuello con el brazo, 
Cual si huyese un fantasma que incomoda. 

Llora porque es mortal ; mientras levanta 
La frente y corazón al alto cielo, 
Lastimado de espinas en la planta 
Vuelve á bajar los ojos á este suelo. 

La muerte, cuya idea mai'tiriza 
Tiende á sus pies alfombra de tristura, 

Y pisando una tierra movediza, 
Viene á caer en honda sepultura. 

En mis sueños de amor y poesía, 
(i Dios sabe tales sueños lo que halagan ! 
¡ Cómo llenan el alma de ambrosía, 

Y con cáliz de néctar la embriagan ! ) 
Yo vi fresco verjel : pieles de armiño 

Formaban una cuna, do gozoso 

Por su madre arrullado, un tierno niño 

Disfrutaba suavísimo rej^oso ; 

Así llegando el tiempo apetecido 
Que libra al marinero de pesares. 
Duerme el pequeño alción en leve nido 
Sobre la blanca espuma de los mares. 

Así llegando el Héspero, reposa 
El cisne sobre un lago de aguas bellas. 
Con bordes de alelíes y de rosa. 
Que las nubes retrata y las estrellas. 

Sobre tranquilo pecho de jazmines 
Ambas manos plegaba el tierno infante, 
Cual plegaban hermosos serafines 
Sobre el arca sus alas de diamante ; 

Sueño de oro de aquella edad dichosa 
Destilaba en su labio la sonrisa, 

Y era sueño de cielo y mariposa, 

De gruta y de pensil, de flor y brisa ; 
Otro sueño de dichas y embelesos 
De su madre feliz se apoderaba, 

Y era sueño de abrazos y de besos. 
Que el fruto de su amor le regalaba. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 237 

De las nubes del plácido occidente 
Que son tiendas del sol, do se engalana, 
Sirven de colgadura trasparente, 

Y le bordan un lecho de oro y grana ; 

Vi descender dejando eternas salas, 
Un ángel entre coros escogido ; 
Que con oscilación de iguales alas 
Posó junto á la cuna del dormido. 

i Largo perfil ! Su vista penetrante 

Mezclada con halago de ternura 
Borraba de mi mente vacilante 
Todo mirar de humana criatura ; 

Revelaba un orígen soberano, 
Un principio de luz inextinguible, 
Un misterio de Dios, profundo arcano, 

Y expresión de un amor indefinible. 
En sus ojos midió mi pensamiento 

La distancia entre el polvo de mis huellas, 

Y la bóveda azul del firmamento, 

Que por faros, se alumbra con estrellas. 

Sus cabellos que heria el aura leve, 
Como el ébano negros y bruñidos, 
Eran gasa de luto sobre nieve, 
Por los hombros y espalda desprendidos. 

Su túnica bordada de luceros. 
Desmayándose en pliegues por la falda. 
Dejaba en libertad los pies ligeros. 
Que calzaban coturnos de esmeralda. 

En su rostro la luz resplandecía. 
Como el primer albor cuando amanece ; 
Era luz nacarada, y no ofendía, 
Como rayo de luna que adormece. 

Brotó el verjel al punto nuevas flores. 
Transformóse en edén con su llegada, 
Que al sitio de deleite y ruiseñores 
Para que fuese edén no faltó nada. 

Mientras esta visión sin pena alguna 
Absorto en su placer me entretenía, 
Vi alzarse al otro lado de la cuna. 
Sulfúrico vapor, niebla sombría. 



238 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Abiertas de la tierra las entrañas 
Produjeron un monstruo sin segundo ; 
De conjunción de torpes alimañas, 
Producción infernal, aborto inmundo. 

Reconocí á Luzbel ; á la serpiente, 
Que arrastró del edén entre las flores, 

Y en la dicha de Adán, que era inocente, 
Fijó los ojos tristes y traidores. 

Silbó un engaño torpe y amañado 
De la débil mujer en los oidos, 

Y así causó la muerte y el pecado 
De Adán y de sus hijos maldecidos. 

Reconocí á Luzbel ¡ Cuan diferente 

De aquel que se sentaba entre las nubes, 
Que pisaba el volcan del sol ardiente. 
Entre beatos coros de Querubes ! 

Ya en las negras cavernas del abismo, 
Al llanto del precito siempre sordas, 
Es á mas de verdugo de sí mismo, 
Torvo adalid de las tartáreas hordas. 

Monstruo entre fiera, sátiro y arpía; 
Conjunto abominable de torpeza. 
Oprobio de la luz, baldón del dia. 
Alzaba como escollo su cabeza. 

La ensortijaban sierpes por cabellos, 
Que en sus sienes surcadas rebullían ; 
Eran de tigre en furia sus resuellos, 
En tanto que las sierpes le mordían. 

Cual de cerda que cria en selva brava 
Jabalí montaraz, áspero bruto. 
Era su luenga barba, y la tapaba 
Con feo desaliño, pecho hirsuto. 

Negra sangre salia de su boca. 
De tan amarga hiél, de tal ponzoña. 
Que las piedras abrasa, si las toca, 

Y do cae, la yerba no retoña. 
Carbones encendidos son sus ojos. 

Ata en nudos su cola serpentina. 
Que se agita al rigor de sus enojos. 
Tiene rostro infernal, forma ferina. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 239 

Apenas vio el monarca tenebroso 
A la tranquila madre y al infante, 

Y al ángel que alumbraba su reposo 
Con un rayo de luz de su semblante ; 

Suspiró como el mar en la tormenta, 
Eecordó su caida vergonzosa, 

Y de su rebelión la vil afrenta, 
Kenovando la llaga dolorosa . 

Meditó su pasado poderío, 
Su alteza, su esplendor y antigua gloría ;. 
Penetró sus medulas dolor frió, 
Sudó sangre también con tal memoria. 

Y el pensil no fué edea bajaron nieblas 

Que intentaban mudarle en cementerio, 

Y entre el ángel de luz y el de tinieblas, 
Vieron pasar mis ojos un misterio. 

ÁNGEL DE LUZ. 

¡ Mira el fruto del hombre ! su destino 
Será llenar la silla que perdiste, 
Cuando con el furor de un torbellino 
Ala región mas alta te subiste. 

i Y te llamaste Dios ! ¡ locura vana ! 
¡ Tu orgullo se deshizo como espuma ! 
i Lucero fuiste tú de la mañana ? 
i Quién al ver tu torpeza lo presuma ? 



¡ No nombres mi desgracia ! Ya es sabida 
Mi empresa que por tí fué contrariada : 
Tú no puedes negármela atrevida, 
Mientras yo la concedo desgraciada. 

Tú sirve á tu Señor : ya que mi anhelo 
No consiguió con glorias siempre eternas 
Avasallar los ámbitos del Cielo, 
Avasalló del Orco las cavernas. 

Tú sirve á tu Señor : contrario extremo 
Me plugo á mí seguir, y en negra pompa 
Proclamarme entre llamas Rei supremo 
Al ronco son de la tartárea trompa. 



240 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

i Guarda el sueño de un niño ! Yo haré guerra 
Contra el usurpador de mi corona ! 
Yo vi formar al hombre de la tierra, 
De un barro que se pisa y se abandona. 

¡ Nace para morir ! ¡ Sombra mentida 

De existencia fugaz ! .¡ tiene por suerte 

*■ Ser pasto de pesares en la vida, 

Ser pasto de gusanos en la muerte ! 

i Es torre sin cimiento, que derrumba 
Con soplo de huracán ! su polvo vano 
Consumido en el hueco de la tumba 
No llenarla el hueco de mi mano. 

ÁNGEL DE LUZ. 

Vituperas la carne que es esclava, 

Y te olvidas del alma que es señora, 
Que no conoce tumba, que no acaba, 

Y que en la eternidad áDios adora. 

El barro que abominas, piensa y siente, 

Y midiendo el Océano se avanza. 

Sin que arrugue el pavor su heroica frente, 
Sirviéndole los astros de esperanza. 

Si la idea del Dios que tú ofendiste 
Llena toda su vida transitoria, 
Si mide las estrellas que perdiste, 
¿ Quieres tú mas afán que ver la gloria ? 

Yo he dejado las nubes de occidente, 

Y reflejó en los mares mi hermosura, 
Por la vida de flor de este inocente, 
Que reclama mi amparo y mi ternura. 

Yo doraré su infancia de ilusiones : 
La tela de sus noches y sus dias 
Recamaré de rosas en festones. 
Bordándolas de dulces alegrías. 



Yo del materno pecho regalado 
Le secaré las fuentes abundosas ; 
A beber le dará seno comprado 
La hiél de enfermedades dolorosas 



POETAS ESPAÑOLES V AMERICANOS. 241 

Vivirá suspiroso, entumecidas ' / 

Con el germen letal todas sus venas ; 

Y de tus ilusiones deslucidas 

¿Qué piensas quedará? luto de penas. 

ÁNGEL DE LUZ. 

¿ Quién te igualó en maldad ? La perla pura 

Tiene lecho de nácar donde crece, 
Que defienda su nítida hermosura, 
Cuando el mar mas altivo se embravece : 

Y el seno maternal contra tus males 
Tiene su talismán : ¿ de qué te admiras ? 
Tiene una cruz hermosa de corales : 

Y al lado de esa cruz ¿ qué son tus iras ? 

No ofenderán al niño tus encantos : 
Cual se para festiva mariposa 
Sobre los rubicundos amarantos, 
Para libar su esencia deliciosa ; 

Suspenderá sus risas y sus juegos, 

Y poniendo en la tierra su rodilla 
Eespirará el aroma de los ruegos, 

Y dirá su oración pura y sencilla. 

Yo subiré al Olimpo su plegaria, 
Como queja de amor y desconsuelo, 
Como arrullo delave solitaria, 
Que desea volar al alto Cielo. 

LUZBEL. 

Yo acreceré sus miedos y temores 
Con horrendas visiones de tortura. 
Que le turben la paz y los amores, 

Y la santa plegaria que murmura. 

O bien será un fantasma que se pierde 
Con un rastro de luz amarillenta, 
O huyendo de una lamia que le muerde. 
Dará con un vestiglo que atormenta. 

Le mentirán los vientos inclementes 
Del precito los ayes mas aciagos ; 
Le mentirá la voz de los torrentes 
Congresos de hechiceras y de magos. 
31 , 



242 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

De su cuerpo infantil la leve sombra 
Le mentirá en los hórridos desiertos, 
El paño funeral, la negra alfombra, 
Que los vivos extienden á los muertos : 

El eco fingirá rumor extraño, 
I. Las noches esqueletos que caminan, 

Y verá en las bujías con engaño 
Las antorchas que el féretro iluminan. 

ÁNGEL DE LUZ. 

Espíritu falaz, usa tus artes 
De fantástico error ; tiende tus lazos : 
Pero mi protegido en todas partes 
Por escudo tendrá maternos brazos. 

Defenderá mi celo cariñoso 
Su juventud, edad de convulsiones. 
Que se alumbra al reflejo peligroso 
Del volcan destructor de las pasiones. 

LUZBEL. 

¡ Yo encenderé en su pecho llama impura i 
La seducción vestida de placeres, 
Que disfraza su tétrica figura 
Con mimos y caricias de mujeres; 

Por verjel de fantásticos hechizos 
Le brindará su copa de tal suerte, 
Que apure los nefandos bebedizos, 
Que enloquecen el alma y dan la muarte. 

Los celos con sus furias espantosas. 
Aguzando puñales de despecho, 
Amagarán su tálamo de rosas, 
Como fieras voraces en acecho. 

Le haré sentir un áspid venenoso. 
Que muerde el mismo seno donde anida, 
Y" es la falsa amistad, áspid doloso, 
Que miente con lisonja fementida, 

Yo no tengo otra furia mas ingrata ; 
La guardo entre las sierpes, cuya boca 
Mi sien de maldición hiere y maltrata, 
Y á furor contra el hombre me provoca. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 243 

De fortuna los bienes y contentos 
Convertiré en dolores y castigos, 
Y hambriento ante sus hijos mas hambrientos 
Comerá negro pan de los mendigos. 

Para agravar sus ansias y su pena 
Cuando mas lo consuman los enojos, 
Todo el ajeno bien y dicha ajena 
Pasar haré delante de sus ojos. 

Y si sucumbe al peso de los males, 
Si perdida la fe no espera gloria, 
Si maldice la luz de los mortales, 
Si blasfema de Dios hé mi victoria. 

ÁNGEL DE LUZ. 

En vano á tu maldad pones el sello 

¿ Quién tu impotencia ignora ? ¿ quién tu pena ? 
No tocarás del justo ni un cabello, 
Sin permiso del Dios que te condena. 



Nada mas escuché, y al punto mismo, 
Dejando espesa niebla en este mundo. 
Hundióse el fiero monstruo en el abismo. 
Que retumbó con eco el mas profundo. 

Volvieron de su sueño madre y niño. 
Ella con la plegaria y él con lloro, 
Y el ángel de la luz y del cariño 
Les formó con las alas dosel de oro. 

Arólas. 



EL SOLDADO M LA LIBERTAD. 



Sobre un caballo brioso 
Camina un joven guerrero 
Cubierto de duro acero. 
Lleno de bélico ardor. 

Lleva la espada en el cinto, 
Lleva en la cuja la lanza. 
Brilla en su faz la esperanza. 
En sus ojos el valor. 



244 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

De su diestra el guante quita 

Y el robusto cuello halaga, 

Y la crin que al viento vaga 
De su compañero fiel. 

» Al sentir.se acariciado 

Por la mano del valiente, 
'■ - Ufano alzando la frente 

Eelincha el noble corcel. 

Su negro pecho y sus brazos 
De blanca espuma se llenan, 
Sus herraduras resuenan 
Sobre el duro pedernal. 
Y al compás de sus pisadas, 

Y al resonar del acero, 
Alza BU voz el guerrero 
Con un acento inmortal. 

Vuela, vuela, corcel mió 
Denodado ; 
No abatan tu noble brio 
Enemigos escuadrones, 
Que el fuego de los cañones 
Siempre altivo has despreciado ; 

Y mil veces 

Has oido 

Su estallido 

Aterrador, 

Con un canto 

De victoria 

De la gloria 

Precursor. 

Entre hierros con oprobio 
Gocen otros de la paz ; 
Yo no, que busco en la guerra 
La muerte ó la libertad. 

El artero cortesano 
La grandeza 
Compre adulando al tirano 

Y doblando la rodilla ; 
Mi trotón y pobre silla 
No daré por su riqueza ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 245 

Que bien pueden 
Sus salones 
Con canciones 
Eesonar. 
Corcel mió, 
Yo prefiero ' 
Tu altanero 
Relinchar. 

Entre hierros con oprobio, 
Gocen vergonzosa paz ; 
Yo no, que busco en la guerra 
La muerte ó la libertad, 

Yo dejé el paterno asilo 
Delicioso ; 
Dejé mi existir tranquilo 
Para ceñirme la espada, ' 

Y del seno de mi amada 
Supe arrancarme animoso : 

Vi, al dejarla, 
Su tormento : 
¡Qué momento. 
Do dolor ! 
Vi su llanto, 
Y pena impía 
Fué á la mia 
Superior. 

Otros gocen entre hierros, 
Una vergonzosa paz ; 
Yo no, que busco en la guerra 
La muerte ó la libertad. 

Vuela, bruto generoso, 
Que ha llegado 
El momento venturoso 
De mostrar tu ardiente brío, 

Y hollar del tirano impío 
El pendón abominado. 

En su alcázar 
Relumbrante 
Arrogante 
Pisarás. 



246 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 



Y en su pecho 
Con bravura 
Tu herradura 
Estamparás. 

Otros gocen entre hierros, 
Una vergonzosa paz ; 
Yo no, que busco en la guerra 
La muerte ó la libertad. 

Así el guerrero cantaba 
Cuando resuena en su oido 
Un lejano, sordo ruido 
Como de guerra el fragor. 

" A la lid " el héroe grita, 
En los estribos se afianza, 
Y empuña la dura lanza 
Lleno de insólito ardor. 

En sus ojos y en su frente 
La luz- brilla de la gloria, 
Un presagio de victoria, 
Un rayo de libertad. 

Y del monte en las honduras 
Resuena su voz terrible 
Como el huracán horrible 
Que anuncia la tempestad. 

Eápido vuela el caballo, 
Ya del combate impaciente, 
Mucho mas que rayo ardiente 
En su carrera veloz. 

Entre una nube de polvo 
Desaparece el guerrero, 
Aun se ve brillar su acero,^ 
Se oye á lo lejos su voz. 

Gloria ! gloria ! yo no quiero 
Una vergonzosa paz ; 
Busco en medio de la guerra 
La muerte ó la libertad. 

Fernando Calderón, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 247 

LA poesía. 

A MI AMIGO BRAULIO BAREIOS. 



Del verde limonero se desprenden 
Los blancos y olorosos azahares ; 
De las nubes aljófares descienden; \ 
Se escapan del laúd nuestros cantares. 

Mas á impulso de fuerza soberana 
Derramando torrentes de armonía, 
Luminosa entre lágrimas y ufana, 
Sale del corazón la poesía. ' 

Sale y remeda el gorjear canoro, 
Y el arpegio dulcísimo y ardiente 
Del ave tropical de plumas de oro 
Que se baña en la luz del sol de oriente. 

Truena cual desprendida catarata, 
O atrás dejando al águila en su vuelo, 
Penetra en el azul bordado en plata 
Por emular los cánticos del cielo. 

Kica, triunfal, del tiempo vencedora. 
Es tanto su matiz, su brillo tanto, 
Que encierra los destellos de la aurora 
La más lúgubre nota de su canto. 

. Y hallan eco en su idioma que extasía, 
La esperanza, el amor, la fe, la gloria, 
La ambición, el pesar y la alegría, 
Que forman nuestra herencia y nuestra historia. 

Vanamente con fúnebres colores 
Su palma deslustrar la envidia intenta. 
Que del laurel no mancha los verdores 
La sombra de la nube en la tormenta. 

Y del mezquino mundo, ingrato y ciego. 
Canta sobre las negras tempestades. 
En rimas de oro y lágrimas y fuego. 
El poema inmortal de las edades. 



248 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Sal de mi corazón, musa sombría, 
Ya que en mi pecho te encerró la suerte, 
Y en tí perdure la memoria mia 
Cuando me envuelva en su crespón la muerte. 

Domingo Ramón Hernández. 



EL PRIMER AMOR. 

^ LA MADRE ¥ LA HIJA. 

— No puedo olvidarle, madre. 
— Le amas tanto ? 

— Con delirio ! 
— Ese amor es mi martirio 

Y el torinento de tu padre. 
No debes pensar en él. 

—Madre ! 

— Quiero que le olvides. 
— Un imposible me pides. 
-Hija i 

— Prometí ser fiel. 
— ¿Y rechazas de esa suerte 

Mi súplica maternal ? 
— Nunca seré desleal ! 

Antes prefiero la muerte ! 
— Si no te mueve mi lloro, 

Y si mi súplica es vana, 
Entonces, hija inhumana 

—Madre I 

— Le olvidas ? 

— Le adoro ! 
Ai ! jamas olvidaré 
Aquel dia en que de hinojos 
Con lágrimas en los ojos, 
Me dijo. — " Tuyo seré." — 
Lo recuerdas ? Ese dia 
Al verme triste y llorosa. 
Me dijiste cariñosa : 

—Eso es amor, hija mia ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 249 

Amor, era cierto, madre ; 
Yo le amaba con delirio. 
— Tu pasión es mi martirio 

Y el tormento de tu padre. 
— Madre ! 

-Hija! 

— Por favor ! 
— Nada! quiero que le olvides. 

— Un imposible me pides 

No olvido el primer amor ! 
Antes mi vida sucumba. 
-Hija ! 

— Sí, madre querida : 
El primer amor se olvida 
Entre el polvo de la tumba. 
Lloras, madre ? 

— Compasión 

Me das y sufro contigo 

— Me perdonas ? 

— Te bendigo, 
Hija de mi corazón. 

Manuel María Fernandez. 



DOS FLORES. 



Voi á cambiar la flor que antes amaba, 
La flor de los jardines encendida, 
La ñor que con su aliento me embriagaba. 
La ñor que fué el tormento de mi vida. 

Yo la miré brillar llena de gloria 
En medio de otras virginales ñores, 

Y pregoné su triunfo y su victoria 

Y la llamé la flor de mis amores. 

Mas ¡ ai ! en vano coronar mi frente 
Con ella quise, y aspirar su aroma, 
Voló el amor, cual vuela en el ambiente 
Ante el rudo huracán débil carcoma. 
32 



250 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Cuando quise del vastago cogerla, 
Brotó la sangre de mi roano herida, 
Mi lágrima rodó no como perla 
Sino cual gota en lodazal caida. 

Yo la voi á cambiar por la azucena. 
La flor que la inocencia simboliza, 
La flor que esmalta la pradera amena 

Y los aires en tomo aromatiza. 

^> 

Flor hermosa, purísima, divina, 
Ven mi frente á adornar en tu urna de oro, 
En tu aroma mi espíritu adivina 
De castísimos goces un tesoro. 

Orillas del arroyo sonoroso 
Que entre el césped en perlas se desata. 
Levantan flores mil su tallo hermoso 
De esmeralda, de púrpura y de plata. 

Do quiera luz ! do quiera movimiento ! 
Do quiera animación í do quiera vida ! 
Dulces notas de amor derrama el viento 
Entre los labios de su flor querida : 

Dulce canta el arroyo desde el monte 
Sobre guijas de oro resbalando : 

Y á lo lejos allá se oye el sinsonte 
Su cantar armonioso derramando. 



Aquí estaba la ñor que mi alma inquieta 
Iba ansiosa buscando en los jardines, 
Mas pura que la rosa y la violeta. 
Mas que los aromáticos jazmines. 

Aquí estaba mi flor, medio doblada 
Sobre el verde ropaje que es su lecho. 
Desde hoi adornará mi frente helada 
O vivirá dormida entre mi pecho. 

Es blanca cual la pálida mejilla 
A quien robó el carmín un labio amante ; 
Y al sacudirla, resbalando brilla 
Por su seno una lágrima radiante. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 251 

¡ Objeto de un amor sublime y santo 
Que abrasa ya mi corazón, emblema 
De una vida mejor donde no hai llanto, 
Sino inmenso placer, dicha suprema ! 

Solo para ese amor vive mi alma, 
Solo por él mi corazón respira, 
Solo en él busco mi triunfante palma, 
Solo por él resonará mi lira. 

Borda. 



-Sr .^ :^ (3r J^ S> 



Sü AKIVBRSARIO. 



Venir, venir al mundo 
Con alma grande y corazón de fuego. 
Consagrar privilegio tan fecundo 
A estrechar mas y mas el error ciego, 

Y sobre su exterminio 
Proclamar del saber el predominio ; 

Y consagrarse entero, 

Con santa abnegación en cuerpo y alma, 
A enseñar á los pueblos el sendero 
Que lleva á conquistar mas noble palma 

Que la que en fieras lides 
Ganaron los bizarros adalides ; 

Perseverar ansioso, 
Al vivo impulso de su ardor creciente, 
Sentando de su patria el poderoso 
Seguro poi-venir magnifícente 

En bases liberales. 
Cual la luz de los Genios inmortales ; 

Y todo sin reserva, 

De BU patria ofrecerse en los altares, 

Desafiar la ceguedad proterva 

Que repugna sus prendas singulares, 



252 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Porque furiosa siente 
Que tendrá que doblar la inicua frente ; 

i Y vida tan hermosa 
Eendirla en voluntario sacrificio 

Para ver á su patria venturosa ! 

¡ Perdido tanto afán, presa del vicio, 
Verla reir su odiosa podredumbre, 

Y halagar su mas fiera servidumbre ! 

. Al mirar, Venezuela, 
El arranque feroz de tu locura. 
El sabio inmaculado se desvela : 
Están cruel, es tan honda su amargura, 
Que ni un rayo del Sol de la esperanza 
Para gloria descubre en lontananza. 

Al ver cuan insolente 
La ignorancia tus glorias arrebata. 
El mas fiero dolor nubla su frente. 
El mas fiero dolor sus fuerzas mata : 

Esa profunda herida 
A llevarnos vendrá su hermosa vida. 

Ya nada te detenga, 
Al ver degradación tan irritante : 
Huye, egregio varón, de tanta mengua : 
Huye á esconder lloroso tu semblante 

En mas felice suelo : 
Huye de tanto horror, de tanto duelo. 



Surcar mares de luz fué tu destino. 
Honrar la humanidad tu noble empeño 
Altos dones sembrar en tu camino : 
Superior al afán, rebelde al sueño. 

Eica de amor, el alma esclarecida 
Pugna, á la par del corazón mas faerte, 
Por comprender las leyes de la vida 
Para arrancar vasallos á la muerte. 

Sin cansarte en tus grandes sacrificios. 
Esparciendo la luz sobre la tierra, 
Y cegando la fuente de los vicios. 
Para matar el monstruo de la guerra. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 253 

"Para ensalzar el Sol de la justicia, 
Sostener la verdad en sus derechos, 
El trono derrumbar de la malicia, 
A cada cual premiar según sus hechos. 

Perdidos tus esfuerzos generosos, 
Te acomete mortal el desaliento: 
De tu patria los males afrentosos 
Postran tu vida con furor violento. 

Es grande, Venezuela, tu extravío, ' 

El poder mas brutal te despedaza : 
Kenuncias sin rubor á tu albedrío, 

Y llevas sin rubor, fiera mordaza. 

Llora el sabio al mirarte envilecida, 
Llora al mirar la iniquidad triunfante, 
La virtud mas egregia perseguida, 

Y leyes dando el crimen arrogante. 

Y en tierra extraña tus mejores hijos, 
En proscripción las ciencias y las artes : 

Y por colmo de males tan prolijos 

El oprobio y la muerte en todas partes. 

Herido por desorden tan violento, 
Trémulo parte el sabio inmaculado, 
Para exhalar el postrimer aliento 
De Franklin en el suelo afortunado 

Duerma en paz el varón esclarecido, 
No le turbe el rencor de inicuos bandos : 
Sin recobrar su patria el buen sentido 
No es digna de sus restos venerandos. 

Evaristo Fombona. 

Año de 1860. 



LA MUJER ADULTERA, 



De multitud bulliciosa 
El ancho templo se llena. 
Voz de muerte y de venganza 
Confusamente" el populacho eleva. 



254 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Una mujer angustiada, 
Suplicante, casi muerta, 
Camina desfallecida, 
Como caña que al viento se doblega. 

— Jesús, dijeron cien voces, 
V Pronuncia tú la sentencia. 

Esta mujer es culpable. 
Faltó al esposo — ¿ Cuál será su pena ? 

Alzó la frente Jesús, 
Sacudió la cabellera. 
La penetrante mirada 
Paseó tranquila por la turba inmensa. 

— La lei está terminante, 
Dijo luego con voz lenta, 
" La que cometió adulterio 
Del pueblo á manos lapidada muera." — 

La mujer lanzó un gemido, 
El terror heló su lengua ; 
Eugió el pueblo como el tigre 
Al ver la sangre que caliente humea. 

Jesús continuó diciendo : 
— La lei ordena que muera ; 
El que se encuentre impecable 
Al punto lance la primera piedra. — 

El pueblo guardó silencio ; 
La nave quedó desierta ; 
La mujer rompió en sollozos ; 
Jesús las manos extendió sobre ella. 

Benito Esteller. 



A ORILLAS BEL MLON. 



i Cómo, al vagar la mente 
Lastima inquieta el corazón llagado ! 
¿El ánima doliente, 
Llora por ¡o presente, 
O suspira tal vez por lo pasado ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 255 

Ya de añejos dolores 
Nos señala el harpon, ó ya renueva 
Recuerdos seductores, 
Ya de gustos de amores 
La antigua miel entre ilusiones prueba. 

Ora, al cielo vecina, 
Su curso, audaz, á los planetas marca ; 
Ya al abismo declina ; 
Ya á par del sol camina, 

Y el ancho espacio de la luz abarca. 
¿ Qué buscará en la hondura 

De esas sonantes y apacibles olas, 

Que con planta insegura 

Llevan su linfa pura 

Arrastrando entre lirios y amapolas ? 

Tal vez cuando sus huellas 
Multiplican los visos halagüeños. 
Sus imágenes bellas 
Se parezcan á aquellas 
Que audaz foijiíba en mis dorados sueños. 

Si en óptica ilusoria 
Las remedan tan frágiles perfiles. 
Quiero aumentar mi gloria. 
Trayendo á la memoria 
Los sueños de mis años juveniles. 

Corred por las campañas 
Fáciles ondas, derramando albores, 

Y al pié de las montañas 
Seguid entre espadañas 

Trocando en perlas las brillantes flores. 

En plácidos concentos, 
Por el soto tended las limpias huellas. 
Conjuraré los vientos, 
Porque no borren lentos 
Esa copia de imágenes tan bellas. 

Y si el aire el encanto 
Borrase de esos cuadros halagüeños, 
Consuéleos mi quebranto, 
Porque también el llanto 
Borra el tropel de mis amantes sueños. 



256 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

i Oh, si mi frágil nave 
Pudiese por lo' menos sus entenas 
Dar al aire suave, 
Para que el peso grave 
Cruzase un mar de linfas tan serenas ! 
i Llevadme, ondas queridas. 

Por vuestro raudo y celestial camino ; 

Si.es por sendas floridas. 

No importa que perdidas 

A morir caminéis al mar vecino. 

Que con queja importuna 
Jamás, en congojosa pesadumbre, 
Maldigo la fortuna, 
Sea el sol ó la luna 
Quien el camino de mi muerte alumbre. 

Al término toquemos, 
Antes que hollar en nuestro rumbo abrojos ; 
Cuánto mas caminemos, 
Por las prendas que amemos 
Menos ofrendas verterán los ojos. 

Llevadme, ondas serenas. 
No quiero, atravesando de corrida. 
Que vaya á duras penas 
La sangre de mis venas 
Enlutando la senda de mi vida. 

Campoamor. 



A MSÁS, 

EL 25 DE MAYO. 



Al triunfo, la agonía siguió del moribundo : 
Al viva del combate, de servidumbre el ¡AI ! 

Yo sé que vendrá un tiempo para la patria mia 
De paz y de ventura, de gloria y hermandad. 
J. C. Gómez. 

¡ Miradlo, si, miradlo ! ¿ No veis en el oriente 
Tiñéndose los cielos con oro y arrebol ? 
Alzad, americanos, la coronada frente, 
Ya viene á nuestros cielos el venerado sol. 



POETAS ESPAÑOLES V AMERICANOS. 257 

El sol de los recuerdos, el sol del CMmborazo 
Que nuestros viejos padres desde la tumba ven ; 
Aquellos que la enseña de Mayo con su brazo 
Clavai'on victoriosos en su nevada sien ; 

/ Veneración ! las olas del Plata le proclaman, 

Y al Ecuador el eco dilátase veloz : 

Los hijos de los héroes ; Veneración ! exclaman, 

Y abiertos los sepulcros responden á su voz. 

Sus hijos ! i por qué huyeron de sus paternos lares, 
Cual hojas que se lleva sin rumbo el huracán ? 
¿ Por qué corren proscriptos sin patria y sin hogares 
A tieri'as extranjeras á mendigar el pan? 

Y al vislumbrar de Mayo las luces divinales, 
¿ Por qué no los embriaga la salva del cañón, 
Los vivas de los libres, los cánticos triunfales 

Y el ruido de las ondas del patrio pabellón ? 

La cuna de los libres, la Emperatriz del Plata 
¿ Por qué está de rodillas sin victoriarte ¡ ó sol ! 
¿ Por qué como otros dias sus ecos no dilata, 
Cuando los cielos tiñes con oro y arrebol ? 

Emboza ¡ ó sol de Mayo ! tus rayos en la esfera, 
Que hai manchas en el suelo doude tu luz brilló : 
Suspende, sí, suspende tu espléodida carrera. 
No es esa Buenos Aires la de tu gloria, no. 

La luz de los recuerdos con que á mis ojos brillas. 
Para evitar su mengua, sepúltala j por Dios ! 
La Emperatriz del Plata te espera de rodillas, 
Convulsa entre gemidos su dolorida voz. 

Un hombre ha renegado de tu homenaje eterno, 
Echando de tus hijcis la herencia de laurel : 
SalvHJe de la Pampa que vomitó el infierno. 
Para vengar acítso su maldición en él. 

Ah I Rosas ! no se puede reverenciar á Mayo 
Sin arrojarte eterna, terrible maldición: 
Sin demandar de hinojos un justiciero rayo 
Que súbito y ardiente te parta el corizon. 

Levanta tu cabeza del lodazal sangriento 
Que has hecho de la patria que te guardaba en sí; 
Contempla lo que viene cruzando el firmamento, 

Y dinos de sus glorias lo que se debe á tí. 

33 



258 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

La mancha que en el suelo no borrarán los años, 
Porque la tierra en sangre la convertiste ya, 
Contempla, y un instante responde sin engaños 
¡ Quién la arrojó, y gozando de contemplarla está ! ! 

Contempla lo que viene cruzando el firmamento 
Con luces que recuerdos iluminando van, 

Y dinos si conservan memoria de tu aliento 
Los inmortales campos de Salta y Tucuman : 

Si el sello de tu planta se mirará en los Andes, 
O acaso en Chacabuco, en Maipo ó en Junin ; 
O si marcando hazañas mas célebres y grandes, 
Habremos de encontrarlo por Ayacucho, en fin. 

Enséñanos siquiera la herida que te abruma, 
Pero que hermosa y noble sobre tu pecho está ; 

Y dinos que lidiando la hubistes en Ayuma 
O acaso en Vilcapujio, Torata ó Moqueguá. 

Ah ! Kosas ! Nada hiciste por el eterno y santo 
Sublime juramento que Mayo pronunció ; 
Por eso vilipendias y lo abominas tanto, 

Y hasta en sus tiernos hijos tu maldición cayó. 
Cuando de bayonetas se despeñó un torrente, 

Bordando de victorias el mundo de Colon, 
Salvaje, tú dormías tranquilo solamente 
Sin entreabrir tus ojos al trueno del cañón : 

Y cuando tus hermanos al pié del Chimborazo 
Sus altaneras sienes vestían de laurel, 

Al viento la melena, jugando con tu lazo 
Por la desierta Pampa llevabas tu corcel. 

Ah! Nada te debemos los argentinos, nada. 
Sino miseria, sangre, desolación sin fin ; 
Jamas en las batallas se divisó tu espada, 
Pero mostraste pronto la daga de Caín. 

Cuando á tu patria viste debilitado el brazo, 
JDejaste satisfecho la sombra del ombú. 

Y al viento la melena, jugando con tu lazo 
Las hordas sublevaste salvajes como tú. 

Y tu primer proeza, tu primitivo fallo. 
Fué abrir con tú cuchillo su virgen corazón, 

Y atar ante tus hordas al pié de tu caballo. 
Sus códigos, sus palmas, y el rico pabellón. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 259 

Tan solo sangre y cráneos tus ojos anhelaron, 

Y sangre, sangre á ríos se derramó do quier ; 

Y de apilados cráneos los campos se poblaron, 
Donde alcanzó la mano de tu brutal poder. 

Qué sed hai en tu alma ? ¡, qué hilos en tus fibras ? 
¿ Qué espíritu ó demonio su inspiración te da, 
Cuando á tu rudo labio tu pensamiento vibras 

Y en pos de la palabra la puñalada va ? 

I Qué fiera en sus entrañas alimentó tu vida. 
Nutriéndote en las venas su ponzoñosa hiél ? 
I Qué atmósfera aspiraste ? ¿ qué fuente maldecida 
Para bautismo tuyo te preparó Luzbel ? 

¿ Qué ser velado tienes que te resguarda el paso 
Para poder buscarlo con el puñal en pos ? 
¿ Cuál es de las estrellas la que te alumbra acaso, 
Para pedir sobre ella la maldición de Dios ? 

¿ En qué hora sientes miedo dentro tu férreo pecho. 
Para llamar visiones que su pavor te den ? 
¿En qué hora te adormeces tranquilo sobre el lecho. 
Para llamar los muertos á sacudir tu sien ? 

Prestadme, tempestades, vuesti'o rugir violento. 
Cuando revienta el trueno bramando el aquilón ; 
Cascadas y torrentes, prestadme vuestro acento 
Para arrojarle eterna, terrible maldición. 

Cuando á los pueblos postra la bárbai'a inclemencia 
De un déspota que abriga sangriento frenesí. 
El corazón rechaza la bíblica indulgencia : 
De tigres nada dijo la voz del Sinaí. 

El bueno de los buenos desde su trono santo 
La renegada frente maldijo de Luzbel : 
La humanidad, de entonces, cuando la vejan tanto, 
También tiene derecho de maldecir como él. 

Sí, Rosas, te maldigo. Jamas dentro mis venas 
La hiél de la venganza mis horas agitó : 
Como hombre .te perdono mi cárcel y cadenas, 
Pero como argentino, las de mi patria... . NO 

Por tí esa Buenos Aires que soportar sabia 
Sobre su espalda un mundo, bajo su pié un león, 
Hoi débil y postrada no puede en su agonía 
Ni domeñar siquiera tu bárbara ambición, 



260 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Por tí esa Buenos Aires mas crímenes ha visto 
Que hai vientos en la Pampa y arenas en la mar; 
Pues de los hombres harto, para ofender á Cristo, 
Tu imagen colocaste sobre el sagrado altar. 

Por tí tus buenos hijos acongojado el pecho 
La frente doblegamos bfijo glacial dolor, 

Y hasta en la tierra extraña que nos ofrece un techo 
Nos viene persiguiendo, salvaje, tu rencor 

Mas ¡ ai! de la tormenta los enlutados velos 
Se cambian en celajes de nácar y zafir, 

Y el sol de los recuerdos nos grita de los cielos, 
Que en pos de la desgracia nos viene el porvenir. 

Hai mas allá, es el lema de su divina frente 
Grabado por la mano purísima de Dios, 

Y el Chimborazo al verlo lucir por el oriente, 
Hai mas allá, responde con su gigante voz. 

Hai mas allá, los héroes al espirar clamaron, 
Poblando con su grito de América el confín. 

Y entre el vapor de sangre ¡hai mas allá ! exhalaron, 
Los campos de'Ayacucho, de Maipo y de Junin. 

Sí, Kosas, vilipendia con tu mirar siniestro 
El sol de las victorias que iluminando está ; 
Disfruta del presente, que el porvenir es nuestro, 

Y entonces ... ni tus huesos la América tendrá. 
Sí, Eosas, vendrá un dia terrible de venganza 

Que temblará en el pecho tu espíritu infernal, 
Cuando tu trono tumben los botes de la lanza, 
O el corazón te rasgue la punta del puñal. 

Como revienta el Etna tremendo de repente, 
Reventarán los pueblos que doma tu ambición ; 

Y cual vomita nubes de su ceniza hirviente, 
Vomitarán los pueblos el humo del cañón. 

Entonces, sol de Mayo, sus dias inmortales 
Sobre mi libre patria recordarán en tí ; 

Y te dirán entonces los cánticos triunfales. 
Que es esa Buenos Aires la de tu gloria, sí. 

Entonces desde el Plata sin negra pesadumbre 
Te mirarán tus hijos latiendo el corazón ; . 
Pues opulenta entonces, reflejará tu lumbre] 
En códigos y palmas y rico pabellón. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 261 

Y al extenderse hermoso tu adaotantino manto, 
Ni esclavos ni tiranos con mengua cubrirá; 
Que entonces de ese Rosas qut- te abomina tanto, 
Ni el polvo de sus huesos la América tendrá. 

José Marmol. 



EL DÍA FINAL. 



, Cumpliéronse los tiempos ! de sus obras 
Retira el Criador su excelsa mano, 

Y aquella voz que enfrena al océano, 
Terrible ó indignada, 

"¡ Toma ! dice á la nada, 

"¡ Cuánto de tí saqué, de mí recobras !" 

Y alzando el ángel de la muerte el vuelo 
Por los inmensos campos del vacío. 
Raudo entre nubes de color sombrío, 
Que al sol envuelven en luctuoso velo, 
De planeta en planeta 
Pasa llevando la sentencia dura, 
A que el Supremo artífice sujeta 
De su poder la portentosa hechura. 

Rota la lei que ordena el movimiento 
De innumerables mundos. 
Por la vasta extensión del firmamento. 
Sin rumbo ni compás vagan errantes 
En confusión y vértigos profundos. 
Unos con otros luchan : sus brillantes 
Destellos palidecen ; 

Y el espacio sin fin el grito absorbe 
Que cruza por los ámbitos del orbe. 

¡ Escuchad, escuchad ! ¡ Los aqmlones 

Rápidos giran, y en su curso ciego 

De unas á otras regiones 

Van el carro de fuego 

De la sañuda tempestad lanzando : 



362 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

Las altivas naciones 

Pálidas tiemblan con pavor nefando, 

Y cual flexibles cañas 

Doblan sus crestas ásperas montañas. . . 

Por las ciudades, de opulencia emporios, 
"■ Eugiendo van los tigres y panteras : 

Las aves carniceras 
Eefúgianse en magníficos cimborios 
De alcázares y templos ; y en las grutas 
De sanguinarias fieras, , 

Hermanos contra hermanos, 
Se abalanzan hambrientos los humanos. 
« 

¡ No hai amor ! ¡no hai piedad ! Del negro espanto, 

Del furor ciego y el pesar profundo, 
Huyendo van los sentimientos suaves . . „ . 
Del tierno infante el inocente llanto, 

Y del anciano los dolores graves, 
La desesperación en su iracundo 

Frenético anhelar, en vano escucha 

¡ Naturaleza con la muerte lucha ! 

¡ Espectáculo atroz ! la mar devora 
Campos y pueblos que no dejan rastros, 

Y se alza bramadora 
Amenazando al cielo, 

Como si el apagar fuese su anhelo 
La ya marchita lumbre de los astros. 

La ponderosa mole de la tierra 
Su movimiento y turbulencia imita, 
Vorágines inmensas abre y cierra, 

Y en convulsión frenética se agita. 

i Despareció la lobreguez ! El cielo, 
Hoguera inmensa sacudiendo llamas. 
Con claridad fatídica ilumina 
La universal catástrofe. Del velo 
De densas nubes, que desgarra el rayo. 
Despeja el sol la enrojecida frente, 

Y de su centro súbito desata 
Volcánico torrente, 

Que por el ancho espacio se dilata. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 263 

Brama en el aire ignífero océano, 
Zumba y estalla el fulminante trueno ; 
Giran chocando rápidos planetas, 
Como del mar en proceloso seno. 
Desmanteladas y perdidas naos ; 
Cruje la tierra ; el cielo se desgarra, 
Tiende la muerte su acerada garra ; 
Gime la creación y torna el caos ! 
¡ Eeina la eternidad ! sobre los mundos, 
Devueltos á la nada, , 

El ígneo trono del Señor se asienta : 
Yace á sus pies la muerte encadenada, 
Eota en su mano inerme 
La guadaña sangrienta, 
Y el tiempo inmóvil á su lado duerme. 

Gertrudis G, de Avellaneda. 



EL CIELO. 

Corazón, deten el grito 
Que ya frenético exhalas, 
Queriendo tender tus alas 
Al mundo del infinito. 
La ansiedad en que me agito 
No puede ahogar tu clamor, 

Y pretendes, volador. 
Subir con afán profundo 
Al cielo, dosel del mundo 

Y pedestal del Señor. 
Huracán, que el hondo seno 

Turbas de la mar hirviente 
Cuando al relámpago ardiente 
Arrancas la voz del trueno ; 
Si ya de furores lleno 
A los espacios te entregas, 

Y el raudo vuelo despliegas 
Por la gigante extensión. 
Préstale á mi corazón 

El soplo conque navegas. 



264 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

El cielo ; no hai un pesar 
Ni una lágrima escondida, 
Ni un suspiro ni una herida 
Que no la pueda endulzar. 
De la existencia en el mar 
^ No hai amargo desconsuelo ; 

No hai delirio ni desvelo, 
Pena ni dolor profundo 
Que no se calme en el mundo 
Cuando se contempla el cielo. 

Allí el lejano confín 
Que la eternidad pregona ; 
Allí el sol como corona 
De tan inmenso jardin ; 
Allí el piélago sin fin, 
Sin olas y sin orilla ; 
Allí el Dios que al orbe humilla, 
El que al Universo asombra, 

Y aquí, en el mundo, la sombra 
De lo que tan alto brilla. 

Allí el iris fulgoroso 
Su regia banda extendiendo ; 
Allí los astros siguiendo 
Su curso maravilloso. 
Luna y sol esplendoroso, 
Allí brillando los dos ; 
Allí del Eterno en pos 
El alma que aquí es esclava ; 
Aquí lo que en polvo acaba 

Y allí lo que empieza en Dios. 

Cuando entre la densa bruma 
Brilla el relámpago a rdiente, 

Y el buque en la mar rugiente 
Salta como débil pluma ; 
Cuando en montañiis de espuma 
Euedan olas á millares, 

Del cielo allá en los altares, 
Arco hermoso se divisa, 

Y el iris es la sonrisa 

Con que Dios calma los mares . 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 265 

Cuando en la noche sombría, 
Sin luces y sin rumores, 
Entre secretos amores 
El corazón se extasía ; 
Cuando el amor nos envia 
Penas que al alma devoran ; 
Cuando los amantes lloran 
En éxtasis celestial, 
La luna es blanco fanal 
De las almas que le adoran. ^ 

Cuando sus rayos dilata 
Aquella luna en las sombras 

Y del cielo las alfombras 
Pinta como sol de plata ; 
Cuando el espacio retrata 
De los astros el tesoro, 

Y las estrellas en coro 
Bordan de la esfera el tul. 
El cielo es un campo azul 
Que adornan flores de oro. 

Cielo, donde el sol triunfante, 
s Rompiendo densas neblinas, 
Con sus hebras diamantinas 
Forma guirnalda brillante ; 
La tierra, la mar gigante. 
Te admiran siempre los dos ; 

Y los querubes, en pos 

De esa inmensidad que asombra, 
Te esparcieron como alfombra 
De los jardines de Dios. 
Si cual águila caudal 
Que lanza intrépida el vuelo, 
Subiera el alma en su anhelo 
A la mansión celestial ; 
Si á esa bóveda inmortal 
Alzara el vuelo fecundo. 
En su anhelo sin segundo. 
Viera en el azul palacio 
Un dosel en el espacio 

Y un pedestal en el mundo. 

A. F. CfRILO. 
34 I. 



266 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 



NUBE DE VERANO. 



Iba cayendo el dia, 

Y ella y él, caminito de la fuente 
Que entre los olmos murmurar se oia, 
Marchaban vivamente ; 

Ella lloraba y él se sonreía, 

Y con ira creciente, 
Los dos se denostaban, 

Y aleves uno y otro se llamaban. 
Apurando el atroz vocabulario 
Que tiene el amoroso diccionario 
Para combates tales, precursores 

De mas estrecha paz cuanto mayores. 
Ella, con las mejillas cual la grana, 

Y cortada la voz por cien suspiros, 
Llorosa le decia. 

Llena de rabia insana : 

— ¡ No te he querido nunca, no te quiero ! 

Y él también, á porfía. 

De celos devorando un mundo entero, 
— Tampoco yo te quiero, repetía. 

Y al cabo tantas cosas se dijeron, 
Un odio tan eterno se juraron. 
Que uno y otro su paso detuvieron, 

Y sin decirse " adiós," se separaron. 

También el sol moría, 

Y ella y él, caminito de la fuente. 
Que entre los olmos murmurar se oia, 
Iban pausadamente ; 

Ella lloraba y él se sonreía. 

El, con ansia creciente, 

— I Me quieres, vida mía ? le decia, 

Y ella alzando la frente 

Donde el santo pudor resplandecía, 
Le miraba á los ojos fijamente, 

Y mil veces — ¡ te quiero ! repetía. 

J. Campo Arana. 



^ 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 267 

LO QUE ES AMOR, 

Óyeme, niña inocente, 
Tú que en la senda florida 
Has entrado de la vida 
Con la ilusión en la mente. 

Tú cuya vista no alcanza 
Nada que no te sonria, 
Y ves el mundo, alma mia, 
A la luz de la esperanza. 

Tú cuyas gracias gentiles 
Estás mostrando hechicera 
En la fresca primavera 
De tus diez y seis abriles. 

Tú la historia del dolor 
No has abierto, dulce Elina, 
Ni has sentido que la espina 
Se oculta bajo la flor. 

Eres bella, y á millares 
Vendrán mil adoradores, 
Ansiosos competidores 
Para levantarte altares. 

Hoi me dices con rubor 
Que te explique esa palabra, 
Y una página te abra 
De la historia del amor. 

La misión es delicada. 
Pues el amor en la vida 
Es cosa para sentida 
Mejor que para contada ; 

Con todo, hará mi amistad 
Lo que pueda, y si no acierto, 
Culpa al ingenio por cierto. 
Mas nunca á la voluntad. 

El amor es el latente 
Anhelo del corazón, 
Con el juicio y la razón, 
Anda en guerra permanente. 



268 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Sol que nace sin aurora, 
Que alumbra en la noche umbría, 
Puede nacer en un dia 

Y morir en una hora. 

Su origen desconocido 
Nadie acierta á comprender, 
Pues suele á veces nacer 
Del odio mismo en el nido. 

Sin motivos tiene celos, 
Con una sombra se espanta, 
A veces todo lo aguanta, 
A veces todo es recelos. 

Capi-ichoso como niño, 
Salta y duerme, rie y llora, 

Y pasa en la misma hora 
De la cólera al cariño. 

Es tan frágil en esencia 
Que siempre ha de estar presente, 
Pues tiene en cambios de frente 
Muchos peligros la ausencia. 

Inspira melancolía 

Y delirio en solo un rato ; 
Lo sostiene vivo el trato, 
Lo engendra la simpatía. 

Hace con la humana gente 
De mil caprichos alarde, 
Hace valiente al cobarde 

Y cobarde al mas valiente. 
Lo mata mucha arrogancia 

Y lo mata la paciencia, 
A veces la indiferencia 

Lo devuelve á la constancia . 
Cuando alguno quiere bien 

Y encuentra un amor apático, 
Es un remedio homeopático 
El desden con el desden. 

En su ardiente pubertad 
Es su madre la locura, 

Y su triste sepultura 
Es la voluptuosidad. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 269 

A veces sueña un agravio, 
Porque es en el genio pronto, 
Al sabio siempre hace tonto 

Y á veces al tonto, sabio. 
Al ruin pecho suele dar 

Relámpagos de hidalguía, 

Y rasgos de villanía 
Suele al hidalgo inspirar. 

De risa puede nacer 

Y la risa cambia en llanto, 
i Tal es el peligro, tanto 
De la burla en la mujer ! 

Hace de altanero alarde 

Y del encierro se venga, 

Pues no hai cárcel que lo tenga, 
Ni cerrojo que lo guarde. 

Y tanto el picaro sabe 
Que si le cierran la casa, 
Como espíritu se pasa 
Por el ojo de la llave. 

Si lo comprimen, fermenta, 

Silo sueltan, se fastidia, 
Si lo atacan, lucha y lidia, 
Si lo acarician, se ahuyenta. 

En los jóvenes amor 
Anda cerca de locura. 
Afecto en la edad madura. 

Y en la ancianidad furor. 
Cuando ataca un corazón 

Y lo parte medio á medio, 
No conoce mas remedio 
Que la dulce posesión. 

Y esta á veces conseguida. 
Viene el exceso y lo mata, 

Que amor en esto remata ^ 

Al fin y al postre en la vida. 
Larga ha sido la lección, 

Y aunque has oido mui seria, 
Te diré al fin que es materia 
Que no admite explicación. 



270 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Cuando suene, dulce amiga, 
Para tí la hora de amor. 
Sabrás hacerlo mejor 
Que todo lo que yo diga. 

Para concluir un consejo 
¡. Te daré, niña, de paso, 

Perdona que en todo caso 
Es privilegio de viejo. 

En achaques de pasión 
Cuando al fin pierdas la calma. 
Consulta tu bella alma 

Y tu recto corazón. 

No imites las majaderas 
Que de todo hacen hatillo, 
Ni todo el monte es tomillo, 
Ni hai maridos como peras. 

Mira bien cómo te portas, 
Pues la juventud se va, 

Y la que se queda habrá 
Hecho un pan como unas tortas. 

Ni mucho garbo y desden, 
Ni mucho pelar el diente. 
Sino un manejo prudente 

Y un discreto ten con ten. 

Poi'que pasan los encantos 
Con mucha velocidad, 

Y es mui triste á cierta edad 
Dedicarse á vestir santos. 

Juan V. Camacho. 



3D IOS 



Despierta, altivo numen, y canta vigoroso 
Del Dios de las alturas la gloria sin rival. 
Su mano omnipotente, su genio prodigioso, 
Sublime, penetrante, benéfico, inmortal. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 271 

Bendito su alto nombre : los cielos y la tierra 
Nos muestran su elocuente, su incomparable amor, 
Para el mortal dichoso que la virtud encierra, 

Y para aquel que apura las heces del dolor. 
De su poder gigante las glorias adoremos, 

Plegarias fervorosas levante el corazón. 
Sus obras inmortales absortos contemplemos. 
Reflejos de su excelsa, brillante inspiración. 

A su fecundo aliento, divino, poderoso, 
Disipan las tinieblas su túrbido capuz, 

Y de la nada el manto terrible y pavoroso 
Conviértese en raudales de refulgente luz. 

Y puéblanse los mundos de seres animados 
Que buscan su diverso é ignoto porvenir, 

Y brotan del abismo desiertos y collados, 

Y vense de mil astros las órbitas lucir. 

Y surgen y se extienden los mares borrascosos 
Que apartan de los pueblos la vida desigual, 

Y arrastran á su centro raudales anchurosos 

Y montes y ciudades con fuerza colosal. 

Y arrojan de la tierra los senos fecundantes 
De ñores y de plantas extensa profusión, 
Inniimeros robledos de cúspides gigantes 
Que amenguan los furores del frígido aquilón. 

Y cruzan el ambiente mil pájaros cantores 
De plumas de azabache, de azul y de coral, 
Y. bellos panoramas de peces de colores 
Reflejan las arenas del claro manantial. 

Y crecen las montañas con empinadas cumbres 
Que tocan de los cielos la concha de zafir, 

Y ostentan orguUosas los diáfanos vislumbres 
Del sol, que allí reclina su frente al sucumbir. 

Y nace el ser sublime, de todos predilecto, 
Con las excelsas dotes del alma y la razón. 

Que le hacen de los seres del mundo el mas perfecto, 
Imagen de la augusta, divina inspiración. 

Aliento tan fecundo, poder tan asombroso, 
En vano los filósofos pretenden explicar, 

Y solo puede el hombre á Ser tan poderoso 
Con férvido entusiasmo sus preces levantar. 



272 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Las obras inmortales de su poder divino 
Sujetas se hallan todas á un orden sin rival, 
Desde la débil caña que azota el torbellino 
A las radiantes zonas del mundo sideral. 

La diminuta hoja que mueve el raudo viento, 
Las brisas que levantan las olas de la mar. 
Los peces que allí encuentran de vida el elemento, 
Las aguas que en las rocas se vienen á estrellar ; 

El aura pasajera, los rudos aquilones, 
Las anchas soledades, las galas del pensil. 
De invierno y de verano las duras estaciones. 
De Mayo las auroras, los céfiros de Abril ; 

De las altivas sierras los troncos seculares. 
El reluciente cáliz de la modesta flor. 
De miles pajarillos dulcísimos cantares 
Que entonan entusiastas al matutino albor; 

De los fulgentes astros que ostenta el firmamento 
El inmutable giro, la excelsa majestad ; 

Y del terráqueo globo el sabio movimiento 
Que marca nuestra vida con fúnebre verdad ; 

Sujeto marcha todo á leyes naturales, 
Dictadas por su genio divino y bienhechor, 
Que extiende por doquiera sus dones celestiales, 
Al mar, á la montaña, al ave y á la flor. 

Cuando al rayar la aurora se ostenta la natura 
Con galas relucientes de nítido verjel, 

Y se oyen los gemidos de la corriente pura 
Que riega los jacintos, la rosa y el clavel ; 

Cuando la cumbre altiva del escarpado monte 
Adornan los brillantes reflejos de coral. 
Que lánguido despide del límpido horizonte 
El sol, que va siguiendo la línea occidental ; 

Cuando la noche anubla la faz resplandeciente 
Del zafirino espacio con su letal crespón, 
E incita álos mortales á levantar la frente. 
Los cielos invocando en férvida oración ; 

Entonces yo descubro con pecho fervoroso 
Sus grandes maravillas, su gloria^ sin rival. 
Su mano omnipotente, su mimen poderoso, 
Sublime, penetrante, benéfico, inmortal. 



POETASjESPAÑOLES Y AMERICANOS. 273 

De la risueña aurora los célicos paisajes 
Infunden religiosa, ferviente inspiración, 

Y alejan y disipan los túrbidos celajes 

Que anublan por instantes del hombre la razón. 

Del apacible ocaso los vividos fulgores 
Despiertan en el alma consuelo y ansiedad, 
Al ver que también pasan del mundo los dolores 

Y el premio nos ofrece la augusta eternidad. 
De las oscuras noches el tenebroso manto 

Dirige nuestros pasos de la virtud en pos, 

Que allí contempla el hombre el fuego sacrosanto 

Del rayo de la eterna justicia de mi Dios. 

Bendito su alto nombre : su ingente maravilla : 
Plegarias fervorosas levante el corazón, 

Y ansiosos adoremos, doblando la rodilla, 
Al Ser Omnipotente, al Dios de la creación. 

Manuel Fombona Palacio. 



LA VIRGEN DE lA MONTAÑA. 
I. 

A orillas de una fuente 

Que baña pura 
Las ásperas campiñas 

De Extremadura, 

Esto un romero 
Dice á un niño que lleva 

Por compañero : 

— I No ves la altiva sierra 

Donde el sol arde ? 
Pues fin de mi camino 

Será esta tarde ; 

Que allí me espera 
La Virgen, en quien pongo 

Mi fe sincera. 
35 



274 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

— I Es aquella su ermita ? 

Pregunta el niño ; 
i Sus paredes deslumhran 

Como el armiño ! 

Canta su gloria ; 
K Guardaré tus cantares 

En mi memoria. 
— Pues bien, dice el romero, 

Mi voz escucha : 
Aunque oscuro es su nombre, 

Su gloria es mucha. 

Unos pastores 
Hallaron esa Virgen 

Entre las flores. — 
Y con blando y sonoro 

Mágico acento 
Estos cantos de gloria 

Soltó su aliento. 

Con su armonía 
Lloraba el niño á veces 

Y otras reia ; 
Pues al tender al aire 

Sus vagos sones, 
Iba sintiendo el niño 

Mil sensaciones. 

¡ Canto divino ! 
Quizás lo enseñó un ángel 

Al peregrino. 

CANTOS DEL PEREGRINO. 
II. 
La Virgen que yo adoro, 
Santa y bendita, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 275 

Entre breñas y riscos 

Tiene su ermita. 

y en la alta loma 
Parece el casto nido 

De una paloma. 

Ornan su agreste falda, 

Como alamares, 
Viñedos que se juntan 

Con olivares. 

Y haciendo sombra, 
Se extienden hasta el llano 

Como una alfombra. 

Por remate y adorno 

De mayor brío, 
Borda con claras perlas 

Su falda un rio ; 

Eio de amores, 
Que galán fecundiza 

Frutos y flores. 
Desde que apenas raya 

La luz del dia, 
Cantan allí las aves 

Con melodía. 

Y al par veloces, 
Se confunden con ellas 

Otras mil voces. 

j Quieres que yo te cuente 

Lo que ellas dicen ? 
Pues sabrás lo que expresan 

Cuando bendicen 

A ese tesoro, 
Que es la luz de mi vida 

Y el bien que adoro. 



276 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

III. 

Allá abajo hai un huerto, 
Rico en verjeles, 

Allí brillan las rosas 
¡. Y los claveles, 

La hierbabuena 

Compite allí en fragancia 
Con la azucena. 

Y al punto que el sol nace 

Por el Oriente, 
Blanca nube de esencias 

Llena el ambiente. 

Y en esa nube, 
El himno de las flores 

Al cielo sube. 
Oye los dulce ecos 

Que en blando giro 
Llegan á los breñales 

Como un suspiro. 

Ecos suaves. 
No entendidos del hombre 

Ni de las aves. 



LO QUE DICEN LAS FLORES, 
IV. 

"Recibe nuestra ofrenda, 

Casta paloma, 
Que Dios para servirte 

Nos da el aroma. 

i Bendita esencia. 
Que así perfuma el vaso 
Dg tu inocencia ¡ 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 277 

" A cerrar nuestras copas 

Con áureos broclies, 
Los serafines bajan 

Todas las noches ; 

Que en los jardines 
Tienen lechos de rosas 

Los serafines. 

** Luego que asoma el alba 
Toman el vuelo, 

Y en alas de zafiros 

Vuelven al cielo, 

Y á su partida, 
Nos dejan esa esencia 

Que da la vida. 

" Y van cantando alegres 

Por la campaña : 
— Perfumad á la Virgen 

De la Montaña, 

Galanas flores, 
Que por ella os traemos 

Tantos olores. 

" Y á este cántico alegre 
Nos despertamos, 

Y el aroma á raudales 

Te regalamos. 
¡ Bendita sea 
La Virgen en quien tanto 
Dios se recrea!" 

Esto dicen las flores, 

Y agradecida, 
La Virgen sonriendo 

Les da mas vida. 



278 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Que en su mirada 
Color las flores toman, 
Luz la alborada. 

V. 

Al pasar de la noche 
La sombra oscura, 

Cantan los pajaritos 
En la espesura, 
Y en grata salva 

Prorumpen cuando brilla 
La luz del alba. 

i Qué dicen en sus trinos, 

Dulces ó graves, 
Saltando en la arboleda 

Las tiernas aves ? 

Oye, alma mia, 
Y sabrás lo que expresan 

Con su armonía. 



LO QUE DICEN LAS AVES. 
VI. 

" Para ensalzar tu gloria 
Con blandos trinos, 

Dios baee que cantemos 
Sones divinos : 
Que en raudo vuelo 

A aprenderlos subimos 
Cerca del cielo. 

" Luego los ensayamos 
En la enramada : 

A cantarlos venimos 
En tu morada : 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 279 

Y á nuestro acento, 
De gozo en la arboleda 
Se agita el viento. 

" Y dicen nuestros picos 

Con voz extraña : 
¡ Gloria eterna á la Virgen 

De la Montaña ! 

Eosa divina, 
Fuente de amor perenne, 

Flor sin espina. 

" Maravilla del campo, 

G-ala del cielo, 
Tú eres faro encendido 

Siempre en el suelo. 

¡ Bendita sea 
La Virgen en quien tanto 

Dios se recrea ! " 

Esto dicen las aves 

Con voz sumisa 
Y aliéntalas la Virgen 

Con su sonrisa. 

Risa de amores. 
Que da vida á las aves. 

Gozo á las flores. 

VII. 

Serpeando entre juncias 

A su albedrío, 
Bajan las claras ondas 

Del manso rio. 

Su cauce verde 
Se extiende tanto, tanto, 

Que al fin se pierde. 



280 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Mas oye lo que dicen 

En blando arrullo 
Esas ondas que ruedan 

Con tal murmullo. 

Que el oleaje 
Es la expresión sonora 

De su lenguaje. 



LO QUE DICE EL KIO. 
VIII. 

" Esencia desprendida 

Soi del rocío : 
Las nieves de la sierra 

Me hicieron rio : 

De Dios la mano 
Me empujó soberana 

Del monte al llano. 

"Y al desatar los lazos 
De mi corriente, 

Esto el Señor me dijo 
Con voz potente : 
— Desciende y baña 

La falda de la Virgen 
De la Montaña. — 

" Yo, cumpliendo las leyes 

De mi destino, 
Bordo con plata y perlas 

Tu pié divino. 

Y trasparente, 
Vengo á ser el espejo 

De tu alba frente. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 281 

" Y extendiéndome luego 

Por la llanura, 
Esto al son de las guijas 

Mi vos murmura : 

— Eeina del cielo, 
Haz que por donde pase 

Florezca el suelo. — 

" Que eres germen de vida, 

Flor de las flores. 
Manantial siempre vivo, 

Fuente de amores. 

¡ Bendita sea 
La Virgen en quien tanto 

Dios se recrea ! " 

Esto dice el arroyo 

Que alegre gira, 
Y en sus aguas la Virgen 

Tierna se mira. 

Con su presencia, 
Toman las limpias ondas 

Mas trasparencia 

IX. 

Allá lejos, mui lejos, 

Se mira un monte 
Que es término y remate 

Del horizonte. 

Franca guarida 
Tienen allí los hombres 

De mala vida. 

Por las ásperas quiebras 
De su sendero, 
36 



282 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Cantando alegremente 
Viene un viajero. 
I Qué es lo que canta, 

Que á fieras y ladrones 

Su voz espanta ? 

I. 

Imprinae en la memoria 

Su canturía, 
Y entónala si al monte 

Vas algún día : 

Que estas canciones 
Ahuyentan á las fieras 

Y á los ladrones. 



LO QUE DICE EL VIAJERO. 
X. 

" Virgen de la Montaña, 

Clavel divino, 
Desvanece las sombras 

De mi camino. 

Sé de mi huella 
Sol, antorcha, lucero. 

Luna y estrella. 

" Cuando llevo en los labios 
Tu santo nombre. 

No hai quien me cause miedo 
Ni quien me asombre, 
Pues siempre digo : 

I Quién podrá hacerme daño 
Yendo contigo ? 

" La casa de mis padres 
i Cómo blanquea ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 283 

Vapores azulados 

Su techo humea. 

Allí mi esposa 
Cercada de sus hijos 

Me aguarda ansiosa. 

" Llévame, Virgen mia 

De la Montaña, 
Al hogar sosegado 

De mi cabana : 

Donde me espera 
Llena de sobresalto 

Mi compañera." 

Así canta el viajero 
Con alegría, 

Y la Virgen le sirve 

De amparo y guia. 
Que es clara estrella 
De todo el que la invoca 
Y espera en ella. 

XI. 

A la esteva cogidos 
De los arados, 

Y rasgando la tierra 

De sus sembrados. 
Los labradores 
Sueltan al aire alegres 
Dulces clamores. 

I Qué dicen esas frases 

Que lleva el viento ? 
¿ Qué dicen en su canto 

Tan soñoliento 1 



284 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

i Canto de gloria ! 
También guardarlo puedes 
En tu memoria. 



LO QUE DICEN LOS LABEADOEES. 
XII. 

" A premiar mis sudores 

T mi fatiga, 
Llena de granos de oro 

Vendrá la espiga, 

Que la zizaña 
Sabrá apartar la Virgen 

De la Montaña. 

" Ya vaya cuesta arriba, 

Ya cuesta abajo, 
Siempre me siento alegre 

Cuando trabajo: 

Pues me acompaña 
La sombra de la Virgen ( 

De la Montaña. 

" Cuando la mies se agosta 

Por la sequía, 
Con agua de sus ojos 

Me la rocía, 

Porque en España 
No hai Virgen cual la Virgen 

De la Montaña. 

" Nada importa la pena, 
Nada el quebranto, 

Si la Virgen me acoge 
Bajo su manto. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 285 

Nada me daña 
Sime ampara la Virgen 
De la Montaña." 

Esto dicen cantando 

Los labradores, 
Y la Virgen los colma 

De mil favores, 

Pues con su mano 
Separa cuánto puede 

Dañar al grado. 

XIII. 

Camino de la fuente 

Sube una anciana : 
Surcos de pena arrugan 

Su frente cana. 

Y en su amargura, 
Mas que cántico, un rezo 

Triste murmura. 

I Qué pesar es aquese 

Que la cautiva, 
Que va llorando á mares 

La sierra arriba ? 

Con ansia loca 
El nombre de la Virgen 

Su labio invoca. 

Escucha, si es que puedes, 

Su voz en calma. 
Que sus ayes sentidos 

Parten el alma. 

¡ Tal agonía, 
Solo una madre tierna 

Sentir podría ! 



S86 POETAS ESPAfíOLES Y AMERICANOS. 

LO QUE DICEN LAS MADRES. 
XIV. 

" Virgen de mis amores, 
Ven en mi ayuda, 

Que soi mujer y anciana 
Y pobre y viuda : 
Mi bien amado 

Se encuentra en grave riesgo 
De ser soldado. 

" Un hijo solo tengo, 

Que es mi fortuna ; 
A tu sombra le puse 

Desde la cuna ; 

Madre y Señora, 
Del peligro que corre 

Sálvale ahora. 

" Mira que es mi alegría. 

Que es mi contento, 
Árbol que á mas de sombra. 

Me da sustento. 

¿Quién si se aleja, 
Cuidará de esta madre 

Mísera y vieja 1 
"Virgen de la Montaña, 

Salva á mi hijo : 
Benigna acoge el ruego 

Con que te aflijo. 

Santa lumbrera. 
Líbrale, si no quieres 

Que yo me muera," 

Esto la madre reza. 
Desventurada, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 287 

Y la Virgen le dice 

Con su mirada : 

"Mujer, no llores, 
Que libre queda el hijo 

De tus amores." 

XV. 

¿ Qué canta aquella niña 

Que en los zarzales 
Tiende como la nieve 

Blancos cendales ? 

Su cantilena 
Yo no sé lo que tiene, 

Que causa pena. 

Cuando hiende los aires 

Su voz canora, 
Pienso una vez que canta 

Y otra que llora ; 

Pues su sonido 
Tiene las inflexiones 

De un alarido. 

Mucho, sin duda, sufre 

La pobre niña, 
Pues se enjuga los ojos 

Con su basquina. 

Oye su acento, 
Que en sus alas de seda 

Lo lleva el viento. 

LO QUE DICEN LAS NIÑAS. 

XVI. 

" Gala de la Montaña, 
Luz de la sierra, 



288 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Escuda tú á mi amante, 
Que va á la guerra. 
Por tus dolores, 

Que guardes ala prenda 
De mis amores. 

" TJn santo escapulario 

Que yo le he hecho, 
Anoche al despedirle 

Colgué en su pecho. 

¡ Sea su egida 
Tu imagen que en el seno 

Lleva prendida ! 

" Ayer en tus altares. 

Como el armiño, 
Vi colgado el sudario 

De un pobre niño. 

Pues tú, clemente, 
Salvaste ia existencia 

Del inocente. 

" Madre mia, si amparas 
Mi dulce prenda, 

También yo en tus altares 
Pondré mi ofrenda, 
Que alegre en ellos 

Iré á colgar la trenza 
De mis cabellos." 

Esto dice, y la Virgen 

De la Montaña, 
Con risa de claveles 

Su boca baña. 

Risa hechicera. 
Con que dioe á la niña : 

•* Sufre y espera." 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 280 

XVII. 

Por la encrespada cima 

De Miravete 
Reluce de un soldado 

Limpio el mosquete, 

I Qué es lo que mira, 
Que llorando de pena 

Reza y suspira 1 

Es que á la luz que vierte 

Tibios reflejos, 
Aun divísala ermita 

Lejos, mui lejos. 

¡ Ai ! no se engaña : 
La ermita es de la Virgen 

De la Montaña. 

Por voz postrera acaso 

La ven sus ojos ; 
Por eso se prosterna, 

Con fe, de hinojos. 

Por eso llora, 
Por eso en son doliente 

Suspira y ora. 

LO QUE DICE EL SOLDADO. 
XVIII. 

" Madre mia, murmura. 

Sé tú mi guía, 
Que á la guerra me lleva 

Mi estrella impía. 

¡ Tirana suerte ! 
¡ Quizá jamas mis ojos 

Vuelvan á verte ! 
37 



290 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

" Mi destino, Señora, 

Pongo en tus manos ; 
Ahí te dejo mis padres 

Y mis hermanos. 

Mientras mi ausencia, 
Sé tú la protectora 

De su existencia. 

" Si á tu altar sacrosanto 
Con vivo anhelo 

Va una mujer ahogada 
De desconsuelo, 
Eeinay Señora, 

Acógela benigna. 
Que por mí llora. 

" Ella me dio tu imagen, 
Santa y querida : 

Sien alguna batalla 
Pierdo la vida, 
Antes que muera 

Aun veré de tus ojos 
La luz postrera," 

Esto dice, y la Virgen, 

En quien confia, 
Esta dulce esperanza 

Tierna le envia. 

" Vete sin miedo, 
Que guardando tu vida 

Desde aquí quedo." 

XIX. 

Cuando los blandos ecos 
De una campana 

Despiertan álos niños 
Por la mañana. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 291 

Fuera del lecho 

Kezan, en cruz las manos 

Sobre su pecho. 

I Qué dicen esos niños 

En son ferviente, 
Doblada una rodilla, 

Baja la frente ? 

Óyeme atento, 
Y sabrás lo que rezan 

Con puro acento. 



LO QUE DICEN LOS NIHOS. 
XX. 

" Anoche me he dormido 

' Con tu memoria : 
Durante el sueño he visto 

Tu santa gloria. 

] Divina estrella ! 
Cuando yo exhale el alma 

Llévame á ella ! 

" Allí adornan tus sienes 
Frescos jazmines, 

Y bendicen tu nombre 
Los querubines, 
Que en blando coro 

Van por allí agitando 
Sus alas de oro. 

" ¡ Los ángeles! ¡ Cuál lucen 

Sus ricas galas ! 
I Cuándo tendré yo, madre, 

Tan puras alas ? 



292 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

i Ai ! qué contento 
Será volar, Señora, 

Junto á tu asiento ! 

" Virgen de la Montaña, 

Mi dulce dueño, 
Haz que todas las noches 

Tenga este sueño. 

Si en él espiro, 
Llévame á esa morada 

Porque suspiro." — 

Esto los niños dicen, 

Y con encanto. 
La Virgen los cobija 

Bajo su manto. 

Y en su embeleso, 
Al dormirlos de noche 

Les manda un beso. 



LO QUE DICE EL PEREGEINO. 
XXI. 

" Yo también la he tomado 

Por norte y guía, 
Desde que de sus ojos 

Me aparté un dia ; 

Desde que, ciego. 
Por las pompas del mundo 

Perdí el sosiego. 

"¡ Ai ! ¡ Cuánto desde entonces, 
Cuánto he llorado ! 

El corazón de espinas 
Llevo pasado ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 293 

Y es que lie perdido 
Todo lo que en el mundo 

Más he querido. 

" Desde que al cielo os fuisteis, 

Prendas del alma, 
Se alejó para siempre 

De mí la calma; 

Pero paciencia 
Me da la santa Virgen 

Con su asistencia. 

" Ella me infunde aliento, 

Me da esperanza, 
Y me muestra los cielos 

En lontananza; 

Porque en el cielo 
Es donde los que sufren 

Hallan consuelo, 

" Solo voi por el mundo, 

Solo y sin tino. 
Mas ella me da fuerzas 

En mi camino ; 

Faro de amores, 
Va ante mí derramando 

Sus resplandores. 

" De noche, cuando duermo, 

Con grato aliño, 
Los ensueños me manda 

Que manda al niño ; 

Y en mi recreo, 

Las prendas que he perdido 
Juzgo que veo. 



294 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

" Bajan á mí del cielo 
.Llenas de olores, 

Y me dicen riendo : 

\ Calla y no llores ; 

Sufre y espera, 
"■ Que la Virgen te sirve 

De coDQpañera. 

" Ella, de blanda brisa 

La faz bañada, 
Te traerá por los aires 

A esta morada. 

Y á nuestros brazos 
Llegarás cuando el alma 

Eompa sus lazos. 

" Por eso pienso en ella 

Guando despierto, 
Porque es del mar que cruzo 

Seguro puerto. 

Árbol divino 
Que cobija las penas 

Del peregrino." 

Esto dice, y el niño, 

Que en fe se inflama, 

Y del fuego celeste 

Siente la llama, 
Con puro acento 
Dice estas frases, llenas 
De sentimiento : 

XXII. 

•* Virgen que asi consuela 
Tantos dolores. 

Que da voz á las aves, 
Vida á las flores, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 295 

Música al rio, 
Protección al viajero 

Y al débil brío ; 

" Virgen de cuyos ojos 

La dicha mana, 
Que así protege al pobre, 

Y así á la anciana ; 
Que á su cuidado 

Está la niña amante 

Y está el soldado ; 

" Virgen que así á los niños 

Con embeleso, 
Al dormirlos de noche 

Les manda un beso 

Y en tu agonía 
Gloriosas esperanzas 

Tierna te envia : 

" i Dónde tan santa Virgen 

Se asienta, dónde ? 
i Dónde tiene su ermita. 

Dónde se esconde ? 

¡ Será una perla ! 
Llévame, peregrino, 

Llévame á verla. " 

XXIII. 

Esto murmura el niño, 

Y el buen romero 
Le lleva de la mano 

Muí placentero. 

Y andando, andando, 
Las glorias de la Virgen 

Le va cantando. 



296 POETAS ESPAÑOLES V AMEÍlICANGS. 

XXIV. 

Viajero, sí á deshoras 
En tu camino 
t Con un niño te encuentras 

Y un peregrino, 
Vé en su compaña, 
Y verás á la Virgen 
De la Montaña. 

Antonio Hurtado. 



DICHAS SIN NOMBRE, 



POEMA EN UN CANTO. 



Lo tengo bien presente : 
La quinta de Pombal, honra del Tajo, 
Se encuentra rio abajo, rio abajo, 
Saliendo de Lisboa hacia el Poniente. 
En Portugal los sueños son pasiones ; 
Y en el bello jardin que os he nombrado, 
Hecho por algún sabio enamorado 
Del arte de avivar las tentaciones, 
Un dia, el mas hermoso de mi vida, 
Niñas bellas y jóvenes rendidos. 
Jugamos á escondernos, y en seguida 
A volvernos á hallar bien escondidos. 

II. 

i Cuánta divina cosa 
Se agolpa á arrebatarnos el reposo 
En esa edad dichosa 
En que es encantador lo peligroso ! 
Así una inglesa, hasta dar miedo, hermosa. 
En aquel dia para mí dichoso, 

1 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 297 

Merced á la bondad de cierta prima 
Que me dio cierta fama de poeta, 
Al verme se animó, como se anima 
Al soplo del Abril la violeta ; 

Y siendo aquella vez la vez primera 
Que del amor la música escuchaba, 
La nina me miraba 

Poniendo en su mirada el alma entera ; 
Pues su candor, que era su grande encanto, 
Era tan ultra-inglés, que todavía. 
Teniendo ya quince años, no sabia 
Por qué los hombres la miraban tanto ; 

Y sin saberlo, ardiente, 

No os engaña mi lengua, si os confiesa 
Que en sus labios tenia, aunque era inglesa, 
Los mortales perfumes del Oriente. 



III. 



Yo la miró también con vivo fuego, 

Y después de mirarnos. 

Corrimos á escondernos ; si bien luego 

Jugamos, escondidos, á adorarnos, 

Que en el mundo el amor siempre está enjuego. 

Y mientras llena de inquietudes ella^ 
De un rincón del jardín tomó el camino 
Mas rápida y mas bella 

Que una fúlgida estrella 

Que corre por los cielos sin destino, 

Yo la seguí atrevido. 

Sintiéndome exaltado 

Por el vapor caliente y colorado 

Que arroja el Tajo por el sol herido ; 

Y en un cierto rincón que parecía, 
A trechos arenal y á trechos prado, 

Se escondió bien á espaldas de un vallado, 
Para que yo la hallase si quería. 

Mas, lo que es una infamia, es que aquel día 
Me dijo ella su nombre y lo he olvidado ; 

38 



298 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y no encuentro manera, 

Por mas que la conciencia me remuerde, 

De recordarlo ahora, que era que era.. .. 

Ya lo diré después cuando me acuerde. 

IV. 

No sé bailar como se baila hoi dia ; 
Mas llegué hasta bailar con elegancia 
Cuando yo, á los veinte años, escribía 
Mis versos para el uso de la infancia ; 

Y hoi todavía entiendo 

Que á correr (no á bailar) nadie me gana, 

Aunque ya voi teniendo 

Bastante edad para morir mañana. 

Por eso corrí tanto, aunque sentía 
Mis nervios por el rayo sacudidos, 
Cuando al irse á esconder ella corría 
Como una cierva al escuchar ladridos. 
¿ Si por estos pueriles devaneos 
Me mirará, algún dia, el cielo, airado. 
Como miran los jueces álos reos ? 
¿Por qué el tener amor será pecado ? 
¿ Qué mal harán á Dios nuestros deseos ? 

V. 

Y aunque es fama que, ardiente y seductora, 
Coge el saber la adolescencia al vuelo, 

Y mira con placer, cuando lo ignora. 
Cuánta ciencia se aprende en una hora. 
Sí es la hora marcada por el cielo, 
Echado entonces del pudor el velo, 

Ni de una sola esquina 

Tiraron mis amantes inquietudes. 

Pues siempre, entre ella y yo, la muselina, 

Haciendo una aspillera de virtudes. 

Levantó una muralla de la China. 

VI. 

Solo una vez, al estrechar su mano. 
Kobo de mis entrañas el sosiego 
Un poco de aquel fuego 
Que ha enterrado á Pompeya y á Herculano. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 299 

Víctima del mutismo 

Que da el amor, cuando en la fiebre toca, 

Se quedó en celestial sonambulismo ; 

Y no pudiendo hablarme con la boca, 
Me hablaba con los ojos, que es lo mismo. 
¿Estaba ella en el mundo? Lo ignoraba. 

Mas ¿ cómo se llamaba ? Se llamaba .... 

¿ Echarán nuestros nombres en olvido, 
Lo mismo que los hombres, las mujeres ? 
Si olvidan, como yo, los demás seres. 

Este mundo, lector, está perdido. 

VII. 

. Después quiso el destino 
Que por un claro enorme que tenia 
Aquel vallado pérfido de espino, 
Se asomase una faz que parecía 
Conservada en espíritu de vino ; 

Y era la cara extraña 

De la madre dichosa de la inglesa, 
Que á aquel sol, que es igual al sol de España, 
Tomaba esa apariencia de la araña, 
Pronta siempre á caer sobre su presa, 

Y que, creyendo un crimen descubierto, 
Me parecia con la boca abierta 

La hiena que olfatea carne muerta 

En el viento que sopla del desierto : 

Mas la joven, prudente, • 

Fingió serenidad con tanta gracia 

Ante el horror déla acritud materna. 

Que me hizo ver que cuando se ama y siente, 

En materias de amor y diplomacia 

Cualqxiiera niña es la mujer eterna. 

VIII. 

Mientras la madre á su malicia atenta 
Me echaba unas miradas de soslayo, 
Miradas mitad sal, mitad pimienta, 
La niña, traspasada, 
Como quien siente el látigo de un rayo, 



300 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Se volvió deljardin hacia la entrada, 
Velados de estupor sus ojos bellos, 
Eoja la frente, pálida la boca, 

Y ademas llenos de heno los cabellos, 
Aunque no, como Ofelia, por ser loca ; 

Y mirándonos fuimos á hurtadillas, 
Cuando ya, huyendo el sol de las estrellas. 
Nos volvió á la ciudad, entre otras bellas, 
Un coche empavesado de sombrillas. 

Y en tanto que en la eléctrica corriente 
De sus calores vírgenes se ahogaba. 
Besaba con mis ojos santamente 

A la niña gentil, que sollamaba 

; Oh, malhadado olvido ! 
Para sacar del fondo de mi historia 
Su nombre en mis entrañas escondido, 
¡ En vano reavivando mi memoria. 
Con mi tambor, por la metralla herido. 
Toco llamada á mi pei'dida gloria ! 



IX. 



Y cuando el hado adverso 
Me arrebató hacia España al otro dia, 
Lo mismo que Eousseau, cuando sentia. 
Me ahogaba en la extensión del Universo. 
Y ¡ lo que es el amor, divino cielo ! 
Aunque olvidé su nombre, 
De pensar si habrá amado á algún otro hombre 
Casi frunzo las cejas como Ótelo. 
¿ Se habrá casado ? ¡ Oh pensamiento horrible ! 
¡ Cómo arde mi cabeza ! ¿Estaré loco ? 
i Si habrá muerto de amor ? Es mui posible ; 
¡ Los niños mui precoces viven poco ! 



¿ Qué habrán hecho los años envidiosos 
De aquella imagen de serena frente. 
Con uno de esos rostros candorosos 
Que hacen pecar á un hombre mortalmente ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 301 

¿ Acaso en este crítico momento 

Mandará un regimiento 

De héroes futuros, cual su madre hermosos, 

Como una valerosa coronela, 

Sorda al ruido del fuego y de las balas ? 

; Y cómo el tiempo vuela ! 
¿ Formará entre las viejas generalas ? 
¿ Generalas ? Esto es, ¿ será ya abuela? 
¿ Será abuela la niña encantadora 
Que.. (esperad que me acuerde) se llamaba.. 
¡ Diera un millón por recordar ahora 
Su nombre.. que acababa.. que acababa.. 
No sé bien si era en ira 6 si era en ora ! 



XI. 



Estol desesperado 
Al ver cuánta lectora, 

Viendo mi olvido, exclamará : — •' ¡ malvado !" — 
; Malvado ! Sí, seiáora : 
Pero yo, ¿qué he de hacer si lo he olvidado ? 
Mas ¿ seré el primer hombre 
Que se olvidó de una mujer querida ? 
¡ Ai ! Yo bien sé que el olvidar su nombre 
-Es la eterna vergüenza de mi vida. 
¡ Dejad que á gritos el verdugo llame ! 
¡ Que me arranque á puñados el cabello ! 
¡ Soi un infame, sí, soi un infame ! 
¡ Ahórcame, lectora : he aquí mi cuello ! 

XII. 

Mas, si he de ser ahorcado 
Por alguna mujer que, consecuente 
El nombre de un amor no haya olvidado. 
Entonces, confiado, 
Aun pudiera vivir eternamente. 
Pero quiero morir, ; oh rabia ! ¡ oh mengua ! 
i No hai tormento mas grande para un hombre 
Que el no poder articular un nombre 
Que se tiene en la punta de la lengua ! 



302 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

¡ Oh tú, mi antiguo fiador, el viento ! 
Di á todos, pues lo sabes, 
i Cuántas veces mi amor de pensamiento 
La remitió memorias por las aves ! 
¡ Recuérdale á mi oido. 
Canoro ruiseñor de la enramada, 
El mágico sonido 

De aquel nombre olvidado, aunque querido. 
¿Era Sara?.. ¿Era Emma ?..Nada, nada, 
¡No sale aunque lo tengo aquí escondido ! 

Campo AMOR. 



A LA COmilEM m LOS ANDES. 

Sublime Cordillera, yo vengo á contemplarte : 
Yo vengo de emociones terríficas en pos : 
Desde remotas playas yo vengó á demandarte 
Del porvenir del mundo la gran revelación. 

Del fondo del abismo de la abyección humana. 
Osado, como el cóndor, mi vuelo levanté, 
A ver en su grandeza la pompa americana, 
A ver tus gigantescas pirámides arder. 

A oir de tus entrañas el ruido subitáneo, 
La convulsión horrenda y el tremebundo hervir, 
Y el súbito estampido y el trueno subterráneo 
Que agita de cien montes el áspero perfil. 

i Ya estoi entre las nubes ! ya dobla mi cabeza 
La ráfaga tonante del hórrido aquilón. > 

¡ Ya siento de Pizarro la ruda fortaleza, 
Ya siento de Bolívar la férrea inspiración ! 

¡ Qué grande, qué severa, qué augusta te levantas, 
Qué hermosas perspectivas ostentas por doquier ! 
Horribles tempestades se agitan á tus plantas. 
En tanto que tus cumbres reverberar se ven. 

; Qué rocas, qué vertientes, qué ari-anques tan profundos, 
Qué trazos tan grandiosos, qué inmensa profusión !.» . 
Parecen desgarrados fragmentos de otros mundos 
Que aquí lanzado hubiera la cólera de Dios ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 303 

Del Sol americano la luz resplandeciente, 
Los montes y los rios, las lluvias y la mar, 
Derraman en tus valles la vida eternamente 
Soberbia, potentísima, fantástica, ideal. 

Allí se ven las pomas doradas y los dátiles, 
La caña del azúcar y el palo del Brasil, 
Arábigos inciensos, febrífugos, volátiles. 
Los cedros de la Siria, la seda y el añil. 

Y crece allí la oliva y el misterioso lauro, 

Y el lirio del Oriente, fragante y virginal, 

Y brillan las arenas auríferas del Dauro, 

Y linfas trasparentes, mas claras que el Jordán. 

Allí se ven los pinos frondosos de la Australia, 

Y el ámbar y las pinas y el pan y el algodón. 
Crisólitos del Ganges y mármoles de Italia, 

Y espléndidos diamantes de incógnito valor. 

lunúmeros caimanes de formas gigantescas 
Orillas de tus rios al Sol candente están ; 

Y á veces nos recuerdan serpientes pintorescas 
La antigua y misteriosa catástrofe de Adán. 

Y vense mariposas con alas carmesíes 
Que pasan como flores fantásticas de luz ; 

Y loros de esmeralda, pintados de rubíes, 

Y pájaros de oro, de púrpura y azul. 

Y son allí las brisas suavísimos diluvios 

Que embriagan los sentidos en piélagos de amor : 
De esencias infinitas dulcísimos efluvios 
Exhalan tus montañas eternamente en flor ! 

¡ Qué selvas tan robustas, tan densas y sombrías ! 
Los seres á millonea se ven brotar allí — 
¡ Qué sombras, qué colores, qué estruendos, qué armonías ! 
i Se siente allí la vida del universo hervir ! 

A los hermosos dias de la creación del mundo 
Se acerca en grandes éxtasis el hombre pensador, 
Al ver de tus grandezas el piélago profundo, 
Al ver de tus portentos la pródiga efusión. 



304 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 

Torrentes impetuosos y esplendorosas raudas 
Se ven en tus quebradas pi'ofundas blanquear, 
Cual grávidos cometas de trasparentes caudas 
Que surcan del espacio la oscura inmensidad. 

Y en lienzos colosales de refulgente plata, 
Bordados de cien iris que espléndidos se ven. 
Desciende á los abismos la hirviente catarata, 
Soberbia en su caida y hermosa, cual Luzbel. 

Y el ronco, sempiterno, terrífico rimbombo 
Del alto Tequendama y el túrbido Agoyan, 
Parece que conmueve del firmamento el dombo 

Y apaga el doble estruendo del trueno y del volcan . 

El cóndor atraviesa soberbias lontananzas 

De rayos y centellas al cárdeno fulgor 

¡ Sublime Cordillera, qué espléndida te lanzas 
Al éter luminoso del vivido Ecuador ! 

De tus vertientes baja bramando el Amazonas, 

Y animas soledades magníficas sin fin ; 

Y en la región mas virgen de las terrestres zonas 
Esperas los titanes del hondo porvenir. 

Naciones opulentas sostienes en tus hombros 

Y lagos que se agitan terribles, como el mar, 

Y huacas (1) colosales y fúnebres escombros 
De razas que se hundieron allá en la eternidad .' 

Y ocultas en tus selvas cien tribus aborígenes i 
Que viven indomables y nómades aún ; 

Y arrojas al Atlántico de tus montañas vírgenes, 
Los tres mediterráneos de América del Sur. (2) 

Lanzarte hacia regiones antípodas te veo. 
Cruzar dos hemisferios, dos mares dominar, 

Y alzarte en los espacios cual muro ciclópeo 
Que cierra de los mares el flanco occidental. (3) 

1 Asi se llaman en el Perú y Bolivia los enormes sepulcros eri- 
gidos por los indios antes de la conquista. 

2 Alude al Amazonas, al Orinoco y al Plata. 

3 En efecto, la Cordillera, en su inmenso desarrollo desde las lla- 
nuras del Mackenzie en la América rusa hasta el Cabo de Hornos se 
inclina constantemente hacia las costas occidentales del Nuevo Mundo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICAxNOS. 305 

i Qué blancas son las nieves del arduo Chimborazo 

Debajo de los rayos del tórrido Ecuador! 

¡ Qué hermoso es el espejo y el gigantesco trazo 
Que deja en tus abismos el rudo Marañon ! 

Tus rígidos nevados deslumbran centellantes 
Al rayo meridiano del sol equinoccial, 
Cual grandes hemisferios de vividos diamantes, 
Cual grandes obeliscos de límpido cristal. 

i Qué bella y majestuosa, qué espléndida te abismas 
En el profundo cóncavo del firmamento azul, 
Al par que descompones en tus radiantes prismas 
Del éter insondable los piélagos de luz ! 

De tu perfil inmenso las sombras desiguales 
Que entonces se proyectan confusamente allá, 
Parecen densos grupos de monstruos colosales, 
Que inmóviles contemplan la oscura eternidad. 

En tus nevadas cumbres, altísimas, aéreas, 
La noche es un gran lente de mágica visión, 
Qué hermosas resplandecen las bóvedas etéreas, 
Los astros centuplican su trémulo fulgor. 

Se ven constelaciones de entrambos hemisferios, 
Los Nubes Magallánicas, la hermosa Cruz-austral : 
Se ensancha el grande abismo de todos los misterios 

Y bulle y resplandece la vida universal. 

La inmensa Via-láctea fulgura y centellea, 
Cual arco de diamante, del Sur al Septentrión, 

Y en la terrestre atmósfera fantástica blanquea 
Del tórrido zodiaco la inmensa irradiación. 

Eternamente joven aquí naturaleza, v 

Ostenta prodigiosa sin par grandiosidad, 
¡ No puede imaginarse mas pródiga belleza, 
No puede concebirse mayor sublimidad ! 

¡Jamás he contemplado tan grandes horizontes, 
Jamás el firmamento tan rutilante vi ! 
¡ Qué augusto es el silencio de tus eternos montes ! 
¡ El alma siente el alma de lo infinito aquí ! 
. 39 



306 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Cual resplandor profético que alumbra lo futuro, 
Cual celestial pirámide, la luz crepuscular 
Confusa resplandece sobre el abismo oscuro 

Y en la profunda curva del silencioso mar. 

Cual pálidos gigantes de cabellera blanca, 
"• En medio de las sombras inmóviles se ven 

El imperial lUampu (4) que del abismo arranca, 

El Místi, (5) elTupungato, (6) Cayambe, (7)Puracé. (8) 

En medio del silencio magnífico y profundo, 
En medio de la oscura sublime inmensidad. 
Parece que se inclina sobre el Oriente el mundo 
En mudo arrobamiento, con tímida ansiedad. 

; Mirad el horizonte ! La Luna se levanta. 
Cual dolorosa virgen en éxtasis de amor. 
Miradla en los espacios, cual hostia sacrosanta, 
Que eleva sus miradas tristísimas á Dios ! 

¡ Mirad el trasparente confín del firmamento. 
Cual pórtico lejano de un mundo mas feliz ! 
¡ De ruidos misteriosos se puebla el vago viento, 
Las sombras del olvido comienzan á plañir ! 

; Y vienen de otro mundo fantasmas de otros dias, 
Creencias de otros tiempos, visiones de otra edad, 

Y vienen dolorosas y vagas melodías, 

Y llora de tristeza la muerta soledad ! 

Se ven cruzar las nubes el firmamento en calma. 
Cual hadas misteriosas que van á otra región, 

Y en sus melancolías se desvanece el alma, 
Como un suspiro triste de moribundo amor. 

4 Ese nombre se da en Bolivia á la cúpula nevada del Sorata, 
que segu» Pentlant es el punto culminante de la Cordillera y el mag 
elevado del globo después de Dhawalagiri y Djawairen la cadena del 
Himalaya en Asia. 

5 Es el cono volcánico mas correcto de la Cordillera ; se ve á 
cuatro leguas de Arequipa en el Perú. 

6 Eival del Chimborazo, es el nevado mas alto en los Andes de 
Chile. 

7 Situado & pocos minutos de la línea equinoccial en la Repú- 
blica del Ecuador, es notabilísimo por ser antípoda del monte Ofir 
que se levanta en la Oceanía en la isla de Sumatra. 

8 Es uno de los volcanes mas elevados de la Nueva Granada, no- 
table porque tiene una laguna á la altura de 17,000 pies. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 307 

Y allá en el fondo oscuro de mi tenaz memoria, 
Se agita mi olvidada, difunta juventud ;, 
Parece que aun sonríe y aun sueña con la gloria 
En el horror sublime del fúnebre ataúd ! 

Y trémulo despierta mi genio turbulento, 

Y en el delirio horrible de mi letal dolor 
Quisiera ea cuerpo y alma lanzarme al firmamento, 
Delante de los astros del Sol Divino en pos. 

Tus cumbres. Cordillera, tus altas soledades, 
Me inspiran espantosa, tristísima ansiedad. 
Cual todas las barreras de todas las edades 
Que el genio en su grandeza no puede traspasar. 

La noche del olvido con su infinita pena. 
Cual fúnebre sudario reposa sobre tí : 
Las sombras de cien siglos sollozan con la quena (9) 
E inspiran á tus indios su eterno yaraví, (10) 

Tal vez enamorados divagan por la puna (11) 

Y ensayan solitarios su lúgubre cantar, 
Al rayo soñoliento de la amarilla Luna 

Que brilla entre las sombras, cual cirio sepulcral. 

No sé que misteriosa, profunda desventura. 
No sé que fulminante , terrible maldición 
Cayó sobre esa raza simpática y oscura, 
Que siempre me ha inspirado doliente compasión. 

Vencida en todas partes y en todas degradada 

Y en todas con el yugo de hierro en la cerviz, 
De las humanas razas, la mas desventurada. 
Perdió sus tradiciones, no tiene porvenir. 

Su historia es tan funesta, su suerte tan impía, 
Tan hondamente triste su lánguido cantar ; 
Parece una salmodia, fatídica y sombría 
Que entona celebrando su eterno funeral. 

9 Es un instrumento músico que usan los indios. Su melodia 
es de una inexplicable tristeza. 

10 Yaravíes 6 tristes se llaman en el Perú y Bolivia y aun en 
Colombia los cantares de los indios. 

11 Así se llaman en Sud- América las alturas casi inhabitables 
de la Cordillera. 



308 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 

En noches tenebrosas de negros nubarrones, 
Que agita con sus alas el rápido aquilón, 
Parecen tus volcanes terríficos blítndones 
Que alumbran de los siglos el negro panteón. 

Y ¡flotan sobre aquellas pirámides de llama 
"• En trémulas penumbras y en lóbrega espiral, 

Densísimos nublados que el viento desparrama 

Y ruedan al profundo, cual tromba colosal. 

Y herida y aterrada la humana fantasía 

Formula pavorosas imágenes allí 

Jamás en sus insomnios la ardiente poesía 
Pudiera tan sublimes fantasmas concebir. 

En medio de la sombra fatídica y horrenda, 
Levántase el Demonio, tronando contra Dios ; 

Y vese allí la lucha gigántica, estupenda, 

Y brilla el rayo eterno que el grande abismo abrió. 

Y quedan las alturas en majestuosa calma. 
Los báratros ardientes del Tártaro se ven, 

Y escucha, desgarrada de eterno horror, el alma 
Un alarido amargo, misérrimo, cruel ! 

Y pasan cual siniestros, rugientes aquilones. 
De allá de los infiernos al cárdeno fulgor, 
Del Eei de los abismos las reprobas legiones, 
Eternamente huyendo del rayó vengador. 

Inflama el Grande Espíritu los misteriosos vahos, 

Y surge y resplandece la hermosa creación, 
Rasgando las tinieblas del insondable caos 
Al trueno omnipotente del^aí creador. 

Y pasan las escenas del Génesis divino. 
Historias misteriosas y fábulas sin fin, 

Que lloran los dolores del hombre peregrino 
Después de las tragedias de Adán y de Cain. 

Y pasa el ambicioso, doliente Prometeo, 
Llevando en sus entrañas el buitre roedor ; 

Y pasan los Titanes candentes del deseo. 
Amontonando airados el Osa y el Pelion. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 309 

Y pasan las escenas que aborta el panteísmo 
Del místico, grandioso, fantástico Indostan ; 
Y pasan inflamadas las bestias del abismo 
Que vio en sus grandes éxtasis profetices San Juan. 

Cual rápidas balumbas, cual témpanos flotantes, 
Que arrastran las corrientes del mar del Septentrión, 
Se ven pasar las huestes frenéticas y errantes 
Que en Eoma desbordaron las iras del Señor. 

De triunfos y catástrofes y destrucción sedientas 
En grupos gigantescos se ven precipitar 
Las hordas gengiskánidas, cual rápidas tormentas, 
Tras el bridón salvaje del rudo Tamerlan. 

i Envueltas en la noche del infortunio impío. 
Las sienes con los dardos candentes del dolor. 
Se ven las solitarias viajeras del vacio. 
Las almas melancólicas y trémulas de amor ! 

¡ Y pasan confundidas en óptica radiante 
Las sombras misteriosas y extáticas de Ossian, 
De Milton los espectros, los reprobos del Dante, 
Las vírgenes divinas del tierno Chateaubriand ! 

¡ Confusa, iluminando la inmensidad esférica. 
Cual pálido, nocturno, medroso resplandor. 
Contemplo levantarse la virgen cadavérica 
De mi desventurada, dulcísima ilusión ! 

¡ Oh Dios ! cuando recuerdo desgracia tan impía 
Yo tiemblo de tristeza, yo tiemblo de terror ! 
Espíritu doliente ! tristísima alma mia ! 
Levántate llorando ! levántate hacia Dios .' 

¡ Ya irradian del Empíreo las centellantes cumbres, 

Ya truena en los espacios el cántico inmortal ! 

i Arroja en los abismos las grandes pesadumbres 
Que puso en tu conciencia la acerba adversidad ! 

¡ Perdona si te olvido, grandiosa Cordillera ! 
Mi alma es un recuerdo, mi pecho un ataúd : 
El mundo es á mis ojos fantástica quimera 
En medio de mi antigua, fatídica inquietud. 



310 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

Cual lápida mortuoria, me abruma la tristeza, 
En medio de mi amarga, profunda soledad : 
¡ Yo escondo entre las manos mi trémula cabeza 

Y brota de mis ojos de lágrimas un mar ! 

Las mas dolientes sombras del tiempo ya pasado 
Me siguen y me abruman de angustia y de estupor: 

Y ruge en mis entrañas mi amor desesperado. 
Cual ruge en los desiertos colérico león. 

Cual lóbrego, ruinoso y antiguo cementerio, 
De escombros y cadáveres henchida mi alma está ! . 
Me gustan los terrores profundos del misterio. 
¡ Envuélveme en tus sombras, oscura eternidad 

En vano en arrebatos y en éxtasis profundos, 
Cual águila de fuego, se agita mi ambición : 
En vano admiro atónito sublimes Nuevos Mundos, 
¡ No puede el universo llenar mi corazón ! 

En vano hermosa América, suspiras de alegría. 
En vano te entusiasmas de amor y juventud. 
En vano desde el zenit el sol del mediodía 
Fulgura cataratas y piélagos de luz. 

Eternamente triste, cansada y taciturna, 
Mi alma entre fantasmas inmóviles está, 
¡ Estatua dolorosa, clavada ante la urna 
Do yacen las cenizas de mi amorosa edad ! 



Fernando Velarde. 



ESPAÑA Y AMEEICA. 

*^ A UNA AMERICANA. 



Con mis locos perdidos devaneos, 
Con restos de marchitas ilusiones, 
Con dichas que avivaron los deseos 
Al realizar fantásticas visiones; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 311 

Matrona, reclinada en sus trofeos, 
Sin ecos, sin amor, sin emociones, 
Símbolo de mi ayer, el arpa mia 
Cual sauce melancólico gemia. 

Entre mis horas de placer lejanas, 
Entre mi ayer y mi presente oscuro, 
Entre mis ayes y mis dichas vanas 
Se alzó del tedio el invencible muro ; 
Tardes breves y candidas mañanas, 

Y cielo siempre aznl y hogar seguro, 

i Quién sabe dónde están ? ¡ Allá quedaron, 

Y lejos como el humo se borraron ! 

Hoite miro, te miro y me parece 

Que algo del sol la claridad me envia ; 
Que Dios baja hasta mí, que ya amanece 
En la noche fatal del alma mia -, 
Que su vapor la bruma desvanece. 
Que ya anuncian los pájaros el dia, 

Y que, cual virgen de mi edad primera. 
Vuelve á mi corazón la primavera. 

Mas ¿ por qué si á mi patria te avecinas 

Y en nosotros el jubilo despiertas, 
Los ojos bajas y la frente inclinas 
Como las flores en otoño muertas ? 
Si del amor enciendes las ruinas. 
Si sacas luz de sus cenizas yertas, 

¿ Por qué mudos están tus labios rojos 

Y tristes j ai ! los entornados ojos ? 

i Es que acaso al pisar nuestras riberas 
No encuentras flores en la patria mia, 

Y al recordar tus bosques de palmeras 
Siente tu corazón melancolía ? 

i Es que á tus valles regresar esperas 

Y acaso tarda el suspirado dia ? 

¿ Es que lejos de allí suspira en vano 
Tu ardiente corazón americano ? 

¡ No entristezcas tu lánguida hermosura. 
Que yo tendré para aliviar tus penas 
El fuego de aquel sol y la dulzura 
De aquellas canas, de sus mieles llenas ; 



I 

312 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Vuelva á tu amante pecho la ventura, 
Aumenta con tus dichas las ajenas, 
Y verás que no existe encantadora 
Mas que una patria para aquel que adora ! 

A. F. GrRILO. 



EL ARPA DEL PROSCRITO. 



¿ Qué se hicieron las flores de mi cuna 

Con su gayo color y su fragancia ? 

Murieron y pasaron una á una 

Con las horas risueñas de la infancia. 

Con esa edad de dicha é inocencia, 
Edad angelical y encantadora 
En que es un paraiso la existencia, 

Y se goza un placer en cada hora. 

Porque en ellas, el hombre venturoso. 
Embebido en sus juegos infantiles, 
Aun no siente en el pecho candoroso 
El agudo puñal de afectos viles. 

Llora el niño, es verdad ; pero ese llanto 
No amarga el corazón con su veneno, 

Y al labio asoma la sonrisa en tanto, 
Pues se halla libre de pesar el seno. 

¡Ai! esa edad exenta de congojas, . 
Hechicera y lozana cual la rosa, 
Huyó veloz, cual sus marchitas hojas 
Eesbalan por la linfa sonorosa ! 

Y hoi acallando del dolor el grito, 

Y apurando en silencio su amargura, 
De la liviana sociedad proscrito, 

Y vil juguete de la suerte dura ; 

No me queda otra cosa en la existencia 
Que una arpa miserable con sus cantos, 

Y el recuerdo infeliz de la inocencia 
De la pura niñez y sus encantos. 



ÍOEf AS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 313 

Arpa lánguida, pobre y destemplada 
Que imita nada mas que mis lamentos, 
No podrá producir blanda, acordada, 
Armoniosos y célicos acentos. 

No hallarán en mis cantos la dulzura 
Del inspirado vate satisfecho. 
Mas sí, la languidez y la amargura 
Que abriga el que los lanza dentro el pecho. 

Ellos son el cantar que en la batalla 
Se eleva enti'e el belígero i-iiido, 
Himno marcial con que el soldado acaUa 
Las lastimeras quejas del herido. 

Vienen á ser la voz del prisionero, 
Que en medio á sus angustias y su pena, 
Alza un canto sarcástico, agorero, 
Al monótono son de su cadena. 

Y el infeliz á quien la suerte oprime 
Con su gravosa y maldecida carga, 
i Qué podrá articular, ya que no gime, 
Que deldespeobu la invectiva amarga ? 

El cuitado mortal á quien el hombre 
Ha proscrito con peuM de su Itido, 
Sin afectos simpáticos, sin nombre. 
En oscuro rincón abandoniído ; 

¿Puede acaso, lector, á tus oídos 

Hacer llegar armónicos cantares? 

Quejas, sí, melancólicos gemidos. 
Animada expresión de sus pesares. 

Procurando olvidar mis sufrimientos 
He narrado, tíil vez, cuitas ajenas ; 
Mas ¡qué mucho ! que angustias y tormentos 
Cante solo él poeta de las penas !..---. 

¡ Ah! si encuentras acaso en algún vtrso 
El sarcasmo cruel de la amargura. 
Si obedeciendo á mi destino adverso 
Quejas te doi ea situación tan dura ; 
40 



314 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

No me culpes, lector ; tan solo emito 
En ellas la expresión de mi tormento ; 
Son los cantos del Arpa del Proscrito 
Para acallar la voz del sufrimiento. 

M. Manrique Jerez. 



LA MUJEE, ADULTERA. 



I. — Lei de Moisés sobre el adulterio. —Consulta farisÉlica. — La primera 

piedra. 
II. — Jueces culpables. 
ni. — Vade etjam amplius nolli peccare 
TV. — Dudas de un discípulo de Cristo y respuesta del Divino Maestro. 

— El Redentor anuncia á Juan las obras que ha de escribir, y le 

previene lo que ha de decir de la mujer adúltera. — El delito por 

nombre. 

I. 

Por iracunda plebe perseguida. 
Huye en Jerusalen al templo santo 
Macilenta mujer despavorida ; 
Baña su faz hermosa 
Desatado raudal de amargo llanto. 
Es aquella mujer culpable esposa ; 
La lei del pueblo hebreo 
A morir á pedradas la condena. 
El torpe fariseo 

Y el hipócrita escriba corrompido 
Piden, como la turba, á grito herido 
Se lleve á cabo la marcada pena. 

La mísera mujer de angustia llena 

Y con ansias mortales 

Gira en redor los suplicantes ojos. 

Mira á Cristo del templo en los umbrales 

Radiante de bondad y de dulzura, 

Y póstrase de hinojos 

Y besa de Jesús la vestidura. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 315 

Inmóvil queda cual estatua yerta; 
Vaga en crespas madejas su cabello 
Sobre la blanca espalda, mal cubierta, 

Y su rostro sombrío 

(Para su propia desventura bello; 
Entre las manos trémulas sepulta : 
¡ Quizá un rubor tardío, 
Quizá la falta de rubor oculta ! 

Entre tanto el Señor sobre la arena 
Misteriosas palabras escribía, 

Y el fariseo que á la turba guía, 
Para hablar á Jesús silencio ordena. 
Con humildad irónica protesta 

Sobre el suplicio horrendo consultarle ; 
Pero busca sutil en su respuesta 
Causa para acusarle, 

Y así le dice : — " La mujer impura 
" Que á tus pies se ha postrado, 

" Sin recato y sin fe, ciega y perjura, 

" El tálamo nupcial ha profanado. 

" No ignorará tu enaltecida ciencia 

" Que á morir la sentencia 

" La sabia leí del inspirado preste, 

" Que rompió nuestra dura servidumbre, 

" Y del Eterno oyó la voz celeste 

" Del Sinaí sobre la ardiente cumbre. 

" Mas tú eres el Mesías prometido ; 

" La voluntad de Dios tu labio anuncia. 

" Infalible profeta, rei ungido, 

" Tus altísimas órdenes pronuncia ; 

" Tu fallo díaos y será cumplido." 

Cristo escribiendo en el arena sigue 
Sin levantar la pensativa frente, 

Y el fariseo á poco, ya impaciente. 
Con alterada voz, así prosigue : 

— " Si eres Hijo de Dios ¿ cómo te arredra 
" Lo que el gran Moisés dejó ordenado ? " 
— " Cúmplase, dice Cristo, lo mandado, 
" Pero que arroje la primera piedra 
" El que esté bíq pecado.'* 



316 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



II. 

Todos para animarse se miraron, 

Y todos sin aliento enmudecieron, 
Sus cejas se enarcaron, 

Las piedras de sus manos se cayeron 

Y en confuso tropel desparecieron. 

III. 

— " JiTadie te acusa ya. — La airada plebe 
Que á llevarte á morir se apercibía, 
Despareció como la bruma leve 
' Al despuntar 1h claridad del dia: 
Ya de la muerte la segur terrible 
No ves amenazando tu existencia ; 
Mas oye la tremenda, inextinguible, 
Inexorable voz de tu conciencia ; 
Oye del que te síilva la sentencia : 
Eres esposa y madrt^, 

¿Qué te brinda otro amor? males prolijos. 
No vuelvas á pecar, piensa en tus hijos, 

Y hiere site atreves á su padre. 

Torna al preciado hogar que abandonaste, 
Del que tu infame culpa, te retira; 
Pide perdón al hombre que afrentaste, 

Y su dolor inconpolable mira. 
Mírale oculto ; palpitante el pecho ; 
La vista tiende al solitario lecho, 

Y en él, desesperado se desploma 

Abraza tierno al balbuciente niño. 
Lirio que el yermo de su vida aroma, 

Y el abrasado llanto del cariño 
En sus pupilas áridas asoma, 
Viendo del inocente en el semblante 
Trasunto fiel, imagen hechicera 

Del rostro tuyo, que adoró constante, 

Y gala ayer de sus amores era. 
Hoi, su dicha anegada. 

Sobre las ondas del dolor eterno 
Aun ilesa y tranquila sobrenada 
El arca santa del amor paterno. 

Y quiere aborrecerte : 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 317 

" Aborrecer á lo que se ha querido, 

" Es desgarrarse el corazón herido, 

'■ Y vivir en las ansias de la muerte. 

" Hondos gemidos lanza, 

" Y si en 8U oprobio piensa, 

" Juzga que no hai venganza 

" Que hasta el nivel alcance de su ofensa. 

" Lucha por desasir de su memoria 

" Tu aciaga imagen, tu fatal caida ; 

" Mas para siempre la quietud perdida, 

" Lleva en su mente tu llorada historia 

" Con indelebles letras esculpida. 

" Cediendo de la culpa á los clamores 

" Cometiste, pisando tus deberes, 

" El delito mayor de las mujeres, 

" Y él padece el dolor de los dolores. 

" Vuelve á los pies del ofendido esposo, 

" Y al desandar la via, 

" Que á la cima del crimen te condujo 

" Y á víctima de un pueblo te redujo, 

" Recuerda siempre la palabra mia : 

" Sin la virtud no hai dicha ni reposo, 

'• Cristo á la dicha y al reposo guia 

" Barquilla sin timón y en mar incierto, 
" Ave herida en mitad del Océano, 
" Sin el auxilio de divina mano 
" i Podrán llegar al anhelado puerto? " 

IV. 

Núblanse del Mesía 
Los refulgentes y serenos ojos 
Con el mismo dolor que describía. 
Hijo de los agravios 
De la pérfida esposa, que de hinojos 
Sigue á sus píes sin desplegar los labios. 

Ora Jesús al Dios de las bondades, 
Que al universo rige, 

Y de Jerusalen traspone el muro ; 
Anhela respirar aire mas puro 

Que al aire corruptor de las ciudades, 

Y sus pasos dirige 

Del desierto á las mudas soledades. 



318 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



En silencio profundo 
Marchan tras de Jesús los bienhadados 
Discípulos humildes, destinados 
A extender su doctrina por el mundo. 

Y Pedro dice al Justo : — " Bondadoso 

* Maestro celestial, oye mi acento : 
' En piélago de dudas proceloso 

* Se pierde mi confuso pensamiento. 
' Yo vi que los abismos del pecado 

' Do estaba Magdalena iluminaste : 
' Hoi la vida á la adúltera salvaste ; 
' Pero díme, Señor, ¿la has perdonado, 
' O tan solo á sus jueces recusaste ? 
' ¿ Cómo tu corazón gime y se apena 
' Siendo el perdón tu dicha perdurable ? 
' ¿ Es á los ojos tuyos mas culpable 
' La adúltera mujer que Magdalena ? " 
Y responde Jesús: — " ¡Desventurada 
' La que en inicuo amor los ojos fijos, 
' La paz de la familia rompe osada 
' Y el porvenir anubla de sus hijos ! 
' Sin mas mira ni enseña 
' Que el deleite liviano, 
' De miseria en miseria se despeña 
' Del vicio por la rápida pendiente ; 
' Hunde en el cieno su insensata mano 
' De madre la corona refulgente, 
' Y de la culpa en los hediondos brazos 
' Revuélvese y desata 
' Del bendecido amor los dulces lazos. 
' Es la víbora ingrata 
' Que en caluroso seno recogida, 
' Helada y espirante, 
' Al recobrar la fuerza de la vida 
' Clava su penetrante 
' Dardo impregnado de mortal veneno, 
' Con ánimo enemigo, 
' En el incauto seno 
' Que generoso le prestó su abr^o. 
' ¡ Deja que amargamente 
' De esa mujer la ingratitud lamente 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 319 

" La ingratitud, baldón de las criaturas, 

" El rayo vengador hizo preciso, 

'* Al ángel derrocó de las alturas 

" Y al hombre desterró del paraíso. — 

" Y óyeme Juan : — Mi Padre te destina, 

" Del humano linaje para gloria 

" A escribir inspirado mi doctrina 

" Siguiendo fiel las huellas de mi historia. 

" Del cerco de la tierra arrebatado 

" Tu espíritu á regiones inmortales 

" Evocará las sombras del pasado 

" Y aspirarás las auras germinales 

" Que en el principio á la materia inerte 

" Arrancaron del sueño de la muerte. 

" En gigantesco y portentoso vuelo 

" Atravesando siglos á millares 

" Y de lo porvenir rasgando el velo, 

" Verás el dia de esperanza y duelo 

" En que luchea los altos luminares, 

" Incendiándolos términos del cielo. 

" Ávida nube sorberá los mares, 

" La máquina del orbe derruida, 

" Eotos ya sus fortísimos cimientos, 

" Sin concierto, sin forma, denegrida, 

" Cual leve arista llevarán los vientos. 

" Entrando del amor en el santuario 

" Referirás mi vida de tristeza, 

" Que en el portal humilde y solitario 

" De Bethelem empieza 

" Y termina en la cumbre del Calvario. 

" Y al escribir ¡ oh Juan ! lo que ahora viste, 

" Para justa enseñanza de los homlbres, 

" Cuenta la vida triste * 

" De esa infausta mujer, mas no la nombres. 

" Y por tu mano inmaculada escrito 

" De fuego eterno con buril ardiente, 

" En su pálida frente 

" Lleve por todo nombre su delito." 

Larmig. 



320 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



LA sinfonía. 



Breve 

Nota 

Leve 

Brota, 
Que apenas la fimbria del éter tocó : 

Débil 

Hiere, 

Flébil 

Muere, 
Cual eco divino que el alma escuchó. 

De súbito revienta 
Con i-esonante pompa, 
Cual trueno de tormenta, 
O cual guerrera trompa. 

Y en raudo 
Crescendo 
Siguiendo 
El compás, 
Del bosque semeja magnífico estruendo, 
El tumbo lejano 
Del riinco océano, 
Profundo redoble, 
Batido timbal : 
De alzada campana fantástico doble, 
Perdido 
Gemido 
De amarga agonía, de pena fatal. 

Muí blando 

Respiro 
De tímida flor, 
Cual vago 

Suspiro 
De célico amor. 



POETAS ESPAÑOLES V AMERICAMOS. 321 

Murmiira 
Bullendo, 

Figura 
Muriendo, 
Del eco en las alas el vago rumor. 

El aire enamorado 

De la bandola, 
Y el sentido sollozo 

De la paloma. 

El tierno pío 
Con que á la blanca luna 

Saluda el mirlo. 

La dulce cantinela de errante caravana 
Que cruza los desiertos, buscando descansar ; 
O el eco plañidero de fúnebre campana, 
O tíl silbo estrepitoso del viento en alta mar. 

Queja de onda marina, 

Kumor de reiuos, 
O ya el concentu unísono 

Del universo. 

Que en lo profundo 
Elevan los bcordes 

Coros de mundos. 

Negra nube que el rayo desita. 
Por la esfera tronando su voz ; 
Despeñada, raudal catarata, 
Que retumba corriendo veloz. 

El tono cadencioso 

Del blando oboe, 
Serenata nocturna 

De trovadores, 

Con la rasgada, 
Melodiosa arinonía 

De la guitarra. 

Tierno arrullo de alondras que cantan 
En las nubes bebiendo la luz, 
Cuando rubios luceros esmaltan 
De la lóbrega noche el capuz. 
41 



322 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

La melodía 
Con que adormece 
La madre, cantando su dicha y fortuna, 
Si muere el dia 
Y alegre mece 
La blanda cuna. 

El llanto afligidísimo, 

La débil voz. 
De aquel que exhala el último 

Mortal adiós ! 

El ronco restallo de ignívoma bomba 
Que el viento cruzó, 

O el hondo, lejano tumbar de la tromba 
Que el mar levantó. 

Y el son de las trompetas 
Que incitan á lidiar ; 

Y estruendo de batalla, 
Fragor de temporal. 
Galope de caballos 

Que saltan, se empujan, se agolpan, y rompen 
Con rauda carrera, y á escape se van. 

Dulcísima nota 
De flauta acordada, 
Alegre balada, 
Sonoro clarín. 
Después como el eco 
De un coro divino. 
Así como el trino 
De algún serafín. 

De roto peñasco que el rayo derrumba, 
Fragor, y alboroto. 
Fracaso y balumba; 

Tumulto y tronido de atroz terremoto. 

O ya la danza rápida 

Imita en el compás, 

O la algazara lúbrica 

De alegre bacanal. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 323 

Chocarse con estrépito 

Botellas, y sonar 
Las voces estentóreas, 

Cual suele el vendaval 
Herir los cables trémulos 

De algún bajel que va 
Derecho al negro vórtice. 

Corriendo á zozobrar. 

De enjambre 

Crecido 

Zumbido 

Tenaz, 

Que el eco 

Ketira 

Y espira 
Fugaz. 

Y acaso 
Semeja 
La queja 
De amor 
Del aura 
Si agita 
Marchita 
La flor. 

Así el tumulto pasa del mundo lisonjero. 
La gloria así se extingue, que mas aliento da ; 
La música es la imagen del hombre pasajero ; 
Así la dicha muere, la vida así se va. 

Felipe Tejera. 



HUNO AL SOL, M EL OCÉANO. 



En los yermos del mar, donde habitas, 
Alza i oh musa ! tu voz elocuente : 
Lo infinito circunda tu frente, 
Lo infinito sostiene tus pies. 



324 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Ven : al broaco rugir de las ondas 
Une acento tan fiero y sublime, 
Que mi pecho entibiado reanime, 

Y mi frente ilumine otra vez. 

Las estrellas en torno se apagan. 
Se colora de rosa el Oriente, 

Y la sombra se acoge á Occidente 

Y á las nubes lejanas del tíur : 

Y del Este en el vago horizonte. 
Que confuso mostrábase y denso, 
Se alza pórtico espléndido, inmenso 
De oro, púrpura, fuego y azul. 

Vedle ya Cual gigante imperioso, 

Alza el Sol su cabeza encendida 

i Síilve, padre de luz y de vida. 
Centro eterno de fuerza y calor ! 
¡ Cómo lucen las olas serenas 
De tu ardiente fulgor inundadas! 
¡Cuál sonriendo las velas doradas 
Tu venida saludan, oh Sol ! 

De la vida eres padre : tu fuego 
Poderoso renueva este mundo : 
Aun del mar el abismo profunde 
Mueve, agita, serena tu ardor : 
Al brillftr la feliz primavera 
Dulce vida recobran los pechos, 

Y eu dichosa ternura deshechos, 
Reconocen la magia de amor. 

Tuyas son las llanuras : tu fuego 
De verdura las viste y de flores, 

Y sus brisas y blandos olores 
Feudo son á tu noble poder. 

Aun el mar te obedece, sus campos 
Abandona huracán inclemente. 
Cuando en ellos reluce tu frente, 

Y la calma se mira volver. 
Tuyas son las montañas altivas 

Que saludan tu brillo primero, 

Y eü la tarde tu i'ayo postrero 
Las corona de bello fulgor. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMBRrCANOS. 325 

Tuyas son las cavernas profundas, 
De la tierra insondable tesoro, 

Y en su seno el diamante y el oro 
Eeconcentra tu pálido ardor. 

Aun la mente obedece tu imperio, 

Y al poeta tus rayos animan ; 
Su entusiasmo celeste subliman, 

Y le ciñen eterno laurel. 

Cuando el éter dominas, y al mundo 

Con calor vivificas intenso, 

Que á mi seno desciendes, yo pienso, 

Y alto numen aespiertas en él. 
Sol ! Mis votos humildes y puros 

De tu luz en las alas envia 
Al Autor de tu vida y la mia, 
Al Señor de los cielos y el mar. 
Calma eterna do quiera respira, 

Y velado en tu fuego le adoro : 

Si yo mismo, mezquino ! me ignoro, 
;, Cómo puedo su esencia explicar ? 

A su inmensa grandeza me humillo. 
Sé que vivo, que reina y me ama, 

Y su aliento divino me inflama 
De justicia y virtud en amor. 
Ah ! si acaso pudieron un dia 
Vacilar de mi fe los cimientos. 
Fué al mirar sus altares sangrientos 
Circundados por crimen y error. 

JosE María Heredia. 



EL GENIO. 

A JII RESPETABIE AJttlGO DON JUAN NICASIO 6AILEG0. 

Parece, brilla y pasa la hermosura 
Cual flor que nace y muere en la mañana ; 
Sombra es el mando, sueño la ventura, 
Humo y escoria la grandeza humana : 



326 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

Las moles de arrogante arquitectura, 
Con que su nombre en ensalzar se afana, 
Voraz el tiempo, que incesante vuela. 
Con la huesa del pobre las nivela. 

Ceden al peso de su férrea mano 
Torres soberbias, cúpulas doradas : 
Los monumentos del poder romano 
Escombros son y ruinas mutiladas : 
De Ménfis y Palmira el polvo vano g^ 
No cuenta ya sus glorias olvidadas, 

Y de la antigua Grecia los pi-odigios 
Apenas dejan débiles vestigios. 

Piélago sin riberas ni reposo 
Hinchado de perennes tempestades, 
Sigue su curso eterno, impetuoso, 
Siempre tragando y vomitando edades. 
A su impulso cediendo poderoso 
Húndense muros, templos y ciudades : 
Leyes, altares, púrpura y diadema 
Yacen sujetos á su lei suprema. 

Así vimos un solio esclarecido 
Que exaltación frenética derroca : 
De regia sangre un cetro enrojecido 
La osada mano de un guerrero toca : 
i Vedle reinando de laurel ceñido ! 
¡ Vedle morir en solitaria roca ! ... . 
Aun el destino impávido se espanta 
De tanta dicha y desventura tanta. 

Todo sucumbe á la eternal mudanza : 
Por lei universal todo perece : 
El genio solo á eternizarse alcanza, 

Y como el Sol, eterno resplandece : 
Al porvenir su pensamiento lanza, 
Que con el polvo de los siglos crece, 

Y en las alas del tiempo suspendido 
Vufela sobre las simas del olvido. 

La gloria de Marón el orbe llena ; 
Aun susj)iramos con Petrarca amante ; 
Aun vive Milton, y su voz resuena 
En su querube armado de diamante ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 327 

Easgando nubes de los tiempos truena 

El rudo verso del terrible Dante, 1 

Y desde el Ponto basta el confín ibero j 
El son retumba del clarin de Homero. 

Aun conservan las Musas por tesoro ) 

La inspiración de Sófocles profundo ; 
Ornado de su trágico decoro | 

Vive Kacine, admiración del mundo ; 
Aun náS arranca Shakespeare el lloro, 
Aun nos cautiva Calderón fecundo, 
Que la palabra que lanzó el poeta 
A la lei de morir no está sujeta. 

Pontífice inmortal su mano enciende 
De la verdad la antorcha peregrina ; 
El del olvido á la virtud defiende, 
Al mundo ilustra y al poder domina : 
Si á lo pasado su mirada tiende 
La noche de los tiempos ilumina, 

Y de su siglo un noble monumento 
Lega á otra edad su activo pensamiento. 

(■ Dichoso aquel que la celeste llama 
Siente en su pecho, y delicioso aroma 
De gloria aspira y de brillante fama ! 
Fúlgido Sol, que en el Oriente asoma 
Tesoros dando del calor que inñama 
Al llano humilde, ala enriscada loma. 
Del mundo por los ámbitos que llena 
La palabra inmortal del vate suena. 

De cuántos seres, de su ingenio hechura. 
Divinizó la griega fantasía, 

Y al nombre augusto de Deidad mas pura 
Desparecieron del Olimpo un dia. 
Tan solo el culto inextinguible dura 
Del Numen de la excelsa poesía, 
En cuyas aras el incienso humea 
Por cuanto ciñe el mar y el Sol otea . 

Yo que en vano le invoco y le bendigo. 
No espero que mis votos satisfaga : 
No como á tí la Musa, ilustre amigo, 
Con su sonrisa al despertar me halaga : 



328 POKTAS ESPAÑOLES Y AMIiRICANOS. 



Ansiosa, empero, tus pisadas sigo, 
Y el eco de tu fama me embriaga .... 
i Oh, si fuese partícipe mi lira 
Del fogoso entusiasmo que me inspira ! 

Gertrudis G. de Avellaneda. 



LA imm DEfi Rifi5)ENTí)R* 



i Quién ignoró la historia de pesares 1 
I Quién sin amargo duelo la medita ? 
Una tribu sin patria y sin hogares 
En su frente infeliz la lleva escrita. 

Preguntad á sus hijos No hai arenas, 

Ni mares, ni llanuras de almas flores. 
Do no arrastren sus míseras cadenas, 
Buscando un aire libre á sus dolores. 

Y el sello allí de maldición divina, 
Verdugo de su ser les da tortura, 
Y cuando el sol mas fúlgido ilumina 
Desatentados van en noche oscura. 

¿Qué veréis en sus pálidos semblantes ? 
Afrentas de la luz y de la vida : 
Leed en sus arrugas abundantes 
El nombre de Cain el fratricida. 

Preguntad por su templo enriquecido 
De Bisan y Snmir con las maderas. 
De Helesponto con púrpuras vestido, 
Con columnas de pórfido altaneras. 

Preguntadles si alienta el incensario 
Del Yemen los aromas entre nubes ; 
Preguntad por el velo del sagrario 
Que guardábalos místicos querubes. 

El velo se rasgó : de sus arcanos 
Lanzaron los sarcófagos sus muertos. 
Que sacudiendo el polvo y los gusanos 
Se alzaron como vivos y despiertos. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 329 

Vierais caduco el sol ; temblar el mundo ; 

Y vierais la tragedia de agonía 
Que presentaba un cielo moribundo, 
Devorada su luz por sombra fria. 

Pero esa raza infiel de adusto ceño, 
Monstruo infernal de bárbaras torpezas, 
Sediento de la sangre, al pié del leño 
Blasfemaba, moviendo mil cabezas. 

Hoi es un pueblo errante y maldecido, • 

Sin patria y sin altar ; su herencia el lloro ; 

Y aquella sed de -sangre ha convertido 
En insaciable sed de plata y oro. 

Mas la mancha de sangre de su frente 
El polvo de los siglos no ha cubierto, 
Ni ha secado ese sol resplandeciente 
Que entonces entre sombras quedó muerto. 

¡ Ai de mí ! ¡ cuál estaba en el madero, 
Blanco de las blasfemias de traidores. 
El autor de la luz, Dios verdadero. 
En la prueba final de sus dolores ! 

Los cabellos tendidos como un velo 
Ocultan una faz pálida y triste, 
Do tenían los ángeles un cielo, 

Y la luna ese nácar que se viste ; 

Y los párpados cierran vacilaStes 
Los ojos, cuyas plácidas miradas 
Cubrían como tiendas de diamantes 
De espíritus eternos las armadas. 

¿Dó reclinar la lánguida cabeza 
Sin ahondar los duros pasadores.... ? 
Do quiere reposar, allí tropieza ; 
Ved si es varoa de angustias y dolores. 

Los que amáis descansar en leve pluma 
Después de los conciertos y festines, 

Y del blando placer cogéis la espuma, 
Respirando el aroma ea los jardines ; 

42 



330 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Contemplad de la cruz el duro lecho 
Erizado de espinas y de clavos, 

Y arrancad un suspiro á vuestro pecho, 
Que el deleite fugaz os hizo esclavos. 

¡ Árbol de redención apetecida ! 
¡ Dichoso quien te abraza, quien te nombra ! 
Tienes sangriento el fruto, y nos das vida, 
Déjame reposar bajo tu sombra. 

*" ¡ Cuan mudado de aquel que de la nada 

Lanzó al éter los globos de armonía, 
Que vagando en la brisa embalsamada 
Dijo : " Sea laluz :" y nació el dia ! 

i Que sobre tempestad de rayo ardiente 
Del alto Sinaí pisó la cumbre ; 

Y se mostró en Tabor resplandeciente 
Con pompa y majestad de eterna lumbre ! 

¡ Que pisaba el furor del mar inquieto, 
Causando á los discípulos espanto, 

Y el onda no tocaba por respeto 

Las fimbrias de su túnica y su manto ! 

i De aquel de quien se dijo que la muerte 
Delante de su faz iba volando, 

Y que al pasar su sombra santa y fuerte. 
Los montes se inclinaban adorando ! 

¿ Quién inventó esa bárbara corona 
Que la divina sien en varios giros 
Taladra con espinas que eslabona, 

Y se esmalta con sangre por zafiros ? 

¡ Eeyes ! los de la púrpura y el oro. 

Si el fuego de ambición el alma os quema ; 
Si lleváis en las frentes un tesoro. 
Examinad un poco esa diadema. 

¡ Oh mártir del amor ! ¡ dulces tus lazos 
Serán al corazón ! ¡ Oh cuál suspiras ! 
Mantienes en la cruz abiertos brazos, 

Y 86 enciende tu amor, mientras espiras. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 331 

No hai parte sana en tí : de sangre visten 
Tu cuerpo virginal de flor y aroma, 

Y las manos rasgadas se resisten 
A sostener su peso que desploma. 

Desnudo estás, Señor, y monte y falda, 

Y el extendido prado y selva umbría 
Cubriste de riquezas de esmeralda, 
Cual nunca Salomón se vestiría. 

Moribundo, y animas con tu aliento 
Desde el reptil que pisa nuestra planta 
Al águila imperial, terror del viento, 
Que del sol á la espuma se levanta. 

Ardes de nuestro lodo enamorado, 

Y mientras de ese amor en dura fragua 
Te consumes de sed, da tu costado 
Fuentes de la salud en sangre y agua. 

De negras alas y segur traidora 
La muerte se aproxima al leño santo. 
Pasmada de la presa que devora, 
Que la muerte temió llegar á tanto. 

El alma fatigada se repliega 
Dejando todo el tronco al mortal hielo, 

Y á los labios ya lívidos se llega 
Para subir con un suspiro al cielo. 

Llorad ángeles puros y eternales, 

Y estrellas infinitas y sin nombres. 
Llorad bronces y duros pedernales, 

Ya que en llorar son últimos los hombres. 

Debajo de esa cruz, árbol de vida, 
Eecogió el buen Pastor su grey errante, 

Y se mostró el mas fiel y tierno amante 
Dejándola con sangre redimida. 

En ese altar es víctima ofrecida 
Que inclinando su pálido semblante, 
El paterno rigor que es de diamante 
Aplaca con tal pena y tanta herida. 



332 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Cuando cierra los ojos á este mundo, 
Cierra los calabozos del infierno, 
Y cuando abre los brazos moribundo. 

Nos abre la región de olimpo eterno : 
Víctima y sacerdote de sí mismo, 
Supo vencer la muerte y el abismo. 



Arólas. 



EPICEDIO. 

SOBEE LA TUMBA DE MI QUERIDO AMIGO 

MODESTO E. CONDE. 



" El hombre el que mas brilla, pasa 

como una sombra vaga sobre la senda que 
le marcó el destino : admira un poco por su 
hermosura y baja á sepultarse en la eter- 
nidad. 

" Empero hai algo mas allá, de la tumba 
que debe ser parte á consolarnos en tan acer- 
bo dolor ; hai algo que do se compra con el 
oro, ni se alca zacon el poder. . . — Una vida 
entera de sacrificios por la patria, un cora- 
zón puro y generoso, eso si da títulos posi- 
tivos á la inmoitalidad. 

" Bienaventurado aquel que al presen- 
tarse delante de Dios, puede decir: "tuve 
enemigos, Señor, y me hub era sido fácU 
devolverles con usura el mal que me hicie- 
ron : y sin embargo, senií dulce placer al 
perdonarlos : hice mas, pagué sus ultrajes 
con luis beneficios." 

[\]odesto E. Conde. — ^Exequias Mas.', 
de Mariflo.] 



Todos los que albergáis en vuestro pecho 
Amor á la verdad, venid conmigo: 
Quedará vuestro amor bien satisfecho, 
Y el error llevará duro castigo. 

Si el torrente impetuoso, 
Que en luminosas ondas se desata. 
Os sorprende en su curso presuroso, 
Os envuelve, os subyuga, os arrebata, 
Sentid, para admirar, como yo siento^ 

Su vibrador acento. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 333 

Tu poderosa voz levanta, Conde, 
Remueve nuestras fibras mas ocultas, 
A nuestras esperanzas corresponde, 
Si nuestra férvida ansiedad consultas. 

¿ Quién no cede al poder de tu elocuencia. 
Expresión varonil de dogmas santos, 
Si en sus fueros altiva tu conciencia, • 
De la verdad sentir la omnipotencia 
Nos hace en la extensión de sus encantos ? 

i Silencio aterrador tan de repente ! 
i Mudo y lívido el labio ! 
¡ La sombra sepulcral sobre su frente ! 
i Helado su mirar, ayer ardiente ! 
¿ Quién nos puede explicar tan rudo agravio? 

Tan súbita mudanza nos advierte 
La firme voluntad del que, Dios fuerte. 
Si pudo dar sus leyes á la vida. 
Su santa voluntad vemos cumplida. 
Puede dictar sus leyes á la muerte. 

i Quién la difícil clave 
Descifrará, Señor, de tus secretos ? 
i Y quién, mi Dios, sobreponerse sabe 
Al terrible rigor de tus decretos ? 

Donde quiera señales 
Descubro de tus glorias inmortales. 

¿ Quién puede referir tus obras bellas ? 
i Quién puede numerar tus maravillas? 
En el mar, en el sol, en las estrellas, 

Magnifícente brillas. 

Y al mirar nuestra mísera flaqueza, 
Cuando depone el corazón su brío. 
Su rutilar ardiente la mirada. 
Adoramos, Señor, tanta grandeza, 
Confesamos, Señor, tu poderío, 

Tu infinito poder nos anonada. 

Frágiles son las glorias de la tierra, , 

Pasajeros del mundo los pesares, 

Y el aliento inmortal que el hombre encierra, 
Eobusto en sus oreencias tutelares, 



334 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Pretende quebrantar la cárcel dura. 
Que contrasta su esencia, 
Para lanzarse á la i'egion mas pura, 
Do está la plenitud de su existencia. 

Ahí el origen de la eterna lucha, 
Del continuo anhelar que al hombre alienta, 
De la secreta voz que el hombre escucha. 
Que su fe aclara y su vigor sustenta. 
Que sin cesar le grita, avanza ! avanza ! 

El paso mas entero : 
Dobla tu afán : el sol de la esperanza 
Prosiga iluminando tu sendero. 

Y si es lugar de expiación el mundo, 
Adoremos á Dios en sus decretos, 

Sin inquirir de su saber profundo 

Los abstrusos secretos. 
Sin preguntarle con acento impío 
Porqué alarga las horas del malvado. 
Porqué sostiene á la vejez el brío, 
Porqué al huérfano deja abandonado ; 
Porqué nos lleva al joven valeroso 
Que remontando ayer el pensamiento, 
Fácil nos arrastraba al poderoso, 
Irresistible imán del sentimiento 

Fuerte, sí, fuerte el corazón latia. 
Era su sangre, sangre de un valiente, 
Como tal, fácilmente descubría 
El vigor muscular sobre su frente. 
¡ Con cuan hermoso porvenir soñaba ! 
i Cuánto calor su corazón sentía ! 

Y para helar su corazón sobraba. 

Sobraba un solo día ! 
Y con su ejemplo no aprendemos nada ; 
El odio criminal no encuenti-a freno, 
El tirano poder, la frente alzada, 
Planes de iniquidad fragua sereno. 

La soberbia feroz suelta sus furias, 
El huérfano infeliz llora su suerte, 
Y valladar no encuentran las injurias 
Del que se llama fuerte. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 33-5 

Y ufano con el frágil poderío, 
Que, cual nube ligera, se deshace, 
En difundir el malestar sombrío. 

Cual Mena, se complace. 

Y mañana quizás, yerto el semblante, 
De terror libre, su mirar severo. 

En su cadáver aguijón punzante 
Le clava sin piedad gusano fiero. 

Torpe, bien torpe el corazón que ciego 
Envejece en las sendas del delito, 
Sin escuchar de la conciencia el ruego, 

Ni el lastimero grito. 
Sin que pueda el recuerdo pavoroso 
De la muerte arrancarle á su extravío, 

Y se muere en su empeño criminoso, 
Sin poder exclamar ¡ perdón, Dios mió ! 

El pan de iniquidad nos alimenta, 

Y no querremos ser de Dios malditos, 
Cuando al rendir la formidable cuenta, 
Temblemos, al sumar nuestros delitos. 

Es verdadera la grandeza humana, 
Cuando en las leyes del Señor estriba : 
No pasa entonces como sombra vana, 

Y nadie la derriba. 
Como Dios, inmortales son sus fueros. 
Si el bien los canta con acento libre : 
Dios querrá que en los siglos venideros 
El sol da la verdad sus rayos vibre. 

Así, tender la protectora mano. 
En su fiero dolor prestar abrigo 
Al que en sus días de poder tirano 

Fué soberbio enemigo; 
Hirviendo el pecho en caridad cristiana, 
Perdonar sus ultrajes generoso. 
Es comprender la dignidad humana : 
Hacer bien es su timbre mas glorioso. 

Sentir al otro lado de la tumba 
Algo que nuesrra estirpe fortalece, 
Que al esplendor del oro no retumba, 
Que, centella de Dios, jamás perece ; 



336 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 

Y sentir y pensar de aqueste modo, 
Es comprender la lei de su destino : 
Nada es la vida, si la muerte es todo : 

Sigamos el camino. 

¡ Por acercarse á Dios temer el hombre 
Que libre y pura la conciencia lleva! 
¡Tema el que, sordo de piedad al nombre, 
En sangre humana con rencor se ceba ! 

Y los malvados que las noches pasan 
Con fieros ojos acechando el crimen, 

Y no los que en amor de Dios se abrasan, 

Y toda inicua tentación reprimen. 

Pero tú, de costumbres tan severas, 
En tu vida social, incorruptible, 
Al volar del Señor á las esferas, 
Mereces nuestro amor inextinguible. 
) No lloramos la falta que te hacemos, 
La falta que nos haces lamentamos. 
Para siempre en el mundo te perdemos, 

Y por ser para siempre te lloramos. 

Llorad y mas llorad, deudos queridos, 
Las iras del doh)r mitiga el lloro: 
Glorias que no verán vuestros sentidos. 

Para siempre tesoro 
Arrebatado á la cordial ternura, 
Reclaman con razón tales ofrendas : 
Si pasaron los dias de ventura, 
AI llaato del dolor soltad las riendas. 

Acepta Dios tan férvido tributo, 
Eendido ala memoria del que amamos : 
Que cubra el corazón eterno luto. 
El dolor aceptamos. 

Y al mirarle de Dios en la presencia, 
Colmado de inefables bendiciones. 
Abramos, sí, con él correspondencia 
En nuestras fervorosas oraciones. 

Ai ! mil veces feliz el que va al cielo, 
Presintiendo dejar en su partida 
Tantos seres que lloran en el suelo 
Su eterna despedida. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 337 

Así conservan mas vigor los lazos 
Que fueron nuestra gloria en este mundo, 
Y nos estrechan, sin cesar, los brazos 
De los que amamos con amor profundo. 

Que suben con nosotros á la gloria 
Las afecciones que el Señor bendice, 
Que no nos abandona la memoria, 
Mi fe me lo predice. 

Libres allí del ruido mentiroso, 
Halago aturdidor de los sentidos. 
Sin trabas el espíritu glorioso. 
Nuestros afectos son mas encendidos. 

¡ Con cuánto amor, al Todopoderoso 

La oración mas sentida 

Levantará el esposo 
Por la fiel compañera de su vida ! 

Quien sabia calar tus pensamientos. 
Quien fina adoración te tributaba. 
Quien sentía tus propios sentimientos. 
Quien tus leves pesares devoraba; 
Ángel custodio de tu frágil vida , 
Bálsamo de salud en tus dolores, 
Merece que, á su amor agradecida. 
Con la mas tierna lealtad le adores, 
Y abierta siempre tu profunda herida. 

Merece que le llores 

Con entrañable duelo 
Hasta partir á la región del cielo. 

Evaristo Fombona. 



43 



338 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



EL IMPERIO DEL MAL. 



i Y en tanto, satisfecho, 
De lustros y de crlmenss cargado . 
Triunfa el protervo y la virtud oprime ! 
¡ Y en tanto, el desgraciado 
Que en la amargura gime 

Y á quien mas que el morir la vida espanta. 
Mal su grado encanece 

Y á par que en años en miserias crece ■! 

¡ Oh Providencia inescrutable y Santa ! 

Don Juan Nicasio Gallego. 



Ven, diva inspiración, luz esplendente 
De enrojecida llama ; 
Ilumina mi mente. 
De nuevo ardor mi corazón inflama 
Para llorar mis lágrimas postreras 
Sobre la yerta losa 

Que de mis sueños cubre las quimeras : 
Tu mano misteriosa 
Toque mi frente que el pesar quebranta : 

Y á su contacto, erguida, 
Sacuda el cieno de miseria tanta 
Como enloda el camino de la vida. 

Ven, Musa del pesar ; con tus crespones 
Mi pobre lira viste ; 
Haz que brote al herirla roncos sones, 
Lamentos de dolor de un alma triste. 
Que en eternal quebranto, 
En vano se resiste. 
Peregrina infeliz del ancbo mundo , 
A derramar su llanto 
De este valle de horror en lo profundo. 

El hombre, ser formado á semejanza 
Del Hacedor Divino ; 
Cuyo espíritu luz y gloria alcanza, 

Y en terrenal camino, 
Peregrinando sin cesar se lanza 
En pos de su destino ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 339 

Pagado de su origen, yergue ufano 

Sobre su enhiesto cuello la cabeza, 

Y con osada mano 

A que dio la materia su torpeza, 

Escribe de su Dios ante la vista : 

" El rei del orbe soi ; dióme el acaso 

La fuerza y la razón para que exista — " 

¡ Y en su vivir escaso 

Negar pretende á su Creador ! Impio ! ! 

" El imperio del mundo es solo mió, 

Dice arrastrado por su loca ciencia ; 

" No hai Dios, no hai mas allá, que nunca impera 

" Por la anchurosa esfera 

" Otro Dios que la humana inteligencia." 

¡ Hombre insensato, tu saber es nada ; 
Átomo imperceptible, 
Chispa de luz que escapa á una alborada 
Del Ser indescriptible ! 
¿ Convertir podrá él en blando arrullo 
La voz de la conciencia. 
Adormecerla al grito del orgullo ? 
i Y te envaneces, hombre, con tu ciencia ? 
Charca de impuras aguas estancadas 
En que no siempre ufano, sobrenadas. 

Mísera humanidad ! ¿ Sabes siquiera 
El número de soles infinito 
Que inundan con su luz la azul esfera ? 
¿ Conoces por ventura el fin escrito 
Por el dedo de Dios sobre tu frente ? 
¿ Tu labio balbuciente 
Acierta á descifrar el misterioso 
Concierto de los mundos]? ¿El constante 
Censor de tus acciones. 
Que atisba vigilante 
A la orilla del mar de tus pasiones, 
•La voz. de la conciencia 
Puede acallar acaso 
Tu decantada ciencia 
Si en la vía del crimen das un paso 7 



340 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Destello del Creador el alma.humana, 
Ávida de encontrar la paz bendita, 
Del mundo en derredor busca y se afana 
Por hallar esa paz que necesita ; 
Mas en vano se agita : 
La paz sin la virtud es para el hombre 
Solo un fantasma, un nombre 
Que por mas que persiga nunca alcanza ; 
El vicio es siempre manantial fecundo 
De inquieta desconfianza. 
Si en el revuelto mundo 
El crimen yergue altivo la cabeza ' 
De víboras crinada, 

Cual fiera hambrienta que no sacia nada ; 
Si ebrio siempre de sangre, su fiereza 
Triunfar parece al fin, que tiemble el crimen ; 
Pues las almas que gimen, 
Víctimas de su sana y sus furores, 
Hallan en la virtud dulce consuelo 
Que alivia su pesar y sus dolores ; 

Y al criminal anhelo 

Tenaz remordimiento le persigue, 

Sin que jamas mitigue 

La voz de la conciencia el almo cielo. 

Mirad si no do quier : ved al bandido 
Que se desliza por la breña inculta. 
El puño encallecido 
En la horrible faena de la muerte : 
Armado del puñal se juzga fuerte. 
Las leyes burla, la virtud insulta, 

Y hollando audaz la tierra ensangrentada 

Avanza sin cesar hasta la cumbre 

Mas ved el rayo de latente lumbre 

Que consume su alma'_lacerada 

Y que delatan sus airados ojos ; 
Por todas partes mira 

El oculto enemigo á quien dio enojos, 

Atmósfera de paz nunca respira. 

Ni aun en sus suemis sentirá contentos ; 

Que la conciencia inspira 

Al pecho criminal remordimientos. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 341 

Mirad la madre infame que olvidando 
El honor de sus hijos, de su esposo 
Por arenal fangoso 
De licenciosa vida caminando, 
Se entrega sin rubor á los placeres 
De torpe Mesalina, 

Y rodeada de cínicas mujeres. 
Su hermosura imagina 
Perfumado verjel de eterno encanto — 
Los rizos de oro y la color de rosa, 
Aquellos canos, esta al fin rugosa 
Tornará la vejez ; entonces llanto. 
Acerbo llanto de vergüenza y duelo 
Derramarán sus ojos, 

Viendo de su hermosura los despojos 
Ajados y marchitos por el suelo : 
Los hijos negarán que fué su madre, 

Y el deshonrado padre. 
Avergonzado de su honor vendido, 
La negará el apoyo de marido. 

El torpe libertino, el disoluto 
Que acecha como el buitre á la paloma. 
La virgen inocente, 

Y en la maldad astuto 

Koba á la incauta el delicado aroma 

Con que perfuma juventud su frente ; 

Sembrando á su redor oprobio y duelo, • 

La deshonra dejando en su camino, 

Sin Dios ni Religión, ni mas anhelo 

Que cada nuevo rayo matutino 

Ilumine en la infamia sumergida 

Una víctima mas de sus pasiones ; 

Le veréis, y no tarde, solitario 

Por el mundo arrastrar cansada vida, * 

Sin paz, sin ilusiones. 

Sin el dulce santuario 

De hogar tranquilo, de familia amante, 

Donde reposo y calma 

Halle en ansiado instante 

Envejecida de sufrir el alma. 



342 POETAS BSPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

El usurero vil que en su avaricia 
Con lágrimas de sangre se alimenta, 
Que extrae con malicia, 
Cuando ofrecer auxilios aparenta ; 
Acrece su tesoro 

Por medio de despojos arrancados 
Al infelice que recurre al oro, 
Ofrecido por él con mano impía; 

Y con ojos velados 

En que el placer del lucro, falso, encubre. 
Ve de miseria el llanto y la agonía 
Que á su redor descubre 
La ruina que sembró la infame mano 
Con que el dinero vil remueve ufano. 
Mas no hallará sosiego ni reposo, 
Que vivirá en zozobra, 
De todo temeroso : 
En balde de su infamia con cuidado 
Ocultará la obra ; 
Que el hijo libertino. 
Un incendio, el puñal inexperado 
Tal vez de un asesino. 
Harán desparecer en un momento 
El caudal amasado 
Con criminal contento 
En un raudal de lágrimas de duelo, 
Que claman sin cesar justicia al cielo. 
' El Ministro de Dios que echó en olvido 

Su carácter de paz y de pureza. 
De engaños viste el rostro compungido 
Para ocultar su criminal torpeza, 

Y con audacia impía 

Quiere llenar, pagano, el hondo abismo 
Que abrió en su corazón la hipocresía. 
Consagrando su culto al fanatismo. 
Mas en vano engañar pretende, en vano ; 
Que labio que murmura 
Fementida oración ; infame mano 
Que sacrilega toca la hostia pura ; 
Oido que llenó de complacencia. 
Por lúbrica impureza enardecido, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS- 343 

En el santo lugar de penitencia 
La confesión de nn pecho arrepentido ; 
Temblarán de terror al ronco grito 
Que del fondo del alma, la conciencia 
Lanzará sin cesar sobre el maldito, 
Mas que apóstol de Dios, víbora osada 
De agudo diente y lengua emponzoñada. 

El mal por donde quiera 
Tiende sus negras%las ; 

Y su triunfal bandera 

De oro adornada y deslumbrantes galas, 

Atrevidaí se ostenta por el mundo ; 

Que el delito da vida á mil delitos, 

y en la maldad fecundo, 

Esclavo de Satán y de sus ritos, 

Se aduerme el hombre en depravada orgía. 

Olvidando su origen sacrosanto ; 

Escarneciendo con sonrisa impía 

La fe, la religión, el nombre santo 

Del Supremo Creador del Universo : 

Mas ¡ ai del infeliz, ai del perverso 

Que sueña en su osadía 

A su capricho someter la tierra ! 

Su bárbara alegría 

A la virtud aterra 

Cuando le mire audaz en su cinismo 

Ufano proclamar su rebeldía 

Al espantoso borde del abismo. 

Triunfa Satán. La tierra ensangrentada 
Brota do quiera crímenes sin cuento ; 

Y la inocencia ajada 
Padece cruel tormento. 
Lanzando en el espacio un alarido 
De triste desconsuelo ; 

Que el imperio del mal mira erigido 

Bajo el azul del cielo. 

Mas no importa. Escuchad : también Sodoma 

Y Gomorra, en nefando sacrificio, 
Ofrecieron su aroma 

En holocausto al ídolo del vicio ; 



344 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICÁfíOS. 

Con negro vilipendio 
Escarnecieron al Creador bendito, 

Y bajando del cielo rojo incendio, 
Su suelo consumió de Dios maldito. 

Pereció Babilonia la orgullosa ; 
Jerusalen y Roma perecieron ; 
En medio de una vida licenciosa, 
Entre la lava de un volcan se hundiei'on 
Herculano y Pompeya : y*hoi la eterna 
Ciudad que fué el asiento 
Del cristianismo, Eomala moderna. 
Ve eclipsarse su gloria ante el violento 
Querer del Saboyano, 
Como un castigo que el Señor envía 
Al que permaneció pueblo pagano 
A pesar del fulgor de claro dia 
Que iluminó la mente del Cristiano. 

Y la moderna Babilonia, Francia ; 

Y su bella metrópoli que al mundo 
Llenó con la arrogancia 

De su saber profundo ; 

Hoi de sangre manchada. 

Del vencedor terrible, rica presa, 

Su gloria ve eclipsada. 

Sus campos reducidos á pavesa, 

Y en infernal murmullo 
Escarnece el teutón su necio orgullo. 

Que nunca, nunca en vano 
• Se insulta la virtud, se adora el vicio ; 
Consuma el victimario el sacrificio 
Con atrevida mano ; 
A los pueblos arrastren crueles reyes, 
En su insensato y fiero despotismo. 
Como rebaño de obedientes bueyes, 
De corrupción nefanda al hondo abismo ; 
Pervierta el hombre las sagradas leyes 
A que Dios sometiera el Universo ; 
Con infernal cinismo 
Haga del vicio alarde 



tOETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 345 

El insolente labio del perverso ; 
Que la diestra de Dios, temprano ó tarde, 
Caerá sobre el protervo impenitente 
Y en el polvo hundirá su osada frente. 

Enero 4 de 1870. Diego Jugo Ramírez. 



EL LLANTO CONYUGAL. 

EL LA MUEETE DE LA EXCMA. SEÑORA DOSA MAEIA DE LA 
PIEDAD EOOA DE TOGOEES, ESPOSA DEL AUTOE. 



ODA. 

No es un sueño. Oh dolor ! La huesa fria 
Estéril riega ya mi amargo lloro, 
Donde en silencio sepulcral reposa 
Una mujer que aun en la tumba adoro. 
Estos hondos gemidos 
Que exhala el alma mia 
Con lúgubre clamor, la temblorosa 
Voz que no forma apenas 
Dolientes ayes, con perenne llanto, 
Pruebas darán de mi mortal quebranto. 

¡ Ai, que el mas dulce, irresistible hechizo 
Del hombre es la mujer ! Naturaleza 
Nunca pudo formar un pecho humano 
Insensible al poder de la belleza ; 
Y cuando, por ventura, 
El ingenio y bondad dan nuevo brillo 
-Al refulgente sol de la hermosura ; 
Cuando el amor con candida ternura 
Subyuga el corazón ; cuando Himeneo 
Alumbra con su antorcha placentera 
El lazo conyugal, de amor trofeo ; 
Cuando de unión feliz vastago hermoso. 
Renace el mismo amor, todo dulzura 
Nos brinda sin igual ; mas si atrevida 
La muerte despiadada 
Hunde en la tumba la consorte amada, 
44 



346 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Todo es llanto y dolor, y la honda herida 
Que cual fiero puñal desgarra el pecho, 
En el límite estrecho 
Del sepulcro, y no mas, remedio alcanza ; 
Porque no acaba el mal que no consiente 
Ni el soñado placer de la esperanza. 

¡ Cuánto recuerda mi angustiada mente 
El venturoso dia 

Que la juré mi amor, juró ser mia ! 
Sólo amor la ofrecí; que del paterno 
Estado, presa de ambición extraña, 
Sólo pude salvar un noble acero 
Para hacer frente al invasor de España, 

Y un lozano bridón, ñel compañero 
De mis duras fatigas. 

En que, á los ecos del clarín guerrero, 
Cansado y polvoroso 
De combatir las huestes enemigas, 
Al ara conyugal corrí gozoso. 
No las sacras antorchas reflejaron 
Mármol bruñido y regios artesones, 
Sino el hierro marcial de los pendones 
Que en la patria defensa tremolaron. 
De un bondadoso agricultor el lecho 
Fué el tálamo nupcial ; sirvió mi espada 
De espejo á la beldad que el alma llora, 

Y en amor y valor mi pecho ardia 

¡ Campos famosos de la antigua Baza, 
Eternos sois en la memoria mia .' (1) 

Yo recuerdo también en mi agonía 
Cuando un fruto precioso 
Amor me concedió, que hora inocente 
Es un ángel del Ser Omnipotente. 
No menos vivo píntase en miidea 
Aquel momento de placer sublime, 
En que la luz febea 

La amable niña que en mis brazos gime 
Vio por primera vez. Un caro hermano, 
Hermano por amor, (2) la presentaba 

[1] Esta estrofa es de rigurosa verdad histórica. 
2 Don Luis Roca de Togores, Conde de Pinohermoso. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 347 

Al raudal de salud que sacra mano 
Sobre su tierna frente derramaba. 
Ai ! i cuan graciosa y bella ! 
Miré á su madre renacer en ella ! 

" Prenda del corazón ! cuando me ayudes 
A sostenerme en mi vejez amarga ; 
Cuando mi vida del penar escudes ; 
Cuando yo deje la mundana carga. 
En el dia fatal en que atrevida, 
La muerte fiera la segur descarga ; 
Yo te bendeciré, y aun bendecida 
Será tu prole, porque amarte pueda, 
Como tú fuiste de mi amor querida (3)." 

Tan tiernas voces resonó mi acento. 
Cuando, cercano al Bótis espumoso, 

Con tristes ayes fatigaba el viento 

Yá Nicasio Tu nombre, dulce amigo 

Eecuerda á mi tormento. 

Como augurio fatal, tu antiguo canto. 

" Antes la santa huella 

Del tardo cenobita oprima el mió, 

Que ver, oh Aspasia! tu sepulcro frió ('4)." 

Así clamaste con dolor y espanto 

Cuando entre el ruido de Sidonia un dia 

Mi lira oyendo en fúnebre quebranto, 

Muerta juzgaste la ventura mia. 

Ai, Nicasio ! mi amigo ! no lo dudo : 

Después del llanto fraternal, tu llanto 

El primero será : mísera ofrenda 

Que á la hermosa bondad, hija del cielo, 

Eacemos en la tumba, 

Y de amor y amistad triste consuelo. 

3 Versos sacados de uua epístola del autor á su amigo D. Juan Ni- 
casio Gallego, escrita en 1823. 

4 En el aüo de 1816 compuso el Duque de Frias una Elegía á la 
muerte del Duque de Fernandina. Su citado amigo escribió poco des- 
pués otra al mismo asunto, en la cual, recelando que á los lamentos 
del autor pudiera haber dado ocasión alguna desgracia ocurrida en 
su familia, estampó los siguientes versos : 

i Será, misero yo ! que infausta estrella 
Del nuevo fruto de su amor le prive, 
O el sol hermoso, en cuya lumbre vive, 
Llore eclipsado de su esposa bella '.' 
Antes la santa huella, etc. 



348 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Mas este acerbo lloro 
Corra, y corra sin fin ; que es nuestra gloria 
Verterlo sin cesar, si tanto duelo 
Es un digno homenaje á su memoria. 
¿ Quién ¡ olí noche fatal, en que perdido 
Miré mi dulce bien ! podrá pintarte 
Sin lúgubre pavor ? Ni ¿ qué torrente 
De lágrimas amargas bastaría 
A expresar el dolor que el pecho siente ! 

" Murió ! murió ! " Tan fúnebres acentos 

De labio en labio vagan, 

Eesonando en mi hogar entre lamentos. 

Confusos por sus ámbitos divagan 

Mis deudos, mis amigos. 

Mis domésticos fieles, 

Del infortunio aselador testigos ; 

Y á la preciosa víctima llamando. 

Van el horror y la aflicción doblando. 

De angustia lleno y de terror sombrío, 
En las tinieblas de la noche airada. 
Esa hija de mi amor, ídolo mió, 
Con mis brazos estrecho, 
Para salvarla, á mi angustiado pecho ; 
Por que á mi vista, la segur alzada, 
La inexorable furia aparecía, 
Con el triunfo feroz encarnizada. 
¡ Oh tú, Numen del bien, Piedad hermosa ! 
Eecibe mí dolor, santo tributo 
Que á tu memoria el alma congojosa 
Consagra con su amor ; y el tierno fruto 
De nuestra unión felice. 
Que mí cariño paternal bendice, 
Con su ruego inocente 
Del gran Dios de bondad logre dichosa 
Te alumbre el sol de su adorable frente. 

Cuando pregunte en mi mansión, llorando, 
Por tí, mí caro bien, ni el vago viento 
Mí voz repetirá, sino un suspiro - 
De la hija tierna que angustiado miro. 
La carga del vivir en mí pesando. 



POETAS RSPAÑOLES Y AMERICANOS. 349 

Si la edad al dolor quizas resiste, 
Veré los años fúnebres pasando, 
De luto lleno y de congoja triste. 

La edad! Oh Dios ! En la vejez penosa 

i, Quién mi ayuda será ? ¿ Quién oficiosa 

Podrá animar mi fatigado aliento ? 

¿ Quién el plácido acento 

Renovar en mi oido. 

Que en él un tiempo resonar solia ? 

Y ¿ quién los moribundos 
Ojos en mi agonía 

Ultima cerrará ? Sólo la amada 
Hija del corazón, desventurada, 
El nombre i-epitiendo de su madre, 
Dará en el borde de la tumba helada 
Dulce consuelo á su infelice padre. 

Acércate á mi pecho, gloria mia, 

Y á tu madre adorada 

Juntos lloremos : su final aliento 

Fué tuyo y mió, como el nuestro un dia 

Será suyo también, cuando del mundo 

Rotos los febles lazos 

A entrambos cierre entre sus yertos brazos. 

¡ Tu apacible inocencia, amor querido, 

No alcanza á conocer el bien perdido ! 

Para una joven tierna, á quien prepara 

El vicio seductor pérfida guerra. 

Una madre es un ángel en la tierra. 

Ven, hija, sigúeme, y unidos demos 
Una prueba de amor y de ternura 
A la que tanto recordar debemos. 
De tu madre, ai de mí ! los restos fríos 
Aqueste vaso cinerario guarda, 

Y en su gótica espléndida capilla 
Don Pedro de Velasco los aguarda. 
Ayúdame ; que carga tan preciosa. 
Tan tuya es como mia ; 

Y en el lúgubre dia 

Que, honrando nuestros hijos la memoria 
De sus abuelos, sobre el jaspe duro 



350 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

La anual ofrenda por su eterna gloria 

A Dios presenten con acento puro ; 

Por tu madre infeliz, en du]ce anhelo, 

Sus tiernos votos alzarán al cielo. 

Allí .en el templo santo, 

Allí donde el poder antiguo brilla 

De nuestros condestables de Castilla, 

Es su digna mansión, ya que no puede 

Nuestro amargo quebranto 

Sino bañar la tumba con el llanto. 

; Oh tú, Señor, á quien" el claro nombre 
De mi linaje y mi opulencia debo, 
Buen Conde de Haro, de alta nombradla ! 
Este yerto depósito sagrado 
Admitirás en la congoja mia. 
Yo te lo ruego, y candida inocente, 
Esta prenda del alma con su lloro 
Te lo ruega también. Son sus blasones 
Los azulados veros que brillaron 
En tus feudales célebres pendones. . 
Hija es mia. Señor. Hoi de su madre, 
Que fué mi cara esposa, 
Los despojos mortales te entregamos, 
Que, como á Genio tutelar y padre, 
En tu mismo sepulcro colocamos. 
Sé tú su guarda fiel hasta que suene 
La trompeta final, y el orbe entero 
Al eco santo de pavor se llene. 
¡ Los restos son de la mujer hermosa 
Que dio á luz á mi huérfana querida, 
Y supo hacer mi suerte venturosa 
En los mejores años de mi vida ! 

Bernardino Fernandez de Velasco . 

{Dugue de Frías.) 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 351 

AL SIGLO XIX. 

Salud al siglo de tan grandes hechos, 
De conquistas gloriosas é inmortales, 
Que convierte los istmos en estrechos, 
Amenguando distancias colosales. 

Que conjura la saña de los vientos 
Arrojando del mar á la bravura 
Bajeles, que en veloces movimientos 
Cruzan del agua la terrible anchura. 

Que rasga de montañas atrevidas 
Las rudas é ignoradas extensiones. 
Abriendo en ellas sendas conocidas 
Que unen lenguas, costumbres y naciones. 

Que rápido conduce el pensamiento 
Del este á ocaso, norte y mediodía, 
En la región del diáfano elemento 

Y entre las ondas de la mar bravia. 

¿ Mas de qué sirve, ¡ oh siglo ! tu grandeza 

Y esas conquistas que contempla el mundo. 
Si en cambio la ruindad y la vileza 
Hunden tus glorias en baldón profundo ? 

Pasaron para siempre las edades 
De virtud, de honradez y de hidalguía ; 
Hoi se miran tan solo atrocidades, 
Crueles pasiones, dolo, alevosía. 

En tu seno, gran siglo, se sustenta 
El pedestal de la civil matanza ; 
La discordia do quiera se presenta 
Eespirando el horror y la venganza. 

El hombre en fango vil se precipita 

Y mata la conciencia y el decoro ; 
Hacia el crimen su mente le concita, 

Y solo calma su ambición el oro. 

El que se apropia sin pudor lo ajeno 
Encuentra galardón en su camino : 
El puñal alevoso y el veneno 
Maneja en libertad el asesino. 



352 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

La raza humana sin cesar se hunde 
En tinieblas de males y perfidia : 
El honor desparece y se confunde, 
Surgiendo las serpientes de la envidia. 

Miseria, obcecación y latrocinio 
Carcomen los cimientos de la tierra ; 
De la infamia el horrendo predominio 
Ya por doquier su destrucción encierra. 

Esa es, ¡ oh siglo ! tu moral grandeza, 
A hundirte vas en cenagal profundo, 
Deten tus pasos, alza tu cabeza, 

Y contempla la faz que muestra el mundo. 

Las coronas legadas al talento 
Por otros siglos de mayor ventura. 
Son arrastradas por el crudo viento 
De la ignominia, que triunfar procura. 

No puede ya en sus ansias el poeta 
Pulsar su lira con ferviente tono ; 
Ni el artista empuñando la paleta 
Alzar su frente de la gloria al trono. 

Ni el gallardo orador en la tribuna 
Puede elevar consejos redentores. 
Que délos hombres lamaldad se aduna 
Contra artistas, poetas y escritores. 

Recuerda ¡ oh siglo ! de los que pasaron 
La inmarcesible, reluciente gloria : 
Que en torrentes de sangre levantaron 
Los hermosos fragmentos de su historia. 

Todos presentan hechos culminantes 
De ventura, valor y poderío : 
Todos encierran páginas brillantes 
Que no borra jamas el tiempo impío. 

¿ Y quedarás tú solo mancillado. 
Sin conquistas morales para el mundo, 
Entre males terribles encerrado 

Y lanzada tu historia ^ lo profundo ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 353 

» 

Deten ¡oh siglo! tan fatal camino, 
Kasga animoso tan nefando velo, 
Sigue resuelto tu mejor destino 
Mirando siempre hacia el azul del cielo. 

Donde se esconde de la vista humana 
El Dios que de los hombres no se olvida ; 
Que protege nuestra alma en la mañana, 
En la tarde y la noche de la vida. 

El Dios inmenso que los mundos rige, 
Que nuestros males con amor perdona, 
Y que si justo al criminal corrige, 
De gloria al bueno con afán corona. 

Imploremos sus dones celestiales, 
Alcemos fervorosos nuestra frente, 
Para que borre los terribles males 
Que hacen del mundo lodazal hirviente. 

Manuel Fombona Palacio. 



GOTAS DE rocío. 



¡ Qué grato es cuando amanece 
Ver á la margen de uq rio 
La planta que allí florece, 
Y al cielo su pompa ofrece 
Llena de luz y rocío ! 

¿ Quién, lágrimas temblorosas. 
Desde la altura os envia 
A dormitar en las rosas, 
Que célicas y olorosas 
' Nacen en la selva umbría ? 

i Sois los blancos serafines 
Qué tímidos é ignorados 
Moráis en estos confines. 
Dando aliento á los jazmines 
Que aroman nuestros collados ? 
45 



354 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

¿ Y acaso os dijo el Señor: 
" Bajad á ese mundo inerte, 
A ese mundo pecador, 

Y aliviadle en su dolor 
Mientras le mando la muerte ? " 

Ah ! fuera por las mejillas 
De mi desdeñoso bien. 
Que esas lágrimas sencillas 
Corrieran, cual fuentecillas 
Por un matizado edea 

Si esas tus gotas, rocío, 
Fueran el llanto cansado 
Que vertiera el amor mió. 
Vagando en el bosque umbrío, 
Sobre esta flor derramado 

Rocío, te bendijera 
Con apasionado ardor ; 

Y esas perlas recogiera, 

Y en dulces gotas sorbiera 
Su puro llanto de amor. 



TüLIO. 



DESPEDIDA DEL CUERPO Y DEL ALMA. 



El alma. Va á romperse la amistad 

En que siempre hemos vivido; 
¿ No sabes que me despido 
Por toda la eternidad ? 

El cuerpo. Lo sé. 

El alma. ¿ No sientes morir ? 

El cuerpo. No sé en verdad lo que siento ; 
Tan solo en este momento 
Tengo ganas de dormir. 

El alma. Yendo de la nada en pos, 

¿ La nada no te amedrenta ? 

El cuerpo. ¿ Tengo acaso que dar cuenta 
De mis acciones á Dios ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



355 



El alma. Sí, que sujeta á tu lei, 

En tu cárcel he vivido. 
El cuerpo. Yo siempre te he obedecido 

Como un esclavo á su rei. 
El alma. Tú has torcido mi camino 

Mas de una vez sin sentir. 
El cuerpo. Yo no he hecho mas que seguir 

Las leyes de mi destino. 
El alma. Eesponsable es el que yerra. 
El cuerpo. Del que piensa es el error. 
El alma. Por tí conocí el dolor. 
El cuerpo. Por tí vuelvo yo á la tierra. 
El alma. ¿ Y no te asusta la muerte ? 
El cuerpo. ¿ La muerte qué es para mí ? 

Inerte de ella salí, 

Con ella vuelvo á lo inerte. 
El alma. Tediojme inspiras y horror. 
El cuerpo. Tú á mí me inspiras hastío : 

¿ No has hecho de tu albedrío 

Lo que has juzgado mejor? 
El alma. Por tu loca vanidad 

He sido al deber contraria. 
El cuerpo. ¿ Quién fué la depositaría 

De la fe y la voluntad ? 
El alma. Yo ; pero en perpetua guerra 

Siempre he vivido contigo. 
El cuerpo. No te disculpes conmigo 

De tus faltas en la tierra. 
El alma. Tú me has llevado á reir 

Cuando he querido rezar. 
El cuerpo. Tú me has llevado á pecar 

Cuando yo ansiaba dormir. 
El alma. Tú has perturbado mi calma 

Con eternos devaneos. 
El cuerpo. Mientes; los malos deseos 

Brotan del fondo del alma. 
El alma. ¡Cierto! (Confusa.) 
El cuerpo, ¿Lo confiesas? 

El alma. Sí. (Avergonzada.) 
El cuerpo. Entonces, ¿ por queme hieres ? 

Déjame dormir. 



356 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



El alma. 



El cuerpo.. 
El alma. 
El cuerpo. 
El alma. 

El cuerpo. 

El alma. 

El cuerpo. 

El alma. 

El cuerpo. 
El alma. 
El cuerpo. 
El alma. 
El cuerpo. 



(Conpena.) ¿No quieres 
Que me despida de tí ? 
Ve que no he de verte más 
Luego que esta vida acabe. 
¡ No digas eso ! . . ¡ Quién sabe ! 
¿ Podré aíin ser tuya ? 

¡ Quizás ! « 

El cuerpo es barro y miseria, 
Luz que una vez extinguida.. . 
No acabes... también es vida 
Y es eterna la materia. 
¿ Abrigas aún la ilusión 

De ser un ser animado ? 

Tengo fe. ¿ Dios no ha anunciado 
La carnal resurrección ? 
¡ Ah ! sí ; yo espero que un dia 
Volvamos á un ser los dos. 
Pues déjame, 

¡ Adiós I 

¡ Adiós ! 
¡ Pobre cuerpo ! ( Volando. ) 
{Muriendo.) ¡ Ai alma mia! 

A. Hurtado. 



LOS DOS LEÑOS. 



— i Quién eres, el de la playa ? 
— ¿ Quién eres, el de la ría ? ' 

— Pino me llamaba un dia. 
— A mí me llamaban Haya. 

— Eres entonces mi hermano 

— Hermanos somos en Dios, 

Y á mas, bajeles los dos 

Por voluntad del humano. 

— ¿ Sí ? i Qué haces, pues, tan austero. 
Junto á esa fosa ? 

^Lo mismo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 357 

Que tú, anclado en ese abismo : 
Esperando un pasajero. 

— ¿ Sin timón ? 

— Ni es necesario. 
¿ Sin velas ? 

— No he menester. 
— ¡Triste jornada ha de hacer 
En tí el mortal ! 

— Al contrario. 

Mi simple ser le redime 
De todo acaso ruin : 
Yo del principio y el fin 
Soi la fórmula sublime. 

La cuna es trasunto mió ; 
El en ella me presiente : 
Yo soi su ocaso y su oriente, 

Y adonde empezó le guio. 

¿ Qué es al águila el gorrión ? 
Pues para mí tú eres menos ; 

Y esos dias de horas llenos 
Que cuentas en tu extensión; 

Tanta ola desatada. 
Tanto horizonte marino. 
Son un remedo mezquino 
De mi infinita jornada. 

— ¡ Pues no hai bajel, en verdad, 
De igual esencia y virtud ! 
¿ Cual es tu nombre ? 

— Ataúd. 
— Y tu mar ? 

— La eternidad. 

JosE Antonio Calcaño. 



NOCTURNO, 

Noche, lóbrega noche, en tus tinieblas 
La imagen fiel de mi dolor existe : 
Envuelto en el sudario de estas nieblas, 
¿ Has visto acaso un coraron mas triste ? 



358 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

Pálida exhalación en el distante 
Luctuoso espacio tembladora brilla ; 
¿ Qué copia esa fugaz, lágrima errante, 
Sino el llanto que surca mi mejilla ? 

En sombras rueda la callada luna, 

<■ Y los astros también giran sombríos 

i Plegaria de mi voz, vuela á mi cuna, 
Cruza en los anchos horizontes mios! 

Y de su ambiente á la festiva calma, 
Si mi pobre canción no causa enojos, 
Suspira con las quejas de mi alma 

Y llora con el llanto de mis ojos. 

Vana ilusión : no soi el que solía, 
■ Flébil cantor do blanca cantilena ; 
Pues lejos de tu amor ¡ oh tierra mia! 
Eehusa el arpa acompañar mi pena. 

Muda, en su desamparo, es como el ave 

Que el huracán arrebató en su vuelo 

De su nido apartada, ya no sabe 
La nota modular de mi consuelo. 

Oh! quién me diera contemplar la cumbre 
Del Avila glorioso, cuya falda. 
De apacible mañana á la vislumbre, 
Es zafiro y topacio y esmeralda ! 

O cuando álos postreros resplandores 
De las pálidas luces vespertinas 
Cambia su vestidura de colores 
B;or el blanco cendal de las neblinas. 

O cuando los serenos luminares 
De candido fulgor su sien decoran, 

Y cual humo que vaga en los altares 
Las nubes de la noche se evaporan. 

Manso Guaire, me vieron tus orillas. 
En la edad de los juegos, inocente. 
Correr por tus arenas amarillas 

Y triscar en las ondas de tu fuente. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 359 

Después ¡ oh rio ! en tus sonoros prados, 
Do la torcaz entre rosales mora, 
Nacieron, con tus auras, acordados, 
Los himnos de mi alma soñadora. 

Ciudad del corazón ! á tí en su anhelo 
Sus alas tiende el pensamiento mió ; 
Eecordando los valles de tu suelo, 
Tu altivo monte, tu apacible rio. 

A tí va mi clamor, á tí que crias, 
A par de nobles almas, luz y flores ; • < 

A tí donde en perpetuas armonías 
Naturaleza canta sus amores. 

A tí donde al radiar sus claros brillos 
El cielo azul que en grana se colora. 
Como un coro de alegres pajarillos 
Se despiertan mis ojos á la aurora. 

A tí va mi clamor ; que en tí figuro 
La tierna esposa mia, cuya frente 
Iluminó mi porvenir oscuro 
Con la plácida luz de un nuevo oriente. 

Dios de bondad! el viajador errante 
Tiembla y vacila en lobreguez desierta, 
Mas si lo guia tu piedad, delante 
Sus ojos ven la suspirada puerta. 

Y yo que ahora en soledad camino, 
Así me digo con la voz doliente : 
" Blanda luz de mi hogar, rayo divino, 
¿ No habrás de relucir sobre mi frente ? U 

I Qué será cuando llegue la sonada « 

Hora en que pise mi nativa loma ; 
Y contemple alo lejos mi morada. 
Mi techo humilde que hacia el Sur asoma ? 

¿ Qué será cuando en ansia placentera 
Toque á mi umbral con jubilosos gritos ; 
Cuando nombre á mi dulce compañera. 
Cuando llame á mis hijos pequeñitos ? 



360 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

i Qué será si esas célicas visiones 

Se tornan luego en venturoso dia ? 

¿ Será cierto, sensibles corazones, 
Que se llora también con la alegría ? 

Señor ! soi nave que á merced del viento 
^ Quedó en la sirte, contrastada y sola. 

Mientras pasan con raudo movimiento 

Y sonante fragor ola tras ola. 

Y pues la voz del que padece alcanza 
A tu piedad, Señor, yo te bendigo : 

Y vuelva con la luz de la esperanza 
El bajel solitario al puerto amigo. 

Nueva York, Diciembre de 1875. 

Jacinto Gutiérrez Coll. 



MEDITACIÓN, 



¡ Eres grande, oh mi Dios ! cuando tu mano 
Arroja sobre el mundo una saeta, 
Cuando mueves los labios del profetj^ 
Para anunciar castigo y destrucción ; 

Y cuando muge prolongado trueno 

Y cruzan las centellas el espacio, 
Cambiadas ya las nubes de topacio 
En negro, amenazante pabellón ! 

¡ Y cuando alzas del mar las negras olas 
En furioso y oscuro torbellino, 
Y#e mezclan los ecos del marino 
Con la tremenda voz del Leviatan ; 

Y cuando el barco cruje á cada instante, 

Y se postra temblando el pasajero, 

Y el mísero saber del náuclero 
Se aniquila al furor del huracán ! 

¡ Eres grande, Señor, cuando la tierra 
A tu voz se estremece conturbada, 

Y desquicia, convulsa y agitada. 
Los palacios que el hombre levantó ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 361 

; Y cuando enciendes una mina oculta 
Con la mano quizá de un triste ciego ; 

Y en un instante solo, en polvo y fuego 
Se cambia cuánto el hombre fabricó ! 

¿ Qué son ante tus ojos esos reyes 
Que á la muerte conducen sus legiones ? 
¿ Que son en tu presencia las naciones 
Que á las naciones mueven cruda lid ? 
¿ Qué valen sus altísimas murallas, 
Si tú quieres tornarlas en pavesas '! 
I Qué son de sus guerreros las empresas, 
Si tú les dices una vez : liuid ? 

i Qué es el hombre por fin ? ¡ Miseria y nada ! 
Que en medio de su loco desvarío 
Omnipotente cree su poderío, 
Su fuerza, su saber y su razón ! 
i Omnipotente. .„»! ¡ Y huyen sus quimeras 
Al soplo de tus labios soberanos, 

Y se tornan en polvo, entre sus manos 
Los ídolos que alzó su corazón ! 



II. 



¡ Ai ! el hombre tan débil como altivo 
Todo lo espera de su vana ciencia ; 

Y se atreve á juzgar tu Providencia, 

Y á desdeñar tu amparo y tu favor ! 
Pero tú, que eres bueno y compasivo, 

Mas grande en tu bondad que en tus enojos, 
Fijas sobre él tus paternales ojos 
Llenos de eterno, de infinito amor. 

Para él haces crecer los altos cedros. 
Para él la palma altiva se levanta. 
Para él formas del ave la garganta, 
Para él corre el pulido manantial ; 

Y son para él las aromadas frutas, 

Y las hermosas flores del verano, 

Y el abundante y nutritivo grano, 

Y de la abeja candida el panal; 

46 



362 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y son para él los peces de los lagos, 
El caballo orgulloso y altanero, 

La mansa vaca, el tímido cordero, 

Y el perro noble, cariñoso y fiel : 
Las gruesas venas del luciente oro, 
Las perlas, los corales, los diamantes, 

Y hasta los astros bellos, rutilantes 

*■ Tienen su luz para alumbrarle á él 

Y para él el cariño de una madre, 
Ángel de amor, que al borde de su cuna 
Contaba con afán una por una 

Las pulsaciones de su débil sien : 
¡ Una madre ! el tesoro de la vida. 
La imagen de su eterna vigilancia. 
El amparo y la antorcha de la infancia, 

Y de la loca juventud sosten ; 

Y los hijos, la esposa idolatrada, 
El alma, imagen de su ser divino. 

La antorcha de la fe, que en su camino 

Su vacilante paso alumbrará 

¡ Oh mi Dios ! no es posible que mi labio 
De tu bondad las muestras enumere. 
Que no el que vive, no, sino el que muere 
Tu interminable amor conocerá ! 

¡ Ai ! Que es tu amor, tu ser indefinible, 
Eei de los cielos y Señor del mundo. 
Es amor, sin medida y sin segundo, 
Amor que nadie alcanza á comprender, 
i Amor que en nuestra mente se refleja 
Cuando vamos al pié de los altares 
, A referirte nuestros mil pesares, 

Dejando nuestras lágrimas correr! 

Tu amor es lo que el alma reconoce, 

Y lo que el pecho destrozado siente, 

Y lo que alcanza á percibir la mente 
En todo, todo cuánto tú le des; 

Y es por eso que el alma desolada 
Cuando su cáliz de dolor apura. 
Repleta de cansancio y de amargura. 
Corre á buscar alivio ante tus pies. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 363 

Y por eso, yo canto tu grandeza 
Hasta do el alma destrozada alcanza ; 

Y tu amor ¡ oh mi Dios ! es la esperanza 
Que en mi doliente corazón quedó ! 

Tu amor y no tu enojo es la palabra 

Que en la faz de este mundo se halla escrita ; 

Y esa palabra altísima y bendita 
Es la que admiro con trasporte yo ! 

SiLVERiA Espinosa de Eendon. 



.A. TI- 



Por la casta pureza 
Que hai en tu frente, 
Lia acaricia tu madre - 
Tan blandamente. 



I. 



¿ Eecuerdas, niña preciosa, 
Aquella blanca azucena 
Que arranqué de tu cercado 
Para ornar tus blondas trenzas ? 
Pues esa flor olorosa, 
Emblema de la pureza, 
No es pura como tu alma, 
Ni como tu rostro, bella. 

II. 

¿ Viste en el azul espacio 
Dos clarísimas estrellas. 
Que, por parecerse mucho, 
Dijiste que eran gemelas ? 
Pues, créelo, no brillan tanto 
Como entre pestañas negr9.s 
Brillan tus divinos ojo?, 
Sin rivales en la tmv^, 



364 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



III. 

I De perlas la rica sarta, 

Y los corales i-ecuerdas 
Con que graciosa te adornas 
Cuando vas para la fiesta ? 
Pues ni á perlas ni á corales 
Envidia, niña, les tengas, 
Qufi son de coral tus labios 

Y son tus dientes de perlas. 

IV. 

¿ Orillas del mar no viste 
La cimbradora palmera 
A. cuya sombra apuramos 
El néctar de sus almendras ? 
Pues esa palma garrida 
No es tan graciosa ni esbelta 
Como tu flexible talle 
Cuando á la danza te entregas. 



¿ Has escuchado el aríuUo 
Del ave que se lamenta 
Cuando despierta la aurora, 
Cuando la tarde se aleja ? 
Pues ese arrullo sentido 
Que inspira dulce tristeza 
No es al corazón tan grato 
Cual tu acento de sirena. 

VI. 

¿ Y dime, nunca has soñado 
En tus sueños de inocencia 
Con los alados querubes 
Que en torno á la Virgen vuelan ? 
¿ Es verdad que son muí puros. 
Que son de sin par belleza ? 
Pues oye : cual ellos, niña, 
Eres pura y eres bella. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 365 



VII. 

Oh ! no te cubras el rostro 
Que colora la modestia : 
Harto sé que no te halagan 
Mis alabanzas sinceras. 
Eetira esas blancas manos, 
Bellísimas y pequeñas, 
Que está la dicha en tus ojos 
Y yo suspiro por ella. 

Manuel María Fernandez. 



EL BEDUINO. 



Del sol de Libia al penetrante rayo 
Que un suelo ingrato con su ardor devora. 
Que nunca borda con sus flores Mayo 
Ni Julio estivo con sus mieses dora ; 

Tostado el rostro, de sudor cubierto, 
Sigue su marcha el nómade beduino, , 

Y su corcgl la arena del desierto 
Surca y levanta en denso torbellino. 

Del fuerte pecho, de terror exento, 
Lanza la voz que los espacios llena, 
Mientras se aduerme fatigado el viento 
En la extensión del piélago de arena. 

Vuela, vuela, corcel generoso. 
Tú que afrentas al viento de Egipto : 
Si del Khan, (1) por indócil procripto 
Eres hoi del desierto señor. 

Vuela, vuela que al sueño se entrega 
Descuidada infeliz, caravana, 

Y serán tus gualdrapas mañana 
Cien estofas de vario color. 

J Khan : especie de caravanseil 6 parador público destinado á las 
caravanas. 



366 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Del desierto los dos somos dueños, 

Y el que osado á pisarlo se atreva, 
Griego, copto, ó hebreo nos deba 
Abundante tributo pagar. 

Ni el cristiano de Europa orgulloso 
Mis dominios recorra sin pena, 
Que á encontrarlo, entre nubes de arena 
Volaremos los dos á la par. 

Suyas son las ciudades del mundo 

Y las torres que al cielo levanta, 

Y las piedras do asienta su planta 
Jaspes puros y mármoles son. 

El sus senos abriendo á la tierra 
Le arrebata su oculto tesoro, 

Y la plata preciada y el oro 
Ornan luego su rico artesón. 

No le arredra distancia ni tiempo , 
Aquilones ó brisas suaves, 

Y pobladas se ven de sus naves 

Las inmensas llanuras del mar. 

• 

El al cielo sus astros numera, 

Y al través de las nubes lo escala, 

Y aun es fama que al rayo señala 
El paraje do debe estallar. 

¡ Goce, pues, su poder, sus tesoros, 

Su talento, su orgullo, su ciencia ! 

El desierto dejó por herencia 
Al beduido feliz Ismael. 

Sin sus artes de frivolo ornato, 
Sin sus templos, palacios y leyes, 
Del desierto vastísimo reyes, 
No trocamos la suerte con él. 

Donde quiera que se abra una palma. 
Una acacia, ó un drago, ó un pino. 
Donde quiera que brote mezquino 
Un raudal que mitigue mi ardor, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 367 



Allí planto mi tienda ligera 
Y al reposo contigo me entrego, 
Sin que llegue á turbar mi sosiego 
De la vida el inquieto rumor. 

Del Bajá los humildes esclavos 
Allá tiemblen si arruga su ceño, 
En tí encuentra cariño tu dueño, 
En su lanza, botin, libertad. 

Vuela, vuela corcel generoso, 
Cual Simoun (2) que arrebata la arena, 
Que ni lei ni temor encadena 
Nuestra libre y feliz voluntad. 

Gertrudis G. de Avellaneda. 



elegía 

PAEA LA COEONA FÚNEBRE EN HONOR DE LA EXCMA. SEÑORA 

DOSA MARÍA DE LA PIEDAD ROCA DE TOGORES, 

DUQUESA DE frías. 



TÚ que elevando la tranquila frente 
Marchas de luto y de silencio llena, 
Y tu estrellado velo 
Tiendes, oh Noche, en majestad serena 
Por el fulgente cielo ; 
Dulce concede plácida acogida 
En tu regazo blando 
Al que cansado de arrastrar su vida, 
Bajo el peso fatal que su alma agobia 
Eespira sollozando: 

Todo es reposo en tí: por blandas flores 
Aquí el arroyo su cristal desata. 
Contemplando en su curso perezoso 
Tu carro adormecido y silencioso 
Coronado de sombras y de plata. 

2 Simoun : viento impetuoso. 



368 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y mas allá ¡ qué lúgubre gemido 

Tu hondo silencio á quebrantar se atreve ! 
¿ Será tal vez el viento que escondido 
Manso susurra entre la rama leve, 
Depuesto ya su furibundo ceño ? 
¿ O de tímida virgen un suspiro, 
'' O el eco plañidor de infausto sueño ? 

Mas no un sepulcro solitario miro ; 

El Genio del dolor el himno canta 
Que al fuerte eleva y al feliz espanta. 
; Salud, paz del sepulcro ! en tu hondo seno 
Sorda enmudece la profana lira, 
Horror no causa el espantoso trueno, 

Y la voz del placer helada espira. 

¿ Quién en tu abismo cóncavo se esconde ? 
Al inspirado son del plectro mió 
Eompe el silencio del sepulcro frió, 
Eternidad, responde. 

Purpúrea faja retiñó sangrienta 
, La tibia luna, y su esplendor cubria 
Con fuego misterioso ; 
El rayo cruza el aire ; brama el trueno ; 

Y ella en su curso lento parecía 
Mancha de sangre sobre azul sei'eno. 
Con sonante fragor rómpese en tanto 
La losa sepulcral, y en el momento 

Mi vista se hunde en su profundo asiento : 
Lo que entonces miré, dígalo el llanto, 

Y el concertado son del triste canto. 

Bella como entre nácares llevada 
Pálida reina de la noche umbrosa, 
Que de blancos jazmines coronada 
En la trémula fuerlte se reposa, 
Vi en el cóncavo seno de la tumba 
Una beldad que en plácido desmayo 
Estar me parecía. 
Como la rosa que parece en Mayo 
Al espirar el moribundo dia. 
¿ Quién con su aliento emponzoñado pudo 
Helar el seno que antes palpitaba, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 369 

Ajar el blanco lustre en que brillaba, 

Y cortar de su vida el bello nudo ? 
Esto dije : y lanzando hondo gemido 
Un eco me responde : 

" Quien la beldad en el abismo esconde 
" Es quien en luto y destrucción se goza, 
" Y en el yermado campo de la vida 
" Emponzoñado sella 
" Con dura planta inextinguible huella. 
" Tú que el silencio del sepulcro rompes, 
" Alza la frente y mira, i 

" Como espantoso en el espacio gira." 

Pavoroso estampido 
Eueda entonces sonando en Occidente ; 
Las alas agitando 

Hórrido monstruo la nublosa frente 
Pálida y sola ostenta 
En medio al aire infecto que respira, 

Y en el suelo su sombra delineando. 
Entre las nubes espantoso gira. 
Cual negro torbellino 

De horrores precursor, hiende la esfera, 

Que en luto tiñe su fatal carrera : 

Como tormenta muda. 

En el silencio pasa 

Fatídico esplendor de ardiente rayo 

Que nace y muere, y cuánto mira abrasa. 

¿Pero qué acento dulce y melodioso, 
Como el último son de arpa que gime, 
Hiere mi pecho que el dolor oprime 
Con eco misterioso ? 

Allí un ciprés su solitaria rama 

Que el viento suave mece 
Con la nocturna llama 

Y al vapor de la tumba se alza y crece. 

¡ Una lira también ! . . ¿ por qué tus cuerdas 
¡ Ai! mudas yacen, y la voz del viento 
Solo susurra en ellas '^ 

Con monótono acento 
Al pálido brillar de las estrellas ? 
47 



370 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y tú que sileacioso y reclinado 
Sobre la rama fúnebre suspiras, 

¿ Eres el Genio de la noche airado 
Que los vapores de la muei'te aspiras ? 

Y si eres un mortal, ¿ por qué do crece 
Mustio ciprés y solitaria rosa, 

*■ Que el viento de la tumba solo mece 

Tu vacilante planta se reposa ? 
— " Lloro infeliz á mi perdida esposa." 

Un rayo entonces la tranquila luna 
Lanzó por entre el fúnebre ramaje : 
Luciendo desmayado, 
En su pálida frente se retrata : 
Al deslizar callado, 
Orla parece de luciente plata, 
O de nieve sutil copo escarchado. 
Al dudoso brillar con que le hiere 
i No miro que el laurel sacro le ciñe, 
Que verde fué, pero marchito muere ? 
Claro y luciente acero. 
Brilla á su lado : en tersos resplandores 
Refleja en el guerrero 
El lustre y sacro honor de sus mayores . 
— ; Hijo del canto ! La callada lira 
¿ Por qué dada al olvido, 
Tan solo lanza funeral gemido, 

Y no los himnos del dolor suspira ? 
Alto procer de Iberia, 

Al funesto gemir dado tan solo , 

¿ El plectro romperás que te dio Apolo, 

La frente humillarás al infortunio. 

Que tu seno devora ? 

La musa es el dolor ; vate el qug llora. 

Cuando en torno á su frente laureada. 

Nube espantosa pálida se mece, 

Y del rayo humeante acompañada 
El mortal que la mira se estremece. 
Entonces mas seguro 

Alza la voz, y el sublimado acento 
Lleva sonando el vie I to 
Hasta el abismo oscuro : 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. . 371 

El abismo le escucha ensordecido : 

La destrucción le inspira: 

La destrucción también suena en su lira. 

¿Por qué lunza tu pecho h ndo gemido? 

— " No goza ya la luz del claro dia 

" El dulce encanto de la musa mia. 

" Mis dedos ¡ ai! las cuerdas yi no hieren, 

" Ni ya los vientos mi cantar elevan : 

" Ella murió." — La tumba es el destino. 

Así las sombras de la noche mueren : 

Así los rios á la mar se llevan 

En su fatal camino...... 

Probó á cantar; pero la voz helada 
Murió en el pecho frió, 
Y con sordo gemir solo responde 
Al destemplado son del canto mió. 

Juan Donoso Cortes. 



M LOS ANDES DEL ECUADOR. 



Elpoetaeságuila delporvenir. . 
no retrocedas ! t . . marcha 1 

El autor. 

Los que al triste caer de la tarde 
Veis pasar al ertante poeta, 
Como sombra fatídica, inquieta, 
De lejano fulgor al través, 
Derramad una lágrima tierna 
En piadosa emoción funeraria, 
Y una flébil, doliente plegaria 
Levantad á los cielos por él ! 

Eco fiel de los siglos pasados. 
Precursor de los siglos futuros. 
Murmurando medrosos conjuros. 
Entre sombras le he visto pasar ; 
Como pasa en el alma inocente 
Del amor el primer sentimiento, 
Blanca nube en las alas del viento , 
Leve espuma en las olas del mar ! 



372 POETAS espaPíoles y americanos. 

i Oh, qué amarga y penosa es su vida ! 
¡ Oh, qué largo y cruel su camino ! 
i Adelante, fatal peregrino ! 
¡ Es el genio infinito dolor ! 
¡ Ah, si vuelves los ojos dolientes . 
A esta inmunda Pentápolis fatua. 
Quedarás convertido en estatua 
Tras infandos trasportes de horror. 

El Señor en su ira terrible, 
Rechazando el sacrilego ruego, 
Lanzará cataratas de fuego 
Sobre el trono que alzó Satanás. 
Adelante ! adelante, poeta ! 
A pesaí de nefandos vestiglos, 
De futuros, incógnitos siglos 
Al eterno y sublime compás. 

Dios reviste las almas sublimes 
De invencible y audaz fortaleza. 
Para amar la infinita belleza 

Y sufrir implacable dolor. 

' Tú hollarás en tu noble despecho 
De la envidia la víbora ardiente, 

Y alzarás á los cielos la frente 
Del dragón infernal vencedor. 

Es mui bello, mui bello, poeta, 
Déla gloria sentir el delirio, 

Y sufrir espantoso martirio 

Y la palma divina alcanzar. 
Adelante, incansable viajero, 

' Y á pesar del furor del demonio. 
Elocuente y veraz testimonio ' 

De tu tiempo á los tiempos darás. 
Adelante, á través de montañas, 
De torrentes, desiertos y mares. 
Entonando sublimes cantares, 
Como el genio de Átala y Eené. 
Es sin duda mui beUo y sublime 
Caminar desgraciado y errante, 
Como Ercilla y Homero y el Dante 

Y Espronceda y Ovidio y Moisés 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 373 

Heme aquí en la mitad del desierto 

Sin amor, sin placer, sin fortuna 

Ya no existe desgracia ninguna 
Que no vierta su hiél sobre mí. 
Heme aquí como el cisne que canta 
Al morir la canción del olvido : 
De mis cantos el eco perdido 
Los abismos devoran aquí ! 

Mis cabellos flotantes se caen, 
Cual las hojas del bosque en Octubre, 
De orfandad mi existencia se cubre 

Y enmudece mi triste laúd; 

Y la muerte me estrecha en sus brazos 

Y llorando me besa y me oprime; 

Y me infunde un deliquio sublime 

Y me brinda su eterna quietud. 
Pero el alma rebelde no acepta 

El fatídico don de la muerte, 

Y tenaz, impertérrita y fuerte 
Se levanta del hondo estupor. 

Y contempla los ásperos montes, 
El abismo, el desierto, los mares, 

Y murmura medrosos cantares 

Y se ciñe de etéreo fulgor. 

Y al mirar en los cielos el cóndor, 
Sus magnánimos ímpetus siente, 

Y se lanza tras él impaciente, 

Y se eleva en sublime espiral. 

Y contempla los montes sombríos 
Coronados de nieve y de fuego, 

Y saluda los astros, y luego 
Improvisa un poema inmortal. 

Del Ocaso á la luz amarilla, 
Contemplando espectáculos grandes. 
En el alto perfil de los Andes 
Ante mudos abismos estoi. 
Allá el Sol entre blondas de oro, 
En el diáfano azul de la esfera, 
Cual rubí colosal, reverbera 
La hermoGura iofijiita de Dios. 



374 POETAS ESPAÑOLAS Y AMERICANOS. 

Aquí absorto el poeta compara 
Peí espacio ante el cóncavo terso, 
Tu inmortal juventud ¡ universo ! 
Con su frágil, fugaz juventud ! 
i Qué es mi vida ante tí ? — ¡ Una leve, 
Dolorosa y mortal melodía, 
*■ Que interrumpe tu eterna alegría, 

Y se pierde en el negro ataúd ! 

i Universo, universo infinito ! 

¡Asombrado ante tí me prosterno 

Misterioso, insondable y eterno. 

Siempre joven y espléndido estás ! 

¿ Qué es el hombre ante tí? — De ceniza 

Miserable montón que arrebata 

De los tiempos la gran catarata, 

¡ Y no vuelve no vuelve jamás ! 

Del espacio en la bóveda inmensa 
Sobre un fondo de rosa y naranja 
Se dilata magnífica f ranj a 
De amaranto, de grana y de añil. 

Y cual vaga ilusión de la infancia 
Que del tiempo en la sombra se pierde. 
En la orilla pacífica y verde 

De los mares so ve Guayaquil. 

Del abismo en el fondo confuso. 
Cual enorme serpiente de oro, 
A intervalos el Guayas sonoro 
Reproduce el espectro solar: 

Y el Ocaso profundo se incendia. 
Como el fondo candente de un horno, 
Y. las nubes se inflaman en torno 

Y los mares se ven irradiar. 

Del espacio ante el gran desarrollo 
Se entusiasma mi espíritu ardiente, 

Y en arranques intrépidos siente 
Que su centro inmortal no está aquí. 

Y se eleva hasta Dios en sublime. 
Misterioso, oriental panteísmo, 

Y saluda el magnífico abismo 
Que se abre delante de mí. 



IPOETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 375 



En las aguas brillantes del golfo 
Donde el Sol al morir se reclina, 
El audaz pensamiento adivina 
Con su eterno verdor la Puna ; 
Y entre playas fecundas y ardientes 
La provincia feraz de Esmeraldas (1) 
Con sus verdes, floridas guirnaldas ^ 

Reverbera en las ondas del mar. 

Y en las altas regiones del éter 
A la luz del crepúsculo canta 
Una sombra purísima y santa, 
Entre sombras augustas sin fin. 
i Salve, honor del austral bemisferio ! 
¡ Salve, gloria y delicia del Guayas ! 
Del Pacífico mar en las playas 
Será eterno el cantor de Junin (2) 

El soberbio y audaz Chimborazo 
En la etérea región de las nieves. 
Se colora de púrpuras leves, 
Se reviste de límpido tul. 
i Oh, cuan pura y brillante en los cielos 
Su corona imperial centellea ! 
¡ Oh, cuan bello y grandioso blanquea 
Sobre el fondo del éter azul ! 

Sobre un piélago inmóvil de sombras. 
Donde el gran Tunguragua se abisma, 
De las nieves perpetuas el prisma. 
Reverbera en relámpagos mü. 
¡ Y al través de oscilantes penumbras, 
En soberbia y magnífica escala, 
Cual fantástica luz de Bengala 
Resplandece el etéreo perfil ! 

Y los mudos volcanes del Norte (3) 
Medio envueltos en nubes errantes, 
Se levantan cual viejos gigantes, 
Se revisten de sombra y terror. 

1 Así se llama efectivamente una de las provincias litorales del 
Ecuador. 

2 Olmedo fué un gran poeta : merece este homenaje ; el ver- 
dadero patriotismo no es injusto ni miserable. 

3 Me refiero al PicMnclia, al Cayambe y al Antisana. 



376 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

¡ Y el tronante, eternal Cotopaxi 
En columnas flotantes humea, 
Cual si fuera la gran chimenea 
De un aéreo, estupendo vapor ! 

¡ Oh, qué escenas tan varias y bellas. 
Qué colores, qué líneas, qué pompa! 
■■ ¡Quién me diera la homérica trompa. 

Quién mé diera el gran numen de Ossian ! 

Aquí el mar y el abismo allí asombra 

De una inmensa erupción el estrago : 
Mas allá conteinplamos un lago 
En el cráter de antiguo volcan. 

Aquí vemos en síntesis vasta 
Desde el mar á las candidas cimas, 
Los productos de todos los climas. 
Los paisajes de todo país. 
Como el fénix antiguo renacen 
Los instintos supremos del alma 
En el grave silencio y la calma 
De los hondos abismos aquí. 

Silenciosas, terríficas sombras 
En el hondo horizonte se agrupan, 

Y los cóncavos valles ocupan 

Y las altas planicies también. 

¡ Qué solemnes aquí son las noches, 
Qué grandiosas, qué augustas, qué4)ellas ! 
Refulgentes millones de estrellas 
En la bóveda eterna se ven. 

Al oir del Sangay (4) los retumbos 
Se entusiasma de horror el poeta. 
Cual si viera un inmenso cometa 
En los polos del mundo estallar. 
Ved la cumbre del cráter somBrio 
Como un ascua del Tártaro roja :. 
Gigantescos peñascos arroja 

Y de lavas candentes un mar 

4 El Sangay es quizá el volcan mas aetivo del globo. Se elera 
en la provincia de Macas, noímui distante del lugar en que estaa estro- 
fas fueron escritas. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 377 

Ya la noche borró en Occidente 
Del Ocaso las pálidas huellas, 

Y descoje, bordadas de estrellas, 
Sus magníficas galas de tul. 

Y el planeta de Venus irradia 
De la mar en la curva distante, 
Cual si fuera estupendo diamante 
Engastado en un círculo azul. 

En las cumbres de Oriente blanquea 
De los cielos la triste viajera, 
E ilumina la lúgubre esfera 
Con su vago y mortuorio fulgor. 
¡ Ella brilla, cual brillan los ojos 
De una virgen que fué desgraciada. 
Cuando fija en su amante, inspirada. 
La postrera mirada de amor ! 

¡ Ah, si hubiera yo visto estos cuadros 
Cuando el estro inmortal me abrasaba 

Y en mis trémulas manos vibraba 
Del divino entusiasmo el laúd ! 
Mas ahora ya solo me inspiran 
Dolorosa, invencible amargura. 
Ya pasó la sublime locura 

De mi errante y audaz juventud. 

i Hoi recuerdo mi acerba desgracia 
En presencia de tanta grandeza, 

Y se dobla mi débil cabeza 
Bajo al peso fatal del dolor ! 

¡ Ah, yo quiero lanzar un gemido 
Que dé vida al abismo desierto !—.. 
Mi suprema esperanza no ha muerto— .-' 
¡ El misterio infinito es mi amor ! 

Fernando Velarde. 



48 



378 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



ÜN POETA EN NUESTROS ANDES. 



Literatos por antífrasis, aquellos que, atormenta- 
dos por una malevolencia vil, se deleitan en contem- 
plar las cosas ajenas con el microscopio miserable de 
la envidia, me acusarán de vanidad por haberme 
resuelto á estampar aqui esta hermosa producción del 
señor Kiofrio ; pero los hombres generosos, aquellos 
que desde una región alta y serena contemplan las 
cosas en horizontes dilatados con el telescopio claro y 
luminoso de un noble criterio, reconocerán fácilmente 
las razones que me han asistido para reproducir en 
este lugar varios fragmentos de una composición tan 
elevada y que tanto contribuye á la mejor inteligen- 
cia de mis descripciones de los Andes. 

Fernando Velardc. 



El héroe y el poeta 110 tienen un centro de gravedad semejante al 
que arregla las leyes de la materia : ellos buscan, como el águila, su 
mansión en las alturas, y quieren también, como el cárabo, penetrar en 
los abismos. Ellos no encuentran aplomo en ninguna superficie : su 
centro de gravedad está en el corazón de lo infinito. 

El héroe de Colombia se juzgó sublime, cuando le sirvieron de pe- 
destal las cumbres del Chimborazo : en aquel instante fué feliz, porque 
creyó estar mirando " de una ojeada los rutilantes astros, los soles 
infinitos." 

En las bóvedas de la inmensidad resonaron entonces sus voces de 
guerrero : sintió que unos ecos mas profundos le ocupaban toda el alma 
y que querían escaparse por sus labios : les dio libre salida, y se escucha- 
ron estas mágicas palabras : " Estoi tocando con mi cabeza, la copa del 
firmamento y con mis pies los umbrales del abismo." ; Qué elevación 
tan sorprendente ! 

El héroe se halló, pues, en el elemento del poeta y fué un poeta en 
su lenguaje. 

Ahora un joven, español, el autor de "Las Flores del Desierto," 
el poeta Fernando Velarde, á quien tanto debe la literatura del Perú, 
ha sido atraído desde el antiguo mundo por el imán de nuestras nieves : 
ha visitado las cumbres que el héroe recorriera, y ha saludado desde el 
cráter de los volcanes la profundidad de los abismos. 

El poeta se ha hallado, pues, en la mansión del héroe y ha sido un 
héroe en su intrepidez. 

i Qué puntos de contacto, qué ocultas relaciones, qué misteriosas 
simpatías se dejan traslucir á cada instante entre los héroes, los poetas, 
las cumbres y los abismos ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 379 

Pero i oh Velarde ! oh poeta ! Cuan lejano está lo infinito de las 
cumbres que has visitado ! Tú habrás podido creer, como Bolívar, que 
pasabas á todos los hombres en fortuna, al elevarte con mucho sobre 
todas las cabezas. Mas volviendo á tus geniales meditaciones, hallarás 
vapores melancólicos que ofusquen tu ilusión : hallarás que los Andes 
son pigmeos, y concluirás diciendo con el héroe "¡ qué ! ¿ montar sobre 
la cabeza de un alfiler es subir?" 

Levanta tu vuelo sobre los héroes y los Andes y arrastrarás en pos 
de tí á todos los espíritus que sepan comprenderte ; y si nadie te com- 
prende, camina solitario : la noche y la soledad son también compañeras 
del poeta. 

Quito, á 22 de Setiembre de 1855. 

Miguel Eioprio. 



A LA PAZ DE ESPAÑA EN 1876. 

¿ Qué acentos de entusiasmo, de gloria y de ventura 
Atruenan y electrizan la hispánica región, 
Llevando á todo pecho la bienandanza pura. 
Rasgando el turbio velo de sangre y aflicción ? 

¿ Por qué de las matronas el bienhechor ejemplo 
E¡ noble pueblo sigue con júbilo y clamor, 

Y ansioso se encamina al religioso templo 
Cantando con anhelo las glorias del Señor ? 

¿Por qué desaparece de la mejilla el llanto, 
Trocándose en sonrisas que ocultan el placer, 

Y vese revestido de ñores y de encanto 

El suelo que inundaban desdichas por do quier ? 

¿ Qué oculta ese recinto de fúlgida memoria, 
De egregios capitanes la cuna primordial. 
Que humilla heroicos hechos con su inefable historia, 
Que fué de altos prodigios ejemplo universal ? 

¿ Qué guarda en sus entrañas ? ¿ Por qué tal regocijo ? 
¿Por qué de los hispanos se alegra el corazón, 

Y ya la dulce madre no llora por el hijo 
Que sirve de muralla al fuego del cañón ? 



380 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

La Paz !.. .sublime antorcha que alumbra los senderos 
Del pueblo que ambiciona laureles alcanzar, 
Dobló con su mirada los fúnebres aceros 
Que el suelo de los Cides quisieron mancillar. 

Alzóse entre los senos de lóbregas montañas 
De sangre y de exterminio maléfico pendón, 
Que un alma empedernida, un hijo sin entrañas 
Empuña, como lema de infame usurpación. 

El dios de los combates tendió su rojo velo. 
Innúmeros estragos teniendo por fanal, 

Y el astro de venturas abandonó aquel suelo 
Bañado de un aliento terrífico y fatal. 

Y luto, latrocinio, deshonra y vilipendio 
Hundieron en las sombras la fama y el valor ; 

Y el crimen inhumano y el destructor incendio 
Trocaron los verjeles en ruinas de dolor. 

Esposas sin consuelo, infantes sin abrigo, 
De cuerpos insepultos horrenda confusión, 
El duelo de las madres, el llanto del mendigo, 

Y villas y ciudades en escombrosa unión ; 

Son túrbidos vestigios que nos legó esa guerra 
De origen execrable, de falso porvenir. 
Que arrebató las galas de la española tierra 
Haciendo sus blasones en luto sumergir. 

Mas ya cesó el delito, iberos, es la hora 
De que vayáis sus rastros ansiosos á esconder, 

Y luzca nueva, hermosa y matizada aurora, 
Eeflejo de otros siglos de luz y de poder. 

Soltad, soltad veloces la insignia de matanza, 
El sanguinoso acero y el rápido fusil : 
No profanéis la historia de bélica pujanza 
Que nace en Covadonga y muere en el Genil. 

Que broten por do quiera señales de ventura, 
Que vibren los cantares del fuerte labrador. 
Que muestre en la campiña sus galas la natura, 
Que oculte sus vestigios el fúnebre dolor. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 381 

Y rompa el férreo arado las huellas escondidas 
Que de luctuosos males el crimen nos dejó ; 

Y tórnense en verjeles las tierras maldecidas 
En que mortal destino la guerra derramó. 

Y surjan de ese negro y uniformado escombro 
Ciudades que demuestren animación viril, 

Y observarán los mundos con natural asombro 
De tan excelsa raza el fuego varonil. 

Y tú, joven ilustre, que ciñes á tu frente 
La insignia donde irradia la heroicidad sin fin, 
La insignia que elevaron con genio armipotente 
Los bravos de Sagunto, de Auseva y San Quintín ; 

Que ocupas ese trono de Alfonsos y Fernandos, 

Y empuñas ese cetro brillante y vencedor, 
Extirpa de la Iberia los afrentosos bandos 

Que manchan y confunden los timbres de su honor. 

Levanta nuestra patria del fondo de esa tumba. 
Quebranta ese edificio de angustia y corrupción, 

Y el céfiro armonioso que en el ambiente zumba 
Conducirá tus hechos del austro al septentrión. 

Entonces ya los pueblos maldecirán el duelo 
Que hundió su altiva fama, laurel del español, 

Y lucirá sus dones el dilatado cielo, 

Y ocultará las nubes, el rutilante sol. 

En tanto, insignes bardos, de nuestro siglo gloria. 
Pulsad el dulce plectro con ansiedad febril. 
Cantad de esos soldados la espléndida victoria 
Que alzó de las tinieblas el primoroso Abril. 

Ilustres herederos de Lope y de Quintana, 
De Ercilla y de Saavedra, de Maury y Calderón, 
Llamad de aquellos genios la musa soberana 
Que encienda vuestra hermosa, sublime inspiración. 

Cantad ese recinto de fúlgida memoria. 
De egregios capitanes la cuna primordial. 
Que humilla heroicos hechos con su inefable historia, 
Que fué de altos prodigios ejemplo universal. 

Manuel Fombona Palacio. 



382 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



LA LLEGADA DEL INVIERNO. 



Entonad vuestros cantos funerales 
Al rededor de torres y castillos, 
¡ Oh nuncios del invierno, oh vendavales ! 
Alígeras falanges sin caudillos. 

Ostentad vuestra furia que se lanza, 
Marchitando al verjel todas sus galas, 
Pero al pasar el Dios de mi esperanza 
Atónitos plegáis las turbias alas. 

Vuestro destino ha conocido él solo, 

Y cuando quiere serenar los dias. 
Os hundís en los ámbitos del polo • 
En donde eternizáis las noches frias. 

Allí os perdéis en bruma misteriosa. 
Esperando otras órdenes del cielo. 
Que os deja reposar, ó que os ocosa 
Sobre la inmensidad de un mar de hielo. 

Bello es aquel fulgor de la mañana, 
Que aclareciendo mas, no nos deslumhra ; 
Bello es el sol con gloria mas ufana 
Cuando al zenit altísimo se encumbra. 

Hermosa es la caida de la tarde 
Con las flores que lánguidas se mecen 
Del último perfume haciendo alarde. 
Mientras ffe,s sombras mas y mas se acrecen. 

Grande también es su estación de duelo, 
Sin el zafir que pintan los querubes. 
Se muestra en sus arcanos ese cielo 
Cuando la tempestad le da sus nubes. 

Ellas van agrupadas al acaso. 
Huérfanas con ropaje de tristura, 
Dios conoce su origen y su paso, 

Y sus ímpetus calma, ó apresura. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 383 



Y toman al pasar formas extrañas 
De esfinges y leones y de arpías, 

Y monstruos y quimeras y alimañas, • 
Vana ilusión entre las auras frias. 

Ya flotan sobre el mar, ya balancean 
Sus flancos sobre el monte que dominan, 

Y sobre los volcanes se pasean 

Y al rayo de su lava se iluminan. 

A la voz de Jebová su pardo seno 
En lluvia bienhechora se desata, 
O aumenta del torrente el cristal lleno, 
O abulta la sonora catarata. 

■ O convierte en un lago la llanura, 

Y en espumoso rio el arroyuelo, 

Que apenas murmuraba con blandura 
Halagando á una flor que vio en el suelo. 

O arrastra como míseros despojos 
En infausto aluvión con nueva saña 
Las cercas y el redil, frutos y abrojos, 

Y el techo de la mísera c|baña. 

Tiembla entonces el rústico que sabe • 
Los estragos de chozas y ruinas ; 
Se pone en oración, y á su voz grave 
Responden unas voces argentinas. 

El coro de sus hijos inocentes. 
Que con el corazón acongojado, 

Y juntando sus manos reverentes 
Las alzan á su Dios que está enojado. 

Junto al hogar la madre enternecida 
Baja su faz con la tristeza y ceño 
Para ocultar su lágrima vertida 
Al hijo que ama mas, por mas pequeño. 

Tal vez, Señor, tu brazo que iracundo 
Exterminó la raza gigantea, 

Y agitar puede el globo de este mundo 
Como el alga que escupe la marea'; 



384 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Se desarma del rayo omnipotente 
Y en áncora se muda de cariño, 
CuandíO te llama padre un inocente, 
Cuando reclama tu favor un niño ; 

Y las nubes se esconden con las brisas 
Huyendo de tu vista con espanto, 
Cual huye el roneo mar cuando lo pisas, 
O lo roza la fimbria de tu manto. 

El claro sol con más magnificencia 
Ostenta su semblante luminoso, 
Como después de una fatal ausencia 
Ledo mira su tálamo el esposo. 

Cortando los horizontes 
Siempre en su reposo eterno, 
Vestidos están los montes 
Con las nieves del invierno ; 

Y sus extendidas faldas 

Y fresquísimas laderas 
Perdieron sus esmeraldas, 
Gloria de las primaveras. 

Al soplo de aquilón ronco 
Que lo abate y que lo acosa, 
Desnudo se quedó el tronco 
De su cúpula fondosa ; 

Y aparece en la llanura 
Por lo seco y desmayado 
Como espectro descarnado 
Al pié de una sepultura. 

Las aves ya se escondieron 

Y abandonaron sus nidos, 

Y no halagan los oidos 

Con los cantos que aprendieron ; 

Porque no les da la rama 
Cunas gratas y sombrías, 

Y tibia murió la llama 
De sus dulces alegrías. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. i 385 

Sin embargo el hogar tiene 
Sus domésticos consuelos, 
Cuando á visitarnos viene 
La cruda estación de hielos. 

Goza recogida el alma 
Sin dudas ni distracciones 

Entre la preciosa calma • 

De santas meditaciones ; 

Y en círculo de amistad 
Se ven juntas la vejez 

Y la floreciente edad 

Y la candida niñeíJ. 

Es grato y causa ilusión 
Despertar con, el estruendo 
Del agua que va cayendo, 

Y adormece el corazón. 

Grato es dar á la memoria 
Recuerdos de edad pasada, 
Que nos dejó retratada 
En sus anales la historia ; 

Y seguir á los cruzados 
Al suelo de Palestina, 

De luciente acero armados 

Y llenos de fe divina ; 

Caballeros de alta fama 
Que de gloria y lauro en pos 
Por la causa de su Dios 
Dejaban castillo y dama ; 

Eecordar su ardiente afán, 
La fe de su corazón, 

Y las palmas del Jordán, 
Las higueras de Esdrelon. 

Y las lides y denuedo 
Que tenian por decoro 
Los hijos de Godofredo 

Al calzar la espuela de oro. 
49 



386 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Ver caida y humillada 
A la secta de Medina, 

Y en Síon ver ensalzada 
La lei que nos ilumina ; 

Contemplar tantos afanes , 
De la Europa en su deseo, 
Disputando á los sultanes 
• El divino mausoleo ; 

Y al pié de la cruz vencido 

Y azorado y palpitante 
Al esclavo embrutecido 
Cuya sien ciñe un turbante. 

Grato es recordar las lizas, 

Y las justas y torneos, 

Y las lanzas hechas trizas, 

Y zambras y galanteos ; 

Y que hermosas acusadas 
Por falsarios y felones. 

Del baldón quedan vengadas 
Por heroicos campeones. 

Bien dicen con las contiendas 
De los animosos vientos, 
Las fantásticas leyendas 
" De magos y encantamientos. 

Las cazas y los festines, 

Y divisas y seííales, 

Y escenas de paladines 

De antiguos tiempos feudales. 

De su hoguera apetecida 
Los tizones avivando, 
Que dan el calor y vida 
Cuando el cielo está nevando; 

El observador profundo 
E investigador de arcanos 
Puede dar la vuelta al mundo 
Teniendo á Cook en las manos. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 387 

Tú das, Señor, las mieses al estío, 

Y al árbol su retoño, 

A las flores las perlas del rocío, 
Los frutos al otoño ; 

El musgo y la frescura de las sombras 
Das á las peñas huecas, 

Y al invierno preparas las alfombras 

De tantas hojas secas. 

Tuyo es el sol, tú engalanaste el dia, 

Y el alba nacarada 

No enciende su brillante joyería 
Sino con tu mirada. 

Tú que cuentas de lana los vellones 

Que el corderino tiene, 
Para que á las heladas estaciones 

Eesista cual conviene ; 

Que vistes á las águilas su pluma, 

Y al pez la fuerte escama, 
Que desprecia los rios de la espuma 

Del ronco mar que brama ; 

No dejarás sin tu favor al hombre 
Que vive en tu esperanza, 

Y que en la tempestad fia en tu nombre 

Y en él en la bonanza. 

Danos, Jehová, la súplica, el reposo 
Que el alma solicita, 

Y aquella paz que en este mundo odioso 

Es alegre y bendita. 

Es de absintio, y amarga y desabrida, 

Y sabe solo á penas 

La copa que apuramos de la vida. 
Mas tú de miel la llenas. 

Es ruda nuestra senda, y las espinas 

Nos hieren con rigores, 
Pero si "nuestros pasos encaminas, 

Ellas brotarán flores. 



388 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Nos ha cegado el polvo del camino, 

Y afea nuestra cara, 

Tú puedes apagar el torbellino, 
Veremos la luz clara. 

¡ Ser inmutable, augusto y soberano,. 

Y bienhechor eterno ! 

*■ Concede al infeliz con larga mano 

Su pan para el invierno. 

Su rincón en el mundo por abrigo 
Contra la escarcha fiera, 

Y la esperanza de gozar contigo ' 
De eterna primavera. 



Arólas. 



IDEALISMO. 



¿No admiráis el reflejo nacarado 
En que se arde la esfera cristalina 

La luz al despuntar ? 
Pues con el puro labio sonrosado 

De esa mujer divina 
No es posible su tinte comparar. 

¿De un jardin no gozáis en la hermosura 
Cuando agitado el céfiro ríente 

Vuela de flor en flor ? 
Pues lleva mas fragancia y mas dulzura 

El suspiro inocente 
Que exhala envuelto en nubes de rubor. 

Es mui grato en la noche cuando suena 
El caer de la lluvia, sostenido, 

Batiendo en un cristal : 
Es grato, y el placer nos enajena 

Mientras goza el oido 
De aquella simple nota musical» 



POETAS ESPAÑOLAS Y AIWERíCANOS. 389 

Pero uo : con el plácido murmullo 

De su liviano andar, no hai voz ni acento 

Que pueda competir : 
Ni de apacible tórtola el arrullo, 

Ni al espirar el viento, 
Ni el cisne mitológico al morir. 

¿ Y existe ese ideal 1 — Con loco empeño 
Sigo sus formas ; y exhalado, el mundo 

Corro tras mi visión : 
Como un ángel de luz vive en mi sueño, 

Y en faz de amor profundo 
Con un dardo me hiere el corazón. 

TULIO. 



3Sr ^í^ I> .A. I 

Para la nube hai rayos de colores, 
Ilusión para el alma enamorada. 
Lauro para los dulces trovadores, 
Para mis versos nada ! 

Llenos están los valles y los montes 
De flores y de plantas y rocío ; 

Llenos están de luz los horizontes 

Y mi pecho vacío ! 

Halla el hombre Amistad, Gloria, Ventura, 

Virtud y Ciencia, en su ilusión doraba 

Yo en el vacío de existencia oscura, 
Nada he encontrado nada! 

Domingo Ramón Hernández. 



LAS AVES. 



Aves, ¿ do vais cruzando la alta esfera, 

Eisueña y limpia y clara ? 
Ai ! quién como vosotras libre fuera ! 
¡ Quién cual vosotras, ai ! el vuelo alzara ! 



390 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

Blancos y deliciosos pensamientos 

Despertáis en el alma : 
Cuando os mecéis sobre los mansos vientos, 
Cual la esperanza sois que boga en calma; 

Y cuando os alejáis apresuradas, 
;. Sois cual las ilusiones, 

Ah ! de puro atrevidas disipadas 
Del porvenir abierto en las regiones. 

Va á perderse el incienso allá en el cielo 

Y allá en la mar el rio ; 
No sé dónde, siguiendo vuestro vuelo, 
Vuela á perderse el pensamiento mió. 

Para la eterna inmensidad nacida. 

Gime el alma, y quisiera 
En edades lanzarse sin medida. 
En espacios hundirse sin ribera. 

Por eso , amor, volar nos place tanto : 

El que ama, los lugares 
Y el tiempo olvida. ¿ Qué es el desencanto 
Sino al fondo bajar de los pesares ? 

¿ Y volver á contar menguadas horas ? 

i Ai, aves pasajeras. 
De tristeza y amor inspiradoras. 
De adioses y esperanzas mensajeras ! 

Os sigo con la vista ; ya no os veo ; 

Y miro todavía. 
Que absorta en la ilusión de su deseo, 
Os busca el alma en la región vacía. 

Sombra y esclavitud cubren el suelo ; 

Siguiendo vuestro giro. 
La alegre libertad que hai en el cielo 
Gozo un instante, pues gozarla os miro. 

Miguel Antonio Caro, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 391 



A ÜM GOLONDEINA. 



^ ¡ Salud, dulce golondrina, 
Allá en el suelo africano 
Bella, errante peregrina ; 
Salud, perenne vecina 
Del ardoroso verano ! 

Tu cántica placentera 
Llevaste á lejanos mares : 
La atrevida, la parlera, 
Bien llegada á estos lugares, 
Amorosa compañera. 

Bien llegada al suelo amigo. 
Do no errante, ni perdida, 
Te dará á la par conmigo 
Un mismo techo el abrigo, 
En blando nido mecida. 

Vuelve, amiga, descuidada, 
A este recinto sereno 
Que te guardo regalada : 
¡ Aun duran de pluma y beno 
Los restos de tu morada ! 

Aq[uí tus amores fueron, 

Y aquí tu canción amante ; 
Aquí tus hijos nacieron 

Y á tu arrullo se adurmieron 
Bajo el ala palpitante. 

Y aquí mi voz se mezclaba 
A tu viva cantilena ; 

Y aquí impaciente aguardaba 
Esa vuelta que tardaba 

De amor y recuerdos llena. 

Y eres fiel, agradecida, 

Y no te aguardaré en vano ; 
Que nunca fué desmentida 
Esa tu fe prometida 

Al ardoroso verano. 



392 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

¡A cuántos, ai! golondrina, 
Que lealtad y fe cantaron 
La ingratitud se avecina ! 
i Cuántos con planta mezquina 
Sus juramentos hollaron ! . . . . 

¡. Mas no tú : fiel y graciosa 

Cuando se allega el estío, 
Vuelves tierna y amorosa 
Allá de playa arenosa 
Do te arroja invierno frió 

No olvidaste, uo, los dones 
De este suelo bienhechor, 
Ni las fuentes ni la flor. 
Ni olvidaste los rincones 
De tu asilo protector. 

Volvistes enamorada 
A este recinto sereno 
Que te guai'do regalada ; 
Y aquí de plumas y heno 
Formarás nueva morada. 

Cantaremos, golondrina. 
Mis recuerdos y tu amor 
Mientras que el sol ilunaina ; 
Sin que entibie la neblina 
Ni sus luces, ai su ardor. 

Carolina Coronado. 



AGUA DORMIDA. 



En la inquietud inmensa del destino 
Eeposar en la margen de una fuente; 
Sin rumor, sin murmullo, sin corriente, 
Muerto cual la esperanza, no es vivir. 
No es vivir al nacido en la ribera 
Del impetuoso y turbulento Plata, 
Donde pasan sus aguas de carrera 
Con las olas del mar á combatir. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 393 

Éien puede ser que en tu primer mañana 
De sus celajes diáfanos ceñida, 
Tenga dulzuras para tí la vida 
Do quier reclines á soñar la sien. 
Bien puede ser que anheles olvidada 
En un sueño de paz adormecerte, 
Que en el mayor silencio de la suerte 
Dentro tu corazón haya un Edén. 

Y grata el agua te será adormida 
Que tu embeleso adulará serena, 
Mientras rayando estés sobre la arena 
La misteriosa cifra del amor ; 
Dulce el halago del secreto asUo 
La orilla de laguna sin lamento, 
Para teñir el vago pensamiento 
De su calma inefable y tu frescor. 

Donde no gima el viento, ni la brisa 
Los árboles agite enamorada. 
Deja correr las horas olvidada, 
Vive en el corazón sin recelar. 
Yo nací en la borrasca, y me complacen 
Los tumbos y el embate de las olas : 
Duerme en la orilla de tu fuente á solas, 
Yo me voi á las ondas de la mar. 

Juan C. Gómez. 



AL NIÁGARA. 



Templad mi lira, dádmela, que siento 
En mi alma estremecida y agitada 
Arder la inspiración. Oh ! ¡ cuánto tiempo 
En tinieblas pasó, sin que mi frente 

Brillase con su luz ! Niágara undoso, 

Tu sublime terror solo podría 
Tornarme el don divino, que ensañada 
Me robó del dolor la mano impía. 
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394 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Torrente prodigioso, calma, , acalla 
Tu trueno aterrador ; disipa un tanto 
Las tinieblas que en torno te circundan ; 
Déjame contemplar tu faz serena, 

Y de entusiasmo ardiente mi alma llena. 
Yo digno soi de contemplarte : siempre 
Lo común y mezquino desdeñando, 
Ansié por lo terrífico y sublime. 

Al despeñarse el huracán furioso, 
Al retumbar sobre mi frente el rayo, 
Palpitando gocé : vi al océano. 
Azotado por austro proceloso, 
Combatir mi bajel, y ante mis plantas 
Vórtice hirviente abrir, y amé el peligro. 
Mas, del mar la fiereza 
En mi alma no produjo 
La profunda impresión que tu grandeza. 

Sereno corres, majestuoso, y luego 
En ásperos peñascos quebrantado. 
Te abalanzas violento, arrebatado. 
Como el Destino irresistible y ciego. 
¿ Qué voz humana describir podria 
De la sirte rugiente 
La aterradora faz ? El alma mia 
En vago pensamiento se confunde 
Al mirar esa férvida corriente. 
Que en vano quiere la turbada vista 
En su vuelo seguir al borde oscuro 
Del precipicio altísimo : mil olas 
Cual pensamientos, rápidas pasando 
Chocan y se enfurecen, 

Y otras mil y otras mil ya las alcanzan , 

Y entre espuma y fragor desaparecen. 

Ved! llegan, saltan !, El abismo horrendo 
Devora los torrentes despeñados : 
Crúzanse en él mil iris, y asordados 
Vuelven los bosques el fragor tremendo. 
En las rígidas peñas 
Eómpese el agua : vaporosa nube 
Con elástica fuerza 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 395 

Llena el abismo en torbellino, sube, 

Gira en torno, y al éter 

Luminosa pirámide levanta, ^^ 

Y por sobre los montes que le cercan <%¿s 
Al solitario cazador espanta. 

Mas ¿ qué en tí busca mi anhelante vista 
Con inútil afán ? ¿ Por qué no miro 
Al rededor de tu caverna inmensa 
Las palmas ¡ ai ! las palmas deliciosas 
Que en las llanuras de mi ardiente patria 
Nacen del sol á la sonrisa y crecen, 

Y al soplo de las brisas de océano 
Bajo un cielo purísimo se mecen ? 

Este recuerdo á mi pesar me viene 

Nada ¡ oh Niágara ! falta á tu destino, 
Ni otra corona que el agreste pino 
A tu terrible majestad conviene. 
La palma y mirto y delicada rosa, 
Muelle placer inspiran y ocio blando 
En frivolo jardín : á tí la suerte 
Guardó mas digno objeto, mas sublime ; 
El alma libre, generosa,'fuerte, 
Viene, te ve, se asombra, 
El mezquino deleite menosprecia, 

Y aun se siente elevar cuando te nombra. 

Omnipotente Dios ! En otros climas 
Vi monstruos execrables 
Blasfemando tu nombre sacrosanto. 
Sembrar error y fanatismo impío, 
Los campos inundar en sangre y llanto. 
De hermanos atizar la infanda guerra ; 

Y desolar frenéticos la tierra. 

Vílos y el pecho se inflamó á su vista 
En grave indignación. Por otra parte 
Vi mentidos filósofos que osaban 
Escrutar tus misterios, ultrajarte, 

Y de impiedad al lamentable abismo 
A los míseros hombres arrastraban. 



396 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Por eso te buscó mi débil mente 
Ea la sublime soledad : abora 
Entera se abre á tí ; tu mano siente 
En esta inmensidad que me circunda, 

Y tu profunda voz Mere mi seno 
De este raudal en el eterno trueno. 

Asombroso toi'rente ! 
¡ Cómo tu vista el ánimo enajena, 

Y de terror y admiración me llena ! 

¿ Dó tu origen está ? ¿ Quién fertiliza 

Por tantos siglos tu inexhausta fuente ? 

Qué poderosa mano 

Hace que al recibirte 

No rebose en la tierra el océano ? 

Abrió el Señor su mano omnipotente, 
Cubrió tu faz de nubes agitadas, 
Dio su voz á tus aguas despeñadas, 

Y ornó con su arco tu terrible frente. 
Ciego, profundo, infatigable corres, 
Como el torrente oscuro de los siglos 

En insondable eternidad ! Al hombi'e 

Huyen así las ilusiones gratas, 

Los florecientes dias, 

Y despierta al dolor ! Ai! agostada 

Siento mi juventud, mi faz marchita, 

Y la profunda pena que me agita 
Euga mi frente de dolor nublada. 

Nunca tanto sentí como este dia 
Mi soledad y mísero abandono 

Y lamentable desamor ¿ Podria 

En edad borrascosa 

Sin amor ser feliz ? Oh ! si una hermosa 
Mi cariño fijase, 

Y de este abismo al borde turbulento 
Mi vago pensamiento 

Y ardiente admiración acompañase ! 
¡ Cómo gozara, viéndola cubrirse 
De leve palidez, y ser mas bella 
En su dulce terror, y sonreírse 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 397 

Al sostenerla mis amantes brazos ! 

¡ Delirio de virtud ! Ai ! desterrado, 

Sin patria, sin amores, 

Solo miro ante mí llanto y dolores. 

; Niágara poderoso ! 
Adiós ! Adiós ! dentro de pocos años 
Ya devorado habrá la tumba fria 
A tu débil cantor. ¡ Duren mis versos 
Cual tu gloria inmortal ! ¡ Pueda piadoso, 
Viéndote algún viajero, 
Dar un suspiro ala memoria mia ! 

Y al abismarse Febo en occidente, 
Feliz yo vuele do el Señor me llama, 

Y al escuchar los ecos de mi fama 
Alce en las nubes la radiosa frente. 

José María Heredia. 



EL CONCIERTO UNIVERSAL. 

[IMITACIÓN.] 

— Ai ! qué feliz si me apuntara el bozo. 
¿ Cuándo seré yo un hombre y no un rapaz ? 
— Ai de mi tiempo, cuando yo era mozo ! 
— Ai ! qué cercana la vejez está ! 

— Ai! quién tuviera diez y seis abriles 
X falda larga y novios á escoger ! 
— Pasaron mis encantos juveniles. 
— I Dó está la fe que me juraste ayer ? 

— I Por qué de mi pureza vivo esclava 
Como era de su culto la vestaá ? 
— ¿ Quién los excesos de mi vida lava? 
¿ Dónde está mi inocencia virginal? 

— ¡ Yo soltera y sin novio ! ¡ que vergüenza ! 
— ¡ Yo casada y con hijos ! ai de mí ! 
— A quererle no habrá quien me convenza. 
— i Pues le habré de querer hasta morir ! 



398 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

— ¡ Solo un cetro regir me halagaría ! 
— ¡ Si la gloria me diera su esplendor ! 
— Por una barca mi poder daría. 
-— i Mi ciencia por la fe del pescador 1 

— Ai ! mañana la horca y el verdugo ! 
— Mañana por mi mano morirá ! 
— Calla, conciencia! de la lei al yugo 
Atado el juez por su deber está ! 

— Señor, no sé qué comeré mañana ! 
¿ Por qué nací para sufrir, Señor ? 
— ¿ Quién estará empujando la ventana ? 
¿ Vendrá por mi dinero algún ladrón ? 

i Eternas variaciones de ese tema ! 
; Magnífico concierto universal ! 
Constante afán que nuestras sienes quema. 
¿ Dónde la dicha verdadera está ? 

Benito Esteller. 



LA £ÍSA DE LA BELDAD. 



Bella es la flor que en las auras 
Tranquilamente se mece ; ' 
Bello el iris que aparece 
Después de la tempestad : 
Bella en noche borrascosa 
Una solitaria estrella ; 
Pero mas que todo es bella 
" La risa de la beldad." 

Despreciando los peligros, 
Tal vez un joven guerrero. 
Deja por el duro acero 
La dulce tranquilidad : 
¿ Quién su corazón enciende 
Cuando á la lucha se lanza ? 
¿ Quien anima su esperanza ? 
" La risa de la beldad." 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 399 

El conquistador altivo, 
Precedido de la guerra, 
Cubre de sangre la tierra. 
De miseria y orfandad : 

Y ¿ quién el curso detiene 
De su cólera siniestra ? 

Y ¿ quién desarma su diestra ? 
" La risa de la beldad." 

¿ Quién del prisionero triste 
Endulza el feroz tormento ? 
¿ Por quién olvida un momento 
Su perdida libertad ? 

Y ¿ quién, en fin, del poeta 
Hace resonar la lira ? 

¿ Quién sus acentos inspira ? » 

" La risa de la beldad." 

Una suerte inexorable 
Llena de luto mi vida, 

Y mi alma gime oprimida 
Por la dura adversidad. 
Pero yo olvido estas horas 
De tanta amargura llenas, 
Cuando suaviza mis penas 
" La risa de la beldad." 

Fernando Calderón. 



EL VERANO. 



Ya lanzo al fin mi rústica piragua 
En las ondas ¡ oh estío ! de tu mar, 
No agites, no, contra su prora el agua, 
Deja que cumpla su destino en paz. 

Deja que siga en su veloz carrera 
El carro eterno del fecundo sol, 
Y que aborde por fin á una ribera, 
Donde halle un campo y en su bosque un Dios. 



400 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Deja se aduerma á mi cantar la ola 

Y humilde halague mi infeliz batel, 
La fama al escucharlo, con aureola 
Mi sien de niño ceñirá tal vez. 

Y hora del prado en las floridas galas, 
>• A la sombra de verde pabellón, 

Traeráme el aura en sus fragantes alas 
Kefugio blando á mi azaroso ardor. 

Ya en su ancha taza la sonora fuente 
Sus limpias aguas brindará á mi sed, 

Y allí inspirando su frescor la mente 
¡ Oh sol ! tus cantos modular podré. 

O allí el naranjo de escarlata y verde 
Su extensa copa brindará quizás, 

Y el bello fruto que entre azahar se pierde 
Bálsamo dulce á mi calor será. 

O acá el granado sus purpúreos globos 
Con eu agridulce brindará también, 
■ Y los coposos altos algarrobos 
De fresca sombra me darán dosel. 

O mas allá la bifrutal higuera. 
Que en los misterios escondió la flor. 
Con su ancha copa llenará la esfera, 

Y á un limpio arroyo privará del sol. 

¡ Qué delicia en lo alto del cogollo 
Su dulce fruto de ébano gustar. 
Luego bajando al fondo del arroyo 
Dejar nos acaricie su cristal! 

En ella encierra el pueblo una creencia, 

Heredero de santa tradición 

i Cuánto halaga la mísera existencia 
Hallar en todo y por do quiera un Dios ! 

Dicen se ven celestes resplandores 
En su copa la noche de San Juan, 

Y apareciendo súbito sus flores, 
Ciérranse al punto y la ilusión se va. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 401 

Pobre de aquel, se dice, que quisiere 
El misterioso arcano sorprender, 
La cólera de Dios allí le hiere 
Y á otro mundo refiere lo que ve. 

Todo al verano ofrece su tributo, 
Al impulso feraz de ardiente sol : 
Yo me deleito en ir de fruto en fruto 
Beadiciendck la mano de mi Dios. 

Jacinto Chacón. 



LA LAGRIMA. 



THE TEAE. — BY LOED BYRON. 



Cuando de amor ó de amistad palpita 
El alma, y la verdad al fin se ve. 
Falsa sonrisa acaso el labio imita ; 
Mas del amor que el corazón agita 
Solamente una lágrima da fe. 

A veces la sonrisa mas tranquila 
Es máscara del odio ó del temor; 
Pero no así si el alma en la pupila 
Asoma entera y tímida vacila 
Nadando en una lágrima de amor. 

De dulce caridad los resplandores 
Iluminan el alma del mortal, 

Y como gota de agua ejitre las flores 
Es de la compasión en los dolores 
El rocío una lágrima leal. 

Despliega el nauta al huracán la vela, 
Las tempestuosas olas a] pasar ; 
Mira su tumba en la marina estela, 

Y en el fatal momento se consuela 
Derramando una lágrima en el mar. 

51 



402 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

, El soldado la muerte desafia 

De la gloria al fantástico fulgor, 
En la lucha demuestra saña impía, 

Y la herida que causa su agonía 
Baña con una lágrima de amor. 

■• Si vuelve á ver su bella prometida, 

El premio renunciando del honor, 
Olvida los trabajos de la viaa 
Al beber una lágrima perdida, 
Los párpados besando de su amor. 

Dulce memoria de la infancia mia. 
Cuando amoroso el tiempo vi pasar, 
Hoi sufro del pasado la agonía 

Y no tengo el recuerdo de ese dia 
Sin que sienta una lágrima brotar. 

i Del volcan se apagó la ardiente lava ! 
i Consagrarle no puedo ya mi ardor ! 
i Cuánto mi bello querubín me amaba ! 
Recuerdo que mis votos escuchaba 
Siempre con una lágrima de amor. 

A otro pertenece ; que en sus brazos 
Viva feliz, aunque perezca yo ; 
Dios la bendiga en los ajenos lazos, 
Pues ya mi corazón, hecho pedazos, 
Solo por una lágrima olvidó . 

Amigos de mi alma, mi partida 
Se acerca ya, buscando voi mi bien : 
En el campo me dad la bienvenida, 

Y cual la derramó la despedida, 
Nos¡reuna una lágrima también. 

Cuando mi alma vuele al infinito 
De la noche en la inmensa soledad. 
Para mi tumba nada necesito ; 
Mas en el polvo pálido y marchito 
Una lágrima tierna derramad. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 403 

Yo no quiero marmóreos panteones, 
Hijos de la insaciable vanidad ; 
No quiero de la fama los blasones; 
Solo 03 suplico, tiernos corazones. 
Una lágrima ardiente, por piedad. 

Juan V. Camacho. 



EL HUMO BIL CIGARRO. 



Como el humo del cigarro, 
Es del hombre la existencia, 
Que se eleva con su esencia 
A otro mundo, á otra región. 
El se muestra á nuestros ojos 
Sobre el aire cristalino, 
Cuál rápido peregrino 
Que se pierde en la extensión . 



Cuando sale de la boca. 
Convertida en chimenea, 
Vaporoso nos recrea 
Distrayendo nuestro mal. 
Que ya traza mil coronas. 
Ya palacios mil figura, 
Aunque viven lo que dura 
Nuestra gloria terrenal. 

Yo que en horas de abandono 
Con el pecho lacerado, 
Pido en balde á lo pasado 
Mi niñez de oro y zafir ; 
Encendiendo un puro, alegre 
Digo : es humo toda gloria, 
¿ A qué pues llorar mi historia 
Si he de verla relucir ? 

Así surge cuánto existe. 
Así brota el pensamiento. 
Breve, raudo, de un momento ' 
De ventura y de placer, 



404 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Poderoso nos ofrece 
Nombre excelso, brillo sumo, 
Pero al fin es humo, humo 
Que se ve desvanecer 

Fiel imagen del deseo, 
Copia fiel de la esperanza 
Que jamas el hombre alcanza 
Desde el mundo en donde está ; 
Tú elevándote me enseñas 
Con tu aroma que electriza, 
Que del cuerpo, que es ceniza, 
Libre el alma subirá 

Domingo Eamon Hernández. 



ROGAD A DIOS. 



A LAS SEÑORITAS QUE CONSTITUYEN LA SOCIEDAD 
DRL 

CORAZOH DE MARÍA. 

Cual de amorosa tórtola 
La dolorida queja; 
Como escuchar se deja 
En el silencio de la noche lóbrega 
El tierno ruiseñor ; 
Así se exhala la oración ferviente 
Del corazón de virgen inocente 
Y llega hasta las plantas del Creador. 

Orad, orad, oh vírgenes ! 
En torno de Maria 
Porque la guerra impía 
• Cese que á nuestra patria tiene exánime, 
Sin voz para gemir : 
Implorad á la virgen sin mancilla 
Para que salve la infeliz barquilla 
Que en la sangre navega al porvenir. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 405 

Pedidle por el mísero 
Que en calumniar se goza, 

Y sin temor destroza' 

La amada honra de inocente víctima 

Que envidia coa afán ; . ' 

Por el que adora como áDios el oro, 

Y sin pudor se arrastra y sin decoro 
Ante la mano que le arroja el pan. 

Pedidle por la huérfana 
Que sola y acechada 
Por seducción malvada, 
Del precipicio al borde miráis trémula 
Temiendo en él caer ; 

Y pedidle también saque del fango 

A la que mancilló su nombre y rango 
De cristiana, de madre y de mujer. 

Orad por el malévolo 
Que rinde culto al crimen ; 
Por los que hambrientos gimen 

Y por el que gozando en mesa opípara 
Les niega la piedad ; 

Por quien se hizo del pudor verdugo, 

Y escoger el escándalo le plugo 
Para manchar con él la sociedad. 

Pedid por el incrédulo 
Que, vano de su ciencia. 
Pretende ahogar la Esencia 
Que al impulso potente de su " hágase " 
La luz hizo brillar ; 
Por el que, ciego de furor, no alcanza 
Que si es dulce el placer de la venganza 
Mas dulce es el placer de perdonar. 

Bogad por el que impávido 
Arranca en triste instante 
La vida á un semejante. 
Como las plantas en el huerto estériles 
La hoz del segador ; 

Por el ministro infiel de un Dios de gloria 
Que se arrastra, infeliz, entre la escoria 
De un mundo corrompido y pecador. 



406 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

i Oh vírgenes de América ! 
Eogad, rogad ál cielo 
Con fervoroso anhelo, • 
Para que cese el huracán fatídico 
Que brama en derredor ; 
^ Y la discordia inicua que derrumba 

De cavar cese la espantosa tumba, 
Que sorberá vencido y vencedor. 

Orad, orad, oh vírgenes ! 
En torno de María 
Porque la guerra impía 
Cese que á nuestra patria tiene exánime, 
Sin voz para gemir ; 
Implorad á la Virgen sin mancilla 
Para que salve la infeliz barquilla 
Que en la sangre navega al porvenir. 

Maracaibo, 1871 . 

Diego Jugo Kamirez. 



AL SEM MN JOSE MSiLLA. 

CONTESTACIÓN A LOS LINDOS YERSOS QUE INSERTO EN 
"EL HERALDO" DE 3HADRID. 



En estas risueñas playas 
En otro tiempo españolas, 
Que halagan las mansas olas 
De un mar de plata y zafir ; 

Donde vagan sombras tantas 
De alta fama y nombradía, 
Que siempre al morir del dia 
Juzgo en derredor oir ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 407 

En esta ciudad de encantos, 
Que embriagada en los festines, 
Duerme en medio de jardines 
Junto al borde de un volcan ; 

Sin sospechar llegue un dia 
Que la trague furibundo, 
Como otras que en lo profundo 
De sus abismos están ; 

Llegó á mí tu dulce acento, 
Esclarecido poeta, 
Donde tu alma se interpreta. 
Donde luce tu amistad., 

Y vino con sus encantos 
Bálsamo á ser de mi pecho, 
Nunca, nunca satisfecho, 
Siempre, siempre en ansiedad. 

Pues si tú tanto recuerdas 
La deliciosa Sevilla, 
Del Guadalquivir la orilla, 
Y mi tranquila mansión ; 

¿ Qué haré yo, mi amado amigo, 
Qué haré yo, que dejé en ellas 
De mis ojos las estrellas, 
Las prendas del corazón 1 

No pienses que olvidar puedo 
Aquellas fugaces horas, 
Tan dulces y encantadoras, 
Que pronto tuvieron fin : 

En que los versos divinos, 
Que de tu labio brotaban, 
Luz, color y cuerpo daban 
Al aura de mi jardin. 

Y el rumor de la arboleda, 
De la fuente la sonrisa, 

El bullicio de la brisa 
Saltando de ñor en flor ; 



408 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y el general embeleso 
Acompañaban tu canto, 
De nuestras almas encanto 
Y envidia del ruiseñor. 



i Ai ! . . . .Esa luna lánguida y luciente 
Que de Madrid en el hermoso prado 
Arrebató tu mente 
A la orilla del Bétis encantado: 
Brilla en esta región de artes y amores, 
Tan hechicera y blanda y deliciosa, 

Y por estos alcores 

•Eesbala tan lasciva y vaporosa, 
Que parece la reina de este cielo 

Y la Diosa del mar de las Sitenas, 

Y el numen que da al suelo 

De Parténope vida á manos llenas. 

De la corona del Vesubio ardiente 
Aparece magnífico topacio : 
Luego es resplandeciente 
Bajel de plata en el inmenso espacio. 

Y al trasmontar la cumbre deliciosa 
De Pausilipo, el monte de las flores, 
Es virgen pudorosa 

Que huye de los profano» amadores. 

Y cuando en zenit campea 

Y platea 

Este delicioso Edén, 

Y orna con leves encajes 
De celajes 

Su reverberante sien ; 

Entre su argentina llama 
Derrama 
Tal hechizo y tal vapor, 

Que se convierte este suelo 
En un cielo 
De delicias y de amor. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 409 

El aura es todo ambrosía, 

Y de hechicera armonía 
Las brisas cargadas van. 

Que aquí es armónico el viento, 
De la mar el ronco acento, 

Y hasta el rugir del volcan. 



Mas, no imagines, no, caro Zorrilla, 
Que mi mente embriagada \ 

Y mi alma enajenada 

Se olviden de Madrid y de Sevilla. 

Jamas. — Cuando reposo entre las flores 
De mágicos jardines, 
O en plácidos festines 
Miro bullir bellezas y amadores ; 

Torno al disco de plata refulgente, 
De lágrimas preñados 
Los ojos arrasados. 
Envidiando su marcha al occidente. 

Y al encanto de Ñapóles, la espalda 
Volviendo desdeñoso. 
Miro á la luna, ansioso. 
Que va á darle su luz á la Giralda. 

¡ Ai ! si á mis ojos míseros en ella. 
Por fuerza prodigiosa , 
De mi mirada ansiosa 
Les fuera dado el estampar la huella ! 

Tú solo, con tu ingenio soberano 
Descifrarla sabrías, 

Y en sus trazos leerías 

Cuánto anhelo estrechar tu amiga mano ; 

Cuánto las prendas apretar al seno, 
Que por mi ausencia lloran, 

Y sin mí, tristes moran 

Del Bétis patrio en el contorno ameno. 

52 



410 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 

Y ¿ qué encantos jamas habrá bastantes, 
Ni circes, ni sirenas. 
Que consuelen mis penas. 
Donde no suena el habla de Cervantes '.' 

Ángel de Saavedra, 

(Dugice de Rivas.) 



EL OMBÜ. 

A FÉLIX FRIA8, EN SOLIVIA. 



En el Ombú que ha, brotado 
Con el germen de mi mente, 
Estas letras he grabado : 

" A Fklix, que no ha olvidado 
Su Patria : su amigo ausente." 

(Jada comarca en la tierra 
Tiene un rasgo prominente, 
El Brasil, su sol ardiente, 
Minas de plata, el Perú ; 
Montevideo, su Cerro, 
Buenos Aires, — Patria hermosa, — 
Tiene su pampa grandiosa ; 
La Pampa tiene el Ombú. 

Esa llanura extendida, 
Inmenso piélago verde. 
Donde la vista se pierde 
Sin tener donde posar ; 
Es la Pampa misteriosa 
Todavía para el hombre. 
Que á una raza da su nombre 
Que nadie pudo domar. 



No tiene grandes raudales 
Que fecunden sus entrañas ; 
Pero lagos y espadañas 
Inundan toda su faz, 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 411 

Que dan paja para el rancho, 
Para el vestido dan pieles, 
Agua dan á los corceles 

Y guarida á la torcaz. 

Su gran nsanto de esmeralda 
Esmaltan modestas flores 
De aromáticos olores 

Y de risueño matiz — 
El bibi, los macachines. 
El trébol, la margarita, 
Mezclan su aroma exquisita 
Sobre el lucido tapiz. 

No tiene bosques frondosos 
Ni las aves que hai en ellos ; 
Pero sí pájaros bellos. 
Hijos de la soledad ; 
Que siendo únicos testigos 
Del que habita esas regiones 
Adivinan sus pasiones 

Y acompañan su orfandad. 

Así, nuncio de la muerte. 
Es el cuervo ó el carancho ; — 
Si la peste amaga el rancho 
Sobre el techo el buho está ; — 

Y meciéndose en las nubes 

Y el desierto dominando, 
Las horas está contando, 
El vigilante yajá. 

No hai allí bosques frondosos, 
Pero alguna vez asoma 
En la cumbre de una loma 
Que se alcanza á divisar, 
El ombú, solemne, aislado. 
De gallarda airosa planta. 
Que á las nubes se levanta 
Como faro de aquel mar. 

El ombú ! — ^Ninguno sabe 
En qué tiempo, ni qué mano 
En el centro de aquel llano 
Su semilla derramó. 



412 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Mas su tronco tan nudoso, 
Su corteza tan roida, 
Bien indican que su vida 
Cien inviernos resistió. 

Al mirar como derrama 
Su raiz sobre la tierra, 

Y sus dientes allí entierra, 
Y. se afirma con afán ; 
Parece que alguien le dijo 
Cuando se alzaba altanero : 
Ten cuidado del Pampero, 
Que es tremendo suburacan. 

Puesto en medio del desierto, 
El ombú, como un amigo. 
Presta á todos el abrigo 
De sus ramas con amor : 
Hace techo de sus hojas 
Que no filtra el aguacero, 

Y á su sombra el sol de Enero 
Templa el rayo abrasador. 

Cual museo de la Pampa, 
Muchas razas él cobija; 
La rastrera lagartija 
Hace cuevas á su pié. 
Todo pájaro hace nido 
Del gigante en la cabeza ; 

Y un enjambre en su corteza. 
De insectos varios se vé. 

Y al teñir la aurora el cielo 
De rubí, topacio y oro, 
De allí sube á Dios el coro 
Que le entona al despertar 
Esa Pampa, mistei'iosa 
Todavía para el hombre, 
Que á una raza da su nombre 
Que nadie pudo domar. 

Desde esa turba salvaje 
Que en las llanuras se oculta 
Hasta la porción mas culta 
De la humana sociedad ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 41í 

Como un linde está la Pampa, 
Sus dominios dividiendo 
Que va el bárbaro cediendo 
Palmo á palmo á la ciudad. 

Y el rasgo mas prominente 
De esa tierra donde mora 
El salvaje que no adora 
Otro Dios que el Valichú ; 
Que en chamal y poncho envuelto, 
Con los laques en la mano 
Va sembrando por el llano 
Mudo horror, es el ombú. (1) 

i Cuánta escena vio en silencio ! 
¡ Cuántas voces ha escuchado 
Que en sus hojas ha guardado 
Con eterna lealtad ! 
El estrépito de guerra 
Su quietud ha interrumpido ; 
A su pié se ha combatido 
Por amor y libertad. 

En su tronco se leen cifras, 
Grabadas con el cuchillo. 
Quizá por algún caudillo 
Que á los indios venció allí, 
¡ Por uno de esos valientes 
Dignos de fama y de gloria, 
Y que no dejan memoria 
Porque nacieron aquí !.... 

A su sombra melancólica 
En una noche serena 
Amorosa cantilena 
Tal vez un gaucho cantó ; 

1 Los pampas y casi todas nuestras tribus indíjenas, envuelven 
el cuerpo en una manta de lana desde la cintura hasta las pantorri- 
lias que llaman: — chamal — ¡vestido que han adoptado nuestros 
gauchos bajo el conocido nombre de chiripá. También han adoptado 
estos las bolas, arma de caza y guerra cuyo nombre indíjena, es : 
laques. — Creo que el lenguaje poético debe preferir las palabras cha- 
■mal y laques ; lo mismo que la acentuación que he usado en la pala- 
bra que vulgarmente se Rronuncia gualichú 6 valichú. 



414 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Y tan tierna su guitarra 
Acompañó sus congojas, 

Que el ombú de entre sus hojas 
Tomó rocío y lloró. 

Sobre su tronco sentado 
El señor de aquella tierra 
'' De 8U ganado la hierra 

Presencia alegre tal vez ; 
O tomando el matecito 
Bajo sus ramos frondosos, 
Pone paz á dos esposos 
O en las carreras es juez. 

A su pié trazan sus planes, 
Haciendo círculo al fuego, 
Los que van á salir luego 
A correr el avestruz 

Y quizá para recuerdo 

De que allí murió un cristiano, 
Levan,tó piadosa mano 
Bajo su copa una cruz. 

Y si en pos de amai-ga ausencia 
Vuelve el gaucho á su partido. 
Echa penas al olvido 
CjUando alcanza k divisar 
El ombú, solemne, aislado, 
De gallarda, airosa planta, * 
Que á las nubes se levanta 
Como faro de aquél mar. 

Luis L. Domínguez. 



LAS CLARAS. 



Hai un humilde convento 
Allá donde el Guaire corre, 
Sin atrio, dombo ni torre, 
Ni columnas ni artesón ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 415 

Cuanto tiene es una nave 
Con unas aras sencillas, 

Y apenas tres campanillas 
Que llaman ala oración. 

Yo vi los templos suntuosos 
A que da el mundo la palma ; 

Y para herir en mi alma, 
Como aquel, ninguno vi. 

i Oh santas Claras ! ,• oh himnos ' 
; Oh sollozador salterio ! 
Vírgenes del monasterio, 
Bogad hoi, rogad por mí. 



Ya va á apuntar la mañana ; 
Aun cubre la niebla el valle, 
En la solitaria calle 
Apena un bulto se ve . 
Y excepto el tintín sonoro 
Que le encamina al convento, 
Mas rumor no turba el viento 
Que el retumbo de su pié. 

¡ A misa ! Los gallos cantan 

¡ Qué cielo ! ¡ qué albor ! ; qué ambiente ! 

Aquí otro paso se siente, 

Otra puerta cruje allí. 

¡ A misa ! j Ya reza el claustro, 

De hinojos ante las aras ! 

i Qué encanto, qué paz ! — ¡ Oh Claras, 

Rogad hoi, rogad por mí ! 



i Qué bulliciosas y alegres 
Las campanillas vocean! 
Damasco y gasas ondean. 
Bulle galano tropel ; 
Alfombran vividas flores 
Templo y entoldada estancia, 
Y trasciende la fragancia 
De la pésjua y el clavel. 



41G POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

¡La Octava ! En nubes de incienso 
Ya el áureo palio fulgece, 

Y ufano marcha y se mece 
Con su pompa carmesí. 

¡ La Octava ! Ya el aire asordan 

Repiques, música y canto, 

•■ ¡ Oh, almas del cenobio santo, 

Eogad hoi, rogad por mí ! 

Hoi que, errante y solitario, 
Fiero el destino me amaga 
, De la nave que naufraga 
Lejos del ijuerto natal ; 
¿ A quién deberé un i'ecuerdo, 
Si me hundiere como ella. 
De que ni sombra ni huella 
Guarda el abismo fatal ? 

Mas vosotras, santas Claras, 
Si á vuestra clausura os lleva 
Por caso el viento la nueva 
De que en mi término di ; 
Al saber que ya por siempre 
Duermo en remotas orillas. 
Sonad vuestras campanillas, 

Y rezad, rezad por mí. 

JosE Antonio Oalcaño. 



EL ARTISTA Y Li GLORIA. 



EL ARTISTA. 

¿ Quién eres, bella matrona, 
Que en tu trono rutilante 
Con placentero semblante 
Me ofreces una corona ? 
¿ Quién eres, que de la escoria 
Quieres levantarme, di ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICAx\OS. 417 



LA GLOmA. ' 

Quién se desvela por tí : 
Soi una diosa ¡La Gloria ! 

EL ARTISTA. 

¡ La Gloria tú ! ¡ Te bendigo ! 
Eres el bien por quien clamo. 
¡ La Gloria tú ! Yo te amo, 

Y anhelo ir siempre contigo. 
Pero ¿ qué ofusca mi vista 

Y acercarme á tí me impide ? 

LA GLORIA. 

Es el fulgor que despide 
La corona del artista. 

EL ARTISTA. 

¡ Qué hermosa ! ; Cuánto la adoro ! 

Tiéndeme presto tu mano 

Déjame gozar ufano 
Con mis ensueños de oro. 
¿ Cuándo esas hojas divinas 
Ceñirán mi frente, oh Diosa ? 

LA GLORIA. 

Joven ¡ Si es linda la rosa, 

Punzantes son sus espinas. 

EL ARTISTA. 

¿ Qué quieres decir, ¡ ai triste ! 
Que me esperan largos años 
De lucha y de desengaños?..-—. 
¿ Por qué, cruel, encendiste 
La fe del arte en mi alma, 
Si tu estrella no me guia ? 

LA GLORIA. 

Joven, trabaja y confia-, .. 
¡Tras del martirio, la palma ! 
53 



418 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



EL ARTISTA. 

¡ Ai Dios ! Bien comprendo ahora 
Tus palabras engañosas : 
Espinas en vez de rosas 
Encuentra en tí el que te adora. 
¡ No habrá premio en este suelo 
Al afán que mi alma encierra ! 

LA GLORIA. 

Sufre ¡El que sufre en la tierra 

Va aproximándose al cielo ! 



EL ARTISTA. 

¡ Diosa, ya mi pió camina 
Pisando tristes abrojos ! 
Si un dia pueden mis ojos 
De esa luz que me fascina 
Contemplar el puro brillo, 
¿ Qué alcanzaré ? ¿ Qué me espera ? . 



LA GLORIA. 



¡ La corona de Rivera, 
De Velazquez, de Blurillo .' 

Remigio Caula. 



CANCIÓN DEL RUISEÑOR. 



Pasan de Mayo las flores, 
Con ellas va la esperanza, 
Y apenas la mente alcanza 
Voz lejana de placer ; 
Que al tornar los turbios ojos 
Al campo de la memoria, 
Solo encontramos la gloria 
Entre las sombras de ayer. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 419 

Trovador de los pesares, 
Que te fingiste ventura, 
Paz, abandono y ternura 
En las músicas de Abril ; 
Ven á escuchar mis acentos ; 
Porque yo como tú lloro, 
También yo una sombra adoro, 
Que fué orgullo del pensil. 

Yo suspiré en la enramada 
Dulces ansias ala rosa, 

Y abrió su cáliz la hermosa 
Para escuchar mi canción ; 

Y la luna desde el cielo 
Con luz amante bañaba 
Su frente que arrebolaba 
La esperanza y la ilusión. 

Y yo entre sueños perdido 
De fantásticos amores. 
Aspiraba los olores, 
De su seno celestial ; 

Y entre las frágiles alas 
Del aura de Mayo tierna, 
Visiones de gloria eterna 
Miró el alma virginal. 

Mas ai ! que el sol del estío 
Mi esperanza peregrina ^ 

De la rosa purpurina 
En el cáliz agotó ; 

Y una á una con sus hojas 
Volaron mis ilusiones, 

Y de mis tiernas canciones 
Solo un eco, me quedó. 

Un eco triste y confuso 
Que el campo de la amargura -^ 
Encanta con la ventura 
Del desvanecido bien ; 

Y que en las cuerdas se mece 
Del arpa de los pesares, 

Al reflejar sus cantares 
Las músicas del Edén. 



420 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Ven á mí, triste poeta, 
Arroja el arpa de oro, 
Déjala al pié del tesoro 
Que halagó tu juventud ; 
Que de tu amor los ensueños 
Con mis ensueños volaron, 
^ Y otro bien no nos dejaron 

Que un ciprés y un ataúd. 

Ai ! la fe pasa y la ilusión se pierde : 
Por lo de ayer el corazón suspira : 
Cae de los campos la corona verde : 
¡ Lágrimas solo quedan á la lira ! ! 

Calló la voz del ruiseñor, y el alma 
Dejó 8U8 flores en la playa oscura, 
Su porvenir y su amorosa palma, 

Y su corona de inmortal verdura. 

Oh ! nunca, nunca, Abril esplendoroso. 
Me traerás con tus pájaros gentiles 
De lo pasado el campo venturoso, 
La flor de mis creencias juveniles. 

Volará la felice primavera 
Sin que un suspiro mió la acompañe. 
Sin que furtiva lágrima siquiera 
La palidez de mi semblante bañe. 

Que no de Mayo en el feliz retoño 
El término hallaré de mis congojas, 

Y al soplar de los vientos del otoño 
Veré volar las macilentas hojas. 

Y cuando el alma en su dolor recuerde 
Del corazón las ñores esparcidas, 
Yo cantaré el encanto que se pierde, 
Como^e cantado imágenes perdidas. 

Henrique Gil. 



POETAS BSPAfíOLBS Y AMERICANOS. 421 



ÜN DESEO. 



Ai ! quien fuera cual tú, dulce arroyuelo,' 
De linfas trasparentes ! 
Dióte benigno el cielo, 
Pureza, canto, amor, maneas corrientes. 

Rafael María Baralt. 



GRACIAS. 

Si después que yo muera 
Al hogar de un amigo 
Mi huérfana infeliz y pordiosera 
Llega implorando protección y abrigo ; 

Y albergue hospitalario 
Encuentra en sus desgracias, 
Yo saldré del sepulcro solitario 
Y al buen amigo le daré las gracias. 

Juan Clemente Zenea. 



A LA LUNA 



¡ Oh, solitaria luna que vagando 

Por el inmenso cielo 
Vas tus lánguidos rayos derramando 

Sobre el dormido suelo ! 

Tú que ves del amante la fortuna 

Y aumentas el delirio ; 
O, bien, cuando aquejándote importuna. 

Suspendes el martirio ; 



422 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

Dime si contemplándote está ahora 

La dulce prenda mia, 

Si suspira por mí, si por mí llora, 

Y si mi vuelta ansia. 

* 

Tal vez su soledad triste lamenta, 
;. Y revuelve en su mente 

La dicha ya pasada que atormenta 

Como el dolor presente. 
i Aspira con deleite el rico aroma 

Del jazmín, ó lo olvida ? 
i Riega su tronco, sus estrellas toma, 

Por ser mi flor querida ? 

Tu disco instable con callados giros 

De luz y plata lleno 
Alejándose va de mis suspiros 

Por el cielo sereno. 

Tal iba, cuando viste á mi adorada 

A su seno estrecharme, 
Yjurándome amor coa voz turbada 

Sus ojos ocultarme. • 
Si entonces tu carrera no dejaste. 

No detengas tu vuelo ; 
Que no hai ventura que á pararlo baste 

En el mezquino suelo. 

Juan Floran. 



A LA SESORA 

DOÑA JOSlifA N. m MTEVMDi . 

QUE PERDIÓ LA SU FIJA E A POCO LA SU MADRE. 

Fermosa é garrida la vide risueña, 
Me plugo mirarla, ca daba plascer, 
E agora non quiero mirar á la nieña 
Sin luz en los ojos é blanca la tez. 

El físico andaba tratando acucioso 
Salvar la su vida, calmar su dolor. 
En vano la ciencia consulta afano.so 
Maguer que es tan bueno é atan sabidor. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 423 

Oh ! cuánto sofriera la nieña polida, 
Tan dulce, tan pura, é atan infeliz, 
Sintiendo del cuerpo fugirle la vida, 
E acaso plorando dejar el vivir. 

La madre, cubierta de grand tribulanza 
Nin gime nin plora : la mata el dolor. 
Ve, Virgen María, la su malandanza 
Ca es madre, Señiorg,, é mucho sofrió. 

Sidístele fijos que hondraran su casa, 
E alegre tornaran su triste viudez, 
Se van uno á uno ; su duelo non pasa. 
Ni enjutos sus ojos lográranae ver. 

Miralda acoitada por duelos prolijos, 
Sin fija é sin madre ; medid su dolor 
E cuántos plorasteis por padres ó fijos, 
Consuelos ó preces yuntad á mia voz. 

¿ Sabedes qué fija la madre perdiera ? 
¿ Sabedes qué madre la vino á dejar ? 
La fija mas dulce que madre tuviera : 
La madre mas santa que hobiera jamas. 

Levarte quisiera consuelos, seniora. 
Non era mia fija ; la ploro maguer 
E todas las madres demandan esora 
A Dios que consuelo é amparo te dé. 

Un tiempo en mia casa, polida é risueña 
También foé una nieña de mucha beldad, 
E á cada vegada que muere otra nieña 
Tendida en su lecho la torno á mirar. 

Sénior, á la vibda cobija en tu manto, 
Ca nadie á tus puertas en vano clamó. 
Sénior ¿ fasta cuándo ? Sus ojos sin llanto 
Ha mucho que nunca la triste miró, 

Benito Esteller. 



424 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



LA DESPEDIDA DE SILVIA. 



Venzamos la tiranía 
Del tiempo y de la distancia 
Con la invencible constaneia 
Del lazo que nos unió. 

Ya llegó el instante, fiero, 
Silvia, de mi despedida, 
Que ya anuncia mi partida 
Con estrépito el cañón : 
A darte el adiós postrero 
Llega ya tu tierno amante, 
Lleno de llanto el semblante 

Y de angustia el corazón. 

Llega tú, objeto divino, 
Tiéndeme los brazos bellos, 
Que si logro yo que en ellos 
Dulce acogida me des ; 
No conseguirá el destino 
El golpe que quiere darme, 
Porque antes de separarme 
Me verá muerto á tus pies. 

i Oh ! si las pasiones nuestras 
Tuvieran igual violencia. 
El dolor de nuestra ausencia 
Se partiera entre los dos : 
Mas tú un semblante me muestras 
Indiferente ó contento. 
Cuando yo no tengo aliento 
Ni para decirte adiós. 

Murmurando un manso rio 
Baña el prado con sosiego, 

Y por fruto de su riego 
Bellas flores ve brotar ; 
Tú en silencio, llanto mió, 
Mi afligido pecho bañas, 

Y de Silvia las entrañas 
No consigues ablandar. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 425 

¿Mas qué dices, Silvia mia, 
Con ese tierno suspiro ? 
¿Por qué entre lágrimas miro 
Tus ojos resplandecer ? 
Cual nube que en claro diu 
Opuesta al sol se deshace, 

Y el sol con sus rayos hace 
Brillar el agua al caer. 

¿ En mí los lánguidos ojos 
Fijas con tanta ternura ? 
¿ Sin faltarle la hermosura 
Falta á tu rostro el color ? 
¿ Vas á abrir los labios rojos, 

Y el sentimiento los sella ? 

¡ Que en ti haya de ser tan bella 
Aun la imagen del dolor ! 

¡ Insensato ! yo pensaba 
Que la amarga pena mia 
Algún alivio tendria 
Si tú penaras también : 
Al error que me engañaba 
Concede, Silvia, el perdón : 
Ya 'siento mas tu aflicción. 
Que antes sentí tu desden. 

Bien mió, por Dios te ruego, 
Serena el triste quebranto ; 
No vale tan bello llanto 
Cuánto el mundo encierra en sí : 
Pasen por tí con sosiego 
De amor las horas serenas, 

Y aquellas de angustia llenas 
Que se detengan en mí. 

En mí, miserable y triste, 
Por el cielo destinado 
Para soportar del hado 
La bárbara crueldad : 
No en tí, que hermosa naciste 
Llena de un poder divino 
Para tener el destino 
Sujeto á tu voluntad. 
54 



426 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Por él tendrás el consuelo, 
Mientras que mi ausencia llores, 
De encontrar mil amadores 
Mas de tu gusto que yo : 
Otro, á quien dispense el cielo 
La fortuna de agradarte ; 
t Pero otro, que sepa amarte 

Como yo te amo, eso no. 

No me enamoró tu trato. 
Ni tu semblante perfecto , 
Sino un simpático afecto, 
Que tal vez nací con él : 
Yo me figuré un retrato 
De las gracias verdaderas, 

Y conocí que tú eras 
El original de aquel. 

No suele en tierra caido 
Tan turbado é indeciso 
A un relámpago improviso 
El caminante quedar ; 
Como yo de amor perdido 
Al mirar tu bello rostro, 

Y luego á tus pies me postro, 

Y te adoro á mi pesar. 

Mas yo parto.. . ¡ ai Dios ¡ mis penas 
En la explicación no caben ; 
Los cielos solo las saben, 
Que el fondo del alma ven, 

Y vieron las horas llenas 
De deliciosos recreos. 
Que colmaron mis deseos 
En los brazos de mi bien. 

Ya las aguas blandamente 
Mueve afable ventolina, 

Y de la gente marina 
Se oye la confusa voz : 

Ya del ancla el corvo diente 
Del fondo tenaz retiran : 
Todos á darme conspiran 
Una muerte mas veloz. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 427 

Ya con planta vacilante 
Piso la débil barquilla, 
Pronta á abandonar la orilla, 

Y llevarme al gran bajel. 
Silvia, á ta infeliz amante, 
En los últimos momentos, 

; Qué funestos pensamientos 
No le asaltan de tropel ! 

Conozco el dulce desquite 
Con que pagas mis ternezas, 
Se me acuerdan tus finezas, 
Tu cariño bien lo sé : 
No hai prueba que no acredite 
Tu pasión en-mi presencia ; 
¿Pero quién sabe en la ausencia, 
Si sabrás guardarme fe ! • . 

Ese atractivo divino. 
De mi sumo bien origen, 
Tal vez los hados lo eligen 
Por principio dé mi mal : 

Y mientras yo, ausente y fino, 
Mi perdida prenda lloro, 

Los encantos que yo adoro 
Gozará un feliz rival. 

No, mi bien : no, gloria mia : 
¡ Oh ! no se lleven los vientos 
Esos tiernos juramentos 
Que el universo envidió : 
" Venzamos la tiranía 
Del tiempo y de la distancia 
Con la invariable constancia 
Del lazo que nos unió." 

Al salir el sol brillante, 
Al poner sus luces bellas, 
Al nacer luna y estrellas 
Estaré pensando en tí : 
No me apartaré un instante 
De esta idea encantadora ; 

Y tú entretanto, traidora, 
Ni te acordarás de mi, 



428 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 

A solas mi pensamiento 
Engolfado en esos mares, 
Eepasará los lugares 
Donde contigo me vi : 
Entonces mi sentimiento 
Hará sensibles los bronces ; 
•■ Tú, mas que ellos dura, entonces 

Ni te acordarás de mí. 

Aqui vi sus perfecciones ; 
Allá la juré mi dueño ; 
Allí con labio halagüeño 
Me dio el venturoso sí : 
Tal vez estas reflexiones 
Harán que el dolor me acabe : 

Y tú entretanto ¿ quién sabe 
Si te acordarás de mí ! 

Llamaré instante de gloria 
Aquel en que vi tu gracia, 

Y origen de mi desgracia 
El punto en que la perdí : 
Mil veces esta memoria 
Me hará renovar el llanto ; 

Y tú ¿quién sabe entretanto 
Si te acordarás de mí ! 

Cuando solo se estén viendo 
En el cielo las señales 
Con que asusta á los mortales 
El supremo Criador ; 
Oyese el tronar horrendo 
En las cavernas mas hondas ; 

Y del mar las turbias ondas 
Se levanten con furor ; 

Cuando impelido del Noto 
El soberbio mar Tirreno 
Quiera desde su hondo seno 
Las estrellas asaltar ; 

Y emplee el triste piloto, 

En vez de la ciencia, el ruego, 
Viendo ser su nave el juego 
De la cólera del mar ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 429 

Entre los roncos clamores 
De gente que atribulada 
Ante sus ojos la espada 
De la muerte ve lucir : 
Yo haré que de mis amores 
Tan negro horror se despida, 
Y ; adiós, Silvia de mi vida ! 
Se oirá en los vientos gemir. 

Juan Bautista de Arriaza. 



LA PALMA BEL BKIERTO. 



Palma altiva y solitaria 
Que en los bosques te presentas, 
O en agreste falda ostentas, 
Tu gigante elevación ; 
Ese ruido misterioso 
Que se escucha en tu ramaje, 
¿ Es acaso tu lenguaje. 
Es tu idioma, es tu expresión ? 

Respondes, quizá, y no entiendo 
Tu respuesta, palma bella. 
Por mas que quisiera en ella 
Lo que dices comprender ; 
Mas yo escucho tu murmullo, 
Y que tú me hablas sospecho. 
¡ Ai, no puedo satisfecho 
Tus palabras entender ! 

De tus abanicos verdes, 
Por el céfiro movidos. 
Los misteriosos sonidos / 

Creo que palabras son. 
Porque ¿ qué es la voz humana. 
Si palabras articula, 
Sino el aire que modula 
El hombre con precisión 1 



430 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Si él expresa en sus palabras 
Ideas y pensamientos, 
¿ Quién sabe si tus acentos 
Ideas no son también ? 
i Ideas que tú á tu modo 
Expresas en tu lenguaje 
Modulando en tu ramaje 
El aire con tu vaivén ? 

Pero sea lo que fuere, 
Básteme á mí para amarte, 
Tan gallarda contemplarte, 
Tan altiva y tan gentil ; 
Más, sabiendo que á las naves 
Do truena el bronce horadado, 
Jamas una tabla has dado 
Ni á una lanza duro astil. 

Por tí ningún pueblo Hora 
Los males de la conquista ; 
Ninguno se halla en la lista 
De los esclavos por tí. 
Al contrario, al hombre enseñas 
Que el primer bien de la vida 
Es buscar una querida 
Cuando tú lo haces así. 

En vano la primavera 
De flores el campo inunda, 
Tu cáliz no se fecunda 
Si compañera no ves ; 
Pero si otra copa erguirse 
Divisas á la distancia, 
Racimos en abundancia 
Se desgajan á tus pies. 

Alzarse graciosa he visto 
Mas que el pino tu cabeza, 
y ostentar su gentileza 
A orillas del Paraná. 
He visto al añoso cedro 
Dominar la selva ufano, 
Y me ha parecido enano 
Siempre que á tu lado está. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 431 

Si las aves del desierto 
En tu copa hacen su nido, 
Jamas al pichón querido 
Tu altura le ha sido infiel ; 
Cuando sin alas, implume, 
lío puede arrojarse al viento, 
Entre tus ramas contento 
No teme un asalto cruel. 

Ah ! si en ardorosa siesta 
Me das tu sombra propicia, 

Y el cefirillo acaricia 
Tu verde copa al pasar ; 

; Cuan dulce, cuan delicioso 
Es quedarme allí dormido, 
Al son del blando gemido 
Que repites sin cesar ! 

En tí la imagen admiro 
Del ángel que es mi tesoro, 
De la bella que yo adoro 
Tú me das la copia fiel. 
En ese tallo gallardo 
Con que se engalana el valle, 
De su delicado talle 
La redondez veo en él. 

La fragancia de tus flores, 
El aroma es de su aliento. 
Que al acercarme á ella siento « 

Perfumar su alrededor ; 

Y embriagado al aspirarlo 
Es tan dulce su inceiítivo. 
Que si entonces sé que vivo 
Es porque muero de amor. 

Cada ramo de tu copa 
Que sombrea el tronco bello, 
Un rizo es de su cabello 
Que el cuello viene á sombrear. 

Y los racimos do escondes 
Linda palma tu simiente , 
El blanco pecho turgente 
Me parecen diseñar. 



432 POETAS ESPAÑOLES Y AMERIOAJNIOS, 

Ojalá que un siglo entero 
Te mire verde y frondosa, 
Ojalá que majestuosa 
Tu tronco eleves galau ; 
Sin que roedor gusano 
Haga de horadarlo ensayo ; 
Sin que lo consuma el rayo 
Ni lo quiebre el huracán. 

Otra fortuna no envidio 
Que descansar á tu sombra, 
Bajo la olorosa alfombra 
• De trébol que hai á tu pié ; 

No importa que sepultura 
En la bella patria mia 
Me niegue la tiranía 
Con tal que á tu sombra esté. 



Juan Godoy. 



ÍS m LA BIBLIA. 



Yo he leido ese libro misterioso 
Que el polvo de los siglos no ha borrado ; 
Del profeta y del ángel he escuchado, 
De nube en nube resbalar la voz. 

He asistido al festiu de las ciudades ; 

Y de BUS copas al hirviente ruido 
He escuchado el horrísono chasquido 
Del fuego ardiente del furor de Dios. 

Mas ni el ángel, ni el fuego, ni el profeta, 
Han dejado un recuerdo en mi memoria, 
Como una triste y dolorosa historia 
Que vive en ese libro inmemorial. 

Es la historia de un niño que en el cielo 
Durmió el sueño primero de la vida, 

Y al abrazar una ilusión querida 
Despertó en la morada del mortal. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 433 

Mas despertó en los brazos cariñosos 
Í)e una madre tan pura y tan hermosa, 
Cual una sombra errante y vaporosa 
De los sueños de amor de un serafín. 

Cada letra del nombre de esa madre 
Es en el cielo un canto, una armonía ; 
La misma tierra al pronunciar "María " 
Exhala el blando aroma del jazmín. 

A ese nombre. Luzbel en sus abismos, 
Tiembla, ve el cielo.. . y brilla suspendida 
En su pupila cárdena, encendida 
Una lágrima hirviente de dolor. 

Porque ese nombre lo llevó en el mundo 
Una mujer que alimentó en su seno, 
Al Dios que guarda entre la nube el trueno. 
El relámpago, el rayo abrasador. 

Del sagrado Jordán las aguas puras 
De aquel niño la imagen retrataron , 
Sus playas solitarias escucharon 
El beatífico nombre de " Emmanuel." 

A'esa voz. se inclinaron con respeto 
Los árboles del bosque y las montañas ; 

Y del Jordán las olvidadas cañas 
Humillaron su rústico dosel. 

Aquel niño creció.. .. Mas unos hombres 
Le escupieron el rostro y le mofaron, 

Y en sus hombros sagrados colocaron 
Una pesada y vergonzosa cruz. 

El la llevó hasta el Gólgota bendito, 

Y en ella con furor le suspendieron, 

Y de espinas, sacrilegos, ciñeron 

La sien del Genio que formó la luz 



Su madre estaba allí y en su abandono 

La salpicó la sangre del Calvario 

¿ Quién enjugó sus llantos ? — El Sudario, 

Prenda de amor del hijo que perdió 

55 



434 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Su madre estaba allí Flor solitaria 

Que brota en la maleza del desierto, 
Y solo el cierzo dé la noche, yerto, 
Su corola olvidada columpió. 

Sí, niel ángel, ni el santo, ni el profeta. 
Han dejado un recuerdo en mi memoria. 
Como la* triste y dolorosa historia 
Que vive en ese libro inmemorial. 

Los siglos rugirán sobre las torres 
Que levanta á las nubes el orgullo ; 
Mas su potente y colosal murmullo 
Kespetará esa página inmortal. 



A. Lozano. 



ODA ANDALUZA. 



Venturoso el mortal que no calcula 

Lo que hai detras, cuando esperanza adula, 

Dándole buenos ratos 
Su mente ; y al raudal con que lo incita 
De gustosa ilusión, se precipita. 

Diciendo : al agua patos. 

Sin tener mas camisa que la puesta, 
¡ Cuan feliz el que duerme larga siesta, 

Y contando las vigas. 
Después bosteza, y echa su cigarro, 

Y á la margen del Bétis ó del Darro 

Se va á matar hormigas ! 

¡Feliz, quien sin pueriles aprensiones 
Se está desde las diez hasta oraciones 

Con los brazos cruzados ! 
El buscar qué comer no le fatiga, 

Y si no hai mas, se llena la barriga 

De garbanzos tostados. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 435 

Pasau por cima carros y carretas, 

Y él se mantiene con sus manos quietas 

Mas dulce que una malva ; 
Pero si se le atufa el ventisquero, 
Le dirá las verdades del barquero 

Al lucero del alba. 

Ni útU labor, ni plan sabio y prudente, 

Molesta nunca el brío de su mente . *^ 

Y de sus manos toscas. 

Podrá hallarse sin blanca en arduo empeño, 
El hambre podrá entrarle ó bien el sueño, 
Pero no le entran moscas. 

Sufre impávido á veces que un mocoso, 
Ya con semblante serio, ya jocoso, 

Le ponga colorado ; 
Mas de repente vuélvese con furia. 
Cuando oyendo el acento de la injuria 

Se le ahuma el pescado. 

Unas veces depone la faz ruda, 

Y ya á la dama, ya al galán saluda ' 

Con mui atentos modos : 
Otras, de su valor envanecido, 
Arroja en el concurso enmudecido 

La de Cristo con todos. 

Vedle ! cuchillo en mano, y cómo ajusta 
El diestro golpe, y al contrario asusta, 

Y cómo el brazo tercia, '^ 
Hasta que se le arroja sin empacho, 

Y le sopla en la bolsa del gazpacho 

Dos mojadas de á tercia. 

José Joaquín de Mora, 



436 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



EL SUEÑO IMPORTUNO. 



No vengas, dulce sombra 
De mi adorado dueño, 
A hermosear mi sueño 
Para volar con él : 

Mi labio i ai Dios ! te nombra 
Pero despierto, y pago 
Caro el fugaz halago 
Con un dolor cruel. 

Ponga la noche al menos 
Tregua á las ansias mias ; 
Y pues me sobran dias 
Para apurar su hiél ; 

No vengas, dulce sombra 
De mi adorado dueño, 
A hermosear mi sueiío 
Para volar con é¡. 

Muerte es la negra noche. 
Muere del sol el rayo. 
Ceden á igual desmayo 
Campo, avecilla y flor ; 

Y hallo en tan vasto luto 
El infeliz consuelo 
De ver el mundo en duelo 
Como lo está mi amor. 

Si él á oprimir bastare 
Mi párpado un momento. 
El velador tormento 
Siendo un momento infiel ; 

No vengas, dulce sombra 
De mi adorado dueño, 
A hermosear mi sueño 
Para volar con él. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 437 

Cuando ea la amarga lucha 
De mi tenaz congoja 
Sobre el cojín se arroja 
Mi acalorada sien ; 

Este el postrer suspiro 
Es, y la postrer gota. 
Que de mis ojos brota 
Para el ingrato bien. 

No anhelo sueño entonces, 
Sino mortal letargo ; 
Mas ai ! que el llanto amargo 
Vuelve á mis ojos fiel ; 

Tras la implacable sombra 
De mi adorado dueño 
Que hermoseó mi sueño 
Para volar con él. 

No soi de los felices, 
A quienes blando el sueño 
Suele volver risueño 
Dichas que les robó ; 

A mí un sopor terrible 
Lígame en férreos lazos, 
Para arrojarme en brazos 
Del ansia en que me halló. 

Para espirar soñando, 
Sin despertar muriendo. 
De tanto espectro horrendo 
Entre el feroz tropel ; 

No vengas, dulce sombra 
De mi adorado dueño, 
A hermosear mi sueño 
Para volar con él. 

Sé fielá mis desdichas, 
O sueño, en tus delirios, 
Píntame los martirios 
De mi constante fe ; 



438 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

Píntame los rigores, 
O la cruel cadena 
A que ella mo condena 
Cuando á sus pies me ve. 

Mas si, en mi mal piadoso, 

Vas á pintarla humana 

Mientes, que ella es tirana : 
Rompe el falaz pincel ; 

Y huyala amable sombra 
De mi adorado dueño 
De hermosear mi sueño 
Para volar con él. 

Juan Bautista de Arriaza. 



A LA LUNA. 



Bien venida, viajera nocturna, 
Silenciosa en tu lánguido vuelo, 
Bien venida, y derrama un consuelo 
En mi triste, fatal corazón. 
Haz que baje en tus rayos tranquilos 
De mi madre el espíritu amante, 
Aunque brille y se borre al instante 
A mis ojos la dulce ilusión. 

Siempre amé tu presencia querida, 
Siempre ansié por la noche tu encanto : 
Cuando vienes, entono mi canto. 
Cuando partes, suspiro por tí. 
Es tu globo de luz blanquecino 
Claro espejo de la alta morada, 
Qu6 refleja en la noche callada 
Los encantos del bien que perdí. 

Allí está : como siempre sensible, 
Clava en mí su mirada amorosa : 
Y yo aspiro su aliento de rosa 
y yo escucho su acento vibrar. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 43^ 

Mas oh luna ! mi mente delira, 
Todo, todo lo finge el deseo, 
Que á tu pálida luz solo veo 
De las tumbas las losas blanquear. 

Y contemplo la flor solitaria 
Que brotó de un sepulcro en la orilla, 
Mustia flor que con lágrimas brilla, 
Olvidada, tristísima flor. 

Y oigo solo del ave medrosa 

El continuo, siniestro graznido. 
Del insecto en la yerba el zumbido, 

Y en el sauce del viento el rumor. 
Todo es duelo : tú sola cruzando 

Vas tranquila sin llanto ni pena 

Esa bóveda azul y serena, 

Kica alfombra del Dios inmortal. 

Y tal vez á tu lado va un ángel 
Que siguiendo tus candidas buellas. 
Te entreteje guirnaldas de estrellas 
Al compás de sü voz celestial. 

Sigue, pues ; oh viajera nocturna ! 
Silenciosa en tu lánguido vuelo, 
Sin cuidarte de mi hondo desvelo 
Ni del canto que elevo por tí ; 
Pero al menos tu lámpara eterna 
Cuelga, luna, en la noche callada. 
Esparciendo tu luz argentada 
Sobre el mármol del bien que perdí. 

Domingo Eamon Hernández . 



LOlS EÜIDOS NOCTURNOS. 

A MI AMIGO E. KIVODO. 
I. 
Dormido el mundo está : triste, importuna. 
La noche tiende su impalpable velo, 
Mientras se ve la solitaria luna. 
Globo de plata en el azul del cielo. 



440 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

i Qué acento, qué murmullo, qué sonido, 
Pasando de improviso por el lago, 
Kemeda un grito acerbo, ya un gemido, 
O bien un eco incomprensible y vago ? 

Horrible es el silencio ; pero mucho 
>■ Se angustia el corazón en duda triste, 
Cuando en la noche solitaria escucho 
El solemne rumor de cuánto existe. 

Dicen que solo el vespertino viento 
Tales voces terríficas murmura ; 
Pero, ¿ cómo remeda ese lamento ? 
¿ Cómo forma esa voz en la espesura ? 

— Oid ; no es ilusión — Alguno espira 

En honda pena, tras mortal congoja ; 

— ¿No escucháis ? — Una voz...! — Ah...! No es mentira !. 

— ¿ Qué puede ser ? — ¡ El ruido de una hoja ! 

— ¿ Una hoja que cae así levanta 

Ese grito confuso ? ¡ Qué demencia ! 

No es su roce sutil lo que me espanta 

¡ Oid la misteriosa balbucencia. . . . ! 

Es la misma por cierto, que sentía 
Cuando, niño, por ella preguntaba : 
" Es el viento, ^^ — la gente me decia — 

Y yo del viento á mi pesar temblaba. 

El hombre en su angustioso cautiverio. 
En la cárcel precaria de este mundo. 
Explica á su placer ese misterio. 
Ese rumor tristísimo y profundo. 

Mas yo que miro la silvestre palma 
Columpiarse á la luna vapotosa, 

Y busco en las angustias de mi alma, 
La sombra de la noche silenciosa ; 

Yo tengo para mí, que esos lamentos. 
Ese clamor del mundo cuando duerme, 
No es el rugir de los nocturnos vientos, 
Ni la voz del mortal que yace inerme. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 441 

II. 

En otro tiempo, la inocente vaya 
De una tropa de niños placentera 
Al recoger mariscos en la playa 
Llenaba de alborozo la ribera. 

Burlando acaso el maternal cariño 
Iba descalzo el pié, suelto el cabello, 
Mariscando también, pues era niño 
Y jugar por la playa era mui bello. 

Pendiente al brazo la mimbrosa cesta 
Con mariscos de vividos colores, 
Era el lago natal nuestra floresta, 
Sus purpurinas concbas nuestras flores. 

Y saltando do q[uier y haciendo alarde 
De aquellos dulces infantiles juegos, ' 

Mirábamos el cielo de la tarde 
Teñido de arrebol, chispeante en fuegos. 

Mas, pasaba el crepúsculo ; la alfombra 

De los luceros índicos se via 

Los niños se apiñaban en la sombra, 

La turba, sin la luz, palidecía. , 

Un momento después el son distinto 
De un clamor se escuchaba .... Era un remedo 
De humana voz. — La turba por instinto 
Al lejano clamor tenia miedo. 

— No escucháis, preguntaba, ese lamento 
¿ Q^ué puede ser 1 — Nublada su alegría, 

— No es nada! El eco del pausado viento, 

Caiia niño á otro niño respondía : 

— ¿ No es nada ese rumor ? ¿ La voz extraña 

Es solo de los vientos ? / Qué mentira ! 

; Algún Genio enemigo nos engaña .' 

; Tal vez es un fantasma que suspira ! 

— / Es verdad ! ¡ Es verdad ! — (De varios modos 
Trémulos murmuraban) y sencillos 
Echaban á correr los niños todos. 
Cual banda de espantados pajarillos. 
56 



442 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

III. 

i Tiempo feliz de plácida fortuna, 
Que ha recordado siempre el marinero 
A los rayos tranquilos de la luna, 
En las aguas inmobles de un pesquero ! 

¡La niñez ! ¡ La niñez ¡ ; Siempre, indeciso, 
Por la senda del mundo caminando, 
Descubro su risueño paraíso, 
Vuelta la vista atrás, siempre llorando ! 

Y me aplace cx'eer en mi entusiasmo 
Que sus gratas memorias pasajeras. 
Si el hombre, tras sonrisa de sarcasmo, 
Las ve no mas, cual mágicas quimeras ; 

Son verdades que alcanza en sus visiones 
La soñadora edad de la inocencia ; 
Verdades que después nuestras pasiones 
Ahogan á la par con la conciencia. 

Por eso, en las angustias de mi alma, 
Cuando escucho la brisa rumorosa 
Gimiendo solitaria en una palma 
En medio de la noche silenciosa ; 

Pienso que de sus tristes cautiverios 
Salen los Genios á volar perdidos 
Con su pompa, sus luces, sus misterios. 
Sus voces, sus quejumbres y sus ruidos. 

José E. Yepes. 



¿QÜEESAMOK? 

Dudando, Enriqueta, tu pura iaocencia 
Si amor, que aun no sientes, es dicha ó dolor. 
Pretendes que diga mi amarga experiencia 
¡ Feliz pues lo ignoras ! ¿qué cosa es amor ? 

¡ Alzad de las tumbas, y al par de la brisa 
Cruzad, bellas sombras, dejando el no ser ! 
La Estuardo, Francisca, Lucrecia, Eloisa, 
¡ Dementes sublimes ! decid, ¿ qué es querer ? 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 443 

— " Querer, un misterio," comienza la Estuardo, 
" Que á dos funde en uno, partiendo uno en dos." — 
¿ Qué son tus amores, amor de Abelardo? 
— " Infierno de dichas, y cielo sin Dios." 

" No amar, siendo amada," prosigue, " no es vida : 
No ser nunca amante ni amada, es no ser ; 
Querer, el infierno, no siendo querida : 
Mas, siendo querida, la gloria es querer." — 

¡ Perdona, oh perpetuo pudor de la historia, 
Perdona á mi musa, si evoca en tropel 
Los nombres que fueron^escándalo ó gloria : 
Cleopatra, la Caba, Teresa, Raquel ! 

Dejad los sepulcros, falange divina, 
Tomando á mi acento las formas de ser, 
Elena, Artemisa, Judith, Mesalina, 
¡ Honor ó vergüenza ! decid, ¿ qué es querer ? 

Decidme si es fiebre que el alma envenena, 
O solo un deleite que se une al pudor ; 
Semíramis, Safo, Ninon, Magdalena, 
¡ Falsarias eternas ! ¿ qué cosa es amor ? 

Teresa la santa, mas bien la divina, 
— " Amor," dice, "junta ternura y deber." 
— " Amar es," replica la vil Mesalina, 
"Hallar el descanso, cansando el placer." 

— " Amor pierde," dicen la Caba y Elena, 
" La fe y patria siempre, los goces jamás." 
— " Es," dice, gimiendo de amor Magdalena, 
" Gozar mucho, y luego llorar mucho más." — 

Y Safo, con fiebre de amor que no espera, 
— " Morir por quien se ama," prorumpe, " es querer." 
— " Es cierto," responde Lucrecia altanera : 
" Morir por quien se ama, si se ama el deber." 

— " Vivir en la mente," prosigue Artemisa, 
" De aquel que amó mucho, y amó por que sí." 
— " Vivir siempre en otro," murmura Eloisa, 
Semíramis dice:-^" Vivir ot^p en raí." 



444 POKTAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

— " ¡ Hablar con el aire !" de amor satisfecha, 
i Mal haya su boca ! prorumpe Ninon : 
"Amores sin crimen, son sueños sin fecha: 
Pasión que no afrenta, no es digna pasión." — 

¡ En fin ! ¿ halla el que ama, la gloria ó el infierno ? 
¡ Aquí las peijuras ! ¡ Las fieles aquí ! 
>■ Decidme, en resumen, lo que es ese eterno 

Deseo que miente, mintiéndose á sí. 

— "¡Morir!" dice Safo. Francisca— "¡ el incesto !" 
Teresa — " ¡ aquel místico amor del amor !" 
Judith y Lucrecia — " ¡ gozar con lo honesto !" 
Cleopatra — " ¡la orgía!" Eaquel " ¡el pudor !" — 

¡ Silencio ! así al mundo volvieron demente ; 
Aun dudan hoi locas, más locas que ayer, 
Si amor da delicias, ó si es solamente 
Perder la ventura buscando el placer. 

¡ Huid ! falsas dueñas de todos los dueños 
Que el mundo anegaron en llanto por vos. 
Que hacéis de la vida ya un sueño de sueños. 
Que hacéis de la carne ya un monstruo, ya un dios. 

¿ Amor en vosotras es todo, ó no es nada, 
Verdad ó mentira, virtud ó placer? 
¡ Odiosa falange del mundo adorada. 
Pues sois siempre un caos, j tornad al no ser ! 

¡ Maldito aquelarre de diosas , que ignora 
Si amor cura ó mata, si afrenta ó da honor! — 
Ya oíste, Enriqueta ; si sabes, ahora 
Eesponde tú misma : ¿qué cosa.es amor? 

Campoamor. 



\l) '^stfi Tto^ bunfi X ,í»rt«wwoínt.r- :■■. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 445 



EL ÍÍOCÍO. 

I. 

De la noche el ángel triste, 
Prendado de la flor pura, 
Fué á besarla con ternura 

Y ella su cáliz plegó. 
Quedó el ángel contemplando 
Su ilusión desvanecida, 

Y á la ingrata flor querida 
Con mil lágrimas regó. 

II. 

Cuando la aurora que tiñe 
De oro y grana el horizonte 
Daba al valle como al monte 
Purpurino resplandor ; 
Allí, por la vez primera. 
Desplegando el cáliz frió, 
Coronados de rocío 
Vio sus pétalos la flor. 

Domingo Eamon Heknandez. 



SÍEMPREVIWS. 



A MI AMIGO HEEIBERTO DELMONTE. 



De mijardin oculto 
Que riega el llanto. 

Las mas preciadas flores 
Se marchitaron ; 
Y solo tengo . ' 

T, 3 . ';> ■íHUM/9 

Kamos de siemprevivas ^, 
Para los muertos. "' 



446 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Sobre su yerta losa 

Tiene tu hermana 
Coronas de jacintos 

Y ros^s blancas ; 

¿ A qué enlazarles 
Flores que, por humildes, 

No quiere nadie ? 

De la modesta virgen 

Por quien te enlutas, 
No ha menester más flores 

La sepultura ; 

Mas si le faltan, 
Ponle mis siemprevivas 

Llenas de lágrimas. 

Domingo Ramón Hernández. 



A LA VIRGEN. 

PLEGARIA. 

Vos, entre mil escogida 
De luceros coronada ; 
Vos, de escollos preservada 
En los mares de la vida ; 
Vos radiante de hermosura, 
¡ Virgen pura ! 
De toda virtud modelo, 
Flor trasplantada del suelo 
Para brillar en la altura ; 

Vos, la sola sin mancilla 
De Adán en la prole insana, 
A cuya voz soberana 
Dobla el ángel la rodilla ; 
Que vencisteis el delito, 
Y al precito 

Querub quebrasteis la frente 
Vos, cuyo nombre potente! 
'Eis en los cielos bendito'; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 447 

Vos, que ocupáis regio asiento 
En Síon hermosa y santa, 

Y tenéis á vuestra planta 
Por alfombra el firmamento ; 
Vos, que miráis, ; Virgen pura ! 
La amargura 

De esta mujer solitaria ; 
i Ai ! escuchad su plegaria. 
Desde el trono de la altura. 

En tempestuoso océano 
Mi bajel navega incierto. 
Sin que un fanal en el puerto 
Encienda piadosa mano : 
Entro escollos gira roto 
Sin piloto ; 

Y sin brújula ni vela 

A merced deshecho vuela 
Del vendaval© del noto. 

Vos, en la noche sombría 
Pura luz, celeste faro, 
De los débiles amparo. 
De los tristes alegría ; 
Ved mi vida abandonada, 
i Madre amada ! 
Mi juventud sin amores, 
Débil planta á los rigores 
De ardiente sol marchitada. 

Cuerpo estéril, seco arroyo 
Donde no juegan las brisas, 
Mi infancia no tuvo risas 
Ni mi vejez tendrá apoyo. 
Noche triste cual ninguna, 

Y sin luna. 

Fué la noche desgraciada 

Que fuera al mundo lanzada 

i La orfandad meció mi cuna ! 

¡En torno miro ! no existe 

Ni patria ni hogar querido. 
¡ Soi el pájaro sin nido .' 
¡ Soi sin olmo yedra triste ! 



448 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Cada sosten de mi vida, 

Desvalida, 

Fué por el rayo tronchado ; 

Y débil caña he quedado 
De aquilones combatida. 

Extranjera en este mundo. 
No comprendo su alegría, 
Ni él penetra, madre mia, 
En este abismo profundo : 
Este abismo de dolores 
Que con flores 
Disfraza tal vez la suerte ; 
¡ Volcan que encierra la muerte 
Coronado de verdores ! 

Seres liai en este suelo. 
Enigmas ¡ ai ! de amargura. 
Ni el cielo les da ventura, 
Ni el mundo les da consuelo. 
Van por ignotos caminos, 
Peregrinos, 

Solitarios y sin nombres : 
No los conocen los hombres 
' Ni comprenden sus destinos. 

¿ Qué quiere hacer ¡ oh María 

De estas almas el Eterno '? 

¿Es del cielo ó del infierno 

La misión que les confia ? . . . . 

¿ Para qué fueron lanzados 

¡ Desgraciados ! 

Al bello mundo estos seres, 

Entre risas y placeres 

A padecer destinados ? 

Yo los misterios venero 
Que comprender no consigo ; 

Y á vos, ¡ oh Virgen I os digo 

" ¡ Madre ! yo ruego y espero." 
Se dice que el Señor vierte 
En el fuerte 
La amargura de su ira, 

Y con blandos ojos mira 
Al indefenso é inerte. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 449 

¡Ai! no soi soberbia encina 
Firme del cierzo á la saña, 
Sino humilde y frágil caña 
Que al menor soplo se inclina. 
Pase por el mundo ciego 
Con sosiego 
Mi solitaria existencia, 

Y de Jehová la clemencia 
Alcance mi ardiente ruego. 

Del árbol de mi esperanza 
Secas las flores cayeron, 

Y cual humo leve huyeron 
Mis sueños de bienandanza : 
Despojados de ilusiones 
Corazones 

No ambicionan alegría : 
Solo os piden, Virgen pía, 
Paz, suspiros y oraciones. 

Gertrudis G. de Avellaneda. 



Xj..^ t:>.a.jl,x^^. 



— " La dalia es hermosa," cantaban las aves, 
Volando ligeras en torno á la flor ; 
La ñor ocultaba sus hojas suaves, 
Temblando inocente de casto pudor. 

" ¿Qué tiene la esquiva, las aves decían. 
Que guarda su cáliz del sol celestial ? 

Y mas afanosas sus alas batían, 

Y mas se ocultaba la flor virginal. 

Las aves dijeron : — " ¿ Te causa congojas 
El vuelo oficioso del aura sutil ?" 
La flor por respuesta cerró mas sus hojas, 
Doblando impaciente su tallo gentil. 

Huyeron las'aves, y tímida y pura 
Abrió muí despacio sus hojas la flor : 
Fecunda brillaba su casta hermosura. 
¡ Oh brillo fecundo del casto pudor ! 

José Selgas. 
57 



450 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



LA ULTIMA melodía ROMÁNTICA. 



{En los Andes del Perú.) 

^temam timuere ssecula nocteni. 
Magnus ab integro nascitur ordo. 



El peregrino fatigado avanza, 

Y su lejana, moribunda estrella. 
Confusamente á divisar alcanza 
Cuando las cumbres de los Andes huella . 

¡ Qué augusta y silenciosa está la tarde ! 
¡ Qué diáfano y azul el firmamento ! 
El Sol poniente en los espacios arde, 
Cual blandón sepulcral, amarillento. 

i Qué calma tan solemne ! nada turba 

La majestad sublime de la esfera 

Del firmamento la gigante curva 

Se pierde en los abismos por do quiera. 

Se precipitan caudalosos rios 
Mas allá de los vastos horizontes, 

Y se levantan por do quier sombríos 
Eudos volcanes y nevados montes. 

El globo ardiente de la luz se aleja 

Y reverbera sobre el mar sonoro, 

Y en los espacios trasparentes deja 
Purpúreas franjas con perfiles de oro. 

¡Ved cual refleja los soberbios Audes 
El inmenso raudal del Amazonas, 
Desenvolviendo en perspectivas grandes 
Cuánto contienen las terresti'es zonas ! 

El áureo rayo de la luz postrera 
Vibra encendido en las etéreas salas, 

Y en la azulada y trasparente esfera 
El cóndor tiende sus notantes alas. 

Sobre una inmóvil, solitaria nube 
El Candara ve férvido se inflama, 

Y en espirales gigantescas sube 
Al firmamento la ondulante llama. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 451 

La nieve sempiterna centellea 

Del éter vago en la región esférica 

¡ No puede el hombre concebir idea 
De la pompa inmortal de Sud-América ! 

La brisa del Otoño se levanta 

Y suspira y solloza blandamente 

¡ Viajero desgraciado ! canta ! canta ! 

; Mira esa muda inmensidad doliente ! 

¡ En vaporoso vértigo sombrio 
Se desvanece tristemente el alma, 
Del tiempo ya pasado en el vacío 

Y del desierto en la profunda calma ! 

¡ Yo agonizo de amor y de tristeza 
Ante esa azul inmensidad vacia ! 
¡ Como un sauce se dobla mi cabeza 
Lánguidamente al declinar el dia ! 

Del campo cubren la amarilla alfombra 
Las hojas secas en el mes de Octubre, 
i Así del tiempo que pasó la sombra 
Mis ilusiones ya difuntas cubre ! 

i Memorias de mis cántabras montañas, 
Músicas melancólicas y tiernas, 
De dolor se deshacen mis entrañas, 
En torrentes de lágrimas eternas ! 

El amor de las vírgenes divinas 
Del negro olvido en las tinieblas arde. 
Cual de un santuario en las desiertas ruinas 
El crespúsculo triste de la tarde. 

Del Sol el débil resplandor se apaga 
Del grande abismo en la fatal pendiente, 

Y entre las sombras que se acercan, vaga 
De lo pasado el estertor doliente. 

i Naturaleza triste y moribunda, 
Luz vespertina, agonizante dia, 
Siempre que os miro, mi existencia inunda, 
Dolorosa y mortal melancolía ! 



458 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

De poético furor arrebatado 
Traspasé los confines de la tierra, 
¿ Qué buscas, corazón desesperado, 
Y siempre en rebelión y siempre en guerra ? 

¿ No te bastan, osado pensamiento, 
i. Del universo las escenas grandes. 

La bóveda eternal del firmamento • 

En la cumbre estupenda de los Andes ? 

Do quier me abruma de la vida el tedio : 
Mares, desiertos, huracanes, calma, 

Para mis penas no tenéis remedio 

¡ Es infinita la aflicción del alma ! 

En mi dolor fatídico y profundo 
Yo vengo á sollozar en los desiertos. 
Yo vengo á embalsamar ¡ oh Nuevo Mundo ! 
Con tus perfumes mis fantasmas muertos. 

Yo vengo á celebrar los funerales 
De la visión mas blanca de mi vida, 
En tus mudos desiertos virginales 
Del moribundo Sol á la caída . 

¡ Qué indiferente estás, naturaleza ! 
¡ Qué silenciosa, inmensidad sublime ! 
Con su gran pesadumbre la tristeza 
Mi corazón desfalleciente oprime. 

Incógnitas viajeras solitarias 
Que alzáis la frente, cuando muere el dia, 
¡ Llevad á Dios las flébiles plegarias 
Que una alma melancólica le envia ! 

¡ Mudos abismos, fulgurantes rastros ! 
ígneas centellas de la eterna pira, 
Maravillosos y apartados astros 
Que eternamente el pensamiento admira ! 

Vuestro lenguaje comprender deseo, 
Arrebatado en ansiedades rudas. 
Siempre que absorto refulgir os veo 
Del hondo espacio en las tinieblas mudas. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 453 

Lanzado audaz el pensamiento mió 
En las alas del éxtasis divino, 
Yo sentí los terrores del vacío 
Mas allá de vosotros peregrino. 

En mi sublime afán soñando á veces, 
Escuché vuestras miísicas lejanfs, 
Cual pavorosas, funerales preces 
Al tremente doblar de mil campanas. 

Y vi la creación descolorida 
En mortal y espantoso parasismo, 

Y vi caer la estrella de mi vida 
Cual gigantesco cráneo en el abismo. 

Y vi pasar las sombras silenciosas 
De todas las edades ya olvidadas. 
Cual águilas confusas y medrosas 
En medio del abismo fatigadas. 

Y vi fantasmas que hacia mi venían 

Y con pena infinítame miraban, 

Y después se postraban y plañían 

Y el de profundis líígubre rezaban . 

Y de la nada en la desierta orilla 
Una mujer, como un cadáver, yerta, 
Y, cual un cirio fúnebre, amarilla. 
En mí clavaba su pupila muerta. 

Yo al contemplarla prorumpí en mil voces 
Que repitió la eternidad sombría, 

Y llorando exclamé : — No me conoces ! 

¡ No tienes ¡ ai ! entrañas, madre mia ¡ 

Y la visión confusa sollozaba, 

Y lloraba de lágrimas un rio, 

Y elevando sus brazos, exclamaba : . 
Hijo del corazón ! pobre hijo mió ! 

Y vi pasar en confusión medrosa 
Tristes, apocalípticas visiones, 

Y la virgen romántica y hermosa 
De mis desventuradas ilusiones ! 



454 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

¡ Estaba triste, pálida y sombría, 
Como el espectro del amor perdido, 

Y en torno de ella, lánguida gemia 
El ave misteriosa del olvido ! 

Los manes de otros tiempos evocaba 
^ Con,lftrgo afán y dolorosa angustia, 

Y al escuchar mi voz que sollozaba, 

Y al ver mi faz descolorida y mustia ; 

Vaga sonrisa dilató su boca 

Y enterneció su faz doliente y bella ; 

Y yo entretanto, como eterna roca. 
Quedé en silencio y abismado ante ella. 

Ella lanzó un misérrimo alarido, 

Y rasgó de dolor sus vestiduras, 

Y la noche profunda del olvido 
Descendió sobre mí de las alturas. 

; El universo se cubrió de luto, 

Y de dolor tan hondo en los excesos, 
Sentí caerse mi cabello hirsuto, 

Y apartarse la carne de mis huesos .' 

Noche profunda, solitaria y negra 
i Ven á esparcir tus fúnebres beleños ! 
¡Mi turbulento espíritu se alegra 
En el horror de tus sublimes sueños ! 

Aureola eternal del firmamento, 
Radiantes globos, fúlgidas estrellas, 
Vuestras lejanas atracciones siento 

Y ahora quiero abandonarme aellas. 

El alma quiere desplegar sus alas 

Y levantarse cual visión radiante. 
Ver del Empíreo las vivientes galas, 

Y el Sol divino contemplar triunfante.. 

Quiero librarme del dragón perverso, 

Y á tí lanzarme en penetrante grito, 
(•Espíritu creador del universo ! 

¡ Sublime corazón de lo infinito ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 455 

Incomprensible ser desconocido, 
Que el universo con tu amor inflamas, 
Ven á abrasar mi espíritu, encendido 
Con el raudal de tus eternas llamas. 

¿Eu dónde, en donde estás que no te encuentro, 
Ni jamas te ha encontrado el alma mia. 
Siempre buscando su amoroso centro, 
Desesperada en la región vacia ? 

¡ Señor ! ¡ Señor ! mis sienes ha surcado 
Del Tártaro voraz la. horrenda llama : 
¡ Señor ! mi corazón despedazado 
Con el gran trueno del dolor te llama ! 

Toda mi vida se deshace mustia 

Como un puñado de ceniza inerte 

¡ Tiende, Señor ! sobre tan grande angustia 
El eterno sudario de la muerte ! 

¡ Silencio ! soledad ! y eterna calma, 

Y eterna confusión y eterno olvido, 
Desesperada se devora el alma, 

i Espíritu creador ! ¿ por qué te has ido ? 

La tierra está desnuda, está vacía : 
Ya se apagaron del amor las fraguas. 
Ya no vas, como el Génesis decia. 
Espíritu de Dios, sobre las aguas. 

¡ Hoi el espectro de la eterna muerte 
Del fondo del abismo se levanta, 

Y en voz de bronce, y cual tormenta, fuerte, 
Del universo las exequias canta ! 

¡ La vil soberbia, el sacrilegio, el robo, 
El orbe infestan en nefanda guerra.. .. 
Es un montón de podredumbre el globo, 
Es un cadáver fétido la tierra i 

¡ Do quier escombros y salvajes gritos, 
Do quier horrible fanatismo inmundo, 

Sucumbe el genio los antiguos Mitos 

Están tomando por asalto el Mundo ! 



456 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

¡ Mas ya fulgura del divino dia 
La blanca, azul y transparente aurora, 

Y la Tierra solloza de alegría 

Y de entusiasmo y de esperanza llora ! 

Ya viene nuestro Padre, desgraciados ! 

Y se van los sangrientos fariseos 

¡ Pobres hijos de Dios desheredados, 
Ya se van á cumplir nuestros deseos ! 

¡ Humanidad ! humanidad, despierta ! 
¡Levanta al cielo la inspirada frente ! 
No está la santa Providencia muerta, 
¡ Vedla inflamando el universo ardiente ! 

Ved los vampiros, cuyo inmundo tacto 

El torpe sueño de la muerte imprime 

Venid, naciones, suscribid al pacto 
Que de la eterna esclavitud redime. 

Del ser universal palingenesia, 
Del amor metempsícosis divina. 
De la razón católica la iglesia 
De triunfo en triunfo al porvenir camina. 

i Vírgenes tiernas, preparad las galas, 
Cantad, poetas, deleitables odas ; 
Plegad por fin vuestras dolientes alas 

Y sed felices en eternas bodas ! 

¡ Mirad la luz resplandeciente y bella 
Que Dios al nuevo Paraíso envía ; 
Mirad la blanca, la oriental estrella 
Que á la gloriosa eternidad nos guia ! 

¡ Sal del santuario del Empíreo eterno, 
Principio y alma y corazón del Mundo, 

Y arroja los demonios al infierno 
En un arranque de furor profundo ! 

i Vividos rayos de tu luz fulmina, 
Venciendo sombras, desgarrando vahos. 
Desciende al mundo, inspiración divina, 
, Cual Sol lanzado á la región del caos ! 

Fernando Velarde . 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 457 



EN LA MUERTE DE 



* * ít 



Águila altiva de potente vuelo 
Que desdeñando la oriental vislumbre 
Busca en ocaso el tenebroso velo 
Que el rayo incendia con rojiza lumbre; 

Y herida del relámpago, en su duelo 
En vano busca la nativa cumbre, 

Y muere lejos de sus patrios lares 
Sobre un peñón de los inmensos mares ; 

Eso y no más tu juventud galana 
Fué de ricos laureles revestida, 
Águila de mi selva americana 
Por brillo falso en la extensión perdida. 
Mas si el volcan de la ambición insana 
Quemó tus alas, devoró tu vida, 
Tu error funesto y tu esplendente gloria 
Con sombra y luz escribirá la historia. 

Domingo Eamon Hernández. 



VUELTA A LA PATRIA. 

A MI HERMANA ELODIA. 



Tierra ! grita en la proa el navegante, 

Y confusa y distante, 
Una línea indecisa 

Entre brumas y ondas se divisa. 

Poco á poco del seno 
Destacándose va, del horizonte, 
Sobre el éter sereno 
La cumbre azul de un monte. 

Y así como el bajel se va acercando. 
Va extendiéndose el cerro 

Y unas formas extrañas va tomando ; 
Formas que he visto cuando 
Soñaba con la dicha en mi destierro. 

58 



458 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Ya la vista columbra 
Las riberas bordadas de palmares, 

Y una bi'isa cargada con la esencia 
De silvestres violetas y azahares 
En mi memoria alumbra 

El recuerdo feliz de mi inocencia, 
!■ Cuando pobi-e de años y pesares 

Y rico de ilusiones y alegría, 
Bajo las palmas retozar solia 
Oyendo el arrullar de las palomas, 
Bebiendo luz, y respirando aromas . 

Hai algo en esos rayos brilladores 
Que juegan por la atmósfera azulada. 
Que me habla de ternuras y de amores 
De una dicha pasada, 

Y el viento al suspirar entre las cuerdas 
Parece que me dice : "no te acuerdas?" 

Ese cielo, ese mar, esos cocales, 
Ese monte que dora 

El sol de las regiones tropicales 

Luz ! — luz al fin ! — los reconozco ahora ; 
Son ellos, son los mismos de mi infancia, 

Y esas playas que al sol del mediodía 
Brillan á la distancia, 

¡ Oh, inefable alegría ! 

¡ Son las riberas de la patria mia ! 

Ya muerde el fondo de la mar hirviente 
Del ancla el férreo diente ; 
Ya se acercan los botes desplegando 
Al aire puro y blando 
La enseña tricolor del pueblo mió. 
¡ A tierra ! á tierra ! ó la emoción me ahoga, 
O se adueña de mi alma el desvarío ! 

Llevado en alas de mi ardiente anhelo, 
Me lanzo presuroso al barquichuelo 
Que á las riberas del hogar me invita. — 
Todo es grata armonía : los suspiros 
De la onda de zafir que el remo agita : 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 459 

De las marinas aves 
Los caprichosos giros ; 

Y las notas suaves, 

y el timbre lisonjero, 

Y la magia que toma 

Hasta en labios del tosco marinero 
El dulce son de mi nativo idioma. 



¡ Volad, volad veloces, 
Ondas, aves y voces ! 
Id á la tierra en donde el alma tengo, 

Y decidle que vengo 

A reposar, cansado caminante, 

Del hogar á la sombra un solo instante. 

Decidle que en mi anhelo, en mi delirio, 

Por llegar á la orilla, el pecho siente 

De Tántalo el martirio ; 

Decidle, en fin, que mientra estuve ausente 

Ni un dia, ni un instante la he olvidado, 

Y llevadle este beso que os confio. 
Tributo adelantado 

Que desde el fondo de mi ser la envío. 

Boga, boga, remero ! — así — llegamos ! 
¡ Oh, emoción hasta ahora no sentida ! 
Ya piso él santo suelo en que probamos 
El almíbar primero de la vida. — 

Tras ese monte azul cuya alta cumbre 
Lanza reto de orgullo 
Al zafir de los cielos. 
Está el pueblo gentil donde al arrullo 
Del maternal amor rasgué los velos, 
Que me ocultaban la primera lumbre. 
¡ En marcha, en marcha, postillón, — agita 
El látigo inclemente ! — 

Y á mas andar, el coche diligente 
Por la orilla del mar se precipita. 

No hai peña ni ensenada que en mi mentp 
No venga á despertar una roetROiifi. ] 



460 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Ni hai ola que en la arena humedecida 
No escriba con espuma alguna historia 
De los felices tiempos de mi vida. 
Todo me habla de sueños y cantares , 
De paz, de amor, y de tranquilos bienes, 
t Y el aura fugitiva de los mares 

Que viene, leda, á acariciar mis sienes, 

Me susurra al oido 

Con misterioso acento : " Bienvenido." 

Allá van los humUdes pescadores 
Las redes á tender sobre la arena : 
Dichosos, que no sienten los dolores 
Ni la punzante pena 
De los que lejos de la patria lloran ; 
Infelices, que ignoran 
La insondable alegría 
De los que tristes del hogar se fueron, 

Y luego, ansiosos, al hogar volvieron ! 

Son los mismos que un dia. 
Siendo niño, admiraba yo en la playa, 
Creyendo, en mi inocencia. 
Que era la humana ciencia 
La ciencia de pescar con la atarraya. 

Bien os recuerdo, humildes pescadores, 
Aunque no á mí vosotros, que en la ausencia 
Los años me han cambiado y los dolores. 

Ya ocultándose va tras un recodo 
Que hace el camino, el mar, hasta que todo 
Al fin desaparece. 
Ya no hai mas que montañas y horizontes, 

Y él pecho se estremece 

Al respirar, cargado de recuerdos, 
El aire puro de los patrios montes. 

De los frescos y límpidos raudales 
El murmurio apacible ; 
De mis canoras aves tropicales 
El melodioso trino que resbala 
Por las ondas del éter invisible ; 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 461 

1 . 

Los perfumados hálitos que exhala 
El cáliz áureo y Manco 
De las humildes flores del barranco ; 
Todo á soüar convida, 

Y con suave empeño, 

Se apodera del alma enternecida 
La indefinible vaguedad de un sueño. 

Y rueda el coche, y detras del las horas 
Deslízanse ligeras 

Sin yo sentir, que el pensamiento mió 
Viaja por el pais de las quimeras, 

Y solo hallan mis ojos sin mirada 
Los incoloros senos del vacío 

De pronto, al descender de una hondonada, 
Caracas ! allí está ! dice el auriga, 

Y súbito el espíritu despierta 
Ante la dicha cierta 

De ver la tierra amiga. . 

Caracas allí está ; sus techos rojos. 
Su blanca torre, sus azules lomas, 

Y sus bandas de tímidas palomas 
Hacen nublar de lágrimas mis ojos ! 

Caracas allí está ; vedla tendida 
A las faldas del Avila empinado. 
Odalisca rendida 
A los pies del sultán enamorado. 

Hai fiesta en el espacio y la campaña, — 
Fiesta de paz y amores : 
Acarician los vientos la montaña : 
Del bosque los alados trovadores 
Su dulce canturía 
Dejan oir en la alameda umbría ; 
Los menudos insectos en las flores 
A los dorados pistilos se abrazan ; 
Besa el aura amorosa al manso Guaire, 

Y con los rayos de la luz se enlazan 
Los impalpables átomos del aire. 



462 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

f 

; Apura, apura, postillón ! agita 
El látigo inclemente ! 
i Al hogar, al hogar ! que ya palpita 
Por él mi corazón. — Mas, nó, — detente, — 
¡ Oh infinita aflicción ! ; oh, desgraciado 
De mí, que en mi soñar habia olvidado 

■■ Que ya no tengo hogar ! Para, cochero; 

Tomemos cada cual nuestro camino, 
Tú al techo lisonjero 
Do te aguarda la madre, el ser divino 
Que es de la vida centro y alegría, 

Y yo yo al cementerio 

Donde tengo la mia. 

¡ Oh, insoluble misterio 
Que trueca el gozo en lágrimas ardientes 
¡ En dónde está. Señor, esa tu santa, 
Infinita bondad, que así consientes 
Junto á tanto placer, tristeza tanta ! 



Ya no hai fiesta en los aires ; ya no alegr£ 
La luz que el campo dora ; 
Ya no hai sino la negra 
Pena cruel que el pecho me devora. 
Valor ! firmeza, corazón ! no brotes 
Todo tu llanto ahora. — no lo agotes, 
Que mucho, mucho que sufrir aun falta. 
Ya no lejos resalta 
De la llanura sobre el verde manto 
La ciudad de las tumbas y del llanto. 
Ya me acerco, ya piso 
Los callados umbrales de la muerte ; 
Ya la modesta lápida diviso 
Del angélico ser que el alma llora, — 
Ven, corazón, y vierte 
Tus lágrimas ahora. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 463 



II. 



Madre, aquí estoi ; del norte helado vengo 
A darte con el alma el mudo abrazo 
Que no te pude dar en tu agonía ; 
A desahogar en tu glacial regazo 
La pena aguda que en el pecho tengo 

Y á darte cuenta de la ausencia mia. 

Madre, aquí estoi ; en alas del destino 
Me alejó de tu lado una mañana, 
En pos de la fortuna 
Que para tí soñé desde la cuna. 
Mas ¡ oh suerte inhumana ! 
Hoi vuelvo, fatigado peregrino, 

Y solo traigo que ofrecerte pueda. 
Esta flor amarilla del camino 

Y este resto de llanto que me queda. 

Bien recuerdo aquel dia, 
A pesar de los años que han pasado ; 
Era de Marzo una mañana fria 

Y cerraba los cielos el nublado. 
Tú en el lecho aun estabas, 

Triste y enferma y sumergida en duelo, 
Que con alma de madre realizabas 
El hondo desconsuelo 
De verme separar de tu regazo. 

Llegó la hora despiadada y fiera, 

Y con el pecho herido, 

Por dolor hasta entonces no sentido. 
Fui á darte, madre, mi postrer abrazo 

Y á recibir tu bendición postrera, 
i Quién entonces pensara 

Que aquella voz tristísima en mi oido 
Nunca mas resonara ! 
Tú, dulce madre, tú, cuando, infelice. 
Dijiste al estrecharme contra el pecho : 
" Tengo un presentimiento que me dice 
Que no he de verte más bajo este techo." 



464 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Con un supremo esfuerzo desligúeme 
De los amantes lazos 
Que me formaban en redor tus brazos, 
Y fuera me lancé como quien teme 
Morir de sentimiento. 
¡ Oh ! terrible momento ! 
^ Yo fuerte me juzgaba, 

Mas cuando fuera me encontré y aislado,' 

El vértigo sentí del pajarillo 

Que en la jaula criado, 

Se ve de pronto en la extensión perdido 

De las etéreas salas 

Sin saber donde encontrará otro nido 

Ni á donde dirigir las torpes alas. 



Desató el sollozar el nudo estrecho 
Que ahogaba el corazón en su quebranto, 

Y se deshizo en llanto 

La tempestad que me agitaba el pecho. 
Después un barco me llevó á los mares, 

Y llegamos, al fin, un triste dia, 
A una tierra mui lejos de la mia. 
Donde en vez de perfumes y cantares, 
En vez, de cielo azul y vei'des palmas, 
Hallé nieblas y ábregos, — y un frió 
Que helaba los espacios y las almas. 

Mucho, madre, sufrí con pecho fuerte, 
Mas suavizaba el sufrimiento impío 
La esperanza de verte 
Un tiempo no lejano al lado mió . 
¡Ai, del mortal que ciego 

Confia su ventura á la esperanza ! 

La lei universal cumplióse luego, 

Y yo vi mi esperanza disiparse. 
Cual mira, en lontananza. 

Torcer el rumbo en dirección opuesta, 
El náufrago al bajel que vio acercarse. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 465 

Bien recuerdo aquel dia 
A' pesar de los años quedan pasado ; 
Era de Marzo otra mañana fría, 
Y los cielos cerraba otro nublado. 

Triste, enfermo y sin calma, 
En tí pensaba yo, cuando me dieron 
La noticia fatal que hirióme el alma, — 
Lo que sentí, decirlo no sabría. 
Solo sé que mis lágrimas corrieron 
Como corren ahora, madre mía. 



Después, al mundo me lancé, agitado, 

Y atravesé océanos y torrentes, 

Y recorrí cien pueblos diferentes, — 
Tenue vapor del huracán llevado, 
Alga sin rumbo que la mar flagela, 
Viento que pasa, pájaro que vuela. — 



Mucho, madre, he adquirido. 
Mucha experiencia y muchos desengaños ; 

Y también he perdido 

Toda la fe de mis primeros años. 

¡ Feliz quien como tú, ya en esta vida, 

No tiene que luchar contra la suerte, 

Y puede reposar en la seguida 
Inalterable calma de la muerte ! 
Sin ver ni padecer el mal eterno 

Que nos hiere do quier con saña cruda, 

Ni llevar en el pecho el frió interno 

De la indomable duda ! 

i Feliz quien, como tú, con altiveza 

Keclinó para siempre la cabeza 

Sobre los lauros del deber cumplido, 

Cual la reclina por la muerte herido, 

Tras el combate rudo, 

Risueño, el gladiador sobre su escudo. 



59 



466 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Esa, madre, es tu gloria 

Y la alta recompens^de ta historia ; 

Que el premio solo del deber sagrado 

Que impone el cristianismo, 

Está en el hecho mismo 

De haberlo practicado. 



Madre, voi á partir ; mas parto en calma 
Y sin decirte adiós, que eternamente 
Me habrás de acompañar en esta vida. — 
Tú has muerto para el mundo indiferente ; 
Mas nunca morirás, madre del alma, 
Para.el hijo infeliz que no te olvida. 



Y fuera el paso muevo, 

Y desde su alto y celestial palacio. 
Su brillo siempre nuevo 

Derrama el sol por el cerúleo espacio. 

Ya lejos de los túmulos estoi, 
¿ Mas, ai, á dónde voi ? 
¡ Si'ya no hai madre, ni paterno techo 
En donde pueda desahogar el pecho ! — 
¿ A dónde ? — A la corriente de la vida, 
A luchar con las ondas brazo á brazo. 
Hasta caer en su mortal rSgazo, 
Con alma en paz y con la frente erguida. 



Depon el duelo, corazón, — firmeza I 
Que cuando habla la gran Naturaleza 
Es el sollozo adverso 

Y es el llanto importuno ; 
Es así, de ese modo. 

Que se cumple la lei del universo, 

Y nada importa al todo 

El no escuchado lamentar de uno. 

J. A. Pérez Bonalde. 
Caracas, Agosto 18 de 1876. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 467 

LA FUGA DE LA TÓRTOLA. 

CANCIÓN. 

; Tórtola mia ! Sin estar presa, 
Hecha á mi cama y hecha á mi mesa, 
A un beso ahora, y otro después, 
¿ Por qué te has ido ? ¿ Qué fuga es esa, 
Cimarronzuela de rojos pies ? 

¿ Ver hojas verdes solo te incita ? 
¿ El fresco arroyo tu pico invita ? 
¿ Te llama el aire que susurró ? — * 
¡ Ai de mi tórtola, mi tortolita. 
Que al monte ha ido y allá quedó ! 

Oye mi ruego, que el miedo exhala. 
¿ De qué te sirve batir el ala. 
Si te amenazan con muerte igual 
La astuta liga, la ardiente bala 

Y el cauto jubo del manigual? 

Pero i ai ! Tu fuga ya me acredita 
Que ansias ser libre, pasión bendita, 
Que aunque la lloro la apruebo yo. — 
i Ai de mi tórtola, mi tortolita, 
Que al monte ha ido y allá quedó ! 

Si ya no vuelves, ¿ á quién confío 
Mi amor oculto, mi desvarío. 
Mis ilusiones que vierten miel, 
Cuando me quede mirando al rio, 

Y á la alta luna que brilla en él ? 

Inconsolable, triste y marchita. 
Me iré muriendo, pues en mi cuita 
Mi confidenta me abandonó. — 
¡ Ai de mi tórtola, mi tortolita. 
Que al monte ha ido y allá quedó ! 

JosE Jacinto Hilases. 



468 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



EL CORAZÓN Y EL ALMA. 



Ai ! qué tristeza, alma mia ! 
Y tú mi pena no ignoras, 
¡ Ver cómo Tuelan las horas 
Hacia la tumba sombría ! 



« 



¡ Cómo se van mis placeres 

Y mis dichas y mis glorias, 
Dejando sólo memorias 
De queridísimos seres ! 

¡ Cómo se van ¡ hado impío ! 
Corriendo tras los pesares, 
Cual al seno de los mares 
Las claras aguas de un rio ! 

Ai ! qué tristeza, alma mia ! 

Y tú mi pena no ignoras, 

¡ Ver cómo vuelan las horas 
Hacia la tumba sombría !. 



Ai corazón ! ¿ no te advierte 
Tu mismo duelo profundo. 
Que sólo hai en este mundo 
Angustias, lágrimas, muerte ? 

Esos goces, que en tu daño, 
Probaste en copa brillante. 
Son ensueños de un instante, 
Porque la dicha es engaño. 

Ese pesar que te agita 
Es eterno, y tu desvelo 
Prueba que sólo en el cielo 
Hai dulce paz, infinita. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 469 

Al claro y suave destello 
De la fe que nos alienta, 
i No ves tras esa tormenta 
Un horizonte mas bello ? .. . . 

Ai corazón ! ya te advierte 
Tu mismo duelo profundo, 
Que sólo hai en este mundo 
Angustias, lágrimas, muerte 

J. M. GATAZUy. 



Mí ESPERANZA. 

^cT^jk» ^ :}& á& 

¿ Ves esa humilde tumba silenciosa 
Donde brota la flor de los recuerdos ? 
Pues oye : tengo mi esperanza, hermosa. 
Mucho más, lejos, mucho más lejos, , . . 

i Ves esas nubes de alabastro y rosa 
Que son del aire caprichosos juegos ! 
Pues aun existe mi esperanza, hermosa. 
Mucho más lejos, mucho más lejos 

¿ Ves la azulada bóveda espaciosa 
Donde lanzan los astros sus destellos ? 
Pues aun fulgura mi esperanza, hei"mosa. 
Mucho más lejos, mucho más lejos. . , , 

Ni astros, ni nubes, ni funérea losa, 
Pueden de mi esperanza ser los templos, 
Que Dios impera, idolatrada hermosa, 
Mucho más lejos, mucho más lejos 

Domingo Kamon Hernández. 



470 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 

FRAGMENTO DE UN POEMA INÉDITO. 



Cuando sintióse España con la cerviz hundida 
En el sangriento foso de irresistible mal 
Do la condujo en hora menguada y dolorida 
De un pérfido verdugo la usurpación brutal ; 

Cuando el ambiente, henchido de fúnebres celajes, 
De Mayo los acentos horribles repitió, 

Y prados y campiñas y lúcidos paisajes 
Un velo de amarguras y duelos empañó; 

Cuando en inmenso lago de fuego y de exterminio 
Se vieron de Numancia las glorias fenecer, 

Y de un tirano horrendo bajo el fatal dominio 
Los timbres de Lepanto sus brillos esconder ; 

Entonces aquel pueblo que en ochocientos años 
De infatigable lucha dio ejemplos de valor, 
Maldijo los violentos y múltiples engaños 
Corriendo á las llanuras á vindicar su honor. 

Y un grito prepotente, lanzado en la montaña, 
Por el patriota, fuerte y arrebatado astur. 
Electrizó los senos de la invencible España 
Del orto al occidente, del aquilón al sur. 

Ejércitos sin armas brotaron por do quiera, 
Sintiendo de venganza latir el corazón, 

Y jóvenes y ancianos en súbita carrera 
Febriles empuñaron la mecha del cañón 

¡ Qué bello, qué grandioso, qué singular ejemplo 
Para esos que en las garras de la ambición procaz 
Contemplan de sus glorias amancillado el templo 

Y doblan bajo el yugo la envilecida faz ! 

Se alzaban por do quiera belígeros pendones 
Llevados por los hijos de Córdoba y Guzman, 
De castigar ansiosos las rápidas legiones 
Que derrumbaban pueblos con fuerza de iiuraoaBf 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 471 

El bélico Castaños con atrevida hueste 
En marclias prodigiosas buscaba al invasor, 
Llevando en su estandarte y en su purpúrea veste 
Grabado de las selvas el imperial señor. 

Dupont el valeroso mandaba al enemigo, 
Campando en las extensas llanuras de Bailen ; 

Y sus invictas tropas de tiendas al abrigo 
Soñaban nuevos lauros para su altiva sien. 

Los bravos descendientes del ínclito Viriato 
Veloces avanzaban del campo á la extensión, 
Para borrar la injuria y el hondo desacato 

Y al águila insolente rendir bajo el león. 

Al fin cubrióse el llano de agudas bayonetas, 

Y oyóse de las trompas el toque funeral, 

Y alzadas banderolas de coloridas vetas 
Velaban los reflejos del astro celestial. 

De un lado los varones que en mínimos fragmentos 
Sus naves arrojaron al fondo de la mar 
Cuando el furor altivo de borrascosos vientos 
Dio al anglo el infecundo laurel de Trafalgar ; 

Y mas allá las huestes salvajes, afrentosas, 
Salidas del terrible, feral noventa y tres, 
Que de su sed calmaban las furias tenebrosas 
Vertiendo sangre humana, bebiéndola después. 

Trabóse la matanza con rudo movimiento, 
Sonando tremebundas las voces del fusil, 

Y del acero al choque terrífico y violento 
Iban cubriendo el campo batalladores mil. 

Cual trueno que despide la tempestad hirviente 
Vibraba el bronco estruendo del grávido cañón, 

Y el proyectil rasgaba del aire la corriente 
Llevando luto y males su ignívoma explosión. 

Aspérrimos rugidos, clamores moribundos, 
Tenantes y horrorosos gemidos de dolor, 

Y acentos de venganza de pechos iracundos 
Llenaban el ambiente de lúgubre pavor. 



472 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Los férvidos hispanos ansiosos combatian 
Mirando allá á lo lejos el seductor laurel : 
Los galos entretanto con fuerza resistían 
El animoso empuje y arrollador tropel. 

El humo ennegrecido, la polvareda ardiente, 
Cubrian el espacio de cárdeno capuz, 
Como si el sol nublando su majestuosa frente 
Llevase á otras regiones su rutilante luz. 

Surgiendo de las brumas del aluvión guerrero, 
Como precioso signo de la española unión, 
Veloz se adelantaba por el combate fiero 
De púrpura y de jalde radioso pabellón. 

Y tras la bella insignia que un brazo treinolaba 
Corrían afanosos de la victoria en pos. 

Los que al sentir las voces que el crimen levantaba 
La destrucción del crimen juraron ante Dios. 

Cual se doblega al soplo del euro furibundo 
El roble envejecido que respetó el turbión, 
Iban doblando el temple de su valor profundo 
Las huestes invencibles del héroe de Tolón. 

Y raudos proseguían los bravos españoles 
Con ímpetu arrollando del águila el poder, 

Y de la excelsa fama los refulgentes soles 
Bañaban la llanura de luz y rosicler. 

Y aquel que de la Europa fué la segur terrible, 

Y que cubrió su vida de triunfos y esplendor, 

Y que llevó su paso con fuerza inextinguible 
Por pueblos que humillaba su aliento vencedor ; 

Vio abierta sepultura para su insigne gloria, 

Y oscuros y marchitos los lauros de su sien. 
Cuando al tremendo empuje de hispánica victoria 
Rindieron sus legiones las armas en Bailen 



Manuel Fombona Palacio. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 473 



EN EL AIBÜII DE MI HIJA ADEIA. 



ELLA Y YO. 



— i Qué miras, hija inocente ? 
¿ Qué miras tan anhelante ? 
-Aquella estrella brillante 
Que despunta en el Oriente. 
Ese astro que en lontananza 
Da al mundo sus resplandores 
Es la luz de mis amores 

Y el faro de mi esperanza. 
-Y esperas ? 

— Siempre esperó. 
-Y sientes amor ? 

— Ai!... sí. 
-Y á quién amas ? 

— Padre, á tí ! 
-Hija ! 

— Y siempre te «maré 

II 

-Eutónceí', hijn inofe'te, 
Si>{ue mi rundo anhel«rite, 
El Hstrt) de luz brillante 
Que dfjíiste en el Oriente 
Ese astro que en lontaiimiza, 
Da al mundo sus resplandores 
Es la luz de mis amores 

Y el faro de mi esperanza. 
-Y esperas ? 

— Siempre esperé. 
-Y sientes amor ? 

— Ai!... sí. 
-Y á quién amas ? 

— Hija, á tí. 
-Padre ! 

— ^Y siempre te amaré. 
60 



474 POETAN ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 



III. 

— No en vano el pecho inocente 

Me decia palpitante 

Que eras tú la luz brillante 

Que TÍ lucir en Oriente. 
— Y yo al ver en lontananza 

El astro de tus amores, 

Me abrasé en sus resplandores, 

Que eres, hija, mi esperanza ! 

Manuel María Fernandez. 



LAS ROSAS J)E TU JARDÍN. 



— En esas tardes serenas 
En que vistosos paisajes 
Fingen do quier los celajes 
Por el inmenso confín ; 
¿ Qué piensas, hija, qué piensas? ... 
¿ Por qué lloras ? ¿ te entristeces ? .. 
— Áh ! . . pienso . . sí . . pienso á veces 



En las rosas del jardín. 

¡ Qué bellas son, madre mia ! 
Al contemplar su inocencia 
Celos me dan su existencia 
Y aquel color de su faz. 
i Qué grato es ver á la sombra 
De su verdoso ramaje, 
Cómo les rinde homenaje 
El cefirillo fugaz ! 

¡ Qué grato es ver á las aves 
En la verde primavera 
Venir desde la ribera 
A cantarles al redor ! 
¡ Qué grato es verlas, saltando, 
Cómo en sus mágicos trinos 
Mil cuentecillos divinos 
Las refieren con amor ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 475 

• 
— Pero i no sabes, incauta, 
Que aunque es tanta su hermosura 
Se abrirá su sepultura 
Con el último arrebol ? 
Ellas nacen con el alba 
A lucir bellos primores, 

Y en la tarde sus colores 
Mueren al hundirse el sol. 

— Mas, en cambio, oh madre mia ! 
De esa vida pasajera 
Que, débil luz hechicera. 
Apaga el cierzo cruel ; 
Tienen también su fragancia, 

Y aunque acaba su belleza, 
La esencia de su pureza 
Siempre queda en el verjel. 

Por eso cuando angustiada 
Me, dices con dulce acento : 
" ¿ Dónde está tu pensamiento, 
Clara luz del corazón ? " 
Te contesto, madre amada. 
Ora triste, ora indecisa, 
Que en los pliegues de la brisa 
Vaga en pos de mi ilusión. 

Yo cifro todo mi encanto 
Enjugar con esas flores ; 
Que así, madre, los dolores 
Huyen distantes de mí; 

Y cuando blanda me aduermo 
En tu regazo acogida. 

En pensar, madre querida. 
En ellas no mas y en tí. 

Si en esas tardes serenas 
Eu que vistosos paisajes 
Fingen dotquier los celajes 
Por el inmenso confín ; 
Me vieres, pues, distraída. 
No te inquiete mi tristeza, 
Que yo pienso en la belleza 
De las rosas del jardín. 

J. M. Gavazut. 



476 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



LA AMBICIÓN. 



A orillas de una laguna 
Un niñu jugando estaba, 
Una noche en que brillaba 
Serenamente la luna. 

Lleno de ambición al verla 
Entre las algas mecida, 
Juzga, su dicha cumplida 
Si logra al punto cogerla. 

Y íinsioso exflama : ¿ qué espero ? 
¡ Son tau bellos sus fulgieres ! .. . 
Ya no me encantan las flores ; 
La luna, la luna quiero!.. . 

Ufano al agua se tira, 
Pero es honda la laguna 
Y en vez de coger la luna 
Ahogado en su fondo espira. 

El que por mayor fortuna 
Ciego al peligro se lanza, 
La misma fortuna alcanza 
Que el niño al coger la luna. 

Domingo Eamon Hernández. 



FLORES Y NUBES. 

BALADA. 

— Di, madre. ¿ por qué la flor, 
Hoi tan fragante y lozana. 
Habrá de perder mañana 
Su perfume y su color? 

— Hija, porque en este mundo 
De apariencias, inconstante. 
Todo pasa en un instante, 
Nada es firme ni profundo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 477 



— Y esas nubes matizadas 
De púrpura y de topacio, 
Que cruzan por el espacio 
Como de un ángel llevadas ; 

¿ Por qué, madre, su hermosura 
Se trueca en sombras de duelo 
Que cubren de luto el cielo 

Y el corazón de tristura? 

— ¡ Tal es, hija de mi amor. 
La leí que al mundo domina : 
Tras de la rosa la espina, 
Tras de la dicha el dolor ! 

— i Y el amor, madre, ese bien 
Del corazón que suspira. 

También será una mentira ? 

— i Quimera el amor también ! 

Es ensueño de una hora, 
Esperanza de un instante, 
Vision hermosa y brillante 
Que al tocarla se evapora. 

Que esas pasiones que nacen 
Dentro del pecho y lo agitan. 
Son flores que se marchitan. 
Son nubes que se deshacen. 

— Mas, ai ! si todo es falsía 
En torno de la existencia, 
¿ En qué ha de tener creencia 
Mi corazón, madre mia? 

— En Dios que no engaña nunca, 

Y en tu madre que te quiere : 
Ese es amor que no muere, 
Que el desengaño no trunca ; 

Flor que eternamente crece 
En los jardines del alma. 
Nube de bonanza y calma 
Que el viento no desvanece. 



478 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Porque en ese amor se encierra 

Toda verdad y consuelo 

No hai mas que Dios en el cielo, 

Y amor de madre en la tierra. 

1868. J. A. Pérez Bonalde. 



lAGBALENA. 



Vedla ! cuan bella es ! en rizos de ébano 

Dada al aire la hermosa cabellera, 
Entretejida de fragantes flores--.. 
Llena de majestad la frente nítida 
Donde el sol de una eterna primavera 
Derrama sus clarísimos fulgores. 

El seno palpitante ; el labio púrpura, 
Urna de grana que foijó el deseo. 
Cuna de voluptuosas ilusiones ; 
Nieve y rosa la tez ; los ojos límpidos, 
Astros do juega el resplandor febeo 
Incendiando de amor los corazones 

Vedla lanzada en medio del estrépito 
De los festines, maga tentadora, 
Celos causando á las demás mujeres.. ,. 
Es ella, sí, la cortesana espléndida, 
Magdalena, la hermosa pecadora, 
La reina del amor y los placeres. 

Llevada en alas de la ardiente música, 
La luz, las flores, las alegres danzas 

Y el ruido de las fiestas mundanales ; 
Corre veloz tras una dicha efímera, 
Dando en cambio las dulces esperanzas 

Y la fe de sus años virginales. 

Vedla, gentil, como palmera índica, 
En medio de sus mil adoradores. 
Entre la red de sus encantos presos. 
Del uno atiende á la pasión frenética, 
Al otro brinda halagos seductores 
Al dulce ruido de ardorosos besos.. ... 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 479 

i Todo es luz á su paso ! es rayo fúlgido 

Que despide brillantes claridades 

Abrasando en deseos la cabeza ' 

i Su Dios es el amor ! su tabernáculo 

El goce de las locas liviandades, 

La ofrenda de su culto, la belleza 



Cesó el festin las vibradoras cítaras 

Recogen sus dulcísimos acordes. 
Tornando todo á la quietud serena ; 

Y como al soplo de ima brisa cálida 
Pliega la flor sus delicados bordes, 
Se duerme, fatigada, Magdalena. 

Duerme indolente, sin pencar que hai lágrimas 

Y penas en el mundo, y amargura, 
Olvidada de Dios y sus deberes 

Duerme, sí ¿ qué le importa el mundo mísero 

Si ella beba á raudales la dulzura 

En la copa de miel de los placeres? 

11. 

Los dias han pasado... ; miradla, qué abatida ! 
La frente de la diosa, ayer no mas erguida. 
Parece que boila oprime la mano del dolor.... 
Sus lágrimas revelan del alma la tristeza. 
Las rosas y los nardos que ornaban su cabeza 
Eeposan á sus plantas sin brillo y sin olor. 

¿ Qué tiene, por qué sufre la bella pecadora ? 
i Qué recias tempestades anublan hoi la aurora 

Que ayer no mas lanzaba fulgente claridad? 

¿ Por qué ya fatigados y por el llanto rojos. 
Relámpagos no tienen aquellos negros ojos 
Donde otra vez perdiera la luz su libertad ? 

Ha visto, ha oido un hombre de dulce continente, 
Hermoso como el ángel, en cuya limpia frente 

La lumbre de lo eterno reverberar se ve 

De cuyos labios manan, cual cánticos del cielo. 
Dulcísimas promesas de amor y de consuelo. 
Palabras de esperanza, de caridad y fe.... 



48Ü POETAS ESPAÑOLES Y AMERICAMOS. 

Su VOZ ha conmovido las fibras de su alma , 

Y desde aquel instante la bienhechora calma 

Como un vapor ligero de su conciencia huyó 

Ha visto entre las sombras de su fatal pasado , 

Y arrepentida y triste sus culpas ha llorado, 

^ Pensando en aquel hombre que del perdón habló. 

Ha visto en sus recuerdos los dias de inocencia 
En que se deslizaba tranquila su existencia 

Por entre hermosas flores de candida virtud 

i Cómo volver á ellos ! De súbito se lanza 

. Movida de una idea Aún brilla una esperanza 

Que puede devolverle del alma la quietud, 

j Es él, aquel Profeta de paz y de ventura, 

Quien puede redimirla y á verle se apresura, 

Confiada en sus promesas de gracia celestial 

Que desde el mismo instante feliz en que le oyera, 
Todo su amor mundano por él se convirtiera 
En un amor inmenso, sublime, divinal 

Ved ! ya se acerca al Justo : el pueblo que le adora, 
"Apártate" le grita, " aparta pecadora, 
Que manchas con tu aliento su m^nto protector ;" 
Mas nada la detiene ; su pensamiento es santo, 
Su fe, su amor profundos y baña con su llanto 

Y cubre con mil besos lus pies del Redentor. 

Jesús la ve á sus plantas con su bondad eterna, 

Y lleno de clemencia con una voz tan tierna 
Como de labio humano no brotará jamás : 

" Levántate " la dice, " tus súplicas escucho ; 

Mujer, yo te perdono por que has amado mucho 

Vete en paz, Magdalena, vete y no peques mas " 

III. 

Alta la frente, la mirada límpida, 
Bañado el rostro de celeste calma, 

Tranquilo el corazón, 
Pura levanta al trono del Altísimo 
En las serenas alas de su alma 

Su férvida oración. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 481 

No la turbéis en su ardorosa súplica 

Ya no es la misma impura cortesana 

Que el mundo despreció ; 
Su cúlpala ha borrado con sus lágrimas, 
La condenó la intolerancia humana.... 

Jesús la redimió. 

Era una estrella de fulgores vividos, 
Cuya lumbre empañó de nube oscura 

El funeral capuz ; 
Pero un rayo de sol brilló de súbito, 
Y el velo hiriendo de la sombra impura, 

Le devolvió la luz. 



Oh ! no afrentéis á la mujer que mísera 
Cayó del torpe mundo en la asechanza . . 

No la deis con el pié ; 
Dadle mas bien la mano, abridle anchisimas 
Las puertas del honor y la esperanza, 

Y será lo que fué. 

Que no sabéis si la infeliz fué víctima 
Del engaño cruel ó la vileza 

Que la sumió en su afán. 
O si del hambre á la presión tiránica 
A trueque dio su virginal pureza. 

De un pedazo de pan. 

No habéis bajado al fondo de su espíritu.... 
No sabéis, triste y desolada, cuánto 

Lloró antes depecar; 
Y al fin vencida por el mundo pérfido. 
Cayó, sin un sosten en su quebranto, 

Cansada de luchar. 

Oh ! no la maldigáis que es flor balsámica 

A quien el rayo abrasador enerva 

Y empaña su matiz ; 
Mas pueden revivir sus blancos pétalos 
Al beso del rocío, que aun conserva 

La savia en la raiz.... 
61 



482 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Dejadla amar ! que es el amor espléndido 
Sol que las almas ateridas llena 

De luz y de calor : 
Recordad de la Biblia la alta página, 
Eecordad que á la pobre Magdalena 

La redimió el amor . 



1869. 



J. A. Pérez Bonalde. 



MIS TRES PERLAS. 



En una sola concha 
Tengo tres perlas, 
Blancas como la nieve, 
Bellas, mui bellas. 
No envidio al potentado 
Con sus riquezas. 
Que más que todas valen 
Mis lindas perlas. 

Cuando el descanso busco 
En la serena. 
En la apacible estancia 
Donde amor reina ; 
Todo lo encuentro al lado 
De Concha bella. 
Que cariñosa guarda 
Mis lindas perlas. 

¡ Hijas amadas mias. 
Cuánta inocencia, 
Cuánta bondad y gracia 
Las tres ostentan ! 
¡ Dichoso yo que olvido 
Todas mis penas. 
Cuando os miro extasiado. 
Mis lindas perlas ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 483 

¡ Olí nunca, nunca el hado 
Airado quiera. 
Daros un solo instante 
Llanto y tristezas ! 
¡ Nunca llegue la suerte 
Contraria, adversa, 
A quitarme ninguna 
De mis tres perlas ! 

Felipe Esteves. 



I?.I]yLA.S. 



Saeta que voladora 
Cruza, arrojada al azar, 
Sin adivinarse dónde 
Temblando se clavará ; 

Hoja que del árbol seca 
Arrebata el vendaval, 
Sin que nadie acierte el surco 
Donde á caer volverá ; 

Gigante ola que el viento 
Kiza y empuja en la mar, 
Y rueda y pasa, y no sabe 
Qué playa buscando vá ; 

Luz que en cercos temblorosos 
Brilla, próxima á espirar. 
Ignorándose cuál de ellos 
El último brillará ; 

Eso soi yo, que al acaso 
Cruzo el mundo, sin pensar 
De dónde vengo, ni á dónde 
Mis pasos me llevarán. 



"484 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



II. 

Sacudimiento extraño 
Que agita las ideas, 
Como huracán que empuja 
Las olas en tropel ; 

Murmullo que en el alma 
Se eleva y va creciendo, 
Como volcan que sordo 
Anuncia que va arder ; 

Deformes siluetas 
De seres imposibles ; 
Paisajes que aparecen 
Como á través de un tul ; 

Colores que fundiéndose 
Eemedan en el aire 
Los átomos del Iris, 
Que nadan en la luz ; 

Ideas sin palabras, 
Palabras sin sentido, 
Cadencias que no tienen 
Ni ritmo ni compás ; 

Memorias y deseos 
De cosas que no existen ; 
Accesos de alegría, 
Impulsos de llorar ; 

Actividad nerviosa 
Que no halla en qué emplearse ; 
Sin rienda que le giiie, 
Caballo volador ; 

Locura que el espíritu 
Exalta y enardece ; 
Embriaguez divina 

Del genio creador 

¡ Tal es la inspiración ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 485 

Gigante voz que el caos 
Ordena en el cerebro, 

Y entre las sombras hace 
La luz aparecer ; 

Brillante rienda de oro, 
Que poderosa enfrena 
De la exaltada mente 
El volador corcel ; 

Hilo de luz que en haces 
Los pensamientos ata ; 
Sol que las nubes rompe 

Y toca en el zenit ; 

Inteligente mano 
Que en un collar de perlas 
Consigue las indóciles 
Palabras reunir ; 

Armonioso ritmo. 
Que con cadencia y niímero 
Las fugitivas notas 
Encierra en el compás ; 

Cincel que el bloque muerde 
La estatua modelando, 

Y la belleza plástica 
Añade á la ideal ; 

Atmósfera en que giran 
Con orden las idear, 
Cual átomos que agrupan 
Recóndita atracción ; 

Baudal en cuyas ondas 
Su sed la ñebre apaga; 
Oasis que al espíritu 

Devuelve su vigor 

i Tal es nuestra razón ! 

Con ambas siempre en lucha 

Y de ambas vencedor, 
Tan sólo el genio puede 
A un yugo atar las dos. 



486 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

III. 

Espíritu sin nombre, 
Indefinible esencia, 
Yo vivo con la vida 
Sin formas de la idea. 

Yo nado en el vacío, 
Del sol tiemblo en la hoguera, 
Palpito entre las sombras 

Y floto con las nieblas. 

Yo soi el fleco de oro 
De la lejana estrella ; 
Yo soi de la alta luna 
La luz tibia y serena. 

Yo soi la ardiente nube 
Que en el ocaso ondea ; 
Yo soi del astro errante 
La luminosa estela. 

Yo soi nieve en las cumbres, 
Soi fuego en las arenas, 
Azul onda en los mares 

Y espuma en las riberas. 

En el laúd soi nota. 
Perfume en la violeta. 
Fugaz llama en las tumbas 

Y en las ruinas hiedra. 

Yo atrueno en el torrente, 

Y silbo en la centella, 

Y ciego en el relámpago, 

Y rujo en la tormenta. 

Yo rio en los alcores, 
Susurro en la alta yerba. 
Suspiro en la onda pura 

Y lloro en la hoja seca. 

Yo ondulo con los átomos 
Del humo que se eleva, 

Y al cielo lento sube 
En espiral inmensa. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 487 

Yo, en los dorados hilos 
Que los insectos cuelgan. 
Me mezo entre los árboles, 
En la ardorosa siesta. 

Yo corro tras las ninfas 
Que en la corriente fresca 
Del cristalino arroyo 
Desnudas juguetean. 

Yo, en bosques de corales. 
Que alfombran blancas perlas. 
Persigo en el Océano 
Las náyades ligeras. 

Yo, en las cavernas cóncavas, 
Do el sol nunca penetra, , 

Mezclándome á los gnomos, 
Contemplo sus riquezas. 

Yo busco de los siglos 
Las ya borradas huellas, 

Y sé de esos imperios 

De que ni el nombre queda. 

Yo sigo en raudo vértigo 
Los mundos que voltean, 

Y mi pupila abarca 
La creación entera. 

Yo sé de esas regiones 
A do un rumor no llega, 

Y donde informes astros 
De vida ua soplo esperan. 

Yo soi sobre el abismo 
El puente que atraviesa ; 
Yo soi la ignota escala 
Que el cielo une á la tierra. 

Yo soi el invisible 
Anillo que sujeta 
El mundo de la forma 
Al mundo de la idea. 



488 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Yo, en fin, soi ese espíritu, 
Desconocida esencia, 
Perfume misterioso 
De que es vaso el poeta. 

IV. 

Del salón en el ángulo oscuro, 
De su dueño tal vez olvidada. 
Silenciosa y cubierta de polvo 
Veíase el arpa. 

i Cuánta nota dormía en sus cuerdas, 
Como el pájaro duerme en las ramas, 
Esperando la mano de nieve 
Que sabe arrancarla ! 

i Ai ! pensé ; j cuántas veces el genio 
Así duerme en el fondo del alma, 
Y una voz, como Lázaro, espera 
Que le diga : " ¡ Levántate y anda !" 



Besa el aura que gime blandamente 
Las leves ondas que jugando riza ; 
El sol besa á la nube en Occidente, 

Y de púrpura y oro la matiza ; 

La llama en derredor del tronco ardiente 
Por besar á otra llama se desliza, 

Y hasta el sauce, inclinándose á su peso, 
Al rio que le besa, vuelve un beso. 

VI. 

Los invisibles átomos del aire 
En derredor palpitan y se inflaman ; 
El cielo se deshace en rayos de oro ; 
La tierra se estremece alborozada ; 
Oigo flotando en olas de armonía 
Rumor de besos y batir de alas ; 

Mis párpados se cierran ¿ Qué sucede ? 

— ¡ Es el amor que pasa ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 489 



VII. 

Dos rojas lenguas de fuego 
Que á un mismo tronco enlazadas 
Se aproximan, y al besarse 
Forman una sola llama ; 

Dos notas que del laúd 
A un tiempo la mano arranca, 

Y en el espacio se encuentran 

Y cadenciosas se abrazan ; 

Dos olas que vienen juntas 
A morir sobre una playa, 

Y que al romper se coronan 
Con un penacho de plata ; 

Dos girones de vapor 
Que del lago se levantan 

Y al juntarse allá en el cielo, 
Forman una nube blanca ; 

Dos ideas que al par brotan. 
Dos besos que á un tiempo estallan, 

Dos ecos que Ee confunden 

Eso son nuestras dos almas. 

VIII. 

Yo me he asomado á las profundas simas 
De la tierra y del cielo, 

Y les he visto el fin ó con los ojos 

O con el pensamiento. 

Mas ¡ai! de un corazón llegué al abismo, 
Y me incliné por verlo, 

Y mi alma y mis ojos se turbaron : 

i Tan hondo era y tan negro ! ! 

IX. 

Al ver mis horas de fiebre, 
De insomnio lentas pasar, 
A la orilla de mi lecho, 

i Quién se sentará ? 
62 



490 POETAS ESPAÑOLKS Y AMERICANOS. 



Cuando la trémula mano 
Tienda, próximo á espirar, 
Buscando una mano amiga, 
¿ Quién la estrechará ? 

Cuando la muerte vidrie 
De mis ojos el cristal, 
Mis párpados aun abiertos 
¿ Quién los cerrará ? 

Cuando la campana suene, 
Si suena en mi funeral. 
Una oración al oiría 

¿ Quién murmurará ? 

Cuando mis pálidos restos 
Oprima la tierra ya. 
Sobre la olvidada fosa 

¿ Quién vendrá á llorar ? 

¿ Quién, en fin, al otro dia, 
Cuando el sol vuelva á brillar. 
De que pasé por el mundo 
¿ Quién se acordará ? 

X. 

Primero es un albor trémulo y vago, 
Eaya de inquieta luz que corta el mar ; 
Luego chispea y crece y se dilata 
En ardiente explosión de claridad. 

La brilladora luz es la alegría. 
La temerosa sombra es el pesar : 
¡ Ai ! en la oscura noche de mi alma 
¿ Cuando amanecerá ? 

XI. 

Al brillar un relámpago nacemos, 

Y aun dura su fulgor cuando morimos : 

i Tan corto es el vivir! 
La gloria y el amor tras que.corremos 
Sombras de un sueño son que perseguimos ; 

¡ Despertar es morir ! 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 49] 



XII. 
PRIMERA VOZ. 

— Las ondas tienen vaga armonía 
Y las violetas fragante olor, 
Brumas de plata la noche fria, 

Luz y oro el dia, 

Yo algo mejor : 

i Yo tengo amor ! 

SEGUNDA VOZ. 

—Aura de aplausos, nube radiosa, 
Ola de envidia que besa el pié, 
Isla de sueños donde reposa 

El alma ansiosa, 

¡ Dulce embriaguez 

La Gloria es ! 

TERCERA VOZ. 

— Ascua encendida es el tesoro. 
Sombra que buye la vanidad. 
Todo es mentira : la gloria, el oro. 

Lo que yo adoro 

Sólo es verdad : 

¡ La Libertad ! 

Así los barqueros pasaban cantando 

La eterna canción, 
Y ai golpe del remo saltaba la espuma 

Y heríala el sol. 

¿ Te embarcas 1 gritaban : y yo sonriendo 

Les dije al pasar : 
— Há tiempo lo hice ; por cierto que aun tengo 
La ropa en la playa, tendida á secar ! 

XIII. 

¿ Será verdad que cuando toca el suei30 
Con sus dedos de rosa nuestros ojos, 
De la cárcel que habita huye el espíritu 
En vuelo presúroGD ■? 



492 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



¿Será verdad que, huésped de las nieblas, 
De la brisa nocturna al tenue soplo. 
Alado sube á la región vacía 

A encontrarse con otros ? 

I Y allí, desnudo de la humana forma, 
Allí, los lazos terrenales rotos, 
Breves horas habita de la idea 
El mundo silencioso ? 

¿ Y rie y llora y aborrece y ama, 
Y guarda un rastro del dolor y el gozo, 
Semejante al que deja cuando cruza 
El cielo un meteoro 1 

Yo no sé si ese mundo de visiones 
Vive fuera, ó va dentro de nosotros ; 
Pero sé que conozco á muchas gentes 
i A quienes no conozco ! 

Gustavo A. Becquer. 



LA MUJER. 

BALADA. 

¿ Por qué en su pecho como en móvil lira 
De las obras de Dios vibra el acento ? 
i Por qué feliz su corazón suspira, 
Al ver el campo, el mar, el firmamento ? 

¿Por qué el ¡ ai! del dolor, la voz de un niño, 
De la indigencia el anhelante ruego, 
La voz del infortunio ó del cariño 
Hacen latir su corazón de fuego ? 



Porque sabe sentir en su alta esfera 
De lo tierno y lo grande el noble encanto: 
Porque es de la mujer la vida entera 
Admiración y amor, martirio y llanto 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 493 

Vive cual flor que amaga el torbellino ; 
Ser hermosa y ser pura : esa es su gloria ; 
Ser tierna y consolar es su destino ; 
Amar, sufrir, llorar : esa es su historia. 

Leopoldo Augusto de Cueto. 



ULTIMA INSPIRACIÓN. 



Luminosas falanges de querubes 
Que vagáis entre sombras y arreboles ; 
Fantasmas que pisáis tronos de nubes 
Eizando nieblas y eclipsando soles ; 

Tened un punto el remontado vuelo ; 
Oid el canto que del alma brota, 

Y derramad en mí dulce consuelo, 

Y mi llanto enjugad, gota tras gota. 

Por esta senda universal, ansioso 
De excelsa gloria y de esperanzas bellas. 
Arrastro la existencia sin reposo. 
Lamentando el rigor de las estrellas. 

¿ Negareis á mi afán la dulce calma 
Que ha tiempo huyó del corazón herido ? 
¿ No verteréis en el dolor del alma 
£1 delicioso bálsamo querido ? 

i Veréis sin lauro mi abatida frente 

Y no la ceñiréis de eternas flores ? 

¿ Os burlareis de mi ambición ardiente ? 
¿ Limites no hallarán ; ai ! mis dolores ? 

; Oh que yá al himno que el poeta entona 

Vuestro acento responde delicado. 

i Qué quiero, me decis?....Una corona! 

¿ Quién soi, me demandáis ? Un desgraciado ! 

, Francisco Zea. 



494 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS, 



LA ASCENSIÓN, 



Las últimas miradas 
Fijas aun en los que atrás se deja, 

Las manos levantadas, 

Bendice y aconseja 
La amada multitud de que se aleja. 

Y en blando movimiento 
Como se va en los aires elevando. 

Suavísimo concento 
Del cielo fué bajando, 
Montañas y llanuras alegrando. 

Sobre intranquilas nubes 
Se ciernen por millares de millares 
Los fúlgidos querubes, 

Y las tierras y mares 
Atónitos escuchan sus cantares. 

Cesa el sordo mugido 
Del mar : callan los vientos bramadores , 

Y el céfiro dormido 

Se oculta entre las flores 
Fijas sobre sus tallos cimbradores. 

Y hombre ni bruto ni ave 
Hubo alguno que osado interrumpiera 

Aquel silencio grave ; 

Y hasta en la azul esfera 
Detuvieron los astros su carrera. 

Que en calma religiosa 
La creación asiste conmovida 
A la ascensión gloriosa ; 

Y un instante la vida 
Quedó en el universo interrumpida. 

En tanto que en la cumbre ' 
Sigue del Eedentor el blando vuelo 

La santa muchedumbre, 

Con amoroso anhelo, 
Qué van con él su pae y su consuelo. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 495 

Y aun á sus ojos brilla 
El suave fulgor de su semblante, 

Cuando una nubécula 

Se puso por delante 
Entre ellos y el divino caminante. ^ 

¡ Oh venturosa nube, 
Trono en el cual á su feliz morada 

El Rei del cielo sube ! 

i Oh tierra malhadada, 
De tan sumo tesoro despojada ! 

¿ Qué habrá en el triste suelo 
De hoi mas sino tinieblas y amargura 

E interminable duelo, 

Si pierde ; oh desventura ! 
Al que es de todo bien la fuente pura ? 

¿ A do volver los ojos 
De amarguísimo llanto escandecidos, 

Que no encuentren enojos. 

Si están oscurecidos, 
De la luz celestial desposeídos ? 

¿ Cómo gozar amores 
De aquel inmenso amor abandonados ; 

Ni cómo los furores 

Burlar de crudos hados 
De tinieblas y sustos circundados ? 

— ¡ Mas no ; que el Ser divino 
En prenda nos dejó de eterna alianza 

Un faro diamantino 

Que alumbra en lontananza 
La límpida región de la esperanza '. 

La Fe, imperecedera, 
Claro destello de la eterna lumbre, 

Que en la mortal carrera 

De nuestra servidumbre 
Aminora la horrible pesadumbre. 



496 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



Puerto de grata calma 
En medio á las borrascas de la vida ; 

Suma virtud del alma 

Jamas euñaquecida 
Aua del báratro mismo combatida. 

i Hija, en fin, predilecta, 
Del supremo Señor de lo creado ; 

Tan pura y tan perfecta ,í 

Que el arcángel malvado 
Aun la guarda en el reino del pecado ! 

J. Heriberto García de Quevedo. 



EL SUEÑO DE BLANCA. 

NIÑA DE 5 AÑOS QUE, DORMIDA, QUEDÓ MUERTA. 



" Son las estrellas polvo 
De oro y diamante, 

Donde sus pies de rosa 
Ponen los ángeles ; 

Y yo, perdida. 
Huello alfombra de tierra 

Llena de espinas !" 

Esto soñaba Blanca, 

Y al despertarse, 

Vio sus pies sobre alfombra 

De astros brillantes. 

¡ Bendito el sueño 

De que no se despierta 
Sino en el cielo ! 



Domingo Ramón Hernández. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 497 



IMPRESIOMS I)E LA PRIMAVERA. 



otra vez en los árboles las hojas 
Pueblan los vientos de murmullos leves, 

Y se deshacen en las cumbres rojas 
Al sol de Mayo las brillantes nieves. 

Límpidos los arroyos se dilatan 
Por su margen vestida de jazmines, 

Y sus cantos suavísimos desatan 
Los tiernos y pintados colorines. 

Y cantan la esperanza y los amores 
Mientras las plantas aman y florecen, 

Y en el nítido cáliz de las flores 
Las amorosas auras se adormecen. 

¿ Por qué no amar y al himno de natura 
Juntar mi voz que por el yermo suena ? 
¿Por qué la frente joven y segura 
No levanto á la par de la azucena ? 

¿ Por qué si el alma en ímpetu sublime 
Puede medir los ámbitos del cielo. 
Solitaria y oscura y triste gime 
En pos de los amores y el consuelo ? 

¿ Por qué en selvas vestidas de esmeralda 

Y encantadas con música apacible 
Buscar una fantástica guirnalda, 
Corona de una imagen imposible ? 

¡ Ai del que eterna juzga del oriente 
La blanca luz al despuntar la aurora, 
Porque el sol de la tarde falleciente 
Solo la paz de los sepulcros dora ! 

Joven y bella estás, naturaleza, 
Eicas tus flores son, tu estrella amiga, 
Tus céfiros aliento de pureza 

Y misterios y amt»r tu seno abriga. 

63 



498 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

Yo que al dormir gozoso en tu regazo 
Despertaba al acento de tus fiestas, 
Yo que estreché con ilusorio abrazo 
El ángel protector de tus florestas ; 

Yo te miro volver sin alegría 
!. Con tu ropa brillante de colores ; 

Que la tímida flor del alma mia 
Perdió por siempre juventud y olores. 

Sí : que al pasar el cierzo Se las penas 
El perfume robó de su corola, 

Y la luna, tan solo en las serenas 
Noches, la envuelve en pálida aureola. 

Jamas tu relumbrante panorama, 
Espléndida y vistosa primavera, 
Me volverá la consumida llama, 
Los sueños de oro de mi edad primera. 

Yo te via llegar enajenado 

Y mirarte en las aguas de los rios, 
Rico de amor, ajeno de cuidado, 
Perdido en esplendentes desvarios. 

Tú pasaste una vez, y otra pasaste, 

Y mis sueños de amor no se cumplían, 

Y una vez y otra vez luego tornaste, 

Y una vez y otra vez ellos volvían. 

Mas llegó Julio, la esperanza rota 
Honda arruga selló sobre mi frente , 

Y del pesar por la región remota 
Busqué la paz del ánima doliente. 

También en ella el ruiseñor cantaba, 
También la fuente sin parar corría ; 
Pero la fuente ronca murmuraba ; 
Pero el doliente ruiseñor gemía. 

Y era su trova moribunda y vaga, 
Canto de amor, de incertidumbre y pena. 
Postrer acento de nocturna maga, 
Flébil quejido que á lo lejos suena. 

Henrique Gil. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 499 

LA CONQUISTA DE AMERICA 

POR LOS CASTELLANOS. 



Danos por lei severa 
Furias el aquilón, sonrisas mayo. 
Si trina el ruiseñor en la pradera, 

Por la región del rayo 
Cruza veloz el águila altanera. 

El pecho que arde en brío 
Lánzase audaz á empresas fabulosas, 
Obediente á la voz del albedrío. 

Las alas luminosas 
Alza el genio con fácil poderío. 

Así la noble España, 
La nación ejemplar, probada en lides, 
Anhela nueva gloria en nueva hazaña. 

La patria de los Cides 
Sabe del hado infiel vencer la saña. 

Señora de su suelo, 
Calmará de sus hijos el coraje 
Presentando á su ardor mas ancho cielo. 

Cuando el orbe homenaje 
Les rinda, calmarán su hoíóico anhelo. 

Unos hacia levante 
Buscan glorioso campo á su ardimiento^ 
Para fijar el pabellón triunfante. 

Con indomable aliento 
Otros surcando van el mar de Atlante. 

Noble impulso los guia 
A conquistar las tierras de Occidente, 
No la feroz codicia, patria mia. 

Quien tal afirma, miente ; 
Y miente á tu valor y á tu hidalguía. 

64 



ÓOO Poetas españoles y americanos. 

Si algún hijo inhumano 
De codicia feroz dejó memoria, 
Llevando mal el nombre castellano ; 

Los mas tu excelsa gloria 
Grabaron en el suelo americano. 

Invictos capitanes, 
Mas que los de Ilion dignos de Homero , 
No fueron oro vil vuestros afanes. 

Al heroísmo ibero 
n La patria encomendó mas altos planes. 

Vosotros, misioneros, 
Sin temer de la vida el sacrificio, 
Vais en busca de lobos carniceros ; 

Y al mas feroz suplicio 
Dais la cerviz de candidos corderos. 

Hordas sin disciplina. 
En perpetuo rencor, en cruda guerra, 
De un cacique el furor las extermina. 

Arbitro de la tierra, 
Es dogma, es lei, su voluntad divina. 

La lei, capricho duro : 
Sobre el altar el ídolo sangriento : 
Sin el regazo de la paz seguro 

No es posible contento. 
Dales terror el porvenir oscuro. 

¡ Cuadros de horrible duelo 
El sol iluminó de estas regiones ! 
La sangre humana humedecia el suelo 

En santas oblaciones, 
i Eterno afán, profundo desconsuelo ! 

La poligamia impura, 
La lascivia voraz, perdido el freno, 
El divino pudor que da natura. 

Como á bestia en el cieno, 
Asi revuelcan la mujer mas pura. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 501 

Hordas embrutecidas 
Que refrena el rigor y el vicio mata, 
En el cieno sensual adormecidas ; 

Si España las rescata, 
Vivan siquiera á España agradecidas. 

Ya de vigor exhausto, 
Ten, sacrificador, la cruel cuchilla : 
Cese ya, cese, el sacrificio infausto. 

Os trae ya Castilla 
Hostia de amor, purísimo holocausto. 

Tremola en la ribera; j 

Prenda de paz, el lábaro divino : 
Tremola en nombre de Isabel Primera. 

Mas próspero destino 
Marquen las horas en feliz carrera. • 

Barred el ara impía, 
Y derribad el ídolo sangriento, 
Bajo el escudo de la patria mia. 

Y de este advenimiento 
Celebrad, celebrad el fausto dia. 

Que raza generosa. 
Raza de porvenir, raza cristiana. 
Viene á poblar la tierra esplendorosa. 

Será, cual vuestra hermana. 
Si la dicha os sonrio, venturosa. 

Y con igual derecho 
Iguales han de ser nuestros destinos : 
Euindad no cabe en el hidalgo pecho. 

Y con lazos divinos 
Partirá virgen casta nuestro lecho. 

" De mis indios amados, 
Como los guardo yo, guardad los fueros : 
Guardadlos, adalides esforzados. 

Como nobles iberos, 
Guardad también vosotros, magistrados. 



502 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

" Ganadlos á mi imperio 
Con vínculos de amor y de ternura : 
Rescatadlos al duro cautiverio 

De su creencia impura. 
Conquistad para Cristo ese Hemisferio . 

Tal fué siempre el cuidado 
De la gloriosa Eeina de Castilla, 
De alta virtud y de bondad dechado. 

En nuestras leyes brilla, 
Timbre de amor, el maternal mandado. 

Y cuadra á los reptiles 

Que guarece el calor de nuestro pecho 
El noble corazón mordernos viles. 

Al espíritu estrecho 
Sientan mal los arranques varoniles. 

Y tus glorias, España, 
Publica de Colon el Hemisferio : 
De la calumnia la impotente saña 

No borrará tu imperio, 
Alto esplendor de tu inmortal hazaña. 

Que si alguno reniega 
Ingrato de tu raza soberana, 
Y el odio vil su entendimiento ciega ; 

Y en el alma villana 

De la conquista los milagros niega ; 

El se niega á sí mismo. 
Negando el infeliz á sus abuelos : 
En su patria no cabe el heroísmo, 

Ni remontados vuelos. 
Como la religión del patriotismo. 

Los que fieros te insultan 
Tus dotes singulares no comprenden 
Ni de 8U ceguedad la rabia ocultan. 

A la intención no atienden : 
Tu bondad niegan y tu error abultan. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 503 

— Dicen que son valientes — 
I Quién sino tú les dio la valentía ? 
— Que cuando vencedores, son clementes — 

I Quién les dio la hidalguía 
Sino tú, porque son tus descendientes ? 

En el dolor sufrida, 
Para la ardiente lid, pronta la mano, 
Sabes sacrificar tu hermosa vida, 

No sufrir un tirano 
Ni presentarte al mundo envilecida. 

Ante el becerro de oro 
Nadie te vio ofrecer un sacrificio. 
Tu majestad es tu primer tesoro. 

Antes, todo suplicio 
Que tolerar mancilla en tu decoi'o. 

Noble impulso te guía 
A conquistar las tierras de occidente, 
No la feroz codicia, patria mia. 

Quien tal afirma, miente ; 
Y miente á tu valor y á tu hidalguía. 

Caracas, Setiembre 5 de 1876. 

Evaristo Fombona. 



504 POKTAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 

LA CONQUISTA DE AMERICA 

POE, LOS C^ft.STELXiA.2>TOS. 



Hai individuos que imprimen caráctei* á toda una nación, y hai 
pueblos que imprimen carácter á todo un mundo. Ciro, el Gran Ciro, 
de austeras costumbres, hace de Persia un pueblo ejemplar; yPersia, 
que refleja el carácter del Gran Ciro, llega á ser una gran nación. 

Epaminondas, uno de los caracteres mas bellos que iluminan el 
fondo de la historia antigua, que parece inspirado en las excelencias de 
la religión cristiana, hace de la pequeña Tébas, su patria, un pueblo 
ejemplar ; y Tébas llega á ser el primer actor en el escenario de la 
Grecia. Y el carácter nobilísimo de Epaminondas sirvió de modelo á 
Filipo, digno padre de Alejandro, que dio á Macedonia el cetro del 
mundo. Persia es Ciro : Tébas es Epaminondas: Macedonia es Ale- 
jandro. 

El pueblo español, asombro de Cartago en Sagunto, terror de Koma 
en Numancia, repara el desastre del Guadalete en lucha de ocho siglos 
que inicia en Covadonga y termina en Granada ; y estrecho á su heroís- 
mo el cielo de la patria, pasea por el Antiguo Hemisferio su estandarte 
victorioso y su pendón triunfante por las regiones del Nuevo Mundo. 

Gonzalo de Córdoba, Antonio de Leiva, Pedro Navarro, el Duque 
de Alba, Alejandro Farnesio, Don Juan de Austria, gloria excelsa de 
España en el Antiguo Hemisferio. 

Grijalva, Ojeda, Balboa, Ordaz, Alvarado, Ponce de León, Pizarro, 
Cortés, el Hércules del Nuevo Mundo, gloria excelsa de España en el 
Nuevo Hemisferio. Carlos V es superior á Alejandro. Carlos V salva del 
poder musulmán á la Europa consternada. España es el mundo : con 
mejor título que el pueblo romano. 

La enana posteridad de esta generación de gigantes, sin paralelo en 
la historia, debe aplauso, respeto, admiración, á tan preclaros ascen- 
dientes. 

Pizarro se embarca en Panamá con ciento doce soldados para 
conquistar el mayor imperio del mundo. 

¡ Pedro Valdivia conquista á Chile, con ciento cincuenta soldados ! 
¿ Quién heredó su fiera altivez, su audacia titánica, su mirada impo- 
nente ? Sonríe de los peligros que le rodean : de la astuta ferocidad del 
indio; y sereno su corazón, altiva su alma, no cuenta á sus contrarios, 



POETAS ESPAÑOLES V AMERICANOS. 505 

Seguro de vencerlos. Chile dio á Valdivia los honores de la estatuaria,: 
los merece el primer Gobernador de Chile. ¿En qué venas circula ardo- 
tosa la sangre de Valdivia ? ¿ Qué descendiente se honra con *el pecho 
esforzado y el espíritu enérgico del glorioso conquistador ? — ¿ Quién no 
admira á Pizarro en Tumbez y á Cortés en Otumba ? 

Y los hijos de los conquistadores son los que mas insultan á sus 
ascendientes. Y en pacífica posesión de la herencia de sus padres llaman 
INIQUIDAD la conquista. ¡ Bastardo el título y legitima la propie- 
dad ! No cabe mas negra ingratitud ni ceguedad mas soberbia. 

Todavía, al cabo de cincuenta años de haberse retirado del Conti- 
nente la Madre Patria, dejando en pacífica posesión de la conquista á 
los hijos de los conquistadores ; TODAVÍA, en las festividades cívicas, 
continúa la incivil costumbre de insultar á España. Es de justicia des- 
terrar esa incivil costumbre que mantienen tribunos de bocacalle y 
escritores indignos. Seria menguarse uno, discutir con tales hombres 
y sobre tales temas. La historia tiene juzgada la conquista. 

La obra de la Conquista es una obra de portentos. Si no estuviera 
tan comprobada, dice un sabio francés, la creeríamos mitológica. " En 
la historia antigua, añade, no hai un portento, como el portento de la 
Conquistado América por los españoles." "La Conquista de Méjico, 
llevada á cabo por Hernán Cortés y un puñado de valientes españoles, 
dice Prescott, como empresa militar, es poco menos que milagrosa : 
demasiado sorprendente é inverosímil, aun para una novela ; y sin ejem- 
plo en las páginas de la historia." La " Noche de la Desolación," la 
" Noche Triste" de Hernán Cortés en Nueva España hubiera quebran- 
tado todo otro espíritu, que no fuese el espíritu inquebrantable de aquel 
Alcides español. Y á los seis dias después, la batalla de Otumba, contra 
40,000 guerreros mejicanos, 

La Conquista de Nueva Castilla por Pizarro, no es menos milagrosa. 

Veamos cómo júzgala Conquista un escritor neogranadino, procer 
de Colombia, capaz de comprender el corazón y el espíritu de los con- 
quistadores. El juicio es de alta lei. 

Tiene la palabra el distinguido General de Colombia, Joaquín 
Posada Gutiérrez, edecán de Bolívar. 



" Lord Cokburu se hallaba todavía en Caracas, y habiendo tenido 
noticia de la próxima partida del Libertador, puso á su disposición la 
fragata de guerra " Druida " que estaba en la rada de la Guaira, espe- 
rándole para volverle á Inglaterra. El Libertador aceptó el ofrecimiento, 
y en dicho buque se trasladó á Cartagena, acompañándole Lord Cok- 
burn, quien en efecto regresó á Inglaterra, con encargo confidencial 



506 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



del Libertador de excitar al gobierno de S. M. B. á que promoviera el 
reconocimiento de la Independencia por la España ; que era lo que el 
Libertador deíseaba mas ardientemente, como complemento glorioso de 
la obra que con tantos esfuerzos, peligros y penalidades, habia lleva- 
do á cima, y para que volvieran á estrecharse antes de su muerte las 
relaciones naturales, que deben existir entre los padres y los hijos eman- 
cipados, que la guerra habia interrumpido. 

"El Libertador pausaba que, puesta aparte la cuestión Independen- 
cia, era la España entre todas las naciones nuestra amiga natural. De- 
cía que esos odios engendrados por una guerra que se habia hecho con 
ígoíA encono y furor en todo sentido por amias y «tríes, debian apagarse, 
terminada la contienda. Y esto es verdad, y así debiera ser. 

"Yo estoi hondamente penetrado de los mismos sentimientos. Es 
absurdo y ridículo estar todavía vociferando contra los españoles, noso- 
tros que somos sus hijos, de quienes tenemos todo : civilización, idioma, 
usos, costumbres, y el mayor de los bienes, la Keligion cristiana. 

" Se exageran los horrores cometidos en la conquista. Ciertamente 
los hubo grandes, atroces ; mas á pesar de todo, abriendo los anales de 
la historia se verá que desde la mas remota antigüedad hasta nuestros 
dias, todo conquistador los ha cometido, no solo iguales sino mayores, 
porque esto es consiguiente al hecho siempre violento de conquistar y 
de forzar al pueblo subyugado á la obediencia, aunque algunas veces la 
conquista mejore su suerte. 

" Si se observa sin prevención la de las numerosas tribus indepen- 
dientes en los Andaquíes, en Casanare, en las Guayanas, en la hoya del 
Amazonas, en la Patagonia, etc. que están hoi como estaban al tiempo 
de la conquista ¿ podrá negarse que son infinitamente mas desgraciados 
que jamas lo fueron los indios sometidos al gobierno español ? Por otra 
parte, la comparación debe hacerse con los conquistadores de otras 
regiones de la América, que no eran españoles. ¿Dónde están los indios 
que en naciones numerosas poblaban el territorio conquistado por los 
ingleses y los franceses y que se llama hoi Estados Unidos de América ? 
— Están en los bosques, en los desiertos, obligados por la persecución 
á huir, abandonando su hogar, y los huesos de sus padres, y los árboles 
que dieron sombra á su infancia. La compra que hizo el venerable 
cuácaro Guillermo Penn de un pedazo de tierra á los inocentes indios 
para establecer la colonia de sus austei'os coreligionarios perseguidos, 
ha sido ejemplo que no se ha seguido y solo ha serviío para escribir 
apologías y pintar cuadros. 

" Los franceses conquistaron el Canadá, que después pasó á los in- 
gleses : ¿ dónde están los indios que poblaban aquel vasto y rico país ? — 
Están en los hielos del Polo Ártico entre los Esquimales. — En solo 
Méjico, en una población de ocho millones de habitantes, los cinco millo- 
nes son indios puros. En Chile, en el Perú, en Solivia, en el Ecuador, 
en Guatemala, en las provincias del Rio de la Plata, etc. una gran parte 
de la población es india. En Venezuela y entre nosotros ¿ no abundan 
también los indios? — Esto dice mucho. 

" En el Paraguai, conquistado por los jesuítas con la imagen sagrada 
del hijo de María en la mano y con la dulzura de la persuasión, lo que 
no pudieron hacer en treinta años de cometer crueldades los que prime- 
ro invadieron el país, las nueve décimas partes de la población son 
indios puros y mestizos. Desde la creación del mundo esta ha sido la 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 507 



única conquista que se ha ejecutado siu derramar una gota de sangre 
del pueblo conquistado, sin cometer la menor violencia y sacrificándose 
un gran número de los religiosos catequizadores sin oponer resistencia, 
y sirviendo de alimento á los antropófagos que buscaban en las selvas y 
en los pantanos, sin interés propio, solo por mejorar su suerte sobre la 
tierra y enseñarles el camino del cielo. 

"Completamente desnudos, hombres y mujeres, abigarrado el cuerpo 
y untado de hedionda grasa de animales montaraces, viviendo como 
monos en las ramas de los árboles : tales eran aquellos indios, y aun hoi 
lo son así en los inmensos desiertos y cenagales que desde las márgenes 
del Orinoco se prolongan hasta las Guayanas, y desde el sur de Pasto á 
las riberas del Amazonas ; y lo son los Chimilas en la provincia de Santa 
Marta, y los de las riberas del Carare, y los de Monte de Oca en los 
bosques de la Goagira, y los del centro del Darien, y los de Casa- 
nare, etc. 

" El cristianismo, que es la moral, que es la caridad, que es la civili- 
zación, los llamó hablándoles primero por señas, cantándoles los himnos 
que hace mas de tres mil años cantaba David, y atrayéndose así á 
fuerza de apostólica paciencia las hordas antropófagas, fué suavizando 
sus costumbres feroces y moralizándolos. Es un hecho reconocido por 
la historia desde Anfión y Orfeo, desde Moisés y Numa PompUio, que 
no se fundan los imperios ni se civilizan los pueblos salvajes, sino por' 
medio de la religión, y los jesuítas lo probaron en elParaguai. 

" A fuerza de trabajo y de paciencia, los que no fueron sacrificados y 
comidos por los salvajes, fundaron con los primeros indios que catequi- 
zaron, caseríos que conforme fueron aumentándose se llamaron Reduc- 
ciones, grandes aldeas en lasque erigían iglesias de techo pajizo que 
iban adornando sucesivamente lo mejor que se podía, celebrando los 
oficios divinos en ellas, los que atraían á los indios por la curiosidad y 
los fijaban por el sentimiento. 

"Lo que han hecho los jesuítas como misioneros en todo el mundo 
con religiosa abnegación, sufriendo las mayores penalidades y espirando 
los mas en los tormentos, no se podría creer si no estuviera tan probado. 
En el Paraguai sus esfuerzos fueron coronados del mas completo 
triunfo : formaron iina nación. 

" El Gobierno que establecieron aquellos padres venerables en su 
república era mas que patriarcal, pues los antiguos patriarcas, desde 
Abraham, Isaac y Jacob tenían siervos : era paternal. 

" Cada lugar estaba regido por dos misioneros, que mantenían el 
orden y administraban la justicia, lo que en la vida sencilla de aquellos 
catecúmenos y cristianos inocentes se hacia sin necesidad de grülos ni 
cadenas, ni de mazmorras como las nuestras que llamamos cárceles, ni 
de horcas ó guillotinas. Ademas, esos dos padres tenían la cura de 
almas en su aldea, enseñaban la doctrina cristiana á sus feligreses, les 
decían misa diariamente y les administraban los sacramentos. 

"En cada aldea había talleres establecidos por los mismos jesuitae, 
que aprendían los oficios mecánicos para enseñar á los niños, el que estos 
preferían según su genio ó inclinación ; y esto lo han hecho los jesuítas 
en todas partes. 

" Los indios que rehusaban aprender un oficio, ó no tenian disposi- 
ción para ello, eran incorporados en el gremio de los agricultores ; bien 

65 



508 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



que todos, aun los artesanos, tenían su terreno acotado para labrar, 
porque á cada familia proporcionalmente á su número y necesidades, se 
le señalaba una porción de tierra de labor para que cultivándola satis- 
ficiese sus necesidades. 

"Habia también un campo que se labraba por trabajo personal 
subsidiario, cuyos productos se destinaban para los gastos del culto, 
para auxilios domiciliarios á las viudas, á los huérfanos y á los inválidos, 
y se reservaba algo, en los años pingües para suplir á los en que las 
cosechas eran escasas, imitando á José en Egipto, con discernimiento 
y economía. 

" Hombres, mujeres y niños oian misa diariamente, al romper el dia, 
en seguida hacian un ligero; desayuno y todos se dirigían luego á sus 
respectivas labores y aprendizajes, las mujeres separadas de los hombres : 
sabia medida, porque el fuego cerca de la pólvora es peligroso y los ojos 
chispean. 

"Todo, en fin, estaba ordenado con una previsión, con un método 
tan fácil y sencillo en aquella naciente sociedad, que la concordia, la 
amistad, la justicia, la caridad, reinaban en ella de manera que, "pro- 
vistos abundantemente de las cosas necesarias á la vida, gobernados por 
aquellos mismos hombres que los habían sacado de la barbarie y á 
quienes miraban con razón como á unas divinidades, gozando en su 
familia y en su patria de los sentimientos mas dulces de la naturaleza, 
conociendo las ventajas de la vida civil sin haber salido del desierto, y 
las maravillas de la sociedad sin haber perdido las de la soledad; 
aquellos indios podían alabarse de que gozaban de una felicidad que no 
tenia ejemplar sobi-e la tierra." C^) 

"De manera que los jesuítas, en las selvas primitivas de esta nues- 
tra América del Sur, habían cambiado la edad de hierro en la de oro de 
la mitología. 

"¿Qué religión, qué nación, ha hecho jamas cosa que siquiera se 
parezca á esto ? ¿ Los ideales FalansUrios del ultra-socialismo pueden 
comparársele ? Y este portentoso milagro lo hicieron sacerdotes cató- 
licos españoles. De tau dulce y tranquila existencia gozaron los indios 
del Paraguai bajo el pabellón de Castilla, dirigidos por aquellos sacerdo- 
tes, desde el año de 1556, que aparecieron estos padres en el país, 
hasta el año de 3760, en que suprimida su compañía y expulsados sus 
miembros de los dominios españoles, se declaró el Paraguai parte del 
vireinato de Buenos Aires. Y desde el año de 1813, que proclamó su 
independencia, después de haberse opuesto á su promulgación tres años, 
han corrido la misma suerte que todos hemos corrido y estamos co- 
rriendo. 

"Las recomendaciones de la augusta reina de Castilla Isabel la Cató- 
lica, sobre el trato blando que debía darse á los indios, enternecen. 

" Es notable en el sombrío é inexorable Felipe II que los sustrajese 
de la jurisdicción de la atroz Inquisición, cuando estableció en estos 
países aquel horrible tribunal, borrón del claro nombre español, cuyas 
hogueras ardían en toda la infeliz España de aquella época del oscuran- 
tismo, lo que prueba la tendencia constante en los reyes de favorecer á 

(*) Chateaubriand. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 509 



los indios de todas maneras. No los gravaron sino con una pequeña 
capitación de un escudo de oro desde que sallan de la adolescencia 
hasta que llegaban á la senectud. Pero ¡ cuántas exenciones no les 
concedieron en compensación ! Coa solo la de la contribución de sangre 
los mejoraron infinitamente sobre todos sus subditos. Hoi es esta clase 
humilde é infeliz la preferida para pagarla, arrancando á sus individuos 
con cruel violencia de su pobre hogar para llevarlos como corderos al ma- 
tadero, porque en esta tierra de igualdad hai mas clases privilegiadas 
que en las de aristocracia ; y los mas jjobres, los mas útiles, son los que 
llevan todas las cargas y sufren todos los azotes. El zapato y la casaca 
son una especie de ejecutoria que concede mas exenciones acá, que las 
do los hidalgos en España. 

" Antes tenian los indios sus tierras propias, hoi no tienen nada. An- 
tes no se vio jamas á un indio pedir limosna; hoi forman ellos, unos sin 
brazos, otros sin piernas, y sus mujeres harapientas, y sus hijos desnu- 
dos, las cuatro quintas partes de la falanje aterradora de mendigos que 
inundan nuestros ciudades, nuestras aldeas, nuestros caminos públicos ; 
quiero decir los despeñaderos, los atolladeros, los precipicios que llevan 
este nombre. En fin, los viejos pueden decir á los jóvenes cuan di- 
chosos eran los indios en su vida sencilla é inocente de otros tiempos, 
para que comparen su suerte de entonces con la de hoi y juzguen. 

"Los negros son los que tendrían mas razón en quejarse délos espa- 
ñoles. Pero ellos, como argüía el obispo Las Casas, gimen bajo la mas 
cruel esclavitud en su país. Sus feroces sultanes son los que los venden á 
los europeos, y cuando no pueden venderlos, los matan atormentándolos 
de manera que pi'eferirian las hogueras de aqRella estúpida inquisición, 
á sufrir la agonía prolongada con que se regocijan sus opresores ; de 
manera que sus quejas deberían dirigirse mas bien contra los negros que 
los venden que no contra los blancos que los compran. Y esa esclavitud 
que, para oprobio del género humano, es tan antigua como el hombre, 
por el derecho de la fuerza; derecho que reconoce la ¿¿ieraí constitu- 
ción vigente en mi patria y en el que se funda el orden de cosas actual 
en ella ; esa esclavitud, digo, existe en toda el Asia,' en toda el^ África, 
menos en la parte en que dominan los ingleses y ios franceses, en las mas 
de las Antillas, en los Estados Unidos de América, en el Brasil y aun en 
algunas de nuestras Eepúblicas ; siendo un hecho reconocido que en el 
continente hispano-amerícano fueron los esclavos mejor tratados que en 
ninguna otra parte, y las leyes les daban derechos y les dispensaban 
íilguna protección de que no han gozado en las demás naciones, sino en 
el Brasil. Habría sin duda, algunos amos desapiadados que castigasen 
cruelmente á sus esclavos, pero en lo general no era así. 

" El corazón se oprime al considerar cómo trataban los franceses en 
Santo Domingo á sus esclavos, hasta que la desesperación los lanzó en 
una revolución horriblemente feroz, dándose ellos mismos la libertad 
con el hierro y el fuego, nadando en la sangre de sus amos ; expiación 
terrible de las crueldades que estos contra la humanidad cometían. Y 
el corazón se oprime todavía mas, viendo como los tratan, hasta ahora, 
en los Estados Unidos anglo-amerícanos, donde el desprecio y bárbaro 
proceder, no solo con los esclavos sino con los negros y pardos libres, 
ilega á un grado de exageración que se necesita verlo y ser un hecho que 
no admite duda para creei'lo. "La cabana del tío Tomas " (Onde Thom's 
cabin) da una idea de ello. Es de esperarse que eso varié si el Dios de 
los ejércitos protege allí las armas del gobierno legítimo. 



510 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



"Los ingleses antes de emancipar á sus esclavos, no los trataban mejor. 
Yo he visto en Jamaica sartas de esclavos de uno y del otro sexo, los más 
jóvenes y mezclados, tirando por las calles como bueyes ó burros, ca- 
rretas de basura, encadenados de dos en dos por el pescuezo ; vestidos 
con una camisa de cañamazo, ó sea coleta, sin mangas, la que les llegaba 
hasta los pies ; sin poderse sentar por lo ulcerado de sus carnes, y mos- 
trando en una costra ensangrentada en la parte trasera de su túnica los 
efecf os del bárbaro castigo. ¿Yesos castigos se les aplicaban por crí- 
menes ? No : se les aplicaban por cualquiera pequeña falta, ó porque no 
pudieron cumplir su tarea, ó mas bien por alguna rabia caprichosa de 
sus amos. ¡ Esto hacian los ingleses, que de siglos atrás imponen penas 
á los que maltratan las bestias ! Jamas hicieron nuestros padres cosas 
semejantes. 

" El español fué el único de los conquistadores de estos países que dio 
la mano de esposo á la india. El fervor religioso en aquel siglo, aca- 
bando la heroica España de terminar una guerra de cerca de ochocien- 
tos años con los moros, influyó mucho en esto : el español procuraba 
convertir, y mirando como un pecado las relaciones ilegítimas, por otra 
parte condenadas por la lei y perseguidas por la autoridad, se casaba con 
la india cristiana, y de esos enlaces santificados por el sacramento, que 
es el que los hace respetables y asegura la suerte de la débil mujer, pro- 
vienen las nueve décimas partes de nuestra población blanca ; así es que 
el tipo indio se trasluce en ella con pocas excepciones. 

" En el furor de destrucción que se ha apoderado de nuestros 
liberales, ese sacramento que realza la esposa, que santifica la madre, 
deja de serlo para ellos y se convierte en contrato civil disoluble ! Des- 
graciados ! ¿ no tienen hijas ? ¿ no tienen hermanas ? 

" Por el contraste notable que presentaron á los españoles los gran- 
des cacicazgos de Méjico y el Perú, que llamaron imperios, comparados 
con los indios diseminados en el resto del continente y en las islas, exa- 
geraron su civilización relativa. En ambos imperios, los pueblos em- 
brutecidos, sumisos á los caciques y estos al Emperador, al Inca, ver- 
daderos siervos, no eran otra cosa que lo que era en otro tiempo la 
Europa feudal, con circunstancias agravantes. En los tales imperios 
como en todo el continente y en las islas, los sacrificios humanos á la 
divinidad eran mas ó menos comunes. Las ciento cincuenta mil cala- 
veras que encontró Hernán Cortés en el osario de las víctimas en Mé- 
jico, lo que supone un número mayor de cráneos pulverizados, prueba 
la extensión del supersticioso abuso; niños en la primera infancia, es- 
clavos, pero principalmente prisioneros de guerra, eran inmolados crue- 
lísimamente en las aras délos monstruosos ídolos. "Mas como si para 
baldón de la humanidad no bastase el primer crimen, todavía se le jun- 
taba el de repartir los cadáveres de las víctimas entre las personas de 
cuenta, y al pueblo, cuando la abundancia lo consentía, para que servi- 
dos en los festines, fueran á un tiempo regalo, y nefanda participación 
del infame rito." (*") 

" Las supersticiones mas absurdas, el fanatismo mas feroz, aumen- 
taban el sacrificio de víctimas inocentes con una crueldad tranquila, que 
entristece el referirla. Cuando moría un magnate, dice la Historia, 
enterraban con los difuntos gran cantidad de oro y plata para los gas- 

[*] Escosnra. 



POETAR ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 511 



tos del viaje, mataban algunos criados que los acompañasen, y sus viudas, 
que eran muchas, se inmolaban sobre su sepulcro, como las de los braba- 
manes de la India se arrojan á la hoguera. Los príncipes necesitaban 
gran sepultura porque .se llevaban tras sí la mayor parte de sus rique- 
zas y familia. 

"Cuando Heruaa Cortés preguntó á Motezuma, porqué no había 
sometido á los Tlascaltecas, le contestó Motezuma : " no tendría donde 
hacer prisioneros para los sacrificios :" repuesta qne indica la extensión 
del país sometido á su dominio. 

" En el vastísimo cacicazgo de los Incas, que comprendía lo que hoi 
son las Eepúblicas del Ecuador, Perú, Bolivia y nuestra provincia de 
Pasto, adorando al sol como primera divinidad, y á la luna y las estrellas 
como divinidades secundarias, parecía que su culto fuera mas puro y me- 
nos cruel que el de los pueblos del resto del continente; pero sin em- 
bargo incurrían en la abominación de los sacriñcios humanos. 

" Tanto el Inca del Perú como el gran cacique de Méjico, ó sea el 
Emperador, ademas de soberanos absolutos, con grandes vasallos feuda- 
tarios, caciques de parcialidad, eran jefes de la religión, si es que tal 
nombre puede darse á las creencias de aquellos pueblos ignorantísimos, 
principalmente las del de Méjico. 

" Sí así eran estos dos imperios, los mas adelantados que en América 
encontraron los conquistadores europeos ¿ no es incuestionable que la 
conquista destruyendo sus susperticíosas abominaciones, y atrayéndolos 
á la civilización cristiana, les hizo un grande é inapreciable bien ? 

•' Los españoles nos enseñaron cuánto sabían, y sí no nos dieron liber- 
tad política, tampoco ¡atenían ellos ; pero en administración de justicia, 
en franquicia y ensanche del poder local de los municipios, no podemos 
quejarnos de que no se nos concediera lo que en España tenían, y era un 
hecho reconocido que mas libertad se gozaba en sus Américas que en 
España, sí exceptuamos á los esclavos. 

" Los pardos y Ips negros libres ocupaban cierta posición y gozaban 
de consideraciones, según su conducta y mérito, de que no han gozado 
jamasen ninguna otra de las colonias extranjeras. Apenas en las in- 
glesas después de la manumisión de los esclavos, es que empieza á prac- 
ticarse lo mismo, porque las leyes les han concedido los derechos políti- 
cos y civiles de que gozan en ellas los demás subditos británicos ; pero la 
costumbre los segrega de la sociedad privada de la raza blanca. 

" Los españoles en todo el continente americano que poseyeron han 
dejado soberbias ciudades: Cartagena, Bogotá, Medellin, Cali, Popa- 
yan, Méjico, Puebla, Veracruz, Guatemala, Lima, Valparaíso, Monte- 
video, Buenos Aires, Caracas y muchas otras mas, lo prueban concluyen- 
temente. ¿Qué han dejado ó qué tienen los demás conquistadores en sus 
colonias de América ? Nada : tablas de pino pintadas y algunos ladrillos 
barnizados. 

" En todas partes dejaron también los españoles colegios, hospita- 
les, hospicios, suntuosas iglesias, edificios espaciosos para el servicio pií- 
blíco, político y municipal, puentes, fortificaciones de primer orden, etc. 
¿ Qué queda de todo esto á lo menos entre nosotros ? Exceptuando unas 
pocas poblaciones favorecidas por la naturaleza, todo lo demás se va 
destruyendo, ya por el abandono, ya por el pillaje, como los colegios, tos- 



512 POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 



pitales, hospicios ; y lo que se arruina no se reconstruye. Si cayeran 
los magníficos puentes construidos sobre los rios de la sabana, el Bogotá 
y el Serrezuela, ¿ se volverían á levantar 1 Si un terremoto destruyera 
la bellísima catedral que, con razón, rairan los bogotanos con orgullo 
¿ volverla á edificarse ? La perla de Santamarta, su linda aunque pe- 
queña catedral, reducida á escombros por la guerra civil, ¿ se reedi- 
ficará ? 

" Yo he combatido á los españoles por obtener la independencia de 
mi país, derramé mi sangre combatiéndolos, volvería á combatirlos por 
la misma causa si necesario fuera ; pero abundando en la idea del Li- 
bertador, ESTO APARTE, la tierra de mis progenitores es la tierra de mis 
simpatías, y sobre todo, quiero ser justo con quien lo merece, en lo 
que lo merece. Maldigan en buena hora de los españoles los parlantes 
de civismo á quienes no debe la patria el menor sacrificio ; los que los 
combatieron, siguiendo los pasos del grande hombre, no necesitan 
ostentar patriotismo con palabrerías," 



No es el hierro el que persuade : es la palabra amorosa : no es la 
dureza, es la dulzura. Los conquistadores avasallaban la fuerza con la 
fuerza : los misioneros cautivaban con la palabra divina. 

Aprender tantos dialectos para darse á comprender de tantas tribus ; 
abrirles la puerta de la vida social y de la vida del cielo, solo pueden 
hacerlo esos santos misioneros católicos que ni temen morir descuarti- 
zados por arrancar á la vida salvaje y á la mas abominable idolatría sus 
mismos descuartizado res. 

Los hijos de Francisco de Asis fueros los primeros misioneros ; que, 
como corderos entre lobos, vivían entre los indios, sin mas fuerza que 
su fe en la gracia de Dios y en la palabra evangélica. Padecieron todo 
linaje de fatigas y de privaciones. Tantas plagas, tantos peligros, no 
bastaron para domar aquella santa voluntad, quebrantar aquella energía, 
debilitar aquella abnegación, por traer á la vida cristiana aquellas hordas 
que sacrificaba la cólera de un cacique, que diezmaba la sensualidad. 
Copiosa mies cristiana recogieron los trabajos apostólicos de tan santos 
misioneros. 

Hubo en la conquista, á veces proceder duro, hasta violento, por 
parte de los conquistadox'es. A veces, benevolencia hidalga, conducta 
noble y ejemplar. Los jueces de la conquista aprecien los tiempos 
y las circunstancias para poder ser justos. 

España no extirpó la raza indígena: la trajo al hogar déla raza 
conquistadora; y las dos razas, sin escrúpulo de la lei, vivian, como en 
familia, sin recuerdos enconosos, sin privilegios humillantes. España 
dio al indígena todo el calor de su índole generosa, de la benignidad de 
sus leyes, de sus costumbres cristianas. 



POETAS ESPAÑOLES Y AMERICANOS. 513 

Los misioneros, fundadores del pueblo de San Juan de Guaribe, 
fueron sacrificados ferozmente por Mapiritu y Amoco, indios guari- 
bes. Aceptaron el sacrificio, pidiendo á Dios por sus sacrificadores. 

Taricura y Mayuracari sacrificaron á los misioneros de las riberas 
del Orinoco. ¡ Qué admirable el martirologio de esos santos misioneros 
que abandonan el hermoso cielo de la patria para perderse en las selvas 
del Nuevo Mundo en solicitud de tantos indígenas montaraces que viven 
vida de fieras ! 

Como " Las Casas, " otros dignísimos españoles defendieron á los 
indios. ¡ Cuan querida es la memoria de muchos magistrados españoles ! 
i Qué dulce suena en América para las almas agradecidas el nombre pre- 
claro del dignísimo virei el conde de Revillagigedo y el no menos ilus- 
tre del dignísimo virei el conde de Fueuclara ! 

" ¡ Feliz el pueblo que con una paz de tres siglos ha borrado la 
memoria ^e los atropellos de la conquista ! " 

¡ Ojalá sea la independencia mas gloriosa que la Conquista! 
¡ Ojalá la bandera de la República aliente y abrigue á su sombra mas 
altos intereses que la bandera de la monarquía ! 

i Ojalá que los actuales señores de la tierra eclipsen en virtudes cívi- 
cas el buen nombre de sus mayores, y hagan olvidar, en una paz, siquie- 
ra DE TRES SIGLOS, los atropellos de su período constituyente, no 
cerrado todavía, después de cincuenta años de su emancipación ! 

A estas horas, en el último cuarto del siglo diez y nueve, cuando el 
estandarte de la libertad ha corrido y recorrido en triunfo la América 
española, haciendo saborear á los pueblos las doctrinas salvadoras dé la 
democracia, que es la soberanía de los pueblos, ejercida por los pueblos 
mismos, arbitros de su propia felicidad ; á estas mismas horas, desune 
é incendia los Estados Unidos de Colombia, antiguo Vireinato de 
Santafé, la desastrosa guen-a civil ; y presidiendo á Colombia el señor 
Dr. Aquileo Parra, patriarca de la libertad. 

A estas horas, DESUNE é incendia los Estados Unidos mejicanos, 
antiguo Vireinato de Nueva España, la desastrosa guerra civil, y bajo la 
presidencia de otro patriarca de la libertad, el señor Lerdo de Tejada- 
Herederos de su esforzado corazón y de su noble espíritu, tuvieron 
los conquistadores en esos varones egregios que, nacidos y educados en 
el hogar de la colonia, dejaron á su posteridad tantos y tan altos ejem- 
plos de su claro patriotismo, tantos y tan altos ejemplos de su singular 
abnegación al enarbolar el estandarte de la independencia, al defenderlo 
con tanta heroicidad, y al fijarlo victorioso en los antiguos dominios de 
España. t 



514 POETAS ESPAÑOLíSS Y AMKRICAIVUS. 

¡ Quiera Dios que la posteridad de los proceres de la independencia 
sea MAS gloriosa que la posteridad de los proceres de la Conquista ! 
Esperemos esa posteridad. 

•-Caracas Setiembre 5 de ]876. 

EVARISTb FOMBONA. 



F I 



índice. 



Al Pico de Teide — Fernando Vclarde — *- , , , , 

6_ A La Fe Cristiana — J. Heriherto García de Qiievedo — , , , 

Parénesis. A mi querido amigo Don José Heriberto García de 

Que vedo — Evaristo Fombona — , , , , , 

Explicación -Evaristo Fombona — , , , , , 

A los Excelentísimos Señores Marqueses de Santa Cruz en la boda 

^ de su hija tercera, Doña Fernanda de Silva y Girón — Ángel de 

Saavedra — , , , , 

¿, A El Bautismo — J. Eusebia Caro — , 

¿_an Canto de Alabanza. Grandeza de Dios. Ei 

obras — Gertrudis Gómez de Avellaneda — 

é- El Genio de la Guerra — Antonio Arnao — 

A mi Madre — Guillermo Matta — '^ f- , 

<— La Soledad — José Selgas — , , 

< A España. Después de la Eevolucion de 

Quintana — , , , 

/_ AUn Canto y una Lágrima — A. Lozano — 

Gratitud y Amistad — M. Manrique Jerez — 
■É^ Al dos de Mayo— J. N. Gallego — , 
fcr En la Isla de Pinos — Fernando Velarde — 
Sobre la Colina — Leopoldo Turla — , 
L- '"Til Bardo cautivo — Plácido — , , 

p La Mañana — Espronceda — , , 

. r' A Tí — José Gautier Benitez — , , 

j^ ¡ Si Tú murieras ! — José Alcalá, Galiano — 
La Palma y la Malva — F. J. Amif — , 
La Conciencia — J. Campo-Arana — , 



P4gma. 
. 5 



SI mismo y en sus 



Marzo — Manuel José 



10 



15 

26 



29 
35 

37 
41 
44 
45 

46 
50 
53 
55 
59 
66 
67 
71 
72 
76 
79 
80 



II 



índice. 



Pfigina. 

A mi buena amiga ña, Señora Duquesa de Fernán Núñez, en la 

temprana muerte de su hija Isabel — Henrigue R. de Saavedra — 84 

A Polonia — Evaristo Fombona — , , , 

La Buena Madre — Evaristo Fombona — , , 

Jehovah — J. A. Maitin — , , , , 

La Hermosa Halewa — Arólas — • , , , 

El Estío — José Selgas — , , , , 

Creo — Ventura Ruiz Aguilera— , , , 

Al cumpleaños de S. M. la Eeina Gobernadora de España, Doña 
María Cristina de Borbon — Plácido — ', , 

Fragmento de un poema titulado " Cuento de Amores " — José 
Zorrilla — , , , , , , 

Fragmento — Esteller— , , , , 

El Pronunciamiento de Asturias contra Napoleón — Evaristo Fom- 
bona — j ) j j > ) 

Al Mar — Manuel José Quintana — , , 

Contemplando el retrato de.... — Manuel Fombona Palacio- 

A mi Madre — Eusebio Sierra — , , , 

La Mañana — Borda — , , , , , 

Dios y la Mujer culpable , , , , 

A Eoma — J. Heriberto García de Queveilo — , , 

Los Trópicos — José Mármol — , , , 

Introducción de un poema titulado la Pascua de resurrección y 
el dia de los difuntos — Fernando Velarde — , 

Safo — Arólas — , . , , , 

La Luna — Raimundo de Miguel — , , , 

Poesía. Fantasía nocturna — Martínez de la Rosa — , 

La Muerte — Hartzenbusch — , , , , 

El Imposible — Manuel del Palacio — , , , 

La Esencia perdida — Campoamor — , , , 

La Erupción del Vesubio— .4. F. Gnío— , , 

Canto á la América del Sur — Manuel Fombona Palacio — 

La Santa Cruz — Un Errante — , , , 

A Nina — Felipe Tejera — , , , , 

El Siglo XIX — Evaristo Fombona — , , , 

El Laurel— José Selgas— , , , , 

Himno á la Omnipotencia — Fermín Toro — , , 

Las Nubes— José Mármol— , , , , 

El Invierno — Alfredo Esteller — , , , , 

Las banderas de mi hijo — José R. Yepes — , , 



índice. III 

Página. 



Magdalena — Larmig — , ' - . , 

Al Pabellón Español — Fernando Velar de — , , , 

La Muerte de Felipe Segundo — Bernardina Fernández de Velasco 

Al Mar — Juan Tomas Salvany — , , , , 

El dos de Mayo — Bernardo López García — , , , 

Nocturno indiano — Felipe Tejera — , , , , 

La Zona Pria — Manuel Fomhona Palacio — , , , 

A la Profesión religiosa de mi querido amigo el poeta Don Luis 

Gonzaga Herrera — Narciso Campillo — , , , 

A Ildefonso Vázquez. Por su afición á la caza — José R. Yepes 
El Hombre — Arólas — . , , , , 

El Soldado de la libertad — Fernando Calderón — , , 

La Poesía — Domingo Ramón Hernández — , , 

El Primer amor — Manuel María Fernández — , , 

Dos Flores — Borda — ,,,,,, 
Vargas. Su aniversario — Evaristo Fomhona — , , 

La Mujer adúltera — Benito Esteller — 
A Orillas del Nalon — Campoamor — , 
A Kosas, el 25 de Mayo— José Mármol — 
El Dia Final — Gertrudis G. de Avellaneda- 
El Cielo— ^. F. Grilo— 
Nube de Verano — J. Campo-Arana, — 
Lo que es amor — Juan V. Camacho — 
Dios — Manuel Fomhona Palacio — , 
La Virgen de la Montaña — Antonio Hurtado — , 
Dichas sin Nombre. Poema en un canto — Campoamor — 
A la Cordillera de los Andes — Fernando Velarde — , 
España y América — A. F. Grilo — , , , 

El Arpa del Proscrito — M. Manrique Jerez — , 

La Mujer adúltera — Larmig — , , , 

La Sinfonía — Felipe Tejera — , , , , 

Himno al Sol, en el Océano — José María Heredia — , 
El Genio — Gertrudis G . de Avellaneda — , , 

La Muerte del Eedentor — Arólas — , , , 

Epicedio. Sobre la tumba de mi querido amigo Modesto E. Conde 

— Evaristo Fomhona — , , , . 

El Imperio del Mal — Diego Jugo Ramírez — , , 

El Llajito Conyugal — Bernardina Fernández de Velasco — 
Al Siglo XIX — Manuel Fomhona Palacio — , 
Gotas de Rocío — Tulio — ' , , , , 



189 
197 
203 
218 
221 
224 
225 



IV 



índice. 



Despedida del Cuerpo y del Alma — A. Hurtado — 

Los dos Leños — José Antonio Calcaño — 

Nocturno — Jacinto Gutiérrez Coll — , 

Meditación — Silveria Espinosa de Rendan- 

A Tí — Manuel María Fernández — , 

El Beduino — Gertrudis G. de Avellaneda — 

Elegía — Juan Donoso Cortes — 

En los Andes del Ecuador — Fernando Velarde — , 

Un poeta en nuestros Andes — Miguel Riofrio — , 

A la Paz de España en 1876 — Manuel Fombona Palacio — 

La llegada del Invierno — Arólas — , , , 

Idealismo — Ttdio — > , , , , 

Nada ! — Domingo Ramón Hernández — , , 

Las Aves — Miguel Antonio Caro — , , , 

A una Golondrina — Carolina Coronado — , , 

Agua dormida — Juan C. Gómez — , , ^ , 

Al Niágara — José María Heredia — , , , 

El Concierto Universal — Benito Estcller — , , 

La Bisa de la beldad — Fernando Calderón — , 

El Verano — Jacinto Chacón — '■ , , , 

La Lágrima. The tear. — By Lord Byron — Jua7i V. Camacho — 

El Humo del cigarro — Domingo Ramón Hernández — 

Kogad á Dios — Diego Jugo Ramírez — , 

Al Señor Don José Zorrilla — Ángel de Saavedra — 

El Ombú — Luis L . Domínguez — , , 

Las Claras — José Antonio Calcaño — , , 

El Artista y la Gloria — Remigio Caula — , 

Canción del Euiseñor — Henrique Gil — , 

Un Deseo — Rafael María Baralt — , , 

Gracias — Juan Clemente Zenea — , , 

Oda. A la luna — Juan Floran — , , 

A la Señora Doña Josefa N. de Mouteverde que perdió la su fija 

á poco la su madre — Benito Esteller — , , , 

La Despedida de Silvia — Juan Bautista de Arriaza- 
La Palma del desierto — Juan Godoy — , , 
Impresiones de la Biblia — A. Lozano — , 
Oda Andaluza — José Joaquin de Mora — , 

El Sueño Importuno —Juan Bautista de Arriaza, — 
A la Luna — Domingo Ramón Hernández — , 
Los Buidos nocturnps— José R. Yepes — , 



Página. 
354 
356 
357 
360 
363 
365 
367 
371 
378 
379 
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389 
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392 
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397 
398 
399 
401 
403 
404 
406 
410 
414 
416 
418 
421 
421 
421 



índice. V 

Página. 

¿Qué es Amor? — Campoamor — , , , , > 442 

El Kocío — Domingo Ramón Hernández — , , . , 445 

Siempi-evivas — Domingo Ramón Hernández — , , , 445 

A la Virgen. Plegaria — Gertrudis G. de Avellaneda — , , 446 

La Dalia — José Selgas — ,,,..> 449 

La Ultima melodía romántica — Fernando Velarde — , , . 450 

En la muerte de*** — Domingo Ramón Hernández — , , , 457 

Vuelta á la patria — J. A. PérczBonalde — , , , , 457 

La Fuga de la tórtola — José Jacinto Milanés — , , , 467 

El Corazón y el Alma — J. M. Gavazut — , , , , 468 

Mi esperanza — Domingo Ramón Hernández — , , , 469 
Bailen. Fragmento de un poema inédito — Manuel Fombona 

Palacio — ,,,,,,,) 470 
En el álbum de mi hija Adela. Ella y Yo — Manuel María Fer- 
nández — , , , , , , , , 473 
Las Rosas de tu jardin — J. M. Gavazut — , . . > 474 
La Ambición — Domingo Ramón Hernández — , , , 476 
Flores y Nubes. Balada — J. A. Pérez Bonalde — , , , 476 
Magdalena — J. A. Pérez Bonalde — , , , , . 478 
Mis tres perlas — Felipe Estéves — , . > . > 482 
Eimas — Gustavo A. Bccquer — , , , , > . 483 
La Mujer. Balada — Leopoldo Augusto de Cueto — , , , 492 
Ultima Inspiración — Francisco Zea — , , » , 493 
La Ascensión — J. Heriberto Garda de Quevedo — , , , 494 
El sueño de Blanca — Domingo Ramón Hernández — , , , 496 
Impresiones de la primavera — Henrique Gil — , . , 497 
La Conquista de América por los Castellanos — Evaristo Fombona — 499